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La natación me acaba de salvar la vida

Más de un millón de estadounidenses sufrirán un ataque cardíaco este año. ¿Qué riesgo corre usted?

Jim Toedtman, editor del Bulletin de  AARP - la natación me salvó la vida

Foto: Logan Mock-Bunting

La natación y otras formas de ejercitarse pueden reducir enormemente su riesgo cardiovascular.

In English | Hoy soy una estadística, uno de los 1,4 millones de estadounidenses que sufrirán un ataque cardíaco este año. Lo que es más importante, soy uno del millón que sobrevivirá.

A continuación explico cómo lo lograré. Soy un hombre activo de 70 años de edad. En la tabla de riesgo cardiovascular, estoy al margen. No padezco de diabetes ni de presión arterial alta. No estoy obeso. Mantengo controlados mis niveles de colesterol. Pero mis genes sí representan un problema: mi papá falleció de un ataque cardíaco y arterias frágiles a los 66 años de edad. Para contrarrestar eso, tengo más de 25 años que nado tres o cuatro veces por semana.

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Con un poco más de entrenamiento, estaba listo para la carrera de una milla en la Bahía de Chesapeake. Nadé sin incidentes, aunque un poco más rápidamente de lo normal y con mi sentido de la orientación al parecer curiosamente dañado —¡pasé más tiempo nadando hacia las islas Azores que hacia Annapolis!—. Una hora más tarde, tras haberme cambiado de ropa y aceptado mi trofeo por llegar tercero, me sentí mareado y con una fuerte presión en el pecho. Mi esposa tenía razón: era algo más serio de lo que yo pensaba, y necesitaba ayuda. Entonces comenzó la odisea por el sistema público de atención médica, y el veredicto de cada uno que me atendió —el técnico de los servicios de emergencias médicas, el camillero de la sala de emergencias, los médicos y enfermeros especializados de la sala de emergencias, los enfermeros y los especialistas cardiovasculares— fue el mismo. La natación me había salvado la vida.

Sé que es importante recibir atención médica rápidamente gracias a los artículos del AARP Bulletin (en inglés) y reconocí la atención coordinada que estaba recibiendo. La ambulancia estaba equipada con un electrocardiógrafo que transmitió una docena de trazados de mi frecuencia cardíaca directamente a la sala de emergencias del centro médico Anne Arundel Medical Center.

Siguiente: Me recibieron en la sala de emergencias con un duro saludo: "Ha sufrido un ataque cardíaco". »

Me recibieron en la sala de emergencias con un duro saludo: "Ha sufrido un ataque cardíaco". El ECG móvil mostró las primeras indicaciones, niveles altos de troponina en los análisis de sangre lo confirmaron y se programó un cateterismo para la mañana siguiente.

Atado a la camilla, le pregunté al cirujano si utilizaba "el Checklist". En un artículo publicado hace poco sobre cómo reducir errores en hospitales, citamos al doctor Atul Gawande, cirujano y defensor de la lista de comprobación (o "checklist") —una pausa en la que todos en el quirófano, antes de comenzar la intervención quirúrgica, se presentan uno por uno y explican sus tareas—.

Funciona en la industria de la aviación y la construcción de rascacielos, sostiene Gawande, entonces ¿por qué no en los quirófanos? Y, le pregunté al cirujano, ¿qué tal en este quirófano? "Tomamos un tiempo fuera", me contestó, en el que él se presenta al equipo, presenta al paciente y explica la intervención programada.

No hacían precisamente lo mismo, pero no estaba en condiciones de discutir, y seguimos adelante con el tiempo fuera y luego el cateterismo cardíaco por el lado izquierdo del corazón, un reconocimiento de las arterias y el ventrículo izquierdo. Descubrió que la placa había reventado y obstruido una arteria, dificultando el flujo sanguíneo hacia el corazón. Pero con igual rapidez la sangre se había coagulado, sellando la ruptura, y la arteria se había destapado.

Inesperadamente, el cirujano no encontró ninguna otra arteria obstruida ni hubo necesidad de colocar estents —gracias a mi rutina de ejercicios—. El corazón sufrió muy poco daño y se repararía naturalmente.

Desde entonces, el mensaje se ha hecho cada vez más claro: el ejercicio es importante a cualquier edad. Mis amistades compartieron su alegría y buen humor. "Si yo fuese un corazón y alguien me tirara en la Bahía de Chesapeake, también protestaría", me dijo uno de ellos. Los médicos me recetaron un montón de medicamentos —para controlar el colesterol, disminuir la presión arterial, estabilizar los latidos del corazón y diluir la sangre—. Y el consejo que me ofrecieron fue muy sencillo: "Regrese a la piscina".

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