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Ken Stern, fundador y presidente del Longevity Project, hizo un viaje al estilo Ponce de León alrededor del mundo en busca de la fuente de la juventud actual. Los países con muchos adultos mayores saludables —Singapur, Japón, Corea del Sur, España, Italia— todos tenían algo en común. Y no era el ejercicio ni la alimentación.
Más bien, cada uno de estos países pone la salud social de sus residentes mayores en el centro de la salud pública; invierten en la infraestructura de la salud social para que la gente después de los 50, 60 o 70 años siga conectada y pueda encontrar propósito, sentido y alegría en la vida.
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Él dice que a Estados Unidos le convendría hacer lo mismo. En la década de 1970 y a principios de los 80, nuestra longevidad estaba al nivel de otros países con economías avanzadas. Pero alrededor de los años 80, “empezamos a distanciarnos y a sentirnos más solos”, dijo Stern. Los sindicatos, las organizaciones religiosas, los círculos de costura, las asociaciones de padres y maestros y los clubes Elk han estado en una disminución a largo plazo, como escribió Robert Putnam en su libro del 2000, Bowling Alone.
Hoy, “somos por mucho los que menos vivimos entre las economías avanzadas del mundo”, dice. Los otros países tienen los mismos retos tecnológicos que nosotros; sus trenes subterráneos también están llenos de gente con la cabeza agachada mirando el teléfono, pero se las arreglan para seguir siendo sociables. ¿Cómo?
En pocas palabras, animan a la gente a seguir participando de manera productiva mediante el trabajo o el voluntariado —con flexibilidad— durante sus años mayores, invierten en el aprendizaje a lo largo de toda la vida para sus ciudadanos y fomentan la convivencia intergeneracional en lugar de comunidades segregadas por edad. Todo en un esfuerzo por mantener a los adultos mayores conectados con los demás. Stern describió sus hallazgos, de su libro del 2025 Healthy to 100: How Strong Social Ties Lead to Long Lives, a Claire Casey, presidenta de AARP Foundation, el 8 de abril, durante el Mes Nacional del Voluntariado.
“Dedicamos muchísimo de nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra atención... a nuestra salud física, pero en realidad la conexión importa tanto o más”, dijo Casey.
El voluntariado también beneficia al voluntario
El estudio de mayor duración en la historia de EE.UU. sobre la felicidad en los adultos respalda la idea de que las conexiones sociales son clave. El Harvard Study of Adult Development —un estudio de la universidad de Harvard sobre el desarrollo en los adultos— fue lanzado en la década de 1930 para entender las claves de la felicidad y la salud. El director actual del estudio, Robert Waldinger, define la buena vida como “participar en actividades que me importan con personas que me importan”.
Casey, quien también es voluntaria en el programa Tax-Aide de AARP (en inglés) , dijo que esa cita habla del “poder de estar en una comunidad de voluntarios.
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