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¿Tienes un mayor riesgo de sufrir complicaciones por la gripe, la COVID-19 o el VRS?
Entiende la advertencia que los adultos mayores suelen escuchar durante la temporada de resfriados y gripe.
Tiempo de lectura: 7 minutos
En Estados Unidos, al comienzo de cada temporada de gripe, escuchamos una advertencia conocida: los adultos mayores y las personas con ciertas enfermedades tienen un mayor riesgo de contraer virus respiratorios como la COVID, la gripe y el VRS.
Pero ¿qué significa realmente tener un “mayor riesgo” y qué deberías hacer con esa información?
Se trata de los resultados
Para la mayoría de las personas, tener un mayor riesgo tiene menos que ver con contraer un virus y más con lo que sucede si tienes una infección. Si tienes un mayor riesgo y te da gripe, la COVID o el VRS, podrías tener más probabilidades de sufrir un resultado grave, como hospitalización, una estadía en la unidad de cuidados intensivos o incluso la muerte.
“Cuando decimos ‘enfermedad grave’, nos referimos a una enfermedad lo suficientemente seria como para hospitalizarte”, dice el Dr. William Schaffner, profesor de medicina preventiva y enfermedades infecciosas en la Facultad de Medicina de la Universidad Vanderbilt en Nashville, Tennessee. “La hospitalización es la línea que marca la diferencia. Si la cruzas, has tenido una enfermedad grave”.
Varios factores pueden colocar a una persona en una categoría de mayor riesgo, desde hábitos de estilo de vida, como fumar, hasta ciertos trastornos médicos que pueden complicar una infección o la recuperación de ella. Por ejemplo, las personas con diabetes tienen mayores probabilidades de sufrir un resultado grave a causa de una infección respiratoria que las personas sin diabetes. También hay factores que pueden reducir el riesgo de una persona de enfermarse gravemente, como estar vacunada.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) aplican el calificativo de mayor riesgo a problemas de salud que se ha demostrado de manera concluyente que aumentan las probabilidades de un resultado grave, aunque ese riesgo puede variar de una persona a otra.
El riesgo individual es difícil de comunicar a gran escala, dice la Dra. Kisha Davis, presidenta electa de la Academia Estadounidense de Médicos de Familia. La verdadera función del calificativo, añade, es decirte que tomes precauciones adicionales.
“Es algo así como la luz amarilla: baja la velocidad y ten un poco más de cuidado”, dice Davis.
La edad es el factor de riesgo más importante para enfermarse gravemente
De todos los factores de riesgo, la edad es lo que más importa. Durante la temporada de gripe del 2024-25, los adultos de 65 años o más representaron el 57% de las hospitalizaciones por gripe y el 71% de las muertes por gripe.
Una razón importante es que el sistema inmunitario cambia con la edad.
El sistema inmunitario que envejece tarda más en reconocer un virus, dice Dawn Bowdish, profesora de medicina en la Universidad McMaster y directora del Instituto Firestone de Salud Respiratoria en Hamilton, Ontario. No tarda semanas más, sino horas, tal vez un día. Y eso le da al virus una ventaja inicial.
Cuando se reconoce el virus, la respuesta de emergencia del cuerpo —la inflamación— lleva rápidamente células inmunitarias y líquido al lugar afectado. Con la edad, la inflamación puede reaccionar de forma exagerada.
“Una vez que comienza, uno de los grandes problemas es que hay casi demasiada inflamación”, dice Bowdish. Eso puede llenar los pulmones de líquido, y así es como una infección respiratoria puede convertirse en neumonía.
También tarda en detenerse, añade ella, y por eso un adulto mayor puede sentirse enfermo incluso cuando la infección disminuye.
El corazón, los pulmones y los riñones también envejecen. Un cuerpo más joven puede soportar mejor el esfuerzo de una infección grave: el corazón acelerado, la respiración dificultosa, la deshidratación. Un cuerpo mayor ya está funcionando más cerca de sus límites antes de que llegue el virus. Y sí, esto es cierto incluso si estás en excelente forma.
“Como persona de 75 años, no me importa cuántas flexiones de barra puedas hacer. Tienes un riesgo mayor que una persona de 40 años”, dice Schaffner.
6 preguntas para hacerle a tu médico sobre tu riesgo
- ¿Tengo algún trastorno de salud que me ponga en mayor riesgo de tener un resultado grave?
- ¿Qué vacunas necesito este otoño?
- ¿Alguno de mis medicamentos me coloca en el grupo de mayor riesgo?
- Si doy positivo para la gripe o la COVID, ¿soy candidato para medicamentos antivirales? De ser así, ¿cómo comienzo a tomarlos rápidamente?
- ¿Qué medicamentos de venta libre debo evitar y cuáles debo tener a la mano?
- ¿Qué síntomas requieren una llamada a mi proveedor de cuidados de salud?
Los trastornos de salud comunes también afectan el riesgo
Las enfermedades crónicas aumentan el riesgo. Los CDC mencionan varias, entre ellas la enfermedad pulmonar crónica, la enfermedad cardíaca, la diabetes y la enfermedad renal crónica. Estas pueden dejar al cuerpo con menos reservas para manejar el estrés adicional de una infección. Los pulmones que ya tienen cicatrices por la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) tienen menos tejido sano disponible. Los riñones que ya están teniendo dificultades tienen poco más que dar.
Esta es una advertencia para casi todos los adultos mayores. En el 2023, el 93% de los adultos de 65 años o más reportaron al menos una enfermedad crónica.
La obesidad puede aumentar el riesgo por más de una vía. El peso extra afecta qué tan bien funcionan los pulmones, y la inflamación de bajo grado que acompaña al exceso de tejido graso mantiene al sistema inmunitario activado incluso antes de que empiece la infección.
Estar inmunodeprimido —lo que significa que tu cuerpo no puede combatir las infecciones tan fácilmente como debería— también aumenta el riesgo. Algunas enfermedades crónicas debilitan el sistema inmunitario. También pueden hacerlo ciertos medicamentos utilizados para tratarlas, incluidos la prednisona y los medicamentos biológicos recetados para la artritis reumatoide, la enfermedad de Crohn y la psoriasis.
Estos medicamentos están diseñados para reducir la actividad del sistema inmunitario, dice Davis, y así ayudar a prevenir las complicaciones de una enfermedad crónica. Pero eso también afecta la manera en que el cuerpo responde a todo lo demás y puede hacerte más susceptible a enfermedades respiratorias.
Ninguna condición de salud es más importante que las demás, dice Davis. “Creo que todas me preocupan cuando están fuera de control”, añade, por eso controlarlas es clave.
El riesgo puede aumentar a medida que se acumulan las enfermedades. Si tienes 65 años y vives con diabetes y enfermedad cardíaca, dice Schaffner, tu riesgo aumenta con la cantidad de trastornos, “y eso se ha demostrado de manera muy elegante en estudios epidemiológicos”.
5 maneras de reducir tu riesgo
No puedes cambiar tu edad ni hacer que desaparezca el diagnóstico de una enfermedad crónica. Pero hay algunas cosas que puedes hacer para reducir el riesgo de sufrir un resultado grave durante esta temporada de gripe. Aquí tienes cinco.
1. Vacúnate
Según los CDC, las vacunas siguen siendo la herramienta más importante para prevenir enfermedades graves causadas por un virus respiratorio. Pregúntale a tu médico qué vacunas necesitas esta temporada, y ten en cuenta que si tienes 65 años o más, las recomendaciones incluyen una vacuna contra la gripe de dosis alta, que le da “un pequeño impulso” a un sistema inmunitario lento, dice Bowdish.
¿Te vacunaste contra la gripe el año pasado y aun así te dio gripe? Es posible que la vacuna aun así haya cumplido su función. En los adultos mayores, las vacunas son algo menos eficaces para prevenir los síntomas, pero siguen siendo muy buenas para prevenir enfermedades graves. Incluso los adultos mayores vacunados que terminan en el hospital tienen menos probabilidades de necesitar cuidados a largo plazo después, dice Bowdish: “No se enferman tanto como para perder su independencia y movilidad”.
2. Mantén controladas las enfermedades crónicas
Lograr que la diabetes o la presión arterial alcancen la meta “sin duda ofrece cierta protección” contra las complicaciones más graves, dice Davis. “Estás tomando todos tus medicamentos. Tu A1C está en un nivel ideal. Estás haciendo todo lo necesario y, como persona, podrías tener un riesgo menor”.
Sin embargo, un buen control no elimina la clasificación de mayor riesgo. Incluso cuando una enfermedad está bien controlada, dice Davis, tener una “debería ser una señal de que tal vez necesito hacer un poco más”.
3. Desarrolla fuerza
Cuando estás gravemente enfermo, pierdes el apetito. Al mismo tiempo, combatir la infección consume energía y proteína. Como entra menos al cuerpo, este toma lo que necesita de los músculos, y el tiempo en cama acelera la pérdida. El músculo que se pierde durante una enfermedad debe reconstruirse, dice Bowdish, y mientras mayor seas, más largo será el camino de regreso.
Por eso, el músculo desarrollado antes de enfermarte sirve como reserva. ¿Alguien que hace entrenamiento de fuerza enfrenta una enfermedad con ventaja? “Yo diría que absolutamente sí”, dice N. Travis Triplett, profesor de kinesiología en Appalachian State University, en Boone, Carolina del Norte.
Para una persona frágil con poca masa muscular, no se necesita mucho para entrar en la zona de peligro. Alguien que hace entrenamiento de fuerza puede soportar el golpe y aún tener suficiente reserva.
La buena noticia: nunca es demasiado tarde para empezar a hacer entrenamiento de fuerza, añade Triplett. Dos veces por semana es suficiente, con unos tres días de recuperación entre sesiones en lugar de los dos que necesita una persona más joven.
4. Asegúrate de consumir suficiente proteína
Unos pocos días de apenas comer pueden costarte una o dos libras, y si eso es mayormente músculo, “no es una buena situación”, dice Angel Planells, dietista nutricionista registrado y portavoz de la Academy of Nutrition and Dietetics.
Así que asegúrate de comer lo suficiente todos los días, antes de que cualquier episodio de enfermedad te haga retroceder. La proteína es un nutriente del que muchas personas no consumen suficiente: cerca de 1 de cada 3 adultos mayores de 50 años no obtiene la cantidad necesaria, una cifra que, según Planells, coincide con lo que ve en su práctica.
El libro de AARP The Whole Body Reset recomienda que las mujeres mayores de 50 años consuman al menos 25 gramos de proteína por comida, y que los hombres mayores de 50 años consuman al menos 30 gramos por comida.
5. Ten un plan antes de enfermarte
Los medicamentos antivirales (en inglés) pueden evitar que la gripe y la COVID se vuelvan graves, y los médicos los recetan más rápidamente a quienes están en grupos de mayor riesgo. Los medicamentos funcionan mejor cuando se empiezan a tomar temprano: dentro de aproximadamente dos días de la aparición de síntomas de gripe y de cinco a siete días para la COVID, según el antiviral. Así que habla ahora con tu médico sobre lo que quiere que hagas si te enfermas, dice Davis.
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