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La depresión en los adultos mayores

Sentirse deprimido, sin esperanzas y con poca energía no son señales normales de envejecimiento; podrían ser señales de un trastorno tratable del estado de ánimo.


spinner image Una pareja abrazada y triste
DAVIDF / GETTY IMAGES

Si solo hay una cosa para aprender de este artículo, es que hay un mundo de diferencia entre sentirte deprimido y tener depresión, que es un trastorno del estado de ánimo diagnosticable. Todos nos sentimos tristes o derrotados de vez en cuando; mantenernos siempre optimistas y alegres no es la experiencia humana natural, ya sea en la actualidad o en cualquier momento de la historia. Pero un período relativamente corto de melancolía no es una enfermedad.

Por el contrario, la depresión es un trastorno del estado de ánimo específico con una definición clara. Para que una persona sea diagnosticada con depresión (los médicos también usan los términos “depresión clínica” y “trastorno depresivo grave”), debe estar experimentando cinco o más de los síntomas comunes de la enfermedad (ver recuadro) la mayoría del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas, según el DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría.

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De la misma manera, la depresión clínica tiene una variedad de causas que van mucho más allá de cómo podrías estar respondiendo a los tiempos difíciles. Tiene una base biológica relacionada con la genética y la química cerebral; además de eso están las experiencias de vida y los factores psicológicos y sociales. Dada la complejidad de la depresión clínica, los investigadores todavía están tratando de descubrir cómo se combinan todos estos factores para crear síntomas de depresión. Pero para sentirse mejor, la mayoría de las personas con depresión necesitan tratamiento, según sea apropiado para la enfermedad.

Dada la red compleja de desencadenantes de la depresión, decirle a alguien con depresión que “se deshaga de ella” o que “se anime” es tan útil como decirle a alguien con un resfriado que se cure al dejar de toser. Preguntar “¿qué tan malo puede ser?” o decir “las cosas podrían ser peores” no será beneficioso. ¿Qué puede ayudar? Hay medicamentos, terapias de conversación y otros enfoques que pueden ayudar a la mayoría de las personas. Es probable que sea necesario experimentar y hacer varias pruebas para encontrar el tratamiento adecuado, pero definitivamente es importante mejorar.

Pensar que las pérdidas que se experimentan en la edad avanzada van a provocar estados de ánimo bajos duraderos podría parecer razonable, pero es una suposición incorrecta. “Hay muchas personas que piensan que la depresión es una parte normal del envejecimiento, y no lo es”, dice Erin Emery-Tiburcio, geropsicóloga del Centro Médico de la Universidad de Rush en Chicago.

spinner image Un hombre acostado en su cama sin poder dormir
EMS-FORSTER-PRODUCTIONS / GETTY IMAGES

Señales de advertencia de depresión en los adultos mayores

Estos son los síntomas más comunes. Esta lista no es exhaustiva.

  • Sentido persistente de tristeza o vacío
  • Incapacidad de experimentar placer
  • Sentimientos de impotencia, culpa o inutilidad
  • Dormir mucho más o menos de lo habitual 
  • Disminución del apetito
  • Pérdida de peso
  • Baja energía o fatiga
  • Lentitud al moverse o al hablar
  • Problemas de concentración
  • Síntomas físicos: dolores, molestias, dolores de cabeza, problemas digestivos
  • Pensamientos de muerte o suicidio

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De hecho, las personas mayores son menos propensas que las más jóvenes a padecer depresión. En una encuesta de Gallup del 2023, casi el 25% de los adultos de 18 a 29 años en Estados Unidos informaron tener depresión o haber recibido tratamiento para la depresión, mientras que alrededor del 16% de las personas de 45 a 64 años y el 12% de las personas de 65 años o más informaron lo mismo. Y la enfermedad ocurre con más frecuencia en las mujeres que en los hombres: casi el 24% contra el 11%, respectivamente. Al mismo tiempo, la llamada depresión menor, que significa tener menos de cinco de los síntomas mencionados anteriormente, es más común en los adultos mayores, y también puede llevar a una peor salud en general.

¿Qué es la depresión?

Para recibir un diagnóstico de depresión grave, “debes tener uno de los dos síntomas principales de la depresión o ambos”, dice el Dr. George Alexopoulos, psiquiatra geriátrico de la Facultad de Medicina Weill Cornell. Los dos síntomas principales —que duran al menos dos semanas— son la tristeza y la anhedonia, una incapacidad para experimentar placer.

Otros síntomas que pueden contribuir al diagnóstico son la disminución del apetito, la pérdida de peso y dormir mucho más o mucho menos de lo habitual. Una persona con depresión puede sentirse cansada y sus movimientos pueden ser vistos por los demás como agitados o lentos. También podrían no poder concentrarse o pensar, sentir una culpa excesiva y tener pensamientos de muerte.

En los adultos mayores, los síntomas pueden parecer ligeramente diferentes, dice Alexopoulos. “La incapacidad de experimentar placer es más frecuente en los adultos mayores que en los más jóvenes”, dice. Imagina a un amante de la ópera que rechaza entradas gratuitas a la ópera porque simplemente no puede animarse a ir.

El problema para dormir es otro gran problema que Alexopoulos ve con frecuencia en pacientes mayores. “Se duermen, normalmente a las 8, 9 o 10 de la noche. Y luego, una hora después, están completamente despiertos”. El insomnio puede ser un síntoma tanto de depresión como de ansiedad, otra enfermedad mental común que a menudo va de la mano con la depresión. Según él, los adultos mayores podrían tener calificaciones similares en las escalas de depresión que las personas más jóvenes, pero podrían sentirse mucho más afectados por sus síntomas. “En esencia, se quedan en la cama o se sientan frente a la televisión sin verla”, dice. “No tienen en cuenta su higiene; descuidan la alimentación”. Personas de todas las edades hacen esto cuando están gravemente deprimidas, pero en los adultos mayores, incluso la depresión moderada puede afectar cuán bien se cuidan a sí mismos.

¿Qué sucede en el cerebro para causar depresión?

Si te dejas llevar por los anuncios de antidepresivos, pensarías que la clave para tratar el trastorno del estado de ánimo es restablecer algunas sustancias químicas cerebrales que han bajado demasiado. Durante años, esa fue la teoría principal: tres sustancias químicas, o neurotransmisores —principalmente serotonina, dopamina y norepinefrina— no estaban haciendo su trabajo, que es llevar mensajes de las células nerviosas a las células nerviosas en el cerebro. Pero ha habido un cambio de pensamiento a medida que los científicos intentan pintar una imagen más completa de los cambios en el cerebro que llevan a episodios depresivos.

Hay otros neurotransmisores que regulan cómo el cerebro cambia y se adapta con el tiempo —el glutamato y el GABA—. Ambos trabajan en partes del cerebro que regulan el estado de ánimo y la emoción (en inglés), dice el Dr. John Krystal, director del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Yale. Además, está la manera en que el cuerpo responde al estrés, junto con los cambios hormonales en las mujeres. Cuando las personas experimentan estrés crónico, al igual que en la depresión, hay una disminución en la cantidad y la fuerza de las sinapsis, los espacios donde los mensajes circulan entre las neuronas. La pérdida de las conexiones sinápticas contribuye a la biología de la depresión.

También hay cambios estructurales y funcionales en el cerebro. Dos áreas principales, el hipocampo y la corteza, se encogen. Y otras dos áreas del cerebro se vuelven hiperactivas: el hipotálamo, que coordina la respuesta al estrés, y la amígdala, que señala amenazas y genera emociones negativas.

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“Hay diferencias claras entre un cerebro saludable y un cerebro deprimido”, dijo la Dra. Rachel Katz, psiquiatra y profesora adjunta de la Universidad de Yale en una entrevista del 2021 para Yale Medicine. “Lo emocionante es que cuando tratas esa depresión de manera eficaz, el cerebro vuelve a verse como un cerebro saludable”.

¿Cuáles son los factores de riesgo de la depresión?

Todos esos cambios biológicos de la depresión pueden ponerse en marcha por varias razones. El aislamiento social y la soledad son factores de riesgo de la depresión, y en el 2018, el 31% de las mujeres y el 19% de los hombres de 65 años o más vivían solos, según un informe de 2020 del Foro Federal Interinstitucional sobre el Envejecimiento. “Sin duda, la soledad es un predictor de la depresión”, dice Emery-Tiburcio.

El duelo no es depresión, pero puede desencadenar depresión, dice el Dr. J. John Mann, psiquiatra de la Universidad de Columbia. La pérdida es un estrés importante en la vida, y los eventos estresantes de la vida pueden desencadenar episodios depresivos, en particular en personas que tal vez hayan experimentado depresión en el pasado.

spinner image Un hombre solo sentado en su cama y mirando por una ventana
NES / GETTY IMAGES

Desencadenantes de la depresión en los adultos mayores

La depresión se puede desarrollar por varias razones. Estas son algunas de las más comunes.

  1. Aislamiento social y soledad
  2. Estrés considerable en la vida, como la muerte de un ser querido o una carga pesada de cuidado
  3. Episodios depresivos anteriores
  4. Antecedentes familiares de depresión
  5. Enfermedades como la enfermedad de Parkinson, la demencia, las enfermedades cardíacas y los derrames cerebrales
  6. Problemas económicos
  7. Problemas para dormir
  8. Adicción o alcoholismo
  9. Falta de actividad física o limitaciones físicas

“Para la gran mayoría de las personas, los episodios [depresivos] comienzan bastante temprano en la vida, principalmente cuando son adolescentes o tienen 20 y tantos años”, dice Mann. “Para el 80% de las personas, la depresión es un trastorno episódico recurrente”. Los episodios duran tres meses, en promedio, aunque algunos pueden durar años, dice. Entre ambos, hay un período de tiempo en el que la persona se siente normal.

Para quienes empezaron a padecer depresión más temprano en la vida, dice Mann, “los episodios tienden a durar más a medida que envejecen, y el intervalo de bienestar tiende a acortarse”.

La depresión puede ser un rasgo de familia, dice Mann. “Mucho de lo demás surge de... las experiencias de la infancia, el tipo de estrés que han atravesado en su vida”. Las experiencias traumáticas, por ejemplo, pueden causar cambios en el cerebro que predisponen a las personas a la depresión. Lo mismo ocurre al vivir en la pobreza o tener problemas para acceder a la atención médica o enfrentar barreras del idioma. Una situación socioeconómica precaria también puede impedir que las personas con depresión consulten a un médico para una evaluación o tratamiento.

Luego, por supuesto, hay enfermedades que son más comunes en los adultos mayores en las que la depresión es un efecto secundario, como la enfermedad de Parkinson y la demencia. Y a medida que las personas envejecen, los vasos sanguíneos en su cerebro pueden endurecerse, como en la arteriosclerosis, lo que causa daños en algunas áreas del cerebro, dice Mann. Además de aumentar el riesgo de derrame cerebral, señala, esos vasos rígidos pueden aumentar el riesgo de un tipo de depresión llamada depresión vascular. Esto es más común en los adultos mayores y puede ir acompañada de deterioro cognitivo, así como de cambios en el estado de ánimo, según un informe del 2022 publicado en Dialogues in Clinical Neuroscience (en inglés).

Diagnóstico y tratamientos para la depresión

Los proveedores de atención primaria pueden diagnosticar a una persona con depresión después de hacer preguntas, como cuándo comenzaron los síntomas, cuánto duran, con qué frecuencia ocurren y si te impiden realizar tus actividades habituales. El proveedor querrá descartar otras causas, como infecciones virales o problemas de tiroides, y considerar cualquier medicamento que estés tomando, ya que algunos pueden causar síntomas depresivos.

El estigma en torno a la salud mental puede impedir que las personas reciban un diagnóstico y tratamiento, especialmente los adultos mayores, dice Emery-Tiburcio. “Se criaron en la generación en la que no se comparten los problemas emocionales”. A menudo tienen la idea equivocada, explica, de “que la enfermedad mental es una debilidad en vez de una enfermedad”.

Pero hay muchas alternativas para tratar la depresión. Y las píldoras antidepresivas no siempre deben ser la primera opción, dice Emery-Tiburcio. Para quienes ven mucho estigma en torno a la depresión y su tratamiento, dice, la psicoterapia podría ser un primer paso preferible en lugar de medicamentos.

La psicoterapia puede ser útil incluso si la persona con depresión también está experimentando un deterioro cognitivo leve o moderado, dice. También es una buena opción para quienes se sienten solos, agrega. “Tener a alguien con quien hablar es más preferible para muchos adultos mayores”.

Aunque algunas personas tal vez quieran evitar el uso de medicamentos, “la combinación de psicoterapia y medicamentos suele tener los mejores resultados de salud a largo plazo”, dice Emery-Tiburcio, señalando varios ensayos controlados aleatorios.

Puede ser necesario experimentar con varios medicamentos para encontrar el adecuado entre los muchos fármacos aprobados para tratar la depresión. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, o ISRS, aumentan los niveles de la serotonina química cerebral para mejorar los síntomas. Estos medicamentos incluyen la sertralina (Zoloft) y el escitalopram (Lexapro). Algunos médicos evitan recetar el ISRS llamado Prozac (fluoxetina), ya que puede tener efectos secundarios de mayor duración en los adultos mayores.

Un segundo grupo de fármacos aumenta los niveles cerebrales de serotonina y otro neurotransmisor, la norepinefrina. Se llaman inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina, o IRSN, e incluyen medicamentos como la duloxetina (Cymbalta) y la venlafaxina (Effexor XR).

Los antidepresivos tricíclicos, como la nortriptilina (Pamelor), son similares a los IRSN, pero a menudo tienen más efectos secundarios. Los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), como la tranilcipromina (Parnate), también pueden aumentar los niveles de dopamina, serotonina y norepinefrina en el cerebro. Pero no se recetan con tanta frecuencia porque pueden interactuar con otros medicamentos, así como con alimentos comunes como el queso o el vino.

Otros medicamentos que se pueden recetar para la depresión incluyen la ketamina, que bloquea la acción de un mensajero químico llamado ácido N-metil-D-aspártico (NMDA), o antidepresivos como el bupropión (Wellbutrin), que afecta la dopamina, la norepinefrina, la serotonina y otro mensajero químico llamado acetilcolina.

Algunos tratamientos ni siquiera son medicamentos. En cambio, usan imanes o electricidad para estimular las células en el cerebro que se cree que están involucradas en la depresión. Estos tratamientos, como la terapia electroconvulsiva y la estimulación magnética transcraneal, a menudo se prueban después de que otras terapias han fallado.

La actividad —física o mental— siempre es beneficiosa, especialmente si esa actividad tiene significado. En un programa de mentoría, Emery-Tiburcio observó que a adultos mayores en riesgo de aislamiento y múltiples enfermedades les benefició enseñar a estudiantes jóvenes y ofrecerse como mentores. Llevar a cabo incluso las tareas más pequeñas puede ayudar. Ella menciona estudios que demuestran que, en hogares de ancianos, los adultos mayores responsables del simple trabajo de regar una planta tuvieron mejores resultados de salud que aquellos que no tenían responsabilidades.

La depresión puede ser devastadora tanto para la persona que la experimenta como para quienes están a su alrededor. Descartarla como una parte inconsecuente o normal del envejecimiento empeora la enfermedad. “Normalizarla significa que la ignoramos, no la evaluamos, no hacemos nada al respecto”, dice Emery-Tiburcio. “Y así no recibe tratamiento”. Hay razones legítimas para actuar mejor.

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