4 consejos para ayudarte a hablar con tu médico sobre el dolor

¿Una de las partes más frustrantes de lidiar con el dolor? Tratar de explicarlo lo suficientemente bien como para obtener ayuda. Aquí tienes algunos consejos para probar en tu próxima consulta médica.

Ilustración de una mujer mayor se frota la sien debido al dolor, rodeada de ilustraciones de una bolsa de hielo, un termómetro, pastillas y un icono de advertencia.
AARP (Getty Images)

Todos hemos sentido dolor, ya sea por una lesión menor como golpearse un dedo del pie, una emergencia médica que nos lleva a la sala de emergencias o una enfermedad crónica que interfiere con la vida diaria. Y aunque el dolor en sí es indudablemente frustrante, también lo es describirlo de una manera que otros puedan entender fácilmente, incluido tu proveedor de cuidados de salud.

Una razón importante: el dolor es subjetivo, lo que significa que cada persona lo siente y lo expresa a su manera. Los antecedentes culturales y el género también suelen afectar cómo las personas experimentan y hablan sobre el dolor, lo que dificulta que otras personas, incluidos los médicos, entiendan exactamente lo que siente cada individuo.

Por eso tu médico o enfermero podría pedirte que califiques tu dolor en una escala del 1 al 10. Ese número ayuda a crear un punto de partida concreto para hablar sobre tu dolor, pero no cuenta toda la historia.

“Tu dolor de 5 sobre 10 podría ser el 10 sobre 10 de otra persona”, dice la Dra. Whitney Luke, especialista en medicina del dolor del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio. “Habrá aspectos relacionados con el dolor que la escala no necesariamente reflejará”, como la manera en que tu dolor afecta tu estado de ánimo, el sueño y las actividades diarias.

Aquí tienes cuatro consejos para ayudarte a hablar sobre el dolor para que tu médico pueda entender mejor lo que estás experimentando y darte los cuidados que necesitas.

1. Lleva un registro de tu dolor

Es útil llegar a las citas médicas, o incluso a las visitas de atención de urgencia, preparado para hablar sobre cómo y por qué ha cambiado tu dolor o cómo te está afectando. Y cuanto más específico puedas ser, mejor.  

Si vas a ir a una cita programada, lleva un registro de los síntomas de tu dolor en un diario y llévalo contigo. Escribe una o dos líneas sobre cómo te sientes cada día, con detalles como:     

  • Nivel de dolor: Usa una calificación sencilla, como “leve”, “moderado” o “intenso”.
  • Momento: ¿Cuándo comenzó el dolor? ¿Es constante o aparece y desaparece?
  • Actividades: ¿Qué hiciste ese día, o el día anterior, que mejoró o empeoró el dolor?
  • Tratamientos: ¿Qué medicamentos o tratamientos para el dolor probaste y cuándo los probaste? ¿Te ayudaron?
  • Descripción: ¿En qué parte sientes más dolor? ¿Se extiende a otras partes de tu cuerpo? ¿Cómo se siente? Prueba palabras como “ardor”, “hormigueo”, “pulsante”, “dolorido” o “punzante”.
  • Otros síntomas: ¿El dolor causó cosas como náuseas, fatiga, cambios en el apetito o interrupciones del sueño?

Revisar estas notas puede ayudarte a detectar patrones y darle a tu médico una imagen más clara de lo que está pasando.

Si tu dolor es nuevo o intenso, podrías terminar yendo a atención de urgencia o a la sala de emergencias en vez de esperar una cita.

La Dra. Elaine Sapiro, médica del Departamento de Medicina de Emergencia de UC San Diego Health, dice que lo más importante que puedes explicar en una situación de dolor urgente es qué es diferente hoy. Los proveedores de cuidados de salud necesitan saber “qué te hizo decidir venir ahora”, dice ella.

2. Enfócate en la funcionalidad, no solo en la intensidad

Habla con tu médico sobre lo que puedes y no puedes hacer debido a tu dolor, dice Luke. Piensa en tu vida diaria. ¿Aún puedes pasear al perro? ¿Tienes problemas para dormir? ¿Te cuesta conducir un automóvil, limpiar tu casa, ir al trabajo o jugar con tus nietos?

Cuando explicas cómo el dolor te impide hacer tus cosas favoritas, tu médico puede entender mejor cómo ayudarte.

“Para mí, esa es una parte muy gratificante”, dice Luke. “Ayudar a los pacientes con dolor a mejorar su funcionamiento, para que puedan hacer el viaje que desean… o caminar con su familia”.

3. Comparte tus metas

Hablar sobre lo que quieres volver a hacer es una excelente manera de ayudar a tu médico a hacer un plan, dice Luke. Si saben que tu meta es caminar una milla sin dolor o dormir toda la noche sin interrupciones, por ejemplo, pueden ayudarte a encontrar la mejor manera de lograrlo.

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Luke dice que ayuda a los pacientes a establecer metas realistas para el manejo del dolor según sus antecedentes médicos, sus niveles actuales de dolor y lo que quieren poder hacer.

“Siempre le pregunto a las personas: ¿Cuál es una expectativa razonable?”, dice. “La probabilidad de que pueda llevarte a 0 de 10 en dolor es baja. No siempre hay una solución. Pero hay cosas que podemos hacer para ayudarte a hacer las cosas que quieres hacer”.

Sapiro adopta un enfoque similar. Su meta, dice, es “quitarle un poco de intensidad [a tu dolor], para que puedas funcionar y, con suerte, disfrutar las cosas que te gusta hacer”. 

4. Pregunta sobre distintas opciones de tratamiento

No es raro sentirse incómodo al hablar con tu médico sobre el dolor, especialmente si te preocupa que minimicen tus síntomas o que pedir ayuda haga parecer que buscas medicamentos. Pero ser honesto es importante.

Pregúntale a tu médico qué opciones hay disponibles para aliviar el dolor, tanto farmacéuticas como no farmacéuticas. Sapiro dice que, cuando atiende a pacientes en el departamento de emergencias, muchos no se dan cuenta de que “hay muchos medicamentos que pueden tratar el dolor y que no son opioides”, los cuales pueden causar dependencia y una larga lista de efectos secundarios.

El año pasado, por ejemplo, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos aprobó un medicamento de venta con receta no opioide, el primero de su tipo que, en ensayos clínicos, mostró una reducción significativa del dolor después de una cirugía rutinaria, sin riesgo de adicción. La terapia física, las inyecciones, el ejercicio y los enfoques psicológicos también se usan para tratar el dolor.

También es “muy razonable buscar otra opinión” sobre tu plan de tratamiento, dice Luke. “Si sientes que has intentado de todo, o tu médico dice: ‘No sé si tengo algo nuevo para intentar’, entonces podrías buscar otra opinión de otra persona”.

 

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