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¿Crees que una quemadura solar no es gran cosa? Aquí te decimos por qué si importa
La mayoría de las personas la ven como una molestia del verano. Pero incluso una sola quemadura puede dejar daños duraderos que aumentan tu riesgo de cáncer a medida que envejeces.
Puntos principales
- Incluso una sola quemadura solar grave puede dañar el ADN y aumentar el riesgo de cáncer más adelante en la vida.
- El daño solar se acumula con el tiempo, y los efectos pueden tardar de 15 a 20 años en aparecer.
- Seguir protegiéndote del sol después de los 50 sigue siendo importante, pues tu piel sigue acumulando daño por rayos UV.
La luz del sol tiene beneficios reales. Ayuda a que tu cuerpo produzca vitamina D, puede mejorar tu estado de ánimo e incluso favorece un mejor sueño. Pero esos mismos rayos ultravioleta (UV) que dan estos beneficios también pueden perjudicar tu salud si recibes demasiada exposición.
Las quemaduras solares pueden acelerar el envejecimiento de la piel y aumentar el riesgo de cáncer de piel. Las investigaciones sugieren que incluso unas pocas quemaduras solares graves durante la niñez y la adolescencia pueden aumentar de forma significativa el riesgo de que una persona desarrolle melanoma —el tipo más peligroso de cáncer de piel—, más adelante en la vida. ¿Y las visitas al salón de bronceado cuando eras un adulto joven? Eso puede aumentar el riesgo de melanoma en un 75%.
Incluso la quemadura solar más leve puede causar daño a nivel celular, dice la Dra. Maral Kibarian Skelsey, directora del Centro de Cirugía Dermatológica de Washington. Y quizás no te des cuenta hasta años después. De hecho, dice la Dra. Elizabeth Hale, cirujana de Mohs y vicepresidenta sénior de la Skin Cancer Foundation, el daño puede tardar entre 15 y 20 años en manifestarse, a veces en forma de cáncer.
La edad promedio para un diagnóstico de melanoma es 66 años, según la Sociedad Americana contra el Cáncer; para los 70 años, al menos 1 de cada 5 adultos mayores en Estados Unidos desarrollará cáncer de piel.
Esto es lo que debes saber sobre cómo proteger tu piel a medida que envejeces, y en qué fijarte después de los 50 si pasaste tiempo bajo el sol cuando eras más joven.
Cómo el sol puede dañar tu piel
¿Alguna vez te has preguntado qué pasa en el cuerpo cuando te quemas con el sol? La Dra. Susan C. Taylor, líder en el tratamiento de la piel de color y fundadora de la Skin of Color Society, explica que la luz UV (del sol o de una cama de bronceado) penetra directamente en las células de la piel y daña el ADN, o material genético, dentro de ellas. Cuando el daño es demasiado grande, esas células mueren, por eso la piel quemada luego se pela: son las células dañadas desprendiéndose.
Las personas con tonos de piel más oscuros tienen más defensa natural contra el daño por rayos UV que quienes tienen la piel más clara, porque la melanina —el pigmento que le da color a la piel— ayuda a absorber y dispersar parte de la radiación ultravioleta antes de que pueda dañar el ADN. Pero los expertos recalcan que esa protección adicional no es inmunidad, y no reemplaza la necesidad de usar protector solar y otras medidas de protección contra el sol.
Una vez que la piel se lesiona, el cuerpo entra rápidamente en modo de reparación, explica el Dr. Adewole Adamson, dermatólogo certificado e investigador en la Universidad de Texas en Austin.
“Tu cuerpo reacciona diciendo: Oh, necesitamos reparar esto”, dice Adamson. Los vasos sanguíneos se dilatan, las células inmunitarias llegan rápidamente y sientes calor, hinchazón y sensibilidad.
Una quemadura solar grave puede hacer más que dejar la piel roja y adolorida. Las quemaduras con ampollas pueden provocar fiebre, escalofríos, dolores de cabeza, náuseas y deshidratación, síntomas que a veces se conocen como intoxicación solar. En casos extremos, la respuesta del cuerpo a la exposición prolongada al calor y a los rayos UV puede contribuir al agotamiento por calor o al golpe de calor.
No solo la piel puede dañarse; los ojos también son vulnerables.
La Organización Mundial de la Salud calcula que 15 millones de personas están ciegas debido a cataratas, y de estas, alrededor del 10% puede deberse a la radiación UV. Una mayor exposición a lo largo de la vida también se ha relacionado con la degeneración macular relacionada con la edad de etapa temprana, y la fotoqueratitis —básicamente una quemadura solar en la córnea— puede causar pérdida temporal de la visión, aunque esto es poco común. Y los cánceres de piel pueden aparecer en el párpado. “Es importante que las personas sepan que no existe una quemadura solar buena”, dice Skelsey.
Prevenir una quemadura solar es importante después de los 50
Aunque el cáncer de piel puede ser el resultado de décadas de daño solar, proteger tu piel a medida que envejeces sigue siendo importante. Una razón, escribe el dermatólogo médico Robert A. Norman para la Skin Cancer Foundation: “Nunca sabemos exactamente cuánto daño desencadenará un cáncer de piel, pero una quemadura fuerte en la vejez puede ser la gota que derrama el vaso”.
Además, los cambios relacionados con la edad —incluyendo un sistema inmunitario más débil y una piel más delgada— hacen que al cuerpo le cueste más combatir el daño en la piel.
“No está bien decir: ‘El daño ya está hecho; ya es demasiado tarde’. Porque nuestra piel sigue acumulando daño solar y mutaciones”, dice Hale.
“Todo el mundo sabe cómo se ve la piel en las zonas donde no da el sol”, añade Skelsey. “Cuando comparas [esas zonas] con las áreas expuestas al sol, ves cuánta diferencia hay. Y esa diferencia solo sigue aumentando si todavía te quemas con el sol y sigues exponiéndote al sol después de los 50 años”.
La buena noticia: hay medidas que puedes tomar para prevenir el daño solar a cualquier edad.
Evita el sol directo durante las horas de mayor intensidad —más o menos de 10 a.m. a 4 p.m.— y usa protección básica como un sombrero de ala ancha, gafas de sol con bloqueo UV y ropa holgada, aconseja la Skin Cancer Foundation.
De hecho, la ropa puede ser una de las formas más eficaces de protección solar. Los colores más oscuros o más vivos absorben más radiación UV, impidiendo que llegue a la piel. Como regla general, si puedes ver la luz a través de una tela, es probable que los rayos UV también puedan pasar. Los expertos también recomiendan usar un protector solar de amplio espectro con SPF 30 o más para el uso diario y SPF 50 para pasar tiempo prolongado al aire libre. Aplícate unas dos cucharadas para cubrir todo el cuerpo 30 minutos antes de salir, y vuelve a aplicarlo cada dos horas o después de nadar o sudar en exceso.
“Siempre les digo a mis pacientes: el mejor protector solar es el que de verdad usas, porque hay muchísimos”, dice Hale.
Otra parte importante de la prevención es visitar a un dermatólogo certificado una vez al año para un examen completo de la piel de todo el cuerpo. Durante esta revisión breve, tu médico puede identificar problemas antes de que se conviertan en cáncer, o incluso detectar cáncer de piel temprano, cuando es más fácil de tratar.
“Es importante darse cuenta de que el cáncer de piel es el cáncer más común que se diagnostica en Estados Unidos, pero lo que las personas realmente necesitan entender es que también es el más prevenible”, dice Hale.
Reconocer las señales de advertencia del cáncer de piel
Como el daño solar puede tardar años en aparecer, es importante conocer las señales de advertencia del cáncer de piel a medida que envejeces.
No todos los cánceres de piel se presentan de la misma manera ni tienen el mismo riesgo. “Al menos el 90% de todos los cánceres de piel están relacionados con la exposición a los rayos ultravioleta”, dice Hale. “Pero hay una diferencia entre el melanoma y los cánceres de piel no melanoma, que son el carcinoma de células basales y el carcinoma de células escamosas".
El melanoma es el tipo más grave de cáncer de piel y el que está más directamente relacionado con la exposición intensa a los rayos UV: los rayos que queman y provocan mutaciones en el ADN. Si se detecta tarde, puede ser mortal.
Una señal de advertencia común del melanoma es una mancha nueva en la piel o una mancha que está cambiando de tamaño, forma o color, o una mancha que se ve diferente de todas las demás manchas en tu piel, explica la Sociedad Americana contra el Cáncer. Otras señales de melanoma pueden incluir:
- Una llaga que no sana
- Enrojecimiento o hinchazón nueva alrededor del borde de un lunar
- Picazón, sensibilidad o dolor alrededor de un lunar
- Descamación, supuración o sangrado en la superficie de un lunar
En las personas blancas, el melanoma normalmente aparece en áreas expuestas al sol, como la cara, la espalda y las piernas. En pacientes negros, sin embargo, el cáncer puede aparecer en lugares menos obvios, como las palmas de las manos, las plantas de los pies, los dedos de las manos y de los pies, y las uñas de las manos y de los pies, dice Taylor, y tiende a diagnosticarse en etapas más avanzadas.
Los carcinomas de células basales y de células escamosas son muy comunes, aunque menos comunes en personas con piel más oscura, y por lo general son muy tratables, dice la Sociedad Americana contra el Cáncer.
Los cánceres de piel de células basales por lo general se desarrollan en áreas expuestas al sol, y las señales de advertencia en la piel más clara pueden incluir:
- Pequeños bultos (al principio de color rosa, rojo, translúcido, brillante o blanco) que podrían tener áreas azules, marrones o negras
- Crecimientos rosados con bordes elevados que pueden tener vasos sanguíneos que se extienden desde el centro
- Áreas planas, firmes, pálidas o amarillas, parecidas a una cicatriz
- Manchas rojizas elevadas que podrían dar comezón
- Llagas abiertas que no sanan
Los cánceres de piel de células escamosas también tienden a aparecer en áreas expuestas al sol, especialmente en personas con piel más clara. Sin embargo, en las personas con piel más oscura, es más probable que aparezcan en áreas que no suelen estar expuestas al sol. La Sociedad Americana contra el Cáncer dice que las señales de advertencia de este tipo de cáncer de piel pueden incluir:
- Parches rojos (o más oscuros) ásperos o escamosos, que podrían formar costra o sangrar
- Crecimientos o bultos elevados
- Llagas abiertas que no sanan, o que sanan y luego vuelven a aparecer
- Crecimientos parecidos a verrugas
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