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Científicos estudian las vacunas contra la COVID-19 como posible adición al tratamiento del cáncer

Un estudio preliminar encontró que las personas que recibieron inmunoterapia para el cáncer de pulmón o melanoma vivieron más tiempo si habían recibido una de las vacunas de ARNm.


ilustración de diferentes frascos y vacunas
Alyah Holmes

Algunas vacunas contra la COVID-19 pueden estar haciendo más que prevenir una tos fuerte y fiebre.

Los investigadores están explorando si las vacunas de ARNm diseñadas para combatir el coronavirus podrían ayudar a extender la supervivencia de las personas con cáncer avanzado que están recibiendo inmunoterapia, un tipo de tratamiento que aprovecha el sistema inmunitario para combatir mejor el cáncer. La inmunoterapia ha mostrado un éxito particular contra el cáncer de pulmón, los tumores renales y el melanoma.

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Antes de que se aprobaran los primeros medicamentos de inmunoterapia en el 2011, solo el 10% de las personas con melanoma vivían cinco años o más; hoy en día, más de la mitad lo hace. La supervivencia al cáncer de pulmón también ha mejorado, subiendo del 18 a aproximadamente el 30% en los últimos ocho años. 

Aun así, la inmunoterapia no funciona para todos. En todos los tipos de cáncer, solo del 20 al 40% de los pacientes responden a este tipo de tratamiento. Esto ha llevado a los investigadores a buscar formas de ayudar a que más personas se beneficien del tratamiento.

Las vacunas de ARNm 'despiertan a las células inmunitarias' 

Un campo prometedor de estudio involucra vacunas terapéuticas contra el cáncer. A diferencia de las inyecciones que previenen que las personas se infecten con virus como el sarampión o la influenza, las vacunas terapéuticas para el cáncer están diseñadas para entrenar al sistema inmunitario para combatir los tumores.

Algunas de las vacunas contra el cáncer en desarrollo están personalizadas para cada paciente, utilizando tejidos de sus tumores. Los científicos incluyen proteínas de las células tumorales de un individuo para diseñar la vacuna, lo cual toma de uno a dos meses en producir, con la esperanza de enseñar al sistema inmunitario a identificar las células cancerosas como el enemigo y destruirlas. Otras vacunas contra el cáncer entrenan al sistema inmunitario para atacar proteínas que se comparten en muchos tipos de cánceres.

Mucho antes de que se desarrollara la vacuna contra la COVID-19, los científicos del cáncer comenzaron a intentar crear vacunas terapéuticas usando ARNm, o ARN mensajero, que lleva la información genética necesaria para producir proteínas.

Los científicos de la Universidad de Florida estaban trabajando en una vacuna terapéutica para tumores cerebrales en el 2016 cuando hicieron una observación interesante: las vacunas que usaban ARNm parecían capaces de entrenar al sistema inmunitario para matar tumores, incluso sin usar material genético del cáncer de la persona. En los experimentos, las vacunas de ARNm parecían "sensibilizar" las células cancerosas a la inmunoterapia, permitiendo que los medicamentos funcionaran mejor, dijo el Dr. Adam Grippin, un oncólogo de radiación ahora en el Centro de Cáncer MD Anderson de la Universidad de Texas en Houston.

“Creemos que la vacuna de ARNm actúa como una sirena para despertar las células inmunitarias dentro del tumor”, dijo Grippin. “Cuando eso sucede, esas células comienzan a atacar el tumor desde adentro”.

Una mirada más cercana a las vacunas contra la COVID-19

La pandemia brindó a los investigadores una oportunidad para estudiar los efectos de las vacunas contra la COVID-19 en el tratamiento del cáncer, dijo Grippin.

Él y su equipo examinaron los registros médicos de aproximadamente 1,000 personas con melanoma avanzado o cáncer de pulmón que recibieron inmunoterapia entre agosto del 2019 y agosto del 2023. Los científicos notaron qué personas recibieron las vacunas contra la COVID-19 y cuánto tiempo sobrevivieron en comparación con pacientes similares que no fueron vacunados.

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“Descubrimos que aquellos que recibieron una vacuna contra COVID vivieron significativamente más tiempo que aquellos que no recibieron esa vacuna”, dijo Grippin.

Aproximadamente el 56% de las personas con cáncer de pulmón que recibieron vacunas contra la COVID-19 durante los primeros 100 días de comenzar el tratamiento de inmunoterapia sobrevivieron al menos tres años, en comparación con el 31% de aquellos que no fueron vacunados, según un estudio (en inglés) publicado en Nature en octubre. Entre las personas con melanoma, el 68% de las personas vacunadas sobrevivieron al menos tres años, en comparación con el 44% de aquellos que no fueron vacunados.

Los investigadores encontraron que las tasas de supervivencia aumentaron independientemente de si los pacientes recibieron las vacunas contra la COVID-19 de Pfizer o Moderna. Los participantes del estudio vivieron más tiempo solo si recibieron una vacuna de ARNm.

Las personas que recibieron vacunas contra la gripe o la neumonía mientras estaban en tratamiento no vivieron más tiempo que otros pacientes. Eso lleva a Grippin y sus colegas a sospechar que solo las vacunas hechas con ARNm ayudan a combatir el cáncer.

La investigación continúa

Aunque los hallazgos del estudio son provocativos, no prueban que las vacunas contra la COVID-19 hicieron que las personas con cáncer vivieran más tiempo, dijo Stephanie Dougan, profesora asociada de Inmunología y Virología del Cáncer en el Instituto de Cáncer Dana-Farber y en la Facultad de Medicina de Harvard.

Este tipo de estudio retrospectivo, en el que los investigadores revisan los registros y resultados de los pacientes, no puede probar causa y efecto, dijo Dougan. Eso se debe a que es posible que las personas que eligieron recibir las vacunas contra la COVID-19 sean diferentes de otros pacientes en formas que afectan su supervivencia. Por ejemplo, es posible que las personas que recibieron una vacuna contra la COVID-19 tuvieran mejor acceso a la atención médica, lo que tiende a extender la supervivencia al cáncer.

El nuevo estudio "es muy emocionante, y muchas personas en el campo son cautelosamente optimistas", dijo Dougan, quien investiga formas de estimular el sistema inmunitario para combatir el cáncer. "Ciertamente vale la pena probarlo. Pero no queremos que la gente se engañe y piense, esto va a curar mi cáncer".

El nuevo estudio no menciona qué participantes del estudio realmente contrajeron COVID-19, dijo Dougan. Las infecciones por COVID-19 pueden causar daño en todo el cuerpo, lo que puede haber dejado a los pacientes no vacunados menos capaces de sobrevivir al cáncer. En particular, COVID-19 puede dañar los pulmones, lo que podría afectar la supervivencia de las personas con cáncer de pulmón.

Así que es posible que el factor más importante para sobrevivir al cáncer en el estudio fuera evitar la infección por COVID-19, y no recibir una inyección de ARNm, dijo Dougan.

Factores adicionales podrían haber afectado si los participantes del estudio fueron vacunados contra la COVID-19, dice el Dr. Mark Yarchoan, profesor asociado de Oncología en el Centro de Cáncer Sidney Kimmel de Johns Hopkins.

"Puedo decirte, como alguien que ve pacientes, que los pacientes que reciben vacunas contra la COVID son diferentes de los pacientes que no las reciben", dijo Yarchoan, quien también investiga vacunas contra el cáncer. "Por ejemplo, los pacientes que no recibieron vacunas contra la COVID podrían tener escepticismo sobre el establecimiento médico en general, y eso podría llevar a que este grupo tenga peores resultados".

Aunque es posible que una vacuna de ARNm pueda "activar el sistema inmunitario de una manera que podría ser beneficiosa en el cáncer", la gente debería leer el estudio con "una dosis saludable de escepticismo" hasta que estos hallazgos sean confirmados en un gran ensayo clínico, dijo Yarchoan.

Grippin y sus colegas están planeando un ensayo clínico definitivo, en el cual las personas que reciben inmunoterapia para el cáncer serán asignadas al azar para recibir una vacuna contra la COVID-19 o no.

Mientras tanto, los médicos dicen que las personas con cáncer deben seguir vacunándose contra la COVID-19, la gripe y otras enfermedades respiratorias que pueden reducir sus posibilidades de supervivencia.

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