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¿Son sus hijos más perezosos, consentidos e infantiles?

Detrás de los estereotipos de los veinteañeros de hoy.

In English | Muchos estadounidenses, especialmente los mayores de 50 años, tienen la impresión de que los jóvenes de hoy son más perezosos, egoístas e infantiles e inferiores comparados con ellos mismos cuando eran jóvenes. ¿Hay algo de cierto respecto de estos estereotipos negativos? Veamos.

Mujer joven recostada y tomando el sol

Pascal Broze/Onoky/Corbis

Son perezosos

Probablemente, la peor crítica que reciben actualmente los denominados adultos emergentes —adultos jóvenes— es que son “vagos”. Mucha gente piensa que los veinteañeros le escapan al trabajo siempre que pueden y que prefieren exprimir a sus padres todo el tiempo que puedan. Creen que los adultos jóvenes exageran al reclamar lo que ellos entienden como sus derechos adquiridos y que pretendan que trabajar sea divertido; y que, si el trabajo no les resulta divertido, no quieren hacerlo.

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Es cierto que los jóvenes suelen tener expectativas poco realistas respecto del trabajo, pero ¿son perezosos? No. Mientras buscan el empleo de sus sueños, que es casi imposible de encontrar, no se quedan sentados, simplemente jugando en su computadora y actualizando su perfil de Facebook. Está bien, algunos lo hacen, y de ahí viene el estereotipo, pero la gran mayoría de ellos pasa la mejor parte de su segunda década en una serie de horribles empleos, mientras buscan y se esmeran por conseguir algo mejor.

¿Se ha fijado quiénes atienden las mesas en los restaurantes, sirven el café con leche en Starbucks, atienden el mostrador en las tiendas minoristas o reponen la mercadería en los supermercados? La mayoría de ellos son adultos emergentes. Muchos de ellos trabajan y estudian al mismo tiempo, tratando de llegar a fin de mes mientras reducen su deuda estudiantil, la más grande de la historia. Es erróneo e injusto asociar a muchos adultos emergentes que son muy trabajadores con un estereotipo que es válido sólo para un pequeño porcentaje. 

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Son egoístas

Otro comentario muy difundido es que los veinteañeros de hoy día son egoístas.

A partir de este estereotipo, también se ha inflado un pequeño grano de verdad hasta convertirlo en una enorme falsedad. Probablemente sea cierto que, hoy, la mayoría de los adultos emergentes crezcan con un alto nivel de autoestima, superior que el de generaciones previas.

Después de todo, desde muy pequeños, sus padres boomers les han estado diciendo: “¡Eres especial!” y: “Puedes ser lo que tú quieras ser”, de modo que no debe sorprender que se hayan tomado a pecho ese mensaje. Para cuando alcanzan la adultez emergente, verdaderamente creen que son especiales y casi todos confían en que podrán conseguir lo que quieran en la vida.

Sin embargo —y este es el punto clave—, eso no implica que sean egoístas. Simplemente significa que confían mucho en sus capacidades para llegar a tener una buena vida, sin importar los obstáculos que deban enfrentar. ¿Y eso no es acaso algo bueno? Podría decirse que su elevada autoestima y confianza en sí mismos constituyen una buena armadura para ingresar en el duro mundo adulto.

La mayoría de las personas recibe, más de una vez, golpes demoledores en su camino hacia la adultez (enlace en inglés), ya sea en el amor, en lo laboral, o en relación con otros sueños que la realidad se encarga de desvanecer. La elevada autoestima es lo que le permite a la gente joven volver a levantarse y seguir esforzándose.

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No quieren madurar nunca

Ahora que la gama completa de responsabilidades propias de la adultez, como el matrimonio y la paternidad, llega más tarde de lo que solía hacerlo, muchos adultos mayores han dicho, con desprecio, que los jóvenes de hoy en día no quieren ser independientes, nunca. Sí, es cierto que muchos adultos jóvenes tienen sentimientos encontrados respecto de la adultez y no tienen ningún apuro en alcanzarla; la vida adulta (enlace en inglés) no los entusiasma demasiado.

Pero ¿nunca? ¿No quieren convertirse en adultos nunca? No es así. A los 30 años, alrededor del 75% de los jóvenes estadounidenses tiene un cónyuge/pareja, al menos un hijo, y un empleo estable a largo plazo. La mayor parte del 25% restante alcanza estos hitos a los treinta y pocos años. De modo que no es cierto que no maduren nunca; sólo quieren aprovechar la libertad que les da la adultez joven mientras tienen la oportunidad de hacerlo: irse a vivir a otro lugar del país o a otro país por un tiempo; apuntar a una profesión de mediano plazo, como músico o actor, o tener un empleo que pague poco y genere poco estrés, y divertirse mucho con los amigos. Eso no es algo despreciable; es sensato, y no expresamos suficientemente el reconocimiento que se merecen por su sensatez. A los 30 años, casi todos ellos están más que preparados para cambiar su libertad sin compromisos por la recompensa de vínculos duraderos con los demás.

Así que ¡déjelos en paz! Y abra su mente y su corazón para poder apreciar todas las cualidades que hacen fenomenales a los adultos emergentes de hoy en día.

Jeffrey Jensen Arnett, profesor investigador del departamento de psicología de Clark University, en Worcester, Massachusetts, es un experto en adultez emergente. Elizabeth Fishel es una escritora especializada en asuntos de familia.

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