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Las dos caras de las deudas

Cómo aprovechar las ‘buenas’ deudas y evitar las ‘malas’.

Ilustración de una balanza. A un lado monedas de oro, al otro una casa - Buenas y malas deudas

Istock

Hay deudas que te conviene tener en Estados Unidos, y otras te pueden amargar la vida.

Un día, después de tratar de arreglar por la quindécima vez el viejo y cansado refrigerador que nos había donado la iglesia cuando llegamos a Estados Unidos, papi anunció con gran orgullo que íbamos a comprar un refrigerador nuevo.  

Como suele ser costumbre en muchos núcleos familiares, corrimos entusiasmados al cacharrito por el que habíamos pagado menos de $100. Nos dirigimos a la tienda de Sears más cercana a nuestro apartamento para hacer la compra del siglo —un refrigerador que no sonara como una aspiradora de alfombras, que no goteara, y que hiciera su propio hielo sin tener que moverlo al patio cada dos semanas para derretir la gruesa capa de escarcha que ocupaba la mayor parte del congelador.

¡Qué orgullosos entramos por esa puerta de la tienda y qué contenta estaba mami solo de imaginarse que saldríamos de allí con el preciado premio de un nuevo refrigerador!

Pero ahí fue cuando se puso mala la cosa. Papi solicitó un préstamo de la tienda. Recuerdo, como si hubiese sucedido ayer, con el orgullo que le contestó al vendedor cuando le preguntó si él tenía crédito previo en otro sitio. “Claro que no”, dijo papi, “yo no le debo nada a nadie”.

Ya se podrán imaginar el fin de este episodio: no historial de crédito, no préstamo —y no refrigerador.

¡Bienvenidos a Estados Unidos! Esa fue mi primera experiencia de la necesidad que existe en este país de establecerse con un buen crédito.

Pero si bien debemos saber usar la herramienta del crédito, es muy importante reconocer que no todas las deudas son iguales y que, pese a que para nosotros resultaba indispensable tener acceso a un refrigerador en buen estado, hay muchas circunstancias en las que el uso erróneo del crédito pudiera llevarnos a la inseguridad financiera.

Entonces, ¿cuándo se justifica endeudarnos? Para utilizar el poder adquisitivo que nos ofrece esa tarjetica de plástico o nuestra firma en un pliegue de papel de una forma inteligente, tenemos que aprender a discernir entre las “buenas” deudas y las “malas”.

Por lo general, las buenas deudas son aquellas que nos permiten adquirir algo que resulta ser necesario, que aumenta de valor a medida que pasa el tiempo, o que nos permite generar un ingreso. Por ejemplo:

  • Un préstamo estudiantil Un diploma universitario te ofrece la oportunidad de conseguir un trabajo que pague más. Sin embargo, es muy importante comparar los intereses que cobran, especialmente si estás considerando un préstamo privado. ¿Cuál debe ser el límite de tu préstamo estudiantil? Como regla general, es recomendable que el total de todos tus préstamos estudiantiles no sobrepase el salario anual que piensas recibir cuando te gradúes. Visita la página oficial del gobierno en www.studentloans.gov para comparar costos y préstamos disponibles.
  • Una hipoteca – Aunque todavía nos estamos lamiendo las llagas de la crisis hipotecaria del 2008, la compra de una casa, siempre y cuando los términos de la hipoteca sean fijos y razonables, representa una oportunidad de aumentar el valor de nuestro legado. Podemos anticipar un día en que hemos terminado de pagar la hipoteca y podemos vivir en nuestra propia casita sin tener que pagar alquiler.

  •  Un préstamo de negocio – Un préstamo de negocio podría ofrecernos la oportunidad de abrir o expandir una empresa que se ha estudiado y planeado con los pies firmemente puestos en la tierra. El sitio oficial de pequeñas empresas en Estados Unidos (Small Business Administration) puede ayudarte a evaluar tu caso y ofrecerte posibles fuentes de capital para tu negocio. La SBA ofrece ayuda en español.

Y  ahora, el otro lado de la moneda:  las deudas malas.

Cualquier compra que no tenga la posibilidad de aumentar de valor o generar un ingreso es, por lo general, una mala deuda. No aporta a tu bienestar económico, sino más bien compromete tu capacidad de ahorro y desestabiliza tus finanzas.

Si no estás seguro si se justifica asumir una deuda, hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Lo necesito?
  • ¿Lo necesito ahora, o podría esperar para pagarlo en efectivo?
  • ¿Puedo cumplir con los pagos mensuales?
  • ¿Qué tendría que sacrificar para poder pagar las cuotas mensuales? (Por ejemplo, ahorros para la jubilación o para emergencias, o presupuesto para entretenimiento, turismo o regalos).

Recuerda que el crédito es una herramienta. Para sacarle provecho, ten en mente los siguientes consejos:

  • Tarjetas de crédito – Aunque en Estados Unidos son prácticamente imprescindibles, es muy importante que uses tus tarjetas de crédito primordialmente para comprar lo necesario —aunque claro que nos tenemos que dar algún gusto de vez en cuando— siempre y cuando podamos liquidar el saldo completo a fin de mes. Muchas tarjetas ofrecen recompensas por usarlas, millas que puedes aplicar al costo de pasajes aéreos, y hasta dinero en efectivo. Si cancelas tu balance cada mes, el interés a cobrarte no es tan importante como el costo anual que podría tener tu tarjeta. Asegúrate que tenga un “período de gracia” dentro del cual,  si saldas tu cuenta, no incurrirás ningún costo de interés.
  • Vacaciones – Todos necesitamos un descanso para recuperar nuestra energía, pero haz un presupuesto y trata de liquidar el costo de tus vacaciones en menos de tres meses.
  • Préstamos de autos – Esta deuda puede ser buena si lo necesitamos para llegar al trabajo en sitios como Los Ángeles, por ejemplo, donde no existe un buen sistema de tránsito, pero no te dejes llevar solo por el costo del pago mensual. Multiplica ese pago por el número de meses que lo estarás haciendo para que veas cuánto te sale el auto. Considera también el costo del seguro, gasolina y mantenimiento. Consulta con una unión de crédito (Credit Union) o banco antes de comprar el auto y recuerda que los préstamos que te hacen los concesionarios pueden resultar mucho más caros que los de un banco.  

Ahora que sabes cuáles son las deudas buenas y las malas, toma inventario de todas tus deudas y elimina las que te están haciendo daño lo antes posible.

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