Cómo reducir tu riesgo de demencia mientras vives con diabetes

La diabetes está relacionada con el deterioro cognitivo, pero aún así puedes proteger tu cerebro.

Tiempo de lectura: 10 minutos

Una mujer en un espiral con alimentos altos en azúcar a su alrededor.
AARP (Getty Images)

Puntos principales

  • La diabetes tipo 1 y tipo 2 están relacionadas con un mayor riesgo de demencia vascular y enfermedad de Alzheimer.
  • Los expertos dicen que controlar la A1C, la presión arterial y el colesterol puede favorecer la salud cerebral y ayudarte a evitar episodios de azúcar alta y baja en la sangre.
  • Los hábitos saludables para el corazón, como hacer ejercicio, socializar y tener una alimentación sana, pueden ayudar a reducir el riesgo de demencia en las personas con diabetes.

Después de 54 años controlando su diabetes tipo 1, Riva Greenberg se está enfocando en cómo proteger su cerebro. Su madre y cuatro tías, ninguna de las cuales tenía diabetes, todas tuvieron pérdida progresiva de memoria en los últimos años de vida. Y sabe que la diabetes es un factor de riesgo de demencia. “Quiero detener eso antes de que ocurra”, dice.

Greenberg, de 73 años, escritora y activista que vive en Nueva York, está tomando medidas para proteger su cerebro: sigue una dieta baja en carbohidratos, toma clases de ejercicio dos veces por semana y camina todos los días. Sabe que décadas de diabetes han causado estrés y desgaste en su cuerpo, incluidos los vasos sanguíneos que nutren su cerebro.

Los niveles altos de azúcar, o glucosa, en la sangre, que ocurren en la diabetes tipo 1 y tipo 2, dañan el revestimiento interno de las arterias. Las arterias responden acumulando capas de placa, lo que dificulta que la sangre rica en oxígeno llegue al cerebro y a otros órganos.

La Dra. Medha Munshi, geriatra y endocrinóloga de la Facultad de Medicina de Harvard que dirige el programa de diabetes geriátrica del Centro de Diabetes Joslin, confirma que se ha demostrado que el azúcar alta en la sangre durante períodos prolongados (hiperglucemia) aumenta el riesgo de demencia. El azúcar baja en la sangre (hipoglucemia) también es peligrosa para los adultos mayores, ya que aumenta el riesgo de confusión y caídas, que pueden provocar lesiones en la cabeza, otro riesgo de demencia posterior.

¿Cómo aumenta la diabetes el riesgo de demencia?

La diabetes tipo 1, que es más probable que ocurra en la niñez, es causada por una respuesta inmunitaria que daña las células del páncreas que producen la hormona insulina. La diabetes tipo 2, que se diagnostica con más frecuencia en la mediana edad o después, se desarrolla cuando las células ya no responden a la insulina o cuando el cuerpo no produce suficiente hormona, que transporta el azúcar de la sangre a las células para obtener energía. En ambos casos, sin suficiente insulina que funcione, el azúcar se acumula en el torrente sanguíneo en vez de llegar a las células que la necesitan, lo que lleva a niveles elevados de glucosa en la sangre.

Tanto la diabetes tipo 1 como la tipo 2 aumentan el riesgo de demencia vascular y enfermedad de Alzheimer. “El azúcar alta en la sangre causa daño vascular con el tiempo, lo que es una vía hacia la demencia vascular”, dice Munshi, y agrega que la relación con la enfermedad de Alzheimer se entiende menos.

El azúcar alta en la sangre estuvo entre los principales factores modificables de riesgo de demencia en un informe del 2025 de AARP, de la Alzheimer’s Disease Data Initiative y el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington. Se calcula que 40 millones de personas en Estados Unidos (en inglés) viven con diabetes, y otros 115 millones tienen prediabetes.

Aunque la diabetes tipo 2 es el tipo de diabetes más común entre los adultos mayores, la cantidad de adultos mayores con diabetes tipo 1 está creciendo, según una investigación publicada en Nature Reviews Endocrinology. Gracias a los avances en tratamiento y tecnología que permiten una mejor regulación de la glucosa, las personas con diabetes viven más tiempo y enfrentan problemas del envejecimiento, incluido el riesgo de demencia, en mayor número que las generaciones anteriores.

Joanne Milo, de 72 años, quien ha vivido con diabetes tipo 1 durante 61 años, fundó el grupo de defensa T1D to 100 (en inglés) para apoyar a personas como ella que envejecen con la enfermedad. “Pertenezco a ese grupo demográfico que tiene una mayor incidencia de demencia porque teníamos un control menos estricto. Simplemente no sabíamos lo que no sabíamos”, dice Milo, quien vive en el sur de California. “Así que ya se ha causado daño”.

La relación entre la diabetes y el riesgo de demencia no es nueva, pero no se conocía cuando Milo y Greenberg eran jóvenes. Un estudio histórico de 1999 (en inglés) en la revista Neurology, realizado con más de 6,000 adultos mayores en los Países Bajos, ayudó a establecer la relación. “Lo sabemos desde hace al menos 20 o 25 años, sin duda”, dice Munshi.

El enfoque de Milo para apoyar la salud de su cerebro es similar al de Greenberg: llevar una dieta saludable, hacer ejercicio y buscar formas de socializar. “Paso mucho tiempo hablando con personas que están aterrorizadas” por envejecer con diabetes, dice. Les dice: “Hay cosas que puedes hacer”.

Consejos inteligentes para personas con diabetes

“Un mejor control del azúcar en la sangre en las personas con diabetes se relaciona con un mejor rendimiento cognitivo”, dice el Dr. Jose Luchsinger, profesor de medicina y epidemiología de la Universidad de Columbia que estudia los trastornos de la memoria y el envejecimiento. La meta en la mayoría de los casos, dice, es mantener las tres medidas más importantes para la salud con diabetes —A1C, presión arterial y colesterol— dentro de los objetivos estándar recomendados, en lugar de buscar los números más bajos posibles.

Para los adultos mayores con diabetes, el “control” no significa alcanzar la A1C más baja posible. En cambio, significa pasar más tiempo manteniendo los niveles de glucosa dentro de un rango seguro, dice Munshi. 

Para Milo, poner en práctica esta definición de control de la glucosa significó salir de la mentalidad común de que “los números más bajos significan mejor control, y un mejor control significa menor riesgo de complicaciones”. Los avances en la tecnología para la diabetes —como los monitores continuos de glucosa, las bombas de insulina y los sistemas automatizados de administración de insulina— hacen posible esa meta con ajustes que pueden intensificar el control y reducir la variabilidad del azúcar en la sangre, pero a menudo a costa de hipoglucemia más frecuentes.

Ver números bajos puede sentirse reconfortante y seguro, reconoce Milo, pero su endocrinólogo dijo que podría ser perjudicial a su edad. "¿Cuál es tu objetivo aquí?", recuerda que le dijo. "¿Puedes bajar un punto de tu A1C? ¿Vale la pena? ¿Te va a ayudar? ¿Podrías relajarte un poco?”.

Parecía contrario a la intuición, pero elevó su rango objetivo y flexibilizó sus ajustes. Su análisis de sangre de A1C fue aumentando poco a poco hasta llegar a mediados de los 5 y ahora está más cerca de 5.9. Para la mayoría de las personas con diabetes, el objetivo de A1C es 7 o menos, según la Asociación Americana de la Diabetes. “Mi primera reacción fue: ‘Uy, no’”, dice Milo. “Y luego pensé: lo hice a propósito”.

Milo no ha notado ningún cambio en cómo se siente, aparte del alivio de no perseguir un número perfecto.

Para las personas con diabetes tipo 2, los investigadores están estudiando si ciertos medicamentos para la diabetes pueden ofrecer protección cerebral. Luchsinger dice que es un área que vale la pena investigar, pero la ciencia todavía no ha llegado a ese punto. 

Fue coautor de un estudio de más de 3,700 personas (en inglés) con diabetes tipo 2, publicado en el 2025 en JAMA Internal Medicine. El estudio comparó cuatro tipos de medicamentos para reducir la glucosa cuando cada uno se tomó en combinación con metformina, uno de los medicamentos de primera línea más comunes para la diabetes tipo 2. Los investigadores no encontraron ninguna mejora en el rendimiento cognitivo después de cuatro años.

“Según la mejor evidencia que conozco, realmente no hay ningún beneficio de esos medicamentos” en lo que respecta a la salud cerebral, dice, aunque señaló que la duración del estudio fue corta y que su población era relativamente joven, de entre 50 y 60 años. Está planeando más investigaciones.

Los posibles beneficios cognitivos de la metformina siguen siendo intrigantes, pero no están comprobados, dice Luchsinger. Hasta ahora, la especulación sobre los efectos en el cerebro de los GLP-1, usados comúnmente para tratar la diabetes y popularizados en los últimos años para bajar de peso, y los inhibidores de SGLT2 (en inglés), que reducen los niveles de glucosa pero también benefician al corazón y los riñones, ha superado la evidencia, añade. Los investigadores continúan estudiando los efectos de estos medicamentos en la salud cerebral.

Munshi advierte que, a pesar de los beneficios cardiovasculares y renales reales de estos medicamentos, pueden conllevar riesgos para los adultos mayores: “También se deben considerar la pérdida excesiva de peso, una fragilidad cada vez mayor y un riesgo más alto de caídas”.

La demencia puede dificultar el manejo de la diabetes

“Lo veo como una relación bidireccional entre la diabetes y el deterioro cognitivo”, dice el Dr. Richard Dupee, jefe de Medicina Geriátrica en el Tufts Medical Center. No solo el riesgo de demencia es mayor con la diabetes, sino que tener demencia también puede hacer mucho más difícil cuidar la diabetes. “Si tienes deterioro cognitivo, pierdes la capacidad de planificación de las funciones ejecutivas”, dice, “y por lo tanto, es muy difícil manejar tu diabetes”.

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Los síntomas que se deben vigilar, especialmente en las primeras etapas de la demencia vascular, suelen ser más sutiles que la pérdida de memoria clásica, dice Munshi. Incluyen nuevos errores con los medicamentos, comidas omitidas y episodios más frecuentes de azúcar alta o baja en la sangre. Cualquier persona que tenga inquietudes debe hablar con su equipo médico.

“Siempre es buena idea hacerse una evaluación”, dice Luchsinger, y agrega que la mayoría de los proveedores de cuidados de salud pueden realizar una prueba de detección cognitiva o remitir a la persona para que se haga una. La mayoría de las personas que se hacen la prueba se tranquilizan, dice, y para quienes no es así, la detección a tiempo puede significar acceso más temprano al tratamiento.

Cómo bajar tu riesgo

Luchsinger dice que hay un amplio consenso entre los neurólogos de que todo lo que ayuda a proteger el corazón y reduce el riesgo de un derrame cerebral también protege el cerebro y disminuye el riesgo de desarrollar demencia.

“En términos generales, en las personas con diabetes, controlar la glucosa y el riesgo cardiovascular —en particular la presión arterial y el colesterol— es bueno”, dice.

La creencia persistente de que las estatinas, recetadas ampliamente para reducir el colesterol, pueden aumentar el riesgo de demencia —basada en estudios anteriores que mostraban correlación, no causalidad— ha sido refutada por estudios recientes que encontraron que su uso podría en realidad reducir el riesgo de demencia.

Un estudio observacional (en inglés) publicado en el 2026 en The Lancet Regional Health Europe lo subraya, al mostrar que el uso de estatinas para reducir el colesterol dentro del año posterior al diagnóstico de diabetes tipo 2 redujo el riesgo de demencia de los participantes en un 15% después de una década.

Dupee destaca ciertos factores de riesgo modificables de la demencia a los que las personas deben prestar atención. “Controla la presión arterial, controla los lípidos, no fumes, haz ejercicio, come bien, mantente socialmente activo”, dice. Eso incluye actividad aeróbica, además de entrenamiento de resistencia, dormir y corregir la audición. También señala el riesgo de hipoglucemia, que puede provocar caídas y lesiones cerebrales traumáticas, otro factor de riesgo de demencia.

Munshi pone una acción por encima de las demás: “El ejercicio, creo, es la única fuente de la juventud”.

Greenberg y Milo han creado sus rutinas en torno a este consejo. Para Greenberg, moverse no es negociable. Toma clases de ejercicio con frecuencia y camina casi todos los días, y practica qigong semanalmente en internet, una práctica suave de mente y cuerpo que incluye movimientos lentos y ejercicios de respiración similares al taichí.

“Mantente conectado socialmente”, dice Milo. “Cuando no lo haces, empiezas a aislarte”.

Consciente de los antecedentes familiares de deterioro cognitivo y de sus décadas viviendo con diabetes tipo 1, Greenberg se concentra en lo que puede controlar. Últimamente, ha buscado tener tantas interacciones breves como puede a lo largo del día. “Cuando somos un poco más sociables, somos más felices”, dice. Requiere algo de valentía, pero con la práctica ha mejorado al iniciar conversaciones con desconocidos. “Ambos terminan sintiéndose mejor”, dice. “Creo que esto es enorme para la salud cerebral”.

Los puntos principales fueron creados con la asistencia de IA generativa. Un editor de AARP revisó y refinó el contenido para garantizar su exactitud y claridad.

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