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Lidiando con el luto: Una charla con Luis Orta, Ph.D.

In English | Perder a su pareja puede ser una de las situaciones más estresantes en la vida de una persona, y el duelo posterior puede resultar extenuante hasta para el más fuerte.

Luis Orta, psicólogo clínico de Miami, ha trabajado extensivamente con personas que han sufrido pérdidas, ya sea de un ser querido, de un empleo o de su hogar como consecuencia de un desastre natural. Las siguientes son algunas de sus observaciones.

P:  ¿Qué sucede cuando muere el jefe de familia?

R:  Cuando muere una figura principal, le sigue un período de lo que yo denomino “disolución”, en el que todos están en el limbo. Luego viene la reorganización. Cómo tiene lugar esta reorganización depende mucho de la importancia e influencia que tenía el fallecido en la familia. Si se tratara del jefe de familia, pero sólo en nombre, y fuera otro quien condujera verdaderamente el hogar —en otras palabras, si el fallecido hubiera sido sólo una figura decorativa—, entonces, la rutina cotidiana prácticamente no cambia.

Pero si jugaba un papel importante, tiene lugar un período inicial de confusión y readaptación. La duración de este período dependerá también de la naturaleza de la dinámica familiar. Si todos dependían de esta persona, se hace muy dificultoso. Tiene que haber alguien que se haga cargo, alguien que sea más bien activo y emprendedor.

Generalmente, esto sucede de manera automática, porque, en la familia, algunos roles están asignados desde un principio, y esa persona ya se habrá hecho cargo en otras oportunidades.

Si ambos cónyuges compartían las responsabilidades del hogar por igual, la transición es más fácil. Sigue habiendo un proceso de duelo en lo emocional, pero el proceso funcional de lo que se hace, quién lo hace y cuándo se hace, será más fluido.

P: ¿Los niños hacen su duelo en función de la edad?

R: Teóricamente, el proceso es igual. No obstante, también dependerá de cada individuo, de la relación que tenía con el fallecido, de lo cercanos que fueran y de la intensidad de la relación.

En la mayoría de los casos, cuanto menor haya sido la interacción entre ellos, más fácil será el proceso de duelo. Pero la edad puede afectar el nivel de maduración.

En mi opinión, cuanto menor sea el niño al momento de sufrir la pérdida, más sencillo será el duelo. Si nos hubiéramos conocido cinco semanas atrás, me resultaría más fácil recuperarme de mi pérdida que si nos conociéramos desde hace cinco años. No es lo mismo perder a un padre a los 2 años de edad que a los 12. Cada etapa del desarrollo tiene sus particularidades. Algunos piensan que los años de la adolescencia son los más difíciles; pero yo creo que cada etapa puede presentar sus propios conflictos y necesidades de adaptación.

P: Debido a factores culturales, lazos familiares, religión u otros rasgos, ¿podemos decir que los latinos enfrentan de manera diferente la pérdida de un compañero?

R: La pérdida de un ser querido afecta a todo el mundo. El hecho de ser latino, anglo o marciano no lo hace ni más fácil ni más difícil. Dicho esto, el proceso de duelo podría suavizarse en función de la forma en que es abordado.

El anglo típico —y aquí estoy generalizando— tiende a ser más pragmático y tratará el duelo fácticamente. Los latinos tienden a estar más apegados a su clan familiar y a ser más codependientes. No es ni bueno ni malo; sólo es
diferente.

Y si bien esta estrecha relación con el clan familiar podría proveer un buen sistema de apoyo, también puede ser una espada de doble filo. Hay mayor dependencia y lamentación. Inmediatamente después de la desgracia, funciona a su favor, pero puede que luego no sea así, si la dependencia es excesiva.

P: ¿Qué consejo les da a quienes están experimentando un duelo?

R: Es una cuestión de tiempo. El tiempo es el factor determinante a la hora de cicatrizar las heridas provocadas por la pérdida. Además, manténganse ocupados. Hagan cosas que sean productivas. Lloren cuando tengan que hacerlo. 

P: ¿Qué consejo les da a los amigos y parientes de quienes experimentan un duelo?

R: Estén disponibles. Escuchen y ofrezcan su ayuda genuinamente. Sean proactivos; no esperen a que les pidan ayuda. Aunque lo más importante es que estén dispuestos a escuchar.

P: ¿Existe algo así como equivocarse en el proceso de duelo?

R: No creo que se trate de equivocarse o no. Uno está lidiando con emociones y no puede andar fijándose metas: “Para el [día] 20, voy a olvidarme de esta persona y seguiré adelante con mi vida”. No funciona de esa manera. El duelo es algo muy personal. Dependerá de la relación, de la intensidad y la madurez de la misma.

Hay personas que han estado juntas durante 40 años y dicen que no quieren vivir de ninguna otra forma que no sea con esta otra persona. Está bien sentir que uno no quiere seguir adelante, temporalmente. Si no logra superar ese sentimiento, entonces hay un problema.

P: ¿Cuándo sabe uno que está listo para establecer otra relación?

R: Simplemente lo siente. Lo sabe. Es un proceso. Primero, comienza a interesarse en actividades; luego, en otras personas. Uno comienza a percibir el exterior; recupera las cosas que disfrutaba. Reconoce algunas cosas y dice: “¡Caramba! ¡Vean eso!”. Puede ser un proceso lento, y no recomiendo precipitarlo.

P: ¿Existen sentimientos de culpa cuando uno sigue adelante?

R: Puede haberlos, y eso es normal. La intensidad de esa culpa dependerá de la naturaleza de la antigua relación y hasta de la manera en que se haya producido la muerte. Existe una diferencia entre un cónyuge que se ha suicidado y otro que ha muerto tras una larga enfermedad.  

P: ¿Se pregunta la gente si su cónyuge [fallecido] los ve? O, cuando siguen adelante con sus vidas, ¿expresan dudas respecto de su independencia?

R: La gente me hace esa pregunta (si sus seres queridos los están mirando). Les digo que si supiera la respuesta, no estaría sentado aquí. Pero yo me baso en la realidad. No sirve para nada contestar estas preguntas existenciales.

Si se sienten más cómodos pensando que la persona fallecida puede verlos, entonces les digo que crean eso. Les digo: “Si fulano realmente lo amaba, querría que usted fuera feliz”.

Aceptar una nueva relación puede resultarles más difícil a los niños. Pueden llegar a proyectar sus propios sentimientos y temer que su madre o padre estén siendo reemplazados, o que vayan a perder al padre que les queda
vivo.

Sugiero que el padre le diga al niño: “Te amo a ti y amaba a tu papá/mamá —según corresponda—. El hecho de que vaya a salir con otra persona no significa que no te ame ni que no haya amado a tu mamá/papá”.

No obstante, no fuerce el ingreso de la otra persona en la vida de su hijo inmediatamente. Hágalo lentamente, para que el proceso sea más suave. No lo haga de manera invasiva, y evite cualquier tipo de demostración afectiva frente al niño, al menos al principio.

Para los desconsolados:
Tómense tiempo para que cicatricen las heridas; no existen reglas ni plazos.
Manténganse ocupados y sean productivos. Lloren cuando tengan que hacerlo.

Para los que quieren ayudar:
Estén disponibles; a menudo, es suficiente.
Estén dispuestos a escuchar.
Sean proactivos; no esperen a que les pidan ayudan.

Cuando perdió a su esposo, la reportera de Univision, Teresa Rodríguez, se enfrentó a su dolor y, junto a sus hijos, construyó una nueva estructura familiar. Hoy día, con sus hijos encaminados, Rodríguez nos presenta un nuevo libro, y un nuevo amor. No se pierda nuestra entrevista exclusiva.

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