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Dos enfermedades que se vuelven más comunes durante la menopausia y cómo bajar el riesgo de padecerlas
La pérdida de estrógeno puede afectar tus huesos, tu corazón y más, pero las medidas preventivas y el tratamiento pueden ayudar a proteger tu salud.
Puntos principales
- La pérdida de estrógeno en la menopausia aumenta el riesgo de osteoporosis y enfermedad cardiovascular.
- Agregar entrenamiento de fuerza a tu rutina de ejercicio puede ayudar a fortalecer tus huesos, y los expertos dicen que algunas mujeres podrían beneficiarse de una densitometría ósea antes de los 65 años.
- Una dieta saludable para el corazón, el sueño y los medicamentos pueden ayudar a reducir los riesgos cardiovasculares durante la menopausia.
La ansiedad, los sofocos y los sudores nocturnos son las señales distintivas de la menopausia. Pero incluso si tus síntomas son leves, no deberías ignorarlos. Eso es porque indican que estás perdiendo estrógeno, una parte natural del envejecimiento que impacta todo tu cuerpo.
“La menopausia no se trata solo de los órganos reproductores y los ovarios. Es un evento de todo el cuerpo que afecta la mente, el cerebro, el sueño, el corazón, las arterias y los vasos sanguíneos y la salud ósea; casi todos los órganos del cuerpo”, dice la Dra. Erin Michos, profesora de Medicina en la división de cardiología de la Facultad de Medicina Johns Hopkins.
Estas son las maneras sorprendentes en que los cambios durante la transición a la menopausia aumentan tu riesgo de enfermedad, y lo que puedes hacer al respecto.
Osteoporosis
La osteoporosis ocurre cuando los huesos pierden densidad y fuerza, lo que los hace más frágiles y más propensos a romperse. ¿Cuál es su relación con la menopausia? El estrógeno les dice a los huesos que se reconstruyan, explica Katie Lavery, enfermera-partera certificada y especialista certificada en menopausia del Henry Ford Health en Míchigan. Así que cuando bajan los niveles de estrógeno, los huesos se debilitan y se vuelven más quebradizos.
La enfermedad es increíblemente común: aproximadamente 1 de cada 3 mujeres mayores de 50 años en todo el mundo se romperá un hueso por culpa de la osteoporosis, según la International Osteoporosis Foundation (en inglés). Entre las mujeres, las fracturas son más comunes que el derrame cerebral, el cáncer de mama, los ataques cardíacos o la enfermedad coronaria, según un estudio de la Women's Health Initiative del 2008 (en inglés). En las mujeres, la pérdida ósea y la destrucción de la arquitectura ósea son más rápidas en los dos años antes y los dos años después de tu último período menstrual, dice el Dr. Michael McClung, director fundador del Oregon Osteoporosis Center en Portland. Por eso, dice, “Tenemos que pensar en la salud ósea antes de que las mujeres se vuelvan oficialmente menopáusicas” (definido como pasar un año completo sin menstruar).
Incluir calcio y vitamina D en tu dieta no es suficiente para mantener la salud ósea, dice, citando datos (en inglés) de la Women’s Health Initiative y del Study of Women’s Health Across the Nation. Esto es lo que puedes hacer.
Hazte una prueba de densidad ósea. Las pautas actuales recomiendan que las mujeres se hagan el estudio a los 65 años con una densitometría ósea (DXA). La prueba, considerada el estándar de oro para diagnosticar la osteoporosis, dura unos 30 minutos y es parecida a una radiografía.
Pero el 13% de las mujeres ya tienen osteoporosis a los 65 años. Así que McClung recomienda que las mujeres se hagan este estudio mucho antes de eso. Sugiere hacerlo cuando tu ciclo menstrual se vuelva irregular, lo que normalmente se define como cambios de siete días o más en la frecuencia de tu ciclo. También deberías hacerte una DXA si empiezas a tener sofocos y sudores nocturnos.
Muchos planes de seguro cubrirán la prueba si la ordena un médico, incluso antes de que cumplas 65, pero es importante revisar tu cobertura médica.
Una exploración ósea antes de la menopausia es especialmente importante para las mujeres que tienen bajo peso, tienen antecedentes familiares de osteoporosis o toman esteroides por enfermedades como un trastorno de la tiroides o una enfermedad autoinmune, todo lo cual pone a una persona en mayor riesgo de desarrollar osteoporosis y que podría beneficiarse de un tratamiento temprano.
¿No estás segura de si tienes alto riesgo? Échale un vistazo a FRAX (en inglés), una calculadora en internet que mide el riesgo de fractura, sugiere la Dra. Esther Eisenberg, endocrinóloga reproductiva y profesora emérita de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vanderbilt.
Toma medicamentos. Las investigaciones muestran que la terapia con estrógeno protege contra la pérdida ósea. Pero se necesitan dosis más altas para proteger los huesos que para aliviar los sofocos, dice McClung.
Los bifosfonatos, una clase de medicamentos que aumenta la densidad ósea, también funcionan. Están disponibles en pastillas dos veces al día o en infusiones intravenosas.
También es importante considerar los bifosfonatos después de terminar la terapia hormonal. “Como pasa con casi todas las medicinas, cuando se deja el estrógeno, los beneficios desaparecen muy rápido”, dice McClung. “Dentro del primer año, se pierde casi todo el beneficio en la densidad ósea y la protección contra fracturas”.
Levanta pesas. “El otro gran mensajero para los huesos y los músculos: el ejercicio”, dice Lavery. El entrenamiento de fuerza les da a los músculos y a los huesos el mensaje de “mantenerse fuertes y no atrofiarse”.
Pero, advierte McClung, el ejercicio por sí solo no es suficiente.
Enfermedades cardiovasculares
Aunque las mujeres normalmente tienen una presión arterial y niveles de colesterol más bajos que los hombres, eso cambia en la mediana edad. Eso se debe en parte a la disminución del estrógeno, que afecta las paredes arteriales.
“Así como el estrógeno es bueno para el colágeno en la piel, también protege nuestras arterias y vasos sanguíneos”, explica la Dra. Yamnia Cortés, profesora asociada de Enfermería y directora del Cortés MenoLab de la Universidad de Iowa. “Con la disminución del estrógeno, vas a ver que las arterias se vuelven más rígidas”. La disminución del estrógeno también desencadena aumentos en la grasa abdominal, que por sí sola es un riesgo para la enfermedad del corazón.
Para mantener la salud del corazón y metabólica, Michos, de la Universidad Johns Hopkins, sugiere que las mujeres se enfoquen en los ocho (en inglés) comportamientos y factores modificables asociados con la salud cardiovascular de la Asociación Americana del Corazón (AHA):
- Dormir de siete a nueve horas por noche
- Hacer ejercicio ya sea 150 minutos a la semana a intensidad moderada o 75 minutos a la semana a intensidad vigorosa
- Mantener un peso saludable
- Mantener bajos tus niveles de colesterol
- Tratar la presión arterial alta
- Tratar el nivel alto de azúcar en la sangre
- Dejar de fumar
- Llevar una dieta nutritiva
Pero una buena salud cardiovascular no importa solo para tu corazón. También reduce tu riesgo de derrame cerebral, una de las principales causas de demencia, dice Michos. Aquí van algunos consejos para ayudarte con esos ocho puntos esenciales.
Controla la hipertensión. La presión arterial alta, también llamada hipertensión, parece aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular más marcadamente en las mujeres que en los hombres. Aun así, la hipertensión en las mujeres sigue sin tratarse lo suficiente.
Para abordarla, primero prueba intervenciones en el estilo de vida, dice Michos, quien recomienda mantener el consumo de sodio por debajo de 1,500 miligramos al día, o un poco más de tres cuartos de cucharadita de sal. Hacer eso puede tener un gran impacto en tu presión arterial, muestran las investigaciones.
Eliminar los alimentos procesados, que a menudo contienen cantidades considerables de sal añadida, puede ayudarte a alcanzar esa meta.
Michos también recomienda aumentar el potasio a entre 3,500 y 5,000 miligramos al día, idealmente a partir de los alimentos que comes. Algunas de las mejores fuentes son los albaricoques, las lentejas y la calabaza.
Comparte tu historial reproductivo con tu profesional de salud. Las mujeres que tuvieron presión arterial alta, preeclampsia o diabetes durante el embarazo tienen un mayor riesgo de estas condiciones en la mediana edad. Incluso si las condiciones “mejoraron después del parto”, dice Cortés, puede que hayan “revelado un riesgo subyacente que volverá a aparecer en la transición a la menopausia”.
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Pero las calculadoras diseñadas para estimar el riesgo de enfermedad cardiovascular de una persona a diez años a menudo las dejan fuera.
Por esa razón, “las mujeres pueden tener un riesgo más alto de lo que parece”, dice Michos, y pueden “beneficiarse de terapias preventivas más intensivas”. Así que, incluso si tu médico no te pregunta, o si fue hace mucho tiempo, cuéntale a tu profesional de salud sobre tu historial reproductivo.
Come una dieta saludable para el corazón. Michos recomienda seguir una dieta tipo DASH, que puede reducir la presión arterial sistólica (el número de arriba en una lectura) hasta 11 mm Hg en personas con hipertensión, y hasta 3 mm Hg en personas con presión arterial normal. Para comparar, la reducción sistólica promedio con medicamentos para la presión arterial es de alrededor de 9 mm Hg.
¿Te abruma la idea de hacer cambios grandes? En su clínica, Cortés hace hincapié en cambios simples y saludables. “En vez de usar carne de cerdo molida, usa pavo molido”, dice. “Hierve en lugar de freír. No uses manteca; cambia el aceite que usas”.
Dale prioridad al sueño. Las alteraciones del sueño también influyen en el riesgo de enfermedad cardiovascular, explica Cortés. Y son muy comunes: según una revisión del 2025 en la revista Menopause, entre el 40 y el 69% de las mujeres sufren alteraciones del sueño (en inglés) durante la transición menopáusica.
“Si no estás durmiendo bien, eso va a provocar estos aumentos en la enfermedad cardiovascular y en el peso”, dice Cortés. Así que no tengas miedo de tratar los sofocos y los sudores nocturnos si no te dejan dormir. Hacerlo también asegura que tengas la energía que necesitas para la actividad física y el manejo del estrés, lo que protege aún más la salud cardiovascular, dice Cortés.
¿Todavía tienes problemas para dormir? Considera hacerte una evaluación por apnea del sueño, una condición que se vuelve más común en la mediana edad y que también está asociada con la hipertensión.
Toma medicina si la necesitas. Cuando se trata de reducir el colesterol (LDL) no saludable, la dieta solo puede llegar hasta cierto punto, dice Michos. De manera similar, los cambios en el estilo de vida por sí solos pueden no ser suficientes para alcanzar las metas de presión arterial.
Pero a menudo, dice ella, las mujeres se muestran renuentes a tomar medicamentos para controlar sus lípidos y su presión arterial. “No es un fracaso personal” usar medicamentos, enfatiza Michos.
Eso no significa que la dieta y el ejercicio no importen. “Sigues obteniendo mucho beneficio incluso si no lo estás viendo en los números de LDL”, dice Michos. La dieta y el ejercicio “reducen el riesgo de cáncer y de inflamación”.
Cuida tu salud mental. El riesgo de enfermedad cardiovascular es más alto para las personas con depresión y TEPT, entre otras condiciones de salud mental. Así que si estás batallando, busca ayuda. Michos también recomienda probar prácticas de atención plena y gratitud, que han demostrado mejorar la salud cardiovascular.
“El bienestar mental no es solo la ausencia de estrés y ansiedad, sino tener el marco positivo” para lidiar con ellos, dice Michos. “Los factores psicológicos positivos pueden ser amortiguadores importantes”, dice ella, como “tener un sentido de propósito”.
Así que, aunque no podemos evitar todos los factores de estrés, “puedes tratar de tener estrategias de afrontamiento saludables. Esas son realmente importantes de cultivar”.
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