Cómo se cura tu cerebro por sí solo

Los investigadores están descubriendo nuevas formas prometedoras de ayudar a nuestros cerebros a recuperarse del envejecimiento y las lesiones. Así puedes ayudar a tu cerebro a reconstruirse.

Una ilustración de un cerebro frente a un fondo de cielo nocturno estrellado.
Stephanie Dalton Cowan

Puntos principales

  • Los científicos están encontrando nuevas formas de aprovechar la plasticidad neuronal, la capacidad del cerebro de reconectarse después de un derrame cerebral y otras lesiones.
  • Las investigaciones sugieren que el ejercicio de alta intensidad, la rehabilitación intensiva y las terapias emergentes pueden ayudar a fortalecer la recuperación y la función cerebral.
  • La recuperación de un derrame cerebral puede continuar durante años, y la práctica y terapia continuas ayudan a algunas personas a recuperar el movimiento, el lenguaje y las habilidades cotidianas.

¿Y si tu cerebro pudiera ser más fuerte, más lúcido y más ágil de lo que es hoy?

Nos han dicho que la vida no funciona así: a medida que envejecemos, la concentración disminuye, la memoria se desvanece y la función ejecutiva se deteriora. Pero en los últimos años, los investigadores han empezado a cuestionarse si esos cambios son inevitables. De hecho, han descubierto que nuestros cerebros tienen una poderosa herramienta de autocuración, una que los científicos están aprendiendo a aprovechar más plenamente.

Esa herramienta se llama plasticidad neuronal: la capacidad innata del cerebro de reconectarse (en inglés) y reprogramarse por sí solo.

“Aprendemos y crecemos cada día gracias a la plasticidad neuronal”, dice el Dr. Steven C. Cramer, neurólogo especializado en derrame cerebral en el Departamento de Neurología de la Universidad de California en Los Ángeles. “Mediante una variedad de enfoques, desde medicamentos hasta células madre y estimulación eléctrica dirigida, los investigadores están aprendiendo a aprovechar esta capacidad para impulsar la recuperación (en inglés) después de una lesión cerebral, como un derrame cerebral”. Algunos, como las células madre, todavía son experimentales. Otros se usan hoy en clínicas.

Para cualquiera que haya temido por la salud de su cerebro —que se pregunte si una conmoción cerebral en la infancia, unas cuantas fiestas nocturnas de más, antecedentes familiares de deterioro cognitivo (en inglés) o incluso un derrame cerebral u otro trauma cerebral podrían apuntar a un futuro menos que óptimo— esta investigación ofrece una nueva y prometedora esperanza.

Mayores riesgos, recuperaciones notables

Derek Smith se estaba preparando para golpear la pelota en el hoyo 12 de Pebble Beach en diciembre del 2024 cuando algo salió terriblemente mal.

Tenía 54 años y estaba jugando una ronda de golf con un cliente en el famoso campo de California. Golpeó la pelota. La pelota no fue muy lejos. Luego llegaron las sensaciones que todavía le cuesta describir: se sintió mareado, confundido y desorientado. El suelo bajo sus pies parecía inestable.

Su compañero de juego, que tenía dos familiares cercanos que habían pasado por episodios similares, reconoció las señales de advertencia de un derrame cerebral. A Smith lo trasladaron en helicóptero a un hospital, donde los médicos encontraron un desgarro en su arteria carótida izquierda y le colocaron tres mallas intravasculares ("stents") para mantener el flujo de sangre hacia el cerebro. Los estents salvaron la vida de Smith, pero un segundo derrame cerebral dos semanas después dejó paralizado el lado derecho de su cuerpo; no podía caminar y, cuando intentaba hablar, no lograba expresar las palabras como debía. Además de la parálisis, Smith tenía afasia, un trastorno del lenguaje que puede afectar la capacidad de hablar, entender el habla, leer y escribir.

“No lo podía creer porque era muy joven. Nunca antes había tenido ningún problema de salud”, dice hoy. La recuperación de Smith ha sido notable según cualquier medida: ahora camina. Habla con suficiente fluidez como para que, al escucharlo, sea difícil creer que tuvo un derrame cerebral, y mucho menos dos. “Si me conocías hace un año, incluso hace seis meses”, empieza a decir, y luego hace una pausa. “Este ha sido un camino de mejorar y mejorar y mejorar. Es increíble lo que puede pasar en el cerebro”.

Pero estos avances no llegaron fácilmente. A medida que los investigadores conocen más sobre cómo el cerebro se cura por sí solo, también estamos aprendiendo que la curación requiere medidas enérgicas tanto de los médicos como de los pacientes. Si quieres que tu cerebro se recupere de cualquier desafío que haya enfrentado, es fundamental conocer los nuevos enfoques y ponerlos en práctica.

Nuevos avances cerebrales

Los investigadores que buscan optimizar el poder de la plasticidad neuronal han identificado varias nuevas vías para explorar. Entre ellas se cuentan:

  • Ejercicio de alta intensidad y en dosis elevadas: Cuando se trata de proteger e incluso mejorar el cerebro, el ejercicio moderado no es toda la respuesta. En un estudio innovador con 151 adultos de 65 a 86 años, los investigadores asignaron a los participantes una de tres rutinas de ejercicio de 30 minutos: una rutina de equilibrio y estiramiento, un programa de caminata a paso ligero o entrenamiento por intervalos de alta intensidad (HIIT), con ciclos de cuatro minutos de esfuerzo intenso seguidos de tres minutos de movimiento más suave. Cada grupo hizo ejercicio tres veces por semana durante unos seis meses. Al final, solo el grupo de HIIT mostró cambios positivos en las partes del cerebro responsables de formar y retener recuerdos, cambios que todavía eran visibles en escáneres cerebrales cinco años después, incluso si los participantes habían dejado de hacer ejercicio mientras tanto.
  • Terapia física y ocupacional extensa e intensa: El ejercicio intensivo, junto con otras terapias, también es fundamental para quienes sufren lesiones cerebrales. De hecho, los enfoques actuales para la recuperación cerebral son “insuficientes” en comparación con lo que se necesita, según un editorial reciente en la revista médica Stroke. Smith, por ejemplo, hizo seis días por semana de terapia física, terapia ocupacional y terapia del habla durante una estadía de un mes en el centro de rehabilitación Santa Clara Valley, seguida de un año completo de terapia del habla tres días por semana y terapia física dos veces por semana. Sin embargo, muchas personas que sufren lesiones cerebrales reciben poco o ningún ejercicio o rehabilitación, explica el editorial de Stroke.
  • Estimulación del nervio vago (ENV): El nervio vago se extiende desde el cerebro hasta el sistema digestivo y ayuda a facilitar el flujo de información entre el cuerpo y el cerebro. En la ENV, una técnica usada comúnmente para tratar la epilepsia que está demostrando ser un tratamiento eficaz para otros trastornos cerebrales, los médicos implantan un pequeño dispositivo justo debajo de la clavícula, con un cable que llega al nervio vago. Durante las sesiones de terapia ocupacional, se activa el dispositivo, enviando impulsos eléctricos leves al nervio y hacia el cerebro, donde altera la actividad eléctrica cerebral y el nivel de neurotransmisores en las células cerebrales, lo que podría ayudar a crear nuevas vías.
  • Estimulación magnética transcraneal (EMT): En este tratamiento, que es experimental para el derrame cerebral, un médico coloca una bobina electromagnética contra el cuero cabelludo sobre áreas del cerebro que se sabe que han sido dañadas. Mientras el paciente practica tareas físicas o cognitivas, la bobina envía pulsos magnéticos que cambian rápidamente a través del cráneo para activar o calmar áreas individuales del cerebro, esencialmente reentrenando la mente. La EMT se ha utilizado para tratar condiciones psicológicas como la depresión y el trastorno obsesivo-compulsivo, así como para dejar de fumar a corto plazo. Un estudio del 2025 descubrió que también ayudó a mejorar la recuperación de las personas con afasia posterior a un derrame cerebral.
  • Inyecciones de células madre: Es algo preliminar, pero las investigaciones han demostrado que inyectar células madre humanas en los centros de memoria de ratones con enfermedad de Alzheimer produjo una reducción de la inflamación cerebral y una mejora medible en las pruebas de memoria. En la Universidad de Miami, los investigadores ahora están combinando inyecciones de células madre con terapia de anticuerpos monoclonales en participantes humanos para ver si pueden reducir significativamente la progresión de la enfermedad de Alzheimer.

La generación X en peligro

Aunque las lesiones cerebrales pueden presentarse de muchas formas, la más común, y a menudo la más devastadora, es el derrame cerebral (en inglés).

La mayoría de los derrames cerebrales son causados por un coágulo de sangre que bloquea una arteria. Algunos, como el segundo derrame cerebral de Smith, son el resultado de la ruptura de un vaso sanguíneo que sangra dentro o alrededor del cerebro. De cualquier forma, un derrame cerebral interrumpe el suministro de sangre a una parte del cerebro, causando que las células de esa zona mueran rápidamente por falta de oxígeno.

Cuando pensamos en los derrames cerebrales u otras lesiones cerebrales, con mayor frecuencia pensamos en sus efectos físicos, a menudo algún grado de parálisis o debilidad. Al menos la mitad de las casi 800,000 personas en Estados Unidos que sobreviven a un derrame cerebral cada año experimentan esos efectos. La razón por la que las lesiones físicas son tan comunes es que, en muchos casos, las fibras nerviosas responsables de enviar señales para mover el cuerpo están densamente agrupadas en una pequeña zona del cerebro, llamada cápsula interna, que a menudo se daña durante un derrame cerebral. 

En cambio, los derrames cerebrales que afectan los lóbulos frontales del cerebro tienden a alterar la función ejecutiva: la planificación, la resolución de problemas y la capacidad de ordenar tareas en secuencia. Algunos derrames cerebrales del hemisferio derecho pueden producir un fenómeno llamado negligencia, en el que un paciente pierde la conciencia del lado izquierdo de su cuerpo; por ejemplo, niega que un brazo paralizado tenga alguna discapacidad.

Y aproximadamente un tercio de los derrames cerebrales afectan el hemisferio izquierdo del cerebro, donde se procesa el lenguaje, lo que resulta en afasia. Esto significa que más de 2 millones de personas en el país enfrentan dificultades de comunicación relacionadas con derrames cerebrales en cualquier momento dado, una cifra que supera la prevalencia combinada de la enfermedad de Parkinson y la esclerosis múltiple. Y sus efectos son profundos: las carreras se derrumban. Los amigos y colegas no entienden por qué las conversaciones se han vuelto extrañas. Los familiares se impacientan sin saber cómo llamar al distanciamiento que sienten. “Cuando la comunicación se altera, la vida se vuelve difícil”, dice Suzanne Coyle, directora ejecutiva del Stroke Comeback Center en Vienna, Virginia.

Alrededor del 30% de las personas que tienen un derrame cerebral desarrollan depresión clínica en un plazo de seis meses, explica Penny Wolfe, neuropsicóloga del MedStar National Rehabilitation Hospital en Washington, D.C.: “Si tus vías de función ejecutiva se han visto afectadas, eso disminuye tu capacidad de razonar y resolver problemas, y muchos de nosotros usamos el razonamiento y la resolución de problemas para afrontar la vida”.

Y el derrame cerebral está afectando a cada vez más personas que todavía están en sus años de mayor actividad profesional: entre las personas de 45 a 65 años, el número de quienes han tenido un derrame cerebral ha aumentado un 15.7% durante la última década, lo que pone en riesgo a unos 3.1 millones de adultos de este grupo de edad. El mayor riesgo se debe en parte al aumento de las tasas de obesidad y presión arterial alta a edades más tempranas: cuanto más tiempo cargas con peso extra, más profundo es su impacto en tu salud en la mediana edad. Y la obesidad infantil es una plaga de la generación X: las tasas comenzaron una marcada trayectoria ascendente en las décadas de 1970 y 1980, dejando a las personas que ahora tienen 50 y tantos años más vulnerables a derrames cerebrales.

Estudios adicionales han indicado un aumento en diversas formas de demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer, en personas menores de 65 años, otra posible consecuencia de las mayores tasas de diabetes y enfermedad cardiovascular.

“Esos aumentos entre las personas más jóvenes son reales”, dice el médico Mitchell S.V. Elkind, director científico de salud cerebral y derrame cerebral de la Asociación Americana del Corazón (AHA). “Aproximadamente el 40% de la población de EE.UU. tienen obesidad, el 50% sufren de hipertensión y el 16% tienen diabetes. Lamentablemente, podríamos ver más aumentos en la prevalencia de derrames cerebrales a menos que algo cambie”.

Para una persona de mediana edad, un derrame cerebral tiene aproximadamente la mitad de probabilidad de ser fatal que para una persona mayor, pero el sexo, la raza y la salud general también influyen. Los hombres negros, y especialmente las mujeres negras, enfrentan tasas de muerte por derrame cerebral al menos dos a tres veces más altas que las de otras razas.

La nueva esperanza de los médicos

Durante décadas, se creyó que los pacientes que sobrevivían a un derrame cerebral u otro trauma cerebral tenían un periodo limitado para trabajar en la recuperación. Esa idea está siendo refutada gradualmente, a medida que los científicos conocen el poder de la plasticidad neuronal para restaurar la comunicación y el movimiento.

“La gente pensaba que cualquier avance que lograras en esos seis meses después del derrame cerebral era prácticamente tu límite máximo”, dice el Dr. Peter Turkeltaub, al hablar de su trabajo sobre la afasia. “No vemos ningún tipo de estancamiento en nuestros pacientes. Vemos que las personas mejoran continuamente durante años, siempre que sigan trabajando en su comunicación”. Turkeltaub es profesor de neurología y medicina de rehabilitación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Georgetown y director de la Clínica de Afasia en MedStar NRH.

Las propias terapias también han evolucionado. Cuando Leora Cherney, patóloga del habla y lenguaje e investigadora en Shirley Ryan AbilityLab en Chicago, comenzó su carrera en 1981, la terapia se enfocaba casi por completo en nombrar objetos, relacionar imágenes con etiquetas y completar hojas de trabajo. La suposición era que la recuperación sería parcial en el mejor de los casos.

En ese entonces, la arquitectura interna del cerebro era en gran medida un misterio. “En realidad no entendíamos cómo las distintas partes del cerebro podían estar conectadas entre sí y con diferentes vías dentro del cerebro”, dice Cherney.

Basándose en investigaciones sobre discapacidades del aprendizaje, Cherney desarrolló un tratamiento que llegó a llamarse ORLA (Lectura Oral para el Lenguaje en la Afasia). La terapia incorporaba repetición intensiva en una secuencia estructurada: el paciente veía una oración en una ficha, escuchaba al terapeuta leerla en voz alta, la escuchaba otra vez mientras seguía las palabras con el dedo y luego decía la oración con el terapeuta en lo que Cherney llama “lectura coral”. Con el tiempo, el paciente podía producir la oración de manera independiente.

“Aunque en ese momento no sabíamos mucho sobre la plasticidad neuronal, la repetición y mucha práctica eran realmente, realmente importantes”, dice Cherney.

Una versión computarizada de ORLA, y otros tratamientos similares, ahora se usa ampliamente para la rehabilitación de la afasia. Aunque no todas las lesiones por derrame cerebral sanarán por completo, estas terapias han dado resultados que van más allá de lo que los médicos podrían haber imaginado hace años. Cherney señala que ha tenido pacientes que llegaron sin poder hablar, leer ni escribir.

“Años después”, dice, “pueden hablar en oraciones, leer un libro y enviar mensajes de texto a sus familiares y amigos”.

Incluso pasos simples como tomar un pincel o un lápiz, o cualquier tipo de expresión artística, pueden ayudar al cerebro a reconectarse, según la Asociación Americana del Corazón (AHA).

Kim Dyer era fisióloga en los Institutos Nacionales de Salud cuando un aneurisma provocó un derrame cerebral hace 11 años, a los 49 años. Perdió su carrera, así como su sentido de identidad. Durante el primer año después de su derrame cerebral, la depresión la consumía. “Lloraba todo el tiempo”, dice. Lo que finalmente marcó la diferencia fue una clase de arte. Dyer comenzó a pintar montañas, muñecos de nieve y paisajes, y descubrió que el lienzo le daba algo que el consultorio del terapeuta no podía darle. “Pintar me libera”, dice. Las investigaciones han demostrado que el arte puede mejorar el funcionamiento cognitivo, fortalecer las habilidades motoras finas y mejorar la coordinación ojo-mano.

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Y los investigadores están empezando a entender cómo estas terapias afectan el cerebro. “Todas las partes del cerebro están conectadas entre sí de distintas maneras, y por eso un derrame cerebral en un lugar afectará toda la red a la que está conectado”, dice Turkeltaub.

Para que una capacidad perdida regrese, el cerebro debe reconfigurar esa red: fortalecer ciertas conexiones, reconstruir las sinapsis donde las señales pasan entre las células nerviosas y poner a trabajar el tejido vecino.

En Shirley Ryan AbilityLab, el investigador posdoctoral Evan Houldin observa la actividad cerebral durante la terapia mediante una tecnología portátil de imágenes cerebrales llamada espectroscopia funcional de infrarrojo cercano.

Los pacientes se sientan a una mesa y realizan los pasos de la terapia como normalmente lo harían, pero usan gorras ajustadas con pequeños sensores que presionan suavemente contra la cabeza.

Los sensores emiten pulsos de luz de infrarrojo cercano que atraviesan el cráneo y llegan a la corteza, o materia gris externa, que está debajo. Cuando una región del cerebro se activa, el flujo sanguíneo aumenta allí. Los sensores detectan ese cambio en tiempo real.

Para explicar lo que ocurre dentro del cerebro durante este proceso de recuperación, Houldin usa una analogía del tráfico de Chicago.

El tejido nervioso que conecta las principales redes de lenguaje del cerebro funciona como una autopista, dice; cuando un derrame cerebral lo daña, parte del tráfico neuronal se ve obligado a encontrar rutas alternas.

“Entonces, si dañas, digamos, Lake Shore Drive, todos los automóviles tienen que tomar calles laterales, ¿verdad?”, dice Houldin. El daño que experimentan estos pacientes “obliga a una redirección drástica del tráfico en el cerebro”. Las rutas alternas pueden ser más lentas y menos eficientes, pero pueden generar mejoras reales en la función cerebral.

Encontrar las palabras

David Smith, de San Diego (sin parentesco con Derek Smith), de 57 años, tamborileaba los dedos en el descansabrazos, tratando de pensar en un número. Por fin, lo encontró.

“Quince años”, dijo, después de hacer el cálculo. Ese era el tiempo que había vivido con los efectos de un derrame cerebral que tuvo a principios de sus 40 años.

Smith estaba entre unos doce sobrevivientes de todo Estados Unidos que se reunían por Zoom una vez a la semana para hablar sobre sus vidas y el progreso que estaban logrando, un encuentro facilitado por un moderador de Shirley Ryan AbilityLab. Me uní a ellos un día de ese verano.

Los hombres y las mujeres en la pantalla tenían distintos antecedentes y personalidades; algunos eran más extrovertidos que otros. Pero todos tenían una experiencia en común: un derrame cerebral había cambiado sus vidas de maneras importantes.

Algunos usaban silla de ruedas; otros dependían de un bastón o una andadera. Todos hablaban con algún grado de dificultad. Algunos hacían largas pausas para buscar la palabra correcta. Otros daban respuestas mínimas y evitaban dar más detalles debido a la dificultad de expresar las palabras.

Smith había sido representante de ventas para empresas de software antes de que el derrame cerebral le dejara afasia grave, lo que le hizo imposible continuar en esa línea de trabajo. Durante los siguientes seis años, no tuvo trabajo. Luego encontró trabajo como lavaplatos en un Whole Foods y permaneció allí varios años. Durante todo ese tiempo, trabajó en recuperar su lenguaje. Ahora su habla es entrecortada y a veces sin gramática, pero puede comunicar lo que trata de decir.

“Recuerdo cuando empecé, sin palabras, nada”, le dijo al grupo de Zoom. “Pero cada año, un poco más. Sílabas y palabras más grandes. Ahora han pasado 15 años desde que tuve un derrame cerebral y ahora es más fácil hablar, más oraciones, palabras más grandes, y todo es práctica”.

Smith reconoció el aislamiento social que el resto del grupo conocía demasiado bien. Muchos amigos y antiguos colegas se habían alejado. Pero, agregó, algunos amigos nunca cambiaron la forma en que lo trataban.

“Las personas que siguen siendo amigas desde la universidad siguen igual”, dijo. “No les importa que ahora yo sea así”.

La American Heart Association publicó en 2026 nuevas directrices sobre la rehabilitación y la recuperación luego de un accidente cerebrovascular, que incluyen mensajes clave para los pacientes (en inglés).

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