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El trabajo de una vida

Ferviente activista y defensora de los derechos de los hispanos.

In English | Los profundos y oscuros ojos cuentan historias llenas de música y niños, de privaciones y triunfos. Son ojos que ven, comparten y evocan fortaleza. Estos ojos le pertenecen a Dolores Huerta. A la edad de 74 años, la cofundadora del sindicato de campesinos, Unión de Campesinos (UFW por sus siglas en inglés), aún baila, organiza boicots y levanta la voz no sólo para cantar, sino también para defender a los oprimidos, gritando: "¡Sí se puede!".

A partir de la década del 50, junto con el ahora difunto cofundador del UFW, César Chávez, ella luchó para conseguir pensiones para los hispanos mayores, un salario mínimo vital y condiciones de trabajo seguras para los trabajadores de granjas y otros obreros. También lucharon en contra del programa de trabajadores invitados, conocido como el programa "bracero", y en contra del uso de pesticidas nocivos. La lista de batallas y victorias es larga.

En una entrevista exclusiva, Huerta habló de la experiencia de ser madre y activista, la música jazz y la justicia. Su lucha continúa.

P:     ¿Qué es lo que la incitó a ser activista?

R:     Mi papá fue organizador voluntario de sindicatos. Era un hombre muy respetado y miembro de la asamblea legislativa estatal [de Nuevo México].

Pero fue expulsado de la misma por una pelea que tuvo con José Montoya, quien más tarde llegó a ser miembro del Congreso. Mi papá no me contó la historia; fue José Montoya quien me la contó. Yo estaba presionando a José Montoya en el Congreso, y le dije que mi padre había sido miembro de la asamblea legislativa del estado. Me pregunto: "¿Cómo se llama su papá?", y yo le dije: "Juan Fernández." Entonces contestó: "¡Ah, lo recuerdo!"

Los Montoya eran grandes agricultores en Nuevo México y tenían muchos obreros, y mi papá y él discutieron.

Mi madre era una mujer maravillosa. Cuando mis padres se divorciaron, ella se mudó a California; tenía dos trabajos-de noche, en la fábrica de enlatados y de mesera durante el día-. Pero pudo ahorrar lo suficiente como para poner su propio restaurante. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, puesto que iban a imponer el sistema de racionamiento de alimentos, ella dejó el restaurante y se hizo cargo de un hotel que pertenecía a uno de los japoneses que había sido trasladado. Eso fue bueno para ella porque pudimos vivir en el hotel. Toda la familia vivía ahí. Era muy grande, de 70 habitaciones. Nosotros, los niños, teníamos que realizar todo el trabajo. Éramos el personal de mantenimiento; lavábamos y planchábamos las sábanas, las toallas, y nos encargábamos del negocio, y de esa manera ella logró mantenernos.

Yo creo que mi madre era una mujer feminista para su época. Ella era lo que yo llamo una madre equitativa, porque incluso antes de tener el restaurante, a nosotros tres nos correspondía hacernos cargo de los quehaceres domésticos. Mi hermano mayor, mi hermano menor y yo nos repartíamos las tareas de manera ecuánime. Teníamos que lavar los platos. Había una tabla, y cuando habías terminado los quehaceres que te correspondían, lo indicabas con una X.

Teníamos que barrer y trapear los pisos, tender las camas, lavar los platos y la ropa. Por lo tanto, mis hermanos se criaron de ese modo. Mi madre nunca me obligó a hacer nada para mis hermanos como, por ejemplo, servirlos. Creo que ésa es una lección importante, sobre todo para la cultura latina, en la que se espera que las mujeres sean las que sirvan y cocinen y lo que sea. No fue así en nuestra familia ya que todos éramos iguales.

Ella no tenía la misma personalidad que tengo yo. Ella era una de esas personas que hablan poco y hacen mucho. Era un líder en la comunidad, una de las fundadoras de la primera cámara de comercio latina, era una persona emprendedora. A causa de su forma de pensar-un tanto a la antigua-, cuando éramos muy pequeños siempre nos decía: "Cuando vean que alguien necesita algo, no esperen a que se los pida. Si ven a alguien que necesita algo, háganlo". En segundo lugar: "No hablen de lo que han hecho. Si hablan de ello, esa acción perderá valor ante los ojos de Dios. Y nunca acepten dinero a cambio de nada. Cuando hagan algo por alguien, nunca acepten dinero, porque también eso hará que pierda valor ante Dios." Y de ese modo es maravilloso, porque creo que realmente te protege contra la corrupción.

P:     ¿Quién la conoce mejor, aparte de usted misma?
R:     Probablemente, mis hijos, porque han estado conmigo y creo que yo me comunico mucho con ellos. No mantenemos una relación latina tradicional en la que se supone que uno debería ser sumamente respetuoso. Nos involucramos, discutimos, peleamos.

P:     Usted tiene 11 hijos. Ha dicho que no nació para ser ama de casa, nació para ser activista. ¿Qué influencia ha tenido la experiencia de ser madre sobre sus ideas?
R:     Y de ser abuela y bisabuela. Es un dilema en muchos aspectos porque, aunque me encantan los niños, elegí el camino de activista y nunca pude pasar todo el tiempo que hubiera querido con mis hijos. Y mis dotes no son para lo doméstico, lamentablemente. Es un problema, pero creo que mis hijos salieron bastante bien. Lo que yo quisiera comunicarle a la gente es que lo que tenemos que darles a nuestros hijos son valores, no tanto cosas materiales, [sino] una conciencia social. Tienes que hacer que participen desde una edad muy temprana, para que crezcan con la plena conciencia de que es algo que son capaces de hacer: ayudar a los demás. Y creo que es la cosa más importante que he podido dar a mis hijos. Ellos pasaron muchas privaciones-éramos muy pobres y nunca teníamos dinero-. Como trabajadores del sindicato, lo único que teníamos era lo justo para subsistir, para pagar el alquiler y la comida. Nunca tuvieron buena ropa ni buenos juguetes. Lamento no haber podido pagarles clases de música. Mi hijo Ricky tiene mucho talento, pero nunca estuvo a mi alcance pagarle clases de música. Yo sí recibí clases de violín y de baile cuando era niña. Eso me da pena, pero al mismo tiempo me hace pensar que es muy importante que como mujeres luchemos para establecer sistemas de apoyo. Necesitamos ser activistas; las mujeres debemos ocupar roles en los niveles de toma de decisiones. Lograrlo requiere recorrer un arduo camino; pero no por ello debemos desatender a nuestros hijos. De manera que tenemos que presionar más para conseguir servicios de guardería-y cuando digo guardería, no sólo me refiero al cuidado de niños, sino a educar a nuestros niños desde una edad más temprana, además de sistemas de apoyo para las mujeres-. Tenemos la capacidad para hacer el trabajo que necesitamos hacer. Nuestros hijos tienen que estar seguros, y no solamente eso, sino que también tienen que recibir una educación.   

P: Su hija, Juana, es bisexual. ¿Fue ésa una causa por la que usted siempre luchó?

R: Cuando iba a México, siempre hablaban de la gente gay. Había que proteger a esta gente, y no maltratarla.

Al principio, dentro del movimiento campesino, había un grupo de jóvenes gay que trabajaba en la nave de embalaje. Ellos eran unos activistas muy, muy fuertes. Así que, cuando yo era joven, nunca se me ocurrió discriminar a la gente gay ni lesbiana. Y, por supuesto, yo declaré ante la Campaña de Derechos Humanos [Human Rights Campaign].

Convocaron una audiencia en California, allá, a finales de los años cincuenta o principios de los sesenta. Yo me presento en esa audiencia en el edificio del Departamento del Estado [de California] en San Francisco. Nadie sabía lo que yo iba a decir, ¿verdad? Así que cuando me levanté, dije que me parecía que la discriminación que la gente sufría por ser gay o lesbiana era lo mismo que sufrían los campesinos o los latinos. Para mí, todo tipo de discriminación siempre ha estado mal. Siempre he apoyado los derechos de la gente gay y asistía a todas las marchas que había en pro de sus derechos.

P :      Cuéntenos sobre la fundación Dolores C. Huerta. ¿La fundación enfoca sus esfuerzos principalmente hacia las necesidades a las que aún no se está haciendo frente?
R:     Recibimos un donativo de 100.000 dólares de la Puffin Foundation. Invertimos ese dinero-lo cual yo había querido hacer desde hace tiempo-en una fundación para capacitar a la gente sobre cómo ser organizadores comunitarios. De manera que eso es lo que estamos haciendo.

P:     ¿Se están concentrando mucho en el acto de votar?
R:     Inscribir a la gente para votar y el acto de votar forman un aspecto. Trataré de explicarme: Capacitas a un organizador, y él entra en la comunidad donde existe la necesidad-no queremos entrar en lugares donde ya hay mucha organización, donde ya hay otra gente que lo está haciendo bien.

Hacemos una serie de reuniones en las casas. Después, establecemos una organización entre toda la gente con la que nos hemos reunido y les explicamos por qué necesitan unirse y la manera en que pueden resolver sus problemas. Luego, establecemos los distintos comités: salud, educación, justicia penal, y, por supuesto, de inscripción de votantes. Organizamos a esta gente en los comités y los ponemos a trabajar, proporcionándoles los recursos y la información que necesiten. Los ponemos a ellos mismos a hacerlo porque, de esa manera, creamos nuevos líderes. Porque hay gente por ahí que quiere hacer, pero no tiene el conocimiento suficiente. Así que lo que estamos haciendo es capacitarlos para ser organizadores, y dependiendo de cuáles sean sus habilidades y el nivel de aceptación en la comunidad, debe tomar unos dos o tres meses para establecer una comunidad. Después se empieza de inmediato con la inscripción de votantes. Y no se trata tan sólo de inscribir a la gente, sino también de explicarles por qué es necesario participar en el proceso político y cómo participar en éste. De manera que cuando llegue el momento de las elecciones, haya suficientes comités formados para hacer que la gente salga a votar. Estamos intentando que el porcentaje de votantes sea del 80 a 90 y no, del 50, como ocurre actualmente.

P:     Durante una época, usted fue republicana.
R:     Bueno, soy de Nuevo México. En Nuevo México, debido a la Guerra Civil y al hecho de que [el Presidente Abraham] Lincoln fuera republicano, la gente allí está inscripta como republicana. De hecho, en Arizona, Texas y Nuevo México hay muchas personas que son miembros del partido republicano sin saber por qué. La razón se remonta a la historia. Así que cuando yo me inscribí a la edad de 21 años-lo cual era parte de lo que suponía cumplir 21 años: tenías que ir a inscribirte-me inscribí como votante republicana. Pero una vez que empecé a despabilarme un poco sobre la política, me afilié al partido demócrata. Mi abuelo, aunque estaba inscrito como republicano, siempre votó a favor de [el presidente Franklin D.] Roosevelt. Le aclaraba a todo el mundo que él votaba a favor de Roosevelt. Mis abuelos también nacieron en Nuevo México.

P:     ¿Existen diferentes puntos de vista políticos dentro de la familia?
R:     No. Todos tienen una conciencia política muy fuerte. ¡Es algo maravilloso! Me gusta contar esta historia: Una de las veces en que me arrestaron, estando yo en la cárcel, un grupo de estudiantes universitarios se reunieron fuera de la celda. Uno de ellos me entregó una nota de mi hija de 15 años, Ángela. La nota decía: "Mamá, siento mucho no poder estar ahí cuando salgas de la cárcel, pero es que tengo que ir tocando de puerta en puerta para inscribir a la gente en el registro de votantes". Eso para mí fue un regalo muy grande.

P:     ¿Por qué la arrestaron?
R:     Una de las razones fue porque yo había ido a conversar con los trabajadores, y me acusaron de estar en propiedad ajena. Algunas veces ni siquiera entrábamos a los campos para hablar con los obreros, porque ya estaban esperando para arrestarnos antes de entrar. Ése fue uno de mis primeros arrestos.

P:     He escuchado que usted y César discutían. ¿Cuál era el motivo? ¿Temas o estilo?
R:     Creo, cuando miro hacia atrás y pienso en nuestras grandes discusiones en el transcurso de los años, que  se debían, más bien, a una cuestión de táctica. Nunca fue por razones filosóficas, porque, en ese aspecto, siempre estábamos de acuerdo; pensábamos de la misma manera en términos de dirección y visión. Era siempre por cuestiones tácticas. Las mujeres pensamos distinto de los hombres. Cuando llevamos a cabo aquel boicot contra los productores de uvas, César quería boicotear a los de papas porque había un poderoso productor [en California] que cultivaba tanto uvas como papas. La discusión fue a larga distancia, porque yo estaba en Nueva York comenzando el boicot de las uvas y César estaba en California. Él me dijo: "Tenemos que boicotear a los productores de papas". Yo le contesté que cuando la gente pensaba en papas, no las relacionaba con California, sino con Idaho, ¿no es verdad?, y entonces comenzamos a discutir. Le dije: "César, creo que éste es un asunto lo suficientemente importante como para que yo regrese a California, de manera que podamos discutirlo personalmente". Pero a César no le gustaba gastar dinero, y no quiso pagar el boleto de avión, y, entonces, cedió. Creo, por lo tanto, que se trata, más bien, de una forma diferente de ver las cosas. El machismo influye mucho y los hombres siempre quieren hacer el papel de duros, o lo que sea. Es decir, es la forma de pensar que tienen los hombres. No todos, pero como yo siempre digo: "a los hombres les gusta ver quién sale con la culpa y quién sale con la gloria". Las mujeres decimos: "Vamos a realizar el trabajo, no importa quién lo haga". Ellos [los hombres] no pueden evitarlo, son así desde que eran niños cuando jugaban a las canicas.

P:     ¿Alguna vez se sintió resentida porque César fuese considerado casi un santo por la gente?
R:     En realidad, no, porque cualquiera que conociese a César sabía que habíamos sido muy bendecidos por haber conocido a alguien como él y por poder trabajar junto a una persona como él. Cuando hizo su primera huelga de hambre, se pasó cinco días sin comer. "Ay, César, bendita sea tu huelga"-pensé. Y le dije: "me siento tan mal cada vez que peleamos". Y él me contestó: "No dejes de hacerlo. Nunca dejes de pelear conmigo, porque, en realidad, tú eres la que me ayuda a pensar". En definitiva, no era más que una persona. No era un santo. Era una gran persona, pero, al fin y al cabo, era humano, y cometía errores como todos los demás.

César siempre fue el más importante. Y eso para él era muy duro. Cuando comenzó su trabajo de organizador, nos dijo que uno de nosotros iba a tener que estar al frente. Usted sabe: a él no le gustaba ese papel. Una vez íbamos camino a una reunión, y todos los obreros gritaban: "¡Viva Chávez!" Y la expresión de su cara era de dolor. "¿Qué pasa, César?"-le pregunté. Y me dijo: "Recuerdo que algunas de estas personas ni siquiera se dignaban a reunirse conmigo cuando empezamos". Él era una persona muy práctica en lo que respecta a su propia imagen.

No nos permitió poner su fotografía en los afiches durante mucho tiempo. Una vez que estuvo preso, hicimos un distintivo y se enfadó muchísimo con nosotros porque-mientras estaba siendo llevado a prisión-nos gritó: "¡Boicotéenles hasta el mismísimo diablo que llevan dentro!"; entonces, eso fue lo que nosotros pusimos en el distintivo. ¡Oh! ¡Estaba tan enojado! Tuvimos que cambiar el lema por: "Nuestra fuerza está en la no-violencia". Mientras estuvo en la cárcel, un mes entero, su primo comenzó la campaña para elegirlo gobernador. Repartimos pegatinas para autos en todo el estado. Se enfadó mucho. No le gustaba eso de ser el centro de atención.

Resulta interesante, porque ahora hay hasta calles y otras cosas que llevan su nombre. César no era así; lo que él quería era que la gente hiciera su trabajo, que trabajara duro. Fue enterrado cerca de la entrada de las oficinas principales, porque estoy convencida de que él hubiera querido asegurarse de que la gente llegara temprano [al trabajo] y se fuese tarde. César trabajó muy duro, y sirvió de ejemplo a todos.

P:     Si los hispanos de cincuenta años y más desearan iniciarse como activistas, ¿qué tendrían que hacer?
R:     Hay que hacerlos comenzar en el nivel que les corresponde. A mí me gusta contarles esta historia sobre mi hija Juanita. Una vez, cuando ella tenía tres años, estábamos en una sesión de capacitación para los organizadores. Ella estaba jugando con sus muñecas y entraba y salía. Cuando regresamos a nuestras oficinas donde organizábamos boicots en Nueva York, ella estaba hablando por su teléfono de juguete. Entonces, le pregunté:

-¿Qué estás haciendo?
-Estoy llamando a la gente —contestó.
-¿Los llamas para que hagan un piquete de huelga? —acoté.
-No, todavía no están listos para eso. Sólo van a arrojar algunos volantes —dijo ella.

Muchas veces, los activistas quieren que la gente salga y que los arresten enseguida o formen parte del piquete. Tal vez todavía no estén listos para hacerlo. El activismo debe tener distintos niveles en los que las personas se sientan cómodas y, desde allí, que puedan ir escalando a medida que progresan.

Me di cuenta de este detalle cuando la policía me golpeó [en 1988, mientras protestábamos pacíficamente en contra de la política sobre el uso de los pesticidas durante el primer mandato de Bush] y estuve discapacitada durante varios meses. No es un problema de discapacidad física solamente, sino también de discapacidad emocional. Yo estaba tan vulnerable emocionalmente durante nuestras reuniones de la junta directiva. que les dije: "Creo que no voy a poder luchar junto a ustedes de la misma manera que lo hacía antes." y me echaba a llorar por cualquier cosa. Me tomó mucho tiempo recuperar mi estabilidad emocional después de la golpiza. Algo pasó dentro de mí. No soportaba las aglomeraciones de gente: me llenaban de pánico. La discapacidad física tomó unos meses en sanar, pero me tomó un año y medio sanar emocionalmente. Eso me permitió entender más a la gente, sobre todo cuando los llamas y no se sienten listos.

 

P:     Y luego, casi te desangras debido a aquella emergencia médica en el año 2000.
R:     Es correcto. Eso fue peor, porque ni siquiera era capaz de caminar. Tuve que aprender a caminar y a hablar de nuevo. Tuve que recibir alimentación intravenosa durante meses porque no podía comer.

P:     ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
R:     Aprendí mucho sobre la dependencia, porque durante ese tiempo dependí mucho de mis hijos. Tengo mucha suerte, porque mi hijo es médico y mi hija enfermera. Si no, mi estadía en el hospital hubiera sido mucho más extensa. Y también está el hecho de que tus hijos te están diciendo lo que tienes que hacer. Es algo que no creo que la gente joven entienda. Les he dicho a algunos amigos que fue muy difícil para mí, como madre, cuando estaba discapacitada, porque no estaba acostumbrada a que mis hijos me dijeran lo que tenía que hacer. Es muy duro y doloroso para un padre o una madre, y la gente necesita entender eso. Mucha gente dice: "No soporto esto, prefiero morir. Prefiero morir a que mis hijos me den órdenes".

Incluso anoche, que queríamos ir a ver una actuación de un grupo de reggae, mi hija Lori, la segunda- pero que se cree que es la madre- me dijo: "Mamá, tienes que irte a la cama. Mañana tienes que levantarte temprano, así que no creo que debas salir". Y yo respondí: "Está bien". Y todo el mundo se fue a bailar, menos yo.

P:     Eso tiene que haber sido muy frustrante. Sé que le gusta la música y el baile. ¿Cuál es su ritmo favorito?
R:     Me gusta toda la música: clásica, ópera. La música española de cualquier tipo como los boleros, los corridos, la salsa. Pero de todos, el jazz es el que más me gusta.

P:     Entonces, ¿cómo podemos garantizar que las personas envejezcan con dignidad?
R:     Eso es muy importante. Todas las culturas rinden honor a los ancianos, excepto la nuestra. No sé por qué. Imagino que se debe a la influencia de la cultura inglesa. Porque en todos los países asiáticos y latinos se respeta a los mayores.

Considero que la creación de más puestos de trabajo relacionados con cuidados médicos a domicilio a beneficio de los ancianos es muy importante, porque ellos quieren quedarse en sus hogares en vez de ir a un asilo; quieren cuidar de su jardín y disfrutar de sus nietos.

P:     ¿Cuál es el legado que nos deja?
R:     Espero que mi legado sea mi experiencia como organizadora; haber transmitido los milagros que pueden obrarse cuando la gente actúa unida y las cosas que pueden cambiar. Y me acuerdo de... cuando logramos que se aprobara la ley de pensionados, el voto en español, los permisos de conducir en español, todos estos proyectos de ley que hemos logrado hacer aprobar. El hecho de poder construir y generar cambios sin violencia a través de la organización: ése quisiera que fuese mi legado. Y, si Dios quiere, llegará el día en el que no se discrimine a la mujer, a las minorías ni a los trabajadores; el día en que se trabaje por un mundo justo, mostrándole a la gente cómo lograrlo y lo que pueden hacer para marcar la diferencia.

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