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Cómo sobrevivir a una fractura de cadera

Las fracturas de cadera causan la muerte de decenas de miles de personas cada año.

In English | Ocho años después de que Isabelle Jackson se cayera y se quebrara la cadera, todavía conserva dos vívidos recuerdos del momento inmediatamente posterior. El primero es el dolor, que fue atroz. Esta maestra jubilada de Hannibal, Misuri, hoy de 91 años, también recuerda haber pensado en su hermana, que se había fracturado la cadera y había pasado los restantes seis años de vida en una silla de ruedas. “Yo estaba decidida a no quedar como mi hermana”, dice Jackson, quien hoy camina sin asistencia y sin cojear.

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Las estadísticas ubican a Jackson en una selecta minoría: aquellos que no solamente sobreviven a una fractura de cadera, sino que están cada día mejor. De los 300.000 estadounidenses de 65 años o más que se fracturan la cadera cada año, del 20 % al 30 % muere dentro de los 12 meses, y “muchos más sufren una importante pérdida funcional”, según un estudio publicado en el 2009 por The Journal of the American Medical Association (JAMA).

En efecto, un año después de fracturarse la cadera, el 90 % de los que no necesitaron asistencia para subir escaleras antes de la fractura no podrán subir cinco escalones; el 66 % no podrá sentarse ni pararse del inodoro sin ayuda; el 50 % no podrá levantarse de una silla; el 31 % no podrá salir de la cama sin asistencia; y el 20 % no podrá ponerse un par de pantalones por sus propios medios.

Pero ¿qué es lo que convierte a una fractura de cadera en algo tan letal y debilitante? ¿Y cómo es que una persona aparentemente sana se debilita tan drásticamente a consecuencia de lo que, básicamente, es un hueso roto? Las respuestas tienen menos que ver con la fractura en sí, y más con la respuesta a la fractura, no solamente en las horas inmediatamente posteriores, sino en las semanas y meses que transcurren desde entonces.

No es de extrañar que la mayoría de las personas jóvenes que se caen no se quiebran la cadera. Pero a medida que envejecemos y nuestros huesos se debilitan, una caída de la que nuestros hijos o nietos no tendrían consecuencias, podría llevarnos al hospital con perspectivas de una cirugía mayor. Esa cirugía tiene riesgos, pero también los tiene la inmovilidad generada por una cadera rota. Cuando se está postrado en cama y hospitalizado, aumentan drásticamente las probabilidades de contraer desde úlceras de presión hasta pulmonía.

A medida que las personas envejecen, también experimentan lo que los médicos denominan comorbilidad —múltiples afecciones al mismo tiempo—. “La mayoría de los adultos mayores tienen por lo menos un trastorno crónico, como son la diabetes o los problemas del corazón. Muchos padecen dos. Entonces se caen y se quiebran la cadera. Todo su sistema se desbarata”, comenta Lynn Beattie, vicepresidenta de prevención de lesiones del Center for Healthy Aging (Centro para el Envejecimiento Saludable) de Washington, D.C.

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“Una fractura de cadera es un insulto contra el sistema, y eso modifica muchas funciones metabólicas”, agrega Jay Magaziner, Ph.D., jefe del departamento de epidemiología y salud pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, en Baltimore, y experto en fracturas de cadera. “Hay algo en esta clase de lesión que amplifica todo”.

No obstante, podemos aumentar las probabilidades de recuperarnos bien. Lo primero que hay que hacer es reparar la cadera tan pronto como sea posible. Según un estudio reciente publicado en el Canadian Medical Association Journal, el riesgo de muerte a causa de una fractura de cadera disminuye un 19 % cuando la cirugía se lleva a cabo dentro de los tres días de producida la fractura.

Si suponemos una salud razonablemente buena al momento de la fractura, el cuidado típico consiste en operar dentro de las 48 horas, con un total de cuatro a seis días de hospital, seguidos de dos a seis semanas en una institución para rehabilitación subaguda y tres a cuatro semanas más de rehabilitación como paciente externo o en el hogar.

“No es la caída, sino la respuesta a la caída”. — Patti League, enfermera matriculada.

Entonces comienza el verdadero trabajo, algo que desperdician muchos de quienes han sufrido una fractura de cadera.

“No es la caída, sino la respuesta a la caída”, afirma Patti League, enfermera matriculada y principal instructora de A Matter of Balance (Cuestión de equilibrio), un programa que trabaja con adultos mayores para reducir su temor a las caídas. “¿Cómo se vive una vez que termina el tratamiento? ¿Cómo controlamos el temor a volver a caernos? En pocas palabras, ¿cómo recuperamos nuestra vida?”

Las respuestas son a la vez simples y complejas. Simples en cuanto a que debemos aprovechar todos los tratamientos disponibles hasta volver al punto donde estábamos antes de la fractura. Complejas en el sentido de que los adultos mayores combaten un poderoso prejuicio que afirma que una recuperación parcial está bien.

“Nos gusta decir que sólo es un hueso roto, y los huesos sanan”, dice Rebecca Craik, Ph.D., jefa del departamento de terapia física de Arcadia University en Glenside, Pensilvania. “Pero cuando se es un adulto mayor, a menudo las expectativas son muy bajas. ‘El solo hecho de estar en casa ya es lo suficientemente bueno. Llegó el momento de descansar’. Ocurre con frecuencia que los pacientes y sus cuidadores no se esfuerzan por volver al estado en que se encontraban antes de la cirugía”.

Parte del problema, afirma Magaziner, es que, después de un par de meses, justo cuando el paciente adquiere la capacidad de soportar la intensa terapia física que le permitirá recuperar su movilidad y funcionalidad previas a la fractura, se desvanece la infraestructura para su cuidado. Lo que se necesita, cree, es una intervención continua, reembolsada y que conste de múltiples componentes, diseñada a su medida. Mientras tanto, quienes han sufrido una fractura de cadera pueden hacer mucho por cuenta propia.

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Haga ejercicios todos los días. “Los huesos sanan mejor cuando se usan”, en tanto estén estabilizados, dice Douglas P. Kiel, M.D., director del Musculoskeletal Research Center (Centro de Investigación Músculoesqueletal) del Instutute for Aging Research (Instituto de Investigación sobre Envejecimiento) de Hebrew SeniorLife, de Boston. “Cualquier tipo de actividad que implique soportar carga puede estimular la sanación del hueso”. Empiece lentamente, y vaya aumentando gradualmente el peso que coloca en la cadera.

illustration of person falling and breaking a hip

Ilustración por Stuart Bradford

El ejercicio puede ayudar a que sus huesos sanen.

Preste especial atención a la dieta. “Debe ingerir suficientes proteínas para desarrollar músculos”, dice Kiel, “y suficiente calcio y vitamina D para fortalecer sus huesos”. Un estudio reciente concluyó que quienes consumían menos de 46 gramos de proteínas por día sufrían un 50 % más de fracturas de cadera que los que ingerían mayor cantidad de proteínas. También necesitará por lo menos 1.200 miligramos de calcio por día (igual a tres a cuatro porciones diarias de leche, yogur u otro alimento rico en calcio) y de 600 a 800 unidades internacionales (UI) de vitamina D, sea en forma de suplemento o a partir de alimentos fortificados, o exposición diaria a la luz del sol.

Socialice. El contacto se alimenta a sí mismo. Una mayor interacción social conduce a un mayor deseo de salir de la casa, lo que lo animará para cuidarse más y mejor. “Quedarse en casa no es la respuesta”, afirma League, “se trata de mantenerse ocupado”.

Persevere. “La terapia implicó un arduo trabajo”, afirma Isabelle Jackson, quien, después de una semana en el hospital y cerca de dos meses de terapia física supervisada, recurrió a una dosis diaria de caminatas cortas y actividades voluntarias para recobrar su bienestar físico y mental. “Hay que decidirse a hacerlo. Es todo cuestión de actitud”.

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