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Cómo combatir las bacterias resistentes a los medicamentos

Nos atacan en nuestros hogares y en los hospitales.

micrografía de la bacteria Klebsiella pneumoniae, las nuevas superbacterias

Foto: Tony Brain/Science Photo Library

Micrografía de la bacteria klebsiella pneumoniae, en forma de varilla, la nueva bacteria resistente.

In English l En lo que se refiere a las infecciones bacterianas, somos nosotros o las bacterias: la supervivencia del más fuerte. Desafortunadamente, las acciones del ser humano han contribuido a crear algunas bacterias sumamente fuertes. Conocidas informalmente como "superbacterias", estas se han adaptado y han sobrevivido a las armas más poderosas de nuestro arsenal para combatirlas: los antibióticos.

Vea también: ¿Alérgico a la penicilina?

El problema no se limita a los hospitales. Las infecciones de oído, tracto urinario, piel o pulmones más comunes adoptan formas cada vez más persistentes, cuya cura requiere más antibióticos o una combinación de medicamentos.

Afecciones muy antiguas como la gonorrea y la tuberculosis —que pudieron curarse por primera vez en el siglo XX gracias a los antibióticos— se hacen cada vez más difíciles de tratar. Hay más y más casos de personas sanas que son atacadas fuera de los centros sanitarios por nuevas cepas de una de las bacterias resistentes más conocidas, el MRSA (Estafilococo aureus resistente a la meticilina), que suele causar infecciones cutáneas desagradables y a veces invasivas, pero también neumonías graves.

Por otro lado, ciertas bacterias que tienden a causar infecciones en el flujo sanguíneo o de otro tipo en pacientes hospitalizados vulnerables —bacterias con nombres exóticos como acinetobacter baumannii y klebsiella pneumoniae— están tornándose más letales e insensibles a la mayoría o a la totalidad de los antibióticos del arsenal médico.

“Frente a estos casos”, dice el Dr. Brad Spellberg, de la David Geffen School of Medicine, de la University of California, Los Ángeles, "volvemos a encontrarnos bailando alrededor del caldero hirviente mientras frotamos dos huesos de gallina” (retrocedemos en el tiempo).

Estas bacterias resistentes a gran parte de los fármacos ("pan-resistant") todavía son consideradas la excepción, pero ilustran claramente lo que está en juego en los intentos por mermar la proliferación de la resistencia bacteriana a los medicamentos. Las últimas cifras de los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) de EE. UU. indican que una sola de estas bacterias resistentes, el MRSA, causó graves infecciones en unos 82.042 estadounidenses en el 2010, de los cuales, murieron 11.478. Las personas mayores son especialmente vulnerables si contraen una de estas bacterias resistentes.

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Los antibióticos constituyen una cura, pero también una causa

¿Cómo fue que los seres humanos dejamos que las bacterias se fortalecieran? Al saturar nuestro entorno con antibióticos, los mismos medicamentos milagrosos que creamos para combatir las infecciones bacteriales. Cada año se venden unos 7 millones de libras en antibióticos para uso humano, en tanto se venden 29 millones de libras para su uso en animales, en su mayor parte destinados a la producción de alimentos. Esto, según numerosos expertos, representa un brutal exceso en el consumo de los medicamentos, y no hace más que tornar menos probable que funcionen cuando más los necesitemos.

Las bacterias existen en cantidades abundantes, se reproducen con rapidez y pueden pasar rasgos genéticos —incluida la resistencia a los antibióticos— no solamente a las generaciones que las suceden, sino también a otras bacterias de su entorno. Cuantas más bacterias se topen con un antibiótico, más fácilmente podrán engendrar versiones más resistentes de sí mismas, capaces de prevalecer sobre el medicamento.

Consumo de antibióticos en EE. UU.

Los humanos y los animales consumen toneladas de antibióticos.

Personas: 7 millones de libras por año.

Animales: 29 millones de libras por año

La prescripción de fármacos inadecuados para tratar toses y resfríos representa “el área más problemática”, afirma el Dr. Ralph Gonzales, quien investiga el consumo de antibióticos, en la University of California, San Francisco. “Entre el 60 % y el 70 % de los antibióticos que se prescriben a pacientes ambulatorios, se indican para el tratamiento de infecciones respiratorias”, comenta. “En el mejor de los casos, apenas una de cada cinco de estas infecciones requiere antibióticos”. La gran mayoría de ellas las generan los virus, no las bacterias, y los antibióticos no tienen efecto alguno sobre los virus. Algunos pacientes pretenden tomar un antibiótico incluso cuando las probabilidades de que vayan a ser efectivos sea mínima, y, según estudios, los médicos suelen acceder a este capricho. Entonces, en lugar de completar el ciclo de antibióticos tal como les fue indicado, algunos pacientes guardan píldoras para usarlas después o para compartirlas. Esto puede dar lugar a que los gérmenes persistan, desarrollen resistencia y resurjan con más fuerza.

“No debe tomar antibióticos sin el consejo de un médico”, sostiene el Dr. Stuart Levy, director del Center for Adaptation Genetics and Drug Resistance (Centro de Adaptación Genética y Resistencia a los Medicamentos) de Tufts University. “No los guarde ni ande suplicando por ellos. No hay que tomar antibióticos para un resfrío común”.

Tomar antibióticos —sean necesarios o no— afecta al individuo y, potencialmente, a otros en la comunidad: modifica la diversidad de microorganismos que viven en los intestinos o en la piel, mata las bacterias sensibles y les ofrece a los gérmenes resistentes a los medicamentos una oportunidad para tomar el control.

Por ejemplo, las investigaciones sugieren que el consumo de antibióticos normalmente recetados aumenta el riesgo de albergar o infectarse con el MRSA. El tratamiento reciente o actual con antibióticos es el mayor factor de riesgo frente a la infección causada por la bacteria resistente a los medicamentos clostridium difficile —C. diff—, que se encuentra mayormente en instalaciones sanitarias y que puede causar diarrea severa. Estimados conservadores vinculan esta bacteria a, por lo menos, 14.000 muertes por año, en Estados Unidos.

Como cualquier bacteria, las bacterias resistentes también pueden transmitirse a quienes viven en el mismo hogar y a otras personas fuera de él. Un estudio realizado reveló que los familiares de una persona que toma antibióticos contra el acné presentaban mayores probabilidades de que su piel albergara gérmenes de acné resistentes a los medicamentos.

Los CDC estiman que en los hospitales, casi la mitad de las recetas de antibióticos resultan inadecuadas. “Hay veces en que se dan antibióticos cuando no son necesarios; a modo de ejemplo, en ocasiones, los pacientes ingresan en el hospital con un diagnóstico de neumonía y se inicia un tratamiento con antibióticos, pero resulta que padecen una falla cardíaca”, explica el Dr. Arjun Srinivasan, director médico del programa educativo sobre consumo de antibióticos Get Smart for Healthcare, de los CDC.

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Muchos hospitales han implementado programas de “control” para eliminar el consumo inadecuado de antibióticos y reducir las bacterias resistentes a los medicamentos en los hospitales. Estudios realizados demuestran que los programas bien conducidos pueden tener un efecto real.

Los animales también toman antibióticos

La medicina humana no es la única área donde los antibióticos se administran en exceso. Muchas vacas, cerdos y aves reciben antibióticos, no solamente para tratar enfermedades, sino también para prevenir la difusión de enfermedades cuando se mantienen grandes poblaciones en espacios confinados, y, lo que es aún más controvertido, para promover un crecimiento más rápido. A menudo, estos medicamentos son los mismos o muy similares a los que se emplean para tratar a las personas.

“No es la gente ni los animales los que se tornan resistentes a los medicamentos”, afirma Gail Hansen, veterinario y funcionario principal de la Pew Campaign on Human Health and Industrial Farming (Campaña de Pew para la Salud Humana y la Agricultura Industrial), “sino las bacterias. Y compartimos las bacterias”.

Una manera de compartir las bacterias resistentes es cuando se come carne contaminada. El año pasado, 136 personas de 34 estados se enfermaron y una persona murió después de comer carne molida de pavo, que portaba una cepa de salmonella resistente a múltiples antibióticos. Incluso, las propias granjas pueden propagar las bacterias. La mayoría de las bacterias terminan fuera del animal, como “estiércol”, explica Hansen. “¿Adónde va ese estiércol? Va al agua y va al suelo. El suelo se seca y el estiércol se pulveriza. Y todos nos hallamos en el ciclo de alguien más. Hay que tener en cuenta también el contacto persona-animal, por lo que los granjeros y los peones y sus familias pueden quedar expuestos. Todo sucede bastante rápido”.

No está claro cuánto contribuye la agricultura a la resistencia a los antibióticos. Pero hace poco, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU.) emitió nuevas pautas que requieren detener los “usos productivos” de los antibióticos en animales destinados a la producción de alimentos —para mejorar el crecimiento, por ejemplo—. Cada vez más, los expertos en resistencia a los antibióticos consideran esto como un problema multifacético, global y creciente.

“La resistencia se produce y amplifica mediante el uso indebido de los antibióticos”, afirma Levy. “Se pierden vidas. Y la solución es… sacar los antibióticos del entorno lo más que se pueda”.

Katharine Greider es escritora independiente que reside en Nueva York y escribe sobre ciencia y salud.

Protéjase de las bacterias resistentes

1. Asegúrese de que su médico sepa que usted solo tomará antibióticos en caso de que sea absolutamente necesario. No insista en recibir antibióticos para combatir resfríos o gripes.

2. Cuando le receten un antibiótico, tome todas las píldoras, incluso si se siente mejor. No comparta antibióticos ni los guarde para después.

3. Compre carne de animales que hayan crecido libres de antibióticos. La mayoría de los expertos coinciden en que el menor consumo de antibióticos disminuirá la aparición de gérmenes resistentes.

4. Lávese las manos con frecuencia; el agua y el jabón común resultan tan efectivos como los jabones antibacteriales. El uso generalizado de estos productos de limpieza en hogares sanos podría, en realidad, promover el desarrollo de bacterias resistentes.

5. Cocine bien la carne, y lávese las manos, los utensilios y las superficies después de haber manipulado carne cruda.

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