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8 conductas relacionadas con la demencia y cómo controlarlas

Para encontrar la solución correcta es necesario un trabajo sistemático de detective, junto con compasión y calma.

spinner image Una mujer mirando con cara de disgusto el brócoli en su plato de comida.
FABIO CAMANDONA

Las actividades normales, como bañarse o dormir, pueden convertirse rápidamente en una batalla de voluntades para los cuidadores y los enfermos de demencia. Los expertos dicen que en esos momentos exasperantes, tu ser querido está tratando de decirte algo.

“Las conductas relacionadas con la demencia son una forma de comunicación”, dice Monica Moreno, directora sénior de Cuidados y Apoyo en la Alzheimer’s Association.

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Las necesidades, las emociones o el entorno pueden desencadenar conductas preocupantes. Cuando la persona con demencia pierde la capacidad de comunicarse, el cuidador se tiene que convertir en detective para comprender lo que en realidad está sucediendo, dice Moreno. Ese trabajo de sabueso requiere pausar brevemente la acción cuando un ser querido se resiste, en vez de avanzar en forma determinada con la tarea.

“No es cuestión de que la agenda del cuidador no sea importante. Es que no puede ser lo primordial”, dice Vicki de Klerk-Rubin, autora de Validation Techniques for Dementia Care y directora ejecutiva del Validation Training Institute. La organización sin fines de lucro, con sede en Oregón, tiene videos breves en YouTube (en inglés) para educar a los cuidadores de personas con demencia sobre las mejores maneras de manejar situaciones específicas.

Aquí te explicamos cómo evaluar y abordar ocho conductas comunes relacionadas con la demencia.

1. Preguntas repetidas

Una persona que hace la misma pregunta con diferencia de minutos no recuerda haberla hecho, y mucho menos la respuesta. Pero puede recordar que hay algo en la agenda, lo cual posiblemente le provoque ansiedad. Para reducir la cantidad de preguntas, escribe las respuestas.

“Mantén un calendario o una pizarra y anota las cosas para que la persona pueda consultar allí”, dice la Dra. Helen C. Kales, psiquiatra geriátrica y directora del Departamento de Psiquiatría y Ciencias Conductuales en University of California Davis Health. “Dile: ‘Ya hemos hablado de esto; cuando tengas una pregunta, fíjate aquí’”.

No le digas nada sobre eventos con días de anticipación porque eso “le da a la persona un montón de espacio para preocuparse por ello”, dice Kales. Una rutina cotidiana estructurada también puede ayudar. Dado que el aburrimiento puede ser un factor, Kales sugiere asignarle a la persona tareas simples, como doblar la ropa lavada, cortar la lechuga para la ensalada o poner la mesa.

2. Deambulación

La necesidad de deambular con frecuencia surge en las últimas horas del día debido a la caída del sol. Pero, por lo general, los motivos para deambular son un cambio en la ubicación o una necesidad no satisfecha, dice el Dr. Ardeshir Hashmi, jefe de sección del Centro de Medicina Geriátrica de Cleveland Clinic.

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Ir de visita a la casa de otra persona o quedarse en un lugar nuevo puede generar desorientación y agitación. Lleva objetos familiares o artículos favoritos para tranquilizar a la persona y arraigarla en el nuevo lugar.

La mayoría de las personas con demencia pueden responder a preguntas con un sí o un no, de modo que debes preguntar a tu ser querido qué es lo que necesita. ¿Se trata del inodoro? Tal vez tiene hambre o está dolorido. Para proteger su seguridad, traba las puertas y usa dispositivos de seguimiento que te alerten en el teléfono cuando se aleje demasiado, dice Hashmi.

3. Resistencia al baño

Las luchas para bañarse a menudo se deben a cuestiones de privacidad y al mantenimiento de la dignidad, dice Kales. Cierra la puerta del baño y ten toallas a mano para envolver a la persona en cuanto salga.

 “Dale una toallita enjabonada para que se lave; así podrá mantener cierta independencia”, dice Moreno. Tal vez el problema sea el sexo del cuidador. Por ejemplo, una mujer podría preferir que la bañe su hija en vez de un pariente de sexo masculino.

La mala percepción de la profundidad o el miedo a una caída también pueden desencadenar resistencia, por lo que debes pensar en instalar un asiento para la ducha y una ducha manual para que el baño resulte más fácil. Los cuidadores familiares tienen la ventaja de conocer los hábitos anteriores de la persona enferma. Si siempre se bañaba a la noche, prefería ducharse en vez de bañarse o le gustaba el agua no muy caliente, prueba con esas opciones primero.

“No es necesario que se bañe todos los días”, dice Hashmi. Unas pocas veces por semana está bien; incluso pueden ser baños de esponja.

Video: Control de la incontinencia

4. Incontinencia

Una persona en las fases medias o avanzadas de demencia puede no saber dónde está el baño o tal vez ni siquiera reconozca que tiene necesidad de usarlo. Lo mejor es evitar los problemas en forma proactiva en vez de recurrir automáticamente a productos para la incontinencia, dice Hashmi. Lleva a la persona al baño cada pocas horas y haz que use ropa fácil de quitar.

Si necesita pañales o ropa interior descartable y se resiste a usarlos, investiga cuáles podrían ser las causas. ¿Le provocan molestias?

“A lo mejor le rozan la pierna, o no sabe cómo usarlos”, dice Moreno. “A veces es cuestión de abordar lo que siente por la pérdida de la independencia”.

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Ten todo listo en caso de que la persona deba cambiarse, para que el proceso sea lo más breve posible, y “establece una conexión con la actividad siguiente” para que sepa qué anticipar, dice Hashmi.

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5. Insomnio

Como la demencia puede trastocar el ciclo de sueño y vigilia de una persona, permítele que duerma una siesta corta por día, elimina los dispositivos electrónicos antes de la hora de dormir y acuéstala a la misma hora cada noche. La luz natural ayuda a regular los ritmos circadianos, por lo que debes asegurarte de que la persona salga durante el día, preferiblemente por la mañana, dice Kales. No pases por alto los culpables obvios, como medicamentos o cafeína, y evita las píldoras para dormir porque aumentan la confusión y el síndrome del ocaso en los pacientes con demencia, dice Hashmi.

6. Delirio, alucinaciones y paranoia

La demencia a menudo afecta la realidad de una persona. Es posible que la persona enferma tenga creencias falsas que se contradicen con la realidad (delirio), escuche o vea cosas que no son reales (alucinaciones) o sospeche que alguien está tratando de hacerle daño (paranoia).

Si la realidad de la persona no la está dañando ni perturbando, ve con la corriente. “No tienes que decir que es cierto, pero no confrontes a la persona”, dice Kales. Si los pensamientos son perturbadores o perjudiciales, fíjate si pudiera haber algo en el entorno que los genere.

Moreno recuerda a una mujer que tenía miedo porque siempre veía a alguien en la casa. La familia descubrió que era su propio reflejo. Cuando quitaron los espejos, el comportamiento desapareció.

Si el comportamiento pone en peligro a tu ser querido o a otra persona, haz que lo evalúen. Es posible que los medicamentos sean factores contribuyentes, al igual que la visión pobre o los problemas de audición, dice Eilon Caspi, fundador, dueño y director de Dementia Behavior Consulting.

Cuando la causa es la demencia, podría ser necesario utilizar un fármaco antipsicótico, dice Hashmi. Pero estos medicamentos pueden aumentar el riesgo de derrame cerebral o mortalidad.

7. Inhibiciones sexuales

La demencia puede estar acompañada de una falta de inhibiciones, y la confusión mental de la persona a menudo empeora las cosas. Es posible que no se dé cuenta de su entorno o que confunda al cuidador con otra persona.

Proteger al cuidador del acoso es primordial. Una solución es buscar un cuidador del sexo que no atraiga a la persona enferma, dice Hashmi. Los antidepresivos, que pueden reducir la sexualidad, son otra.

“A veces, los cuidadores se sienten aprensivos con relación al comportamiento sexual”, dice Kales. Pregúntate quién se ve afectado. Si alguien se está masturbando, pero no perjudica a nadie, llévalo a una habitación donde pueda estar solo. Si eso no es posible, redirige la atención hacia alguna actividad entretenida, como una caminata o un paseo en auto.

Video: Ayudar a comer a una persona con demencia

8. Pérdida del apetito

A medida que la demencia avanza, se hace más difícil masticar y tragar. Pero las papilas gustativas también pueden cambiar, y es posible que la persona rechace hasta sus platos favoritos.

  • Elimina la presencia de algún problema dental, como el dolor de muelas.
  • Haz que las comidas sean una actividad y una manera de conectarse con otras personas, dice Moreno. Una persona con demencia no debería comer sola.
  • Experimenta con la textura. Elige alimentos más blandos o los que se pueden cortar en bocados más pequeños.

Al igual que con el control de las conductas relacionadas con la demencia, Kales dice que “lo que hay que hacer es seguir un proceso de prueba y error”.

Catherine Siskos es una editora colaboradora de AARP que cubre temas relacionados con los cuidados, el fraude y el Seguro Social. Anteriormente, fue editora del Kiplinger’s Retirement Report y ha cubierto temas de finanzas personales para U.S. News & World Report y para la revista Kiplinger's Personal Finance.

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