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8 signos tempranos del mal de Parkinson

Los síntomas iniciales pueden confundirse con otras enfermedades.

Una cuidadora pone una manta sobre una mujer mayor que mira por una ventana.

Getty Images

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La mayoría de nosotros reconocemos algunas señales del mal de Parkinson, como los temblores y la dificultad para caminar. Pero hay síntomas muy tempranos que pueden aparecer hasta más de una década antes de que la enfermedad se presente en formas físicas más obvias, y que a menudo se confunden con otras cosas. También se pueden confundir con las señales regulares del envejecimiento.

Problemas comunes, como la dificultad para dormir, el estreñimiento y la rigidez muscular, o síntomas de un mundo con COVID-19, como la pérdida del olfato o el aumento de ansiedad o depresión, también están vinculados con las etapas iniciales del mal de Parkinson. Muchos de estos trastornos son muy comunes en los adultos mayores. Esto no quiere decir que una persona que experimenta estos problemas sufre de Parkinson, pero ciertamente es buena idea conversarlo con el médico, especialmente cuando varios de esos síntomas se presentan al mismo tiempo.

“Las señales tempranas, por lo general, no son problemas que llevan a una consulta médica”, dice la Dra. Michele Tagliati, directora del Programa de Trastornos del Movimiento y vicepresidenta del Departamento de Neurología en Cedars-Sinai Medical Center.


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Eso se debe a que los efectos del Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa, tienen amplio alcance y con frecuencia generan cambios mucho tiempo antes de que aparezca un temblor. Si bien en la actualidad no existen fármacos para demorar el avance del Parkinson, cambios en el estilo de vida pueden ayudar a controlar la enfermedad, y un diagnóstico temprano puede ser útil para la creación de un plan. Estas son ocho señales a las que debes estar alerta.

1. Sueño inquieto 

Hablar mientras duermes, ser sonámbulo o representar físicamente tus sueños —lo que se conoce como trastorno de conducta del sueño en fase MOR (movimiento ocular rápido)— pueden ser señales tempranas del mal de Parkinson. “Se supone que debemos estar completamente inmóviles y paralizados durante el sueño”, dice Tagliati. Pero para una persona con Parkinson, “el mecanismo que controla esta fase del sueño es defectuoso en alguna medida”.

De hecho, un estudio del 2014 (en inglés) halló que el 33% de los pacientes con trastornos del sueño MOR habían desarrollado una enfermedad neurodegenerativa, como el Parkinson o la demencia del cuerpo de Lewy (en inglés), después de cinco años. Ese número se disparó al 91% después de 14 años.

Una señal de este problema es caerse de la cama. Si vives con alguien, probablemente te vean u oigan representar tus sueños. A veces las personas hasta patean o golpean con el puño estando dormidas, o saltan repentinamente de la cama. Si vives solo, tal vez te despiertes con las sábanas enroscadas o te despiertes gritando, dice la Dra. Camilla Kilbane, directora interina del Centro de Parkinson y Trastornos del Movimiento en University Hospitals Cleveland Medical Center.

2. Pérdida del olfato

La pérdida del sentido del olfato, o hiposmia, ha estado en las noticias como un efecto secundario de la COVID-19.

Los investigadores no saben con certeza por qué está también vinculada con el Parkinson, dice Tagliati, pero hay una conexión clara entre ambos: este síntoma se presenta en el 90% de los casos de Parkinson en etapa inicial.

Al igual que los problemas para dormir, es fácil descartar los problemas olfativos y atribuirlos a otra cosa, como alergias, sinusitis, una infección anterior de COVID o, simplemente, a la edad. Pero la pérdida del olfato no debe ignorarse, especialmente si también hay otros síntomas.

3. Estreñimiento

El mal de Parkinson afecta el sistema nervioso autónomo, que controla las funciones corporales en las que normalmente no pensamos, como ir al baño. El Parkinson también puede afectar el microbioma intestinal, según un estudio reciente de Journal (en inglés), lo que a su vez afecta el funcionamiento del sistema digestivo.

La enfermedad no afecta a todos los sistemas gastrointestinales del mismo modo. Pero un cambio en la frecuencia de defecación —u otros cambios digestivos, como hinchazón abdominal, náuseas o malestar general— podría ser una señal temprana de advertencia que debería investigarse. Dado que un tercio de los adultos mayores de 60 años en Estados Unidos reportan estreñimiento, según los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) (en inglés), es aconsejable mencionárselo a tu médico, si bien no es causa de pánico.


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4. Ansiedad o depresión 

El mal de Parkinson daña la capacidad del cerebro de crear serotonina y dopamina, dos sustancias químicas que afectan el estado de ánimo. Los cambios en los niveles de neurotransmisores puedes generar mayor ansiedad y depresión. Según la Parkinson’s Foundation, los pacientes pueden experimentar depresión o ansiedad entre dos a cinco años antes de recibir el diagnóstico.

Los trastornos del estado de ánimo causados por el Parkinson por lo general no son drásticos, como una depresión grave, dice Kilbane. Pero es probable que el cónyuge o un familiar noten el cambio; por ejemplo, cuando una persona que normalmente es feliz comienza a preocuparse por todo.

“Es tan sutil que es posible que no consulten al médico”, dice Kilbane, especialmente con el estrés asociado con la pandemia, cuando muchas personas han estado preocupándose más de lo habitual.

5. Voz tenue

Según la Parkinson’s Foundation, el 89% de las personas con la enfermedad sufren de trastornos vocales y del habla. La primera señal a menudo es el volumen de la voz, es decir, las personas tal vez hablan en forma más suave, incluso sin darse cuenta, dice Kilbane. Con frecuencia, quien nota este cambio es el cónyuge, un amigo o un familiar, que debe pedirle a la persona que hable más alto o que repita lo que dijo.

6. Rostro inexpresivo

El mal de Parkinson también afecta los músculos del rostro, que experimentan la misma reducción gradual de flexibilidad que el resto del cuerpo. Las personas con la enfermedad tendrán “menos expresión facial y menos sonrisas espontáneas”, dice Kilbane; por ese motivo, ella también llama a este trastorno “cara de póker”.

Las personas pueden pensar que estás enojado o de mal humor porque es menos probable que las emociones positivas se traduzcan en gestos faciales que indican alegría o apreciación, como una sonrisa.

7. Rigidez y problemas al andar

Es común que los pacientes a quienes no se les ha diagnosticado el mal de Parkinson consideren que síntomas como la rigidez y los problemas para caminar son parte de envejecer, dice Kilbane. “Anticipamos que, con la edad, es posible que nuestros movimientos se vuelvan más lentos, que perdamos algo de flexibilidad y que tal vez arrastremos un poco los pies”, dice.

La falta de flexibilidad causada por el Parkinson puede confundirse con artritis, pero se da en los músculos, no en las articulaciones. Esa distinción puede ser difícil de determinar sin la ayuda de un médico, dice. Los problemas en la forma de caminar pueden aparecer inicialmente en alguien que tiene problemas para mantener el paso de sus compañeros durante una caminata o a quien le cuesta realizar actividades regulares, como subir o bajar de un auto. Esto, también, podría ser atribuido a la edad. Pero ambas situaciones son señales de un posible diagnóstico de Parkinson.

8. Temblores en reposo

Los temblores en las manos, los pies o las piernas a menudo son el primer síntoma visual obvio del Parkinson, dice Tagliati. Para cuando la enfermedad afecta los músculos de esta manera, la mayoría de los pacientes ya han experimentado síntomas tempranos, como dificultad para dormir o problemas digestivos o de olfato, a veces durante años.

Los movimientos por lo general se dan en un lado del cuerpo —no necesariamente el lado dominante— y ocurren cuando la extremidad está en reposo. “Normalmente, cuando el paciente usa la mano, el temblor desaparece”, dice. “Muchas personas ponen la mano en el bolsillo y no sucede nada realmente”. Un temblor en la barbilla también es común en el mal de Parkinson y debe investigarse.

Jen A. Miller es una escritora colaboradora, autora de Running: A Love Story. Su trabajo ha aparecido en The New York Times, The Washington Post, SELF, Vox y Buzzfeed, entre otras publicaciones.