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Estos residentes defendieron sus casas móviles
Los parques de casas móviles están siendo blanco de firmas de capital privado que disparan los alquileres y a menudo desalojan a inquilinos de muchos años. Estos vecinos se defendieron.
Tiempo de lectura: 17 minutos
En el parque de casas móviles Meadowood Village en Littleton, Colorado, la mayoría de los 139 residentes son jubilados y viven con ingresos fijos.
Fotos y videos de Benjamin Rasmussen
El aviso llegó el 2 de enero del 2024, el primer día laborable del año, cuando Meadowood Village aún estaba tranquilo y los patios estaban cubiertos por una capa de escarcha invernal. Muchos residentes de la comunidad de casas prefabricadas para personas de 55 años o más en Littleton, Colorado —a unas 10 millas al sur del centro de Denver— esperaban algo alegre. Tal vez un “Feliz Año Nuevo” de parte de la administración. Pero lo que encontraron fue un “Aviso de intención de venta” de 10 páginas.
Sin previo aviso, los dueños de Meadowood habían puesto a la venta el terreno debajo de sus casas, y había un posible comprador. Los 139 residentes del parque —la mayoría jubilados y con ingresos fijos— entendieron de inmediato lo que eso significaba. Un nuevo dueño controlaría las instalaciones, las reglas, los alquileres de los lotes, todo. Sus días allí estaban contados, si la experiencia de muchos otros parques comprados recientemente servía de indicio.
La ley de Colorado ofrecía una pequeña esperanza: una enmienda del 2022 a la Ley de Parques de Casas Prefabricadas del estado les daba a los residentes 120 días para hacer su propia oferta. Pero no se trataba precisamente de una colecta de poca monta. La oferta que tendrían que igualar era de $18 millones.
Meadowood no era un lugar llamativo. Sus propietarios de viviendas eran maestros de escuelas públicas, cajeros, mecánicos y mineros jubilados. El 25% eran veteranos. Más de la mitad de los hogares ganaban menos de $49,000 al año. Casi un tercio tenían ingresos menores de $29,000. Como los residentes de la mayoría de comunidades de este tipo en todo el país, eran dueños de sus casas, pero alquilaban el terreno debajo de ellas, una distinción que parece inocua hasta que aparece un comprador agresivo con ansias de obtener ganancias. A pesar del nombre, trasladar una casa “móvil” antigua puede costar más de $20,000, suponiendo que la estructura se pueda mover. Muy pocos residentes de Meadowood habrían podido asumir ese costo. Menos aún podrían reemplazar sus alquileres de lote —que oscilaban entre $830 y $995 al mes— con el alquiler de un apartamento comparable en algún lugar cercano.
La frase que se repetía de un extremo al otro del parque esa mañana de enero era la misma: “¿Adónde voy a ir?”.
AARP lucha por los derechos de las viviendas prefabricadas
AARP trabaja en todo el país para hacer de las viviendas prefabricadas una opción más viable para los adultos mayores. La labor de defensa de la organización se enfoca en lo siguiente:
- Ampliar el papel de las viviendas prefabricadas en la oferta de vivienda,
- Permitir que se usen como unidades de vivienda accesorias (ADU), y
- Fortalecer los derechos de los residentes que viven en ellas.
Cuando Sandy Cook se enteró de todo esto, se dijo: Oh, no. Llevaba alrededor de un año y medio en Meadowood, tras mudarse del Medio Oeste a Colorado para estar cerca de su sobrina —quien también vive en el parque— y de su sobrino, que vive en Centennial, cerca de allí. Lo que la mayoría de sus vecinos no sabía era que Cook acababa de terminar el tratamiento de radiación para el cáncer de mama. Tenía 75 años y estaba cansada.
Criada en Oberlin, Ohio, Cook pasaba los veranos con su familia en los Apalaches, en la región montañosa entre el sur de Ohio y Kentucky. Sus abuelos fueron agricultores aparceros. En la granja de sus abuelos, aprendió a plantar tabaco, ordeñar vacas y enlatar verduras. Se capacitó para conducir un camión de 18 ruedas en 1974, transportando remolques refrigerados y luego plataformas por todo el país. Más tarde dirigió una empresa de transporte por camión con su esposo y, después de su divorcio, se convirtió en corredora independiente de logística. Se llama a sí misma “la única campesina del parque”.
Ahora, esa autoproclamada campesina quería gritar.
“Me di cuenta de que si tan solo uno de mis vecinos es expulsado porque un grupo de ricos quiere enriquecerse más, sería una tragedia”, dice. Cook es muy delgada, con el cabello blanco corto y ojos azul hielo que no apartan la mirada. “Así que me fijé una meta: No perdemos a ni una sola persona”.
Fotos de la 1 a la 7: Residentes de Meadowood Dale Van Lewen, Paula White, Bob Mostek con su perro Henry, David Stouder, Tanya Lindberg y Dawn Heiman, Jimmy Krecklow, David Wasserburger
El tiempo corría: 120 días. Cook, una experta en logística que había pasado su carrera haciendo llamadas y negociando acuerdos, tomó su teléfono y comenzó a marcar.
Lo que pasó después es una historia que se ha repetido en parque tras parque en todo el país, mientras el capital privado y el dinero corporativo llegan a las comunidades de viviendas prefabricadas a un ritmo que habría parecido impensable hace una década. En la mayoría de los casos, los residentes son mayores, tienen ingresos fijos y poco poder para defenderse.
De hecho, a primera vista, Meadowood casi no tenía nada a su favor. Lo que sí tenía era a Cook y, con el tiempo, la obstinada convicción de las personas que vivían allí.
Señales de advertencia justo más adelante
Paula White, de 71 años, había crecido en Littleton y recordaba cuando su calle principal todavía era de tierra. Había vivido en Meadowood durante 11 años y ya había pasado por un cambio de arrendadores. En el 2017, los propietarios originales del parque, la querida familia Buck, lo vendieron después de casi 50 años a una empresa administradora de California. Esa transición transcurrió sin problemas. Pero cuando se corrió la voz sobre el posible nuevo comprador, White lo investigó. Havenpark Communities LLC era una empresa con sede en Utah que había adquirido más de 80 propiedades de viviendas móviles, desde Alabama hasta el estado de Washington. Después, los alquileres subieron en casi todas. Las reglas se volvieron más estrictas. Los residentes de muchos años ya no podían pagarlo. Un grupo de Facebook llamado Stop Havenpark tenía más de 1,500 miembros.
“De repente, todos estábamos aterrados”, dice White. “Cuando tienes nuestra edad, existe un temor real. Teníamos miedo de perder nuestros hogares y nuestra seguridad”.
Tenía razón para estar preocupada. A solo 2 millas al sur de Meadowood, a lo largo del mismo tramo de Santa Fe Drive, estaba Wolhurst Lake, otra comunidad para personas de 55 años o más: 301 casas móviles en 55 pintorescos acres, con pavos silvestres, gansos canadienses y una acogedora casa club. Los residentes de Wolhurst Lake habían recibido su propio aviso de venta unos meses antes, igual de repentinamente. Se organizaron, presentaron quejas, formaron una cooperativa, retrasaron la venta a Havenpark seis meses y bajaron por $3 millones el precio de venta.
No fue suficiente. Havenpark suele llegar con ofertas inusualmente agresivas y, con una oferta de $60 millones, ninguna combinación de subvenciones y préstamos sin fines de lucro pudo competir. Havenpark tomó control de Wolhurst. Los alquileres de los lotes subieron de aproximadamente $775 a $1,090; los nuevos alquileres ahora comienzan en $1,400 o más. Las reglas para mayores de 55 años se habían relajado hasta el punto de que ahora había niños residentes en la piscina. Los residentes de muchos años se fueron.
“No hay nada que hubiéramos podido hacer de otra manera”, dice Claudia Hill, de 78 años, una exasistente de vuelo con esclerosis múltiple que había liderado la lucha de Wolhurst Lake desde un andador, dedicando cientos de horas. Todavía vive allí. Todavía lucha contra cada cambio que le parece injusto: recientemente llevó a abogados del Colorado Poverty Law Project para presentar un seminario de “conozca sus derechos”.
En una respuesta por correo electrónico a AARP, Havenpark dijo que ha invertido más de $1 millón en Wolhurst Lake desde que lo adquirió —en repavimentación de caminos, actualizaciones de la casa club, mejoras al gimnasio, reparaciones de cercas, mejoras eléctricas y un nuevo muelle para el lago— y que los residentes anteriores conservan las tarifas más bajas. “Objetivamente, hemos reinvertido mucho más en la propiedad desde que la compramos de lo que hemos obtenido en ingresos adicionales mediante aumentos de alquiler”, escribió la empresa.
Hill, mientras tanto, informa que la administración retiró el horno y la estufa de la casa club, “lo que hizo que la cena anual de Acción de Gracias fuera muy difícil y costosa”, dice. Ella y otros residentes también se molestaron por la prohibición de alcohol en las áreas comunes. “Supongo que los mayores se estaban divirtiendo un poquito demasiado”, dice con tono seco.
Muchos residentes de Meadowood conocían a personas de Wolhurst Lake, y no tenían interés en soportar a este nuevo amo corporativo. Podían ver exactamente lo que venía: si no lograban reunir $18 millones, su parque sería el siguiente.
Cómo pueden los adultos mayores del país sumarse a estos esfuerzos
Si tú o alguien que conoces vive en una comunidad de casas prefabricadas y enfrenta presión por el alquiler, aquí te decimos cómo actuar (enlaces en inglés):
1. Conéctate con una asociación local de residentes o crea una
Reúne a tus vecinos, organiza reuniones y elige líderes. Estos grupos suelen ser el primer paso hacia la acción colectiva.
2. Colabora con grupos nacionales o regionales de defensa
Grupos como MHAction, ROC USA y coaliciones estatales pueden ofrecer capacitación, estrategias de organización, orientación legal y opciones de financiamiento. El Instituto de Política Pública de AARP también cuenta con investigaciones prácticas sobre viviendas prefabricadas (incluidos estudios de caso de comunidades propiedad de los residentes) que puedes usar al presentar tu argumento ante líderes locales.
3. Usa los recursos de política pública disponibles en tu estado o municipio
Averigua si tu estado cuenta con comisiones de alquiler justo, leyes de derecho de primera oferta o programas de resolución de disputas; muchos cambian cada año y requieren presión de los residentes para aprobarse. El Libro de Políticas Públicas de AARP explica el riesgo particular del modelo de vivienda prefabricada en el que se es propietario de la vivienda, pero se alquila el terreno, así como las formas de ayudar a reducir ese riesgo. Esto puede ayudar a explicar por qué es importante contar con protecciones más sólidas.
4. Cuenta tu historia
Las voces de los residentes, especialmente las de los adultos mayores con ingresos fijos, tienen mucho poder. Compartir historias con los medios locales y los funcionarios electos puede convertir la empatía en acción.
Casi la mitad de los residentes de casas prefabricadas en el país tienen más de 55 años.
Sueños de casas de doble ancho
La casa móvil nunca debió ser motivo de burla. En los años difíciles de la Depresión, fue un salvavidas: un refugio construido en fábrica sobre ruedas que permitía a los trabajadores seguir a los lugares donde había trabajo. La Segunda Guerra Mundial disparó la demanda por las nubes. Para 1945, el Gobierno federal había encargado 150,000 casas móviles para trabajadores de defensa; después de la guerra, se usaron para alojar a los veteranos que regresaban y a sus familias. Casi de la noche a la mañana, las viviendas prefabricadas pasaron de estar al margen a contar con respaldo federal y, para la década de 1950, comunidades con nombres como Paradise Cove y Shangri-La se habían convertido en peldaños legítimos en la escalera hacia una vida mejor.
Una nota sobre terminología: las viviendas prefabricadas de hoy son muy diferentes de aquellos remolques de la posguerra. El término “casa móvil” se aplica técnicamente a las viviendas construidas en fábrica antes del 15 de junio de 1976. “Vivienda prefabricada” se refiere a las casas construidas después de esa fecha: más resistentes, mejor aisladas y no diseñadas para trasladarse. La mayoría de las residencias de Meadowood son viviendas prefabricadas.
Cuando la movilidad dejó de ser aspiracional y pasó a ser permanente, la cultura también cambió. Para cuando los remolques y las viviendas prefabricadas se habían convertido en una fuente importante de vivienda para la clase trabajadora, la frase “basura de remolque” había entrado al lenguaje como un insulto contra las personas que vivían en ellos. Las juntas de zonificación prohibieron las viviendas prefabricadas en la mayoría de los vecindarios residenciales, confinándolas a parques designados y separándolas de las comunidades circundantes.
Las viviendas prefabricadas han sido una opción natural para los adultos mayores desde hace tiempo. Casi la mitad de los residentes de viviendas prefabricadas tienen más de 55 años, según investigaciones de AARP (en inglés). En Colorado, los adultos mayores de 65 años son cabeza de familia en el 28% de los hogares de viviendas prefabricadas. A nivel nacional, aproximadamente 5 millones de adultos mayores de 50 años viven en viviendas prefabricadas, más que en cualquier otra forma de vivienda asequible de alquiler o propiedad. El atractivo es práctico: las viviendas prefabricadas cuestan hasta un 50% menos por pie cuadrado que las viviendas construidas en el lugar, y ofrecen vida en un solo piso (en inglés), menos mantenimiento y vecindarios unidos donde alguien se da cuenta si no has salido en uno o dos días.
Cuando el Aviso de intención de venta llegó a Meadowood, 58 residentes (alrededor del 40%) tenían entre 55 y 69 años, y 81 (casi el 60%) tenían más de 70 años. Muchos eligieron el parque porque había médicos, supermercados y vecinos cerca. Para algunas personas que vivían allí con ingresos fijos, a menudo manejando problemas de salud, la idea de mudarse no era solo financieramente devastadora; era físicamente imposible.
“Para las personas mayores, las viviendas prefabricadas ofrecen un camino hacia un segundo sueño americano: reducir el tamaño de la vivienda y mudarse a una casa más pequeña en una comunidad de su elección”, dice Esther Sullivan, socióloga de la Universidad de Colorado en Denver que ha pasado 17 años estudiando estas comunidades. “La distribución crea entornos cohesionados y seguros que ofrecen un apoyo extraordinario para envejecer en el hogar. Y ahora eso es exactamente lo que está bajo ataque”.
Los parques siempre han cambiado de dueño. Lo nuevo es la escala y la sofisticación de las compras. En los últimos años, los inversionistas institucionales han puesto cada vez más la mira en estos lugares como activos escasos y de alta demanda: es difícil construir parques nuevos y la vivienda asequible (en inglés) escasea.
Tres de las cuatro empresas de capital privado más grandes del país ahora tienen viviendas prefabricadas en sus carteras de inversiones. La idea es comprar parques en mercados inmobiliarios donde los precios suben (los precios de las viviendas en el área de Littleton aproximadamente se han duplicado durante la última década); instalar una nueva administración; reducir gastos, como cerrar espacios comunitarios; y aumentar los alquileres de los lotes, a veces drásticamente. Havenpark Communities ha adquirido más de 80 propiedades, pero no pone su marca en sus parques ni hace pública su propiedad, razón por la cual los residentes de Meadowood y Wolhurst Lake tuvieron que armar la verdad mediante abogados, comentarios de boca en boca y búsquedas nocturnas en internet.
“No están siendo transparentes con respecto a su propiedad”, dice Jordan Ash, director de vivienda del Private Equity Stakeholder Project, una organización de vigilancia sin fines de lucro. Y los aumentos de alquiler que podrían parecer modestos en el papel pueden rápidamente afectar a los residentes cuando llegan año tras año. “Para un residente que vive con un ingreso fijo, un aumento de $200 al mes en el alquiler puede significar tener que elegir entre alimentos y medicamentos. Para las personas jubiladas sin ahorros, eso puede significar quedarse sin hogar”, dice Ash.
La comunidad de Meadowood ofrece un espacio para cultivar y socializar.
Gran parte de lo que cultivan los residentes se envasa y se comparte.
Es el tipo de cálculo que les encanta a los inversionistas inmobiliarios, y uno de ellos, Frank Rolfe, es inusualmente abierto sobre el motivo. Su empresa controla decenas de miles de lotes de viviendas prefabricadas, y él dirige un programa de capacitación con fines de lucro llamado Mobile Home University. En sus campamentos intensivos en internet, según un episodio de Last Week Tonight de John Oliver, los estudiantes pagan miles para escuchar a Rolfe explicar el atractivo con una franqueza asombrosa: comprar parques de casas móviles funciona porque “los clientes están atrapados allí. No tienen ninguna opción”.
Sullivan, la socióloga, asistió al programa presencial como parte de su investigación. “Incluso llegaron a decir: si hay una casa club, ciérrenla. Si hay una piscina, llénenla de sacos de arena”, dice, señalando que estos beneficios generan costos y responsabilidades adicionales. (Rolfe no respondió a repetidas solicitudes de entrevista).
Sandy Cook y su equipo no necesitaron un seminario para saber cómo responder a la oferta de Havenpark. Llamaron a Tim Townsend de Thistle Community Housing, una organización sin fines de lucro de Boulder, Colorado, que trabaja con residentes que intentan comprar sus parques. Thistle forma parte de ROC USA (Resident Owned Communities), una red nacional que ayuda a propietarios de viviendas a formar cooperativas y conseguir financiamiento para comprar el terreno debajo de sus casas. Juntos, Cook, la también residente Sharry DiQuinzio y Townsend fijaron el primer objetivo: lograr que tantos como fuera posible de los 92 hogares de Meadowood se comprometieran formalmente a convertirse en propietarios-residentes. Cook y DiQuinzio recorrieron el parque puerta por puerta, respondiendo preguntas, escuchando temores y explicando por qué no debían limitarse a esperar para ver qué haría Havenpark.
“Te descartan mucho cuando llegas a cierta edad”, dice DiQuinzio, de 73 años, quien se comprometió por completo desde la primera reunión. “Hemos pasado toda nuestra vida criando hijos, pagando impuestos, haciendo todo bien, y luego una corporación con un cabildero en la capital estatal puede simplemente llegar y quitárnoslo todo. Tenemos que defendernos mejor”.
Cuando contaron las manos en la biblioteca local el 24 de febrero del 2024, casi todos en el parque habían votado sí para comprar su propia propiedad antes de que lo hiciera una gran empresa.
Meadowood contraataca
Townsend, de Thistle, no era precisamente optimista. Esta era la primera comunidad de adultos mayores con la que Thistle tuvo la oportunidad de trabajar, y las cifras eran desalentadoras: 92 casas, $18 millones; eso equivale a aproximadamente $195,000 por hogar, con ingresos promedio muy por debajo de $50,000 al año. Y eso no incluía tarifas y otros costos que Townsend sabía que podrían sumar un par de millones más. No había junta directiva, reservas ni experiencia con financiamiento cooperativo, y se acercaba rápidamente una fecha límite. “Vimos el precio”, dice, “y pensamos: ‘Increíble; esto va a ser muy imposible’”.
ROC USA podría haber prestado hasta $15 millones para el precio de compra. Pero con tasas de interés comerciales estándar, los pagos mensuales de un préstamo tan grande habrían elevado tanto los alquileres de los lotes que comprar el parque habría sido casi tan castigador como perderlo. Thistle aceptaría trabajar con ROC para financiar una gran parte de la cuenta, pero solo si Meadowood podía conseguir millones de dólares de dinero externo: subvenciones, préstamos condonables, financiamiento del Gobierno con tasas sumamente reducidas. Esa sería la única manera de reducir la carga mensual a algo que 92 hogares con ingresos fijos realmente pudieran manejar.
Cook sabía que tenía que luchar por cada dólar. Hablaba por teléfono todos los días con funcionarios estatales de vivienda, comisionados del condado, fundaciones, organizaciones sin fines de lucro, cualquiera con un presupuesto para vivienda asequible y cinco minutos libres. Asistía a las reuniones del concejo municipal con sus vecinos detrás de ella. Solicitó fondos al Departamento de Asuntos Locales de Colorado (DOLA), que financia vivienda asequible con tasas de interés muy reducidas, y luego llamó cada semana durante meses al representante asignado a su caso. Guardaba un cajón lleno de regulaciones estatales, que leía, dice, “de principio a fin una docena de veces”.
Sus raíces agrícolas impulsaban a Cook incluso en los días difíciles. “A esa vaca hay que ordeñarla dos veces al día, estés enferma o no”, así lo expresaba. “Igual te levantas y lo haces”.
La ciudad de Littleton fue la primera en responder, con una subvención de $200,000 para el dinero de garantía: un depósito no reembolsable que demostró al vendedor que Meadowood hablaba en serio y consiguió una extensión crucial de la fecha límite. Poco después, Littleton y el condado de Arapahoe prometieron $75,000 para inspecciones y gastos legales. Una abogada de Denver, Hillary Ellis, aceptó llevar el caso pro bono. “Hago grandes acuerdos”, dice Ellis. “Pero este se sintió diferente. Cuando ves las caras de personas que han trabajado toda su vida para tener tranquilidad y luego alguna gran entidad intenta quitárselas, empieza a sentirse personal”.
Luego comenzaron a llegar algunos compromisos importantes. Dos prestamistas sin fines de lucro —Impact Development Fund y Colorado Housing Accelerator Initiative— comprometieron un total combinado de $7 millones en financiamiento con pago de intereses solamente. Lo que los convenció no fue la estructura de financiamiento, sino la propia Cook y la visión de una comunidad que no retrocedería. “No era un grupo de personas mayores diciendo: ‘Pobre de mí’”, dice la comisionada del condado de Arapahoe, Carrie Warren-Gully. “De hecho, tenían una solución”.
Pero todavía faltaba una pieza crucial. DOLA nunca había otorgado más de aproximadamente $2 millones para un solo acuerdo de parque de viviendas prefabricadas. Según los cálculos de Cook, Meadowood necesitaba casi el doble. Y las noticias pasaron de malas a peores. Thistle, con otros acuerdos en proceso y poco personal, no podía seguir comprometiéndose a reuniones semanales si no había un camino claro para cerrar el acuerdo. Townsend le dijo a Cook que Thistle se retiraba.
Cook no cedió. Siguió llamando. Siguió leyendo. Tuvieron un golpe de suerte cuando se enteraron de que los vendedores no habían cumplido con una norma procesal. Cook presentó numerosas quejas citando la infracción. La posible multa podría haber llegado a millones de dólares. Dos días antes de que venciera el plazo, los vendedores cedieron. Ofrecieron otra extensión de 90 días si Cook aceptaba retirar la queja y no volver a presentarla nunca. La retiró. “No puedo fracasar”, se dijo a sí misma. “Tengo a 139 personas en este parque que dependen de mí”.
Para entonces, Warren-Gully, la comisionada del condado, se había convertido en una de las aliadas más comprometidas de Meadowood, haciendo llamadas desde el nivel del condado hasta la oficina del gobernador en nombre de los residentes. Cuando un proyecto de infraestructura del condado no se concretó y dejó disponibles unos $750,000 en fondos federales sin gastar para reasignarlos, ella vio un salvavidas. “Llamé a Sandy y le dije: ‘Bueno, amiga: $750,000’”, recuerda Warren-Gully. “Cubrimos la diferencia”.
Luego llegó la pieza decisiva: DOLA aprobó un préstamo de $3.475 millones con 1% de interés a 30 años, casi el doble del récord anterior de la agencia para un solo acuerdo de vivienda prefabricada. Funcionarios de DOLA habían visitado el parque dos veces, recorrido el terreno, se habían sentado con los residentes y decidieron que Meadowood valía el esfuerzo adicional. Townsend, quien había retirado a Thistle a finales de la primavera pero volvió a participar en julio, empezó a recibir llamadas de funcionarios estatales preguntando si el acuerdo tenía posibilidades. Les dijo que sí. También habló con su equipo en Thistle y con ROC USA, que se comprometió a otorgar un préstamo de $9.5 millones.
“Para los últimos que aún dudaban”, dice Townsend, “era como decidir si ir a una fiesta después de enterarte de que los demás de verdad llevarían comida”.
“Hasta el mero final”, dice el alcalde de Littleton, Kyle Schlachter, “todavía me preguntaba cómo se iba a lograr todo. Fue realmente un esfuerzo monumental".
La noche del 16 de diciembre del 2024, los residentes de Meadowood se reunieron en una biblioteca local para su última reunión de miembros. La junta repasó las cifras. Los alquileres de los lotes se estandarizarían en $960, un aumento considerable para quienes habían estado pagando $830 o $860, pero menos de lo que Havenpark cobraba a 2 millas de distancia. Y, lo más importante, según los términos del préstamo de DOLA, los alquileres tenían que mantenerse asequibles conforme a las pautas estatales, y el parque no podía venderse durante 30 años.
Luego llegó la votación. Noventa de los 92 hogares dijeron que sí. (Las dos parejas que no votaron tenían sus propias razones. Una pareja simplemente se había olvidado de la reunión). Pasara lo que pasara después, Meadowood quedó asegurado como vivienda asequible para una generación.
Hubo lágrimas. Hubo aplausos. “Se podía sentir cómo se quitaban un peso de encima”, dice Townsend.
Propietarios de casas móviles contra Wall Street
Así les ha ido a algunas otras comunidades
Ganaron - Halifax, Massachusetts, 2017: Liderados por una viuda de unos 70 años, 700 residentes de Halifax Estates aseguraron su comunidad por $27 millones, la mayor recompra cooperativa de viviendas prefabricadas en la historia de Estados Unidos.
Perdieron - Missoula, Montana, 2025: Los residentes de Katoonah Lodges nunca tuvieron la oportunidad de organizarse. El propietario ya había firmado con un comprador con sede en Texas antes de que alguien pudiera presentar una contraoferta.
Ganaron - Mountain Home, Idaho, 2024: Los propietarios de viviendas de Hamilton Place compraron su parque por $1.13 millones, manteniendo los costos mensuales de vivienda muy por debajo de los alquileres de apartamentos cercanos mientras financiaban reparaciones.
Perdieron - Danbury, Connecticut, 2024:Los residentes de Shady Acres consiguieron financiamiento y formaron una cooperativa, hasta que las inspecciones revelaron graves problemas de eliminación de desechos que echaron a perder el acuerdo.
El 10 de enero del 2025, Cook y su junta firmaron unas 50 páginas de documentos de cierre, y Meadowood Village se convirtió en una cooperativa propiedad de los residentes. Siete prestamistas distintos reunieron más de $18 millones. Cada uno de los hogares ahora poseía 1/92 del parque: el terreno, los jardines, los senderos para caminar y, especialmente, el derecho a presumir.
“Nunca había visto a una comunidad luchar con tanta determinación”, dice Ellis, el abogado. “Fue pura perseverancia”.
Schlachter, quien buscaba la reelección el otoño pasado, bromeaba solo a medias cuando dijo: “Me alegra no estar compitiendo contra Sandy Cook”.
Cook se permitió sentirse orgullosa durante unos 15 minutos. Desde el primer día, su meta había sido sencilla: nadie perdería su hogar. Y nadie lo perdió.
¿Después de ganar? Administrarlo
Un martes por la mañana, no hace mucho, los residentes de Meadowood Village se acomodaron en el salón comunitario para la hora semanal del café. Era el mismo grupo que, dos años antes, se había reunido para escuchar algo que se sentía como el fin de todo.
Ahora las paredes tenían pancartas que decían “¡Lo logramos!” y “¡Somos dueños!”. Una vecina llevó galletas snickerdoodle. Otro se puso de pie y contó un chiste que hizo reír a todo el salón. Hubo anuncios sobre las cartas de los miércoles y el bingo de los viernes. Luego, cuando 70 residentes votaron sobre si repavimentar las calles del parque, 68 dijeron que sí, y el trabajo se haría sin subir ni un dólar la cuota mensual del lote.
Mientras tanto, el invierno pasado, los residentes de Wolhurst Lake recibieron un nuevo contrato de arrendamiento de Havenpark que dejó atónitos a muchos de ellos. Una extensa lista de razas de perros prohibidas. Una cláusula que permite al arrendador reducir o ampliar los límites del lote de un residente en cualquier momento, sin ajuste alguno al alquiler. Y, escondida en el texto que regula las instalaciones comunes, había una cláusula que se reservaba el derecho de eliminar cualquiera de ellas —la casa club, los terrenos, cualquier servicio— sin aviso ni responsabilidad.
Es un patrón que se está dando en parques de todo el país, y como respuesta está tomando forma lentamente un conjunto desigual de protecciones. El estado de Washington ahora limita los aumentos anuales del alquiler de espacios para residentes de viviendas prefabricadas al 5%. Oregón redujo recientemente su aumento anual máximo al 6% a partir del 2026 para parques con más de 30 espacios, y al 9.5% para aquellos con menos de 30. Varios pueblos de Maine han adoptado moratorias sobre los aumentos del alquiler de lotes.
A nivel federal, una propuesta de Carta de Derechos de Inquilinos de Viviendas Prefabricadas vincularía el financiamiento respaldado por el Gobierno federal a protecciones de arrendamiento: avisos más claros sobre cargos nuevos, límites a las terminaciones arbitrarias y el derecho a vender una vivienda en su lugar, sin tener que sacarla primero del parque.
“El modelo de cooperativa propiedad de los residentes es una herramienta eficaz”, dice Shannon Guzman, experta en políticas de vivienda de AARP. “Puede eliminar el riesgo de cierre de la comunidad, estabilizar las cuotas de los lotes y darles a los residentes un control real, no solo sobre sus propias viviendas, sino también sobre el terreno debajo de ellas”. Una pieza clave de política es el aviso, dice ella. “Los propietarios necesitan tiempo antes de una venta para organizarse y conseguir financiamiento. Sin esa oportunidad, el terreno podría desaparecer antes de que alguien pueda actuar”.
La audacia también ayuda. Meadowood sobrevivió, en gran parte, porque la comunidad para personas de 55 años o más se negó a rendirse sin luchar, y Cook está decidida a asegurarse de que conserven su recompensa tan duramente ganada. La mayoría de las mañanas está en su escritorio de la pequeña oficina principal de Meadowood. Después de todo, ella y su comunidad compraron un parque; ahora tienen que administrarlo. Hay luces en las calles que mantener, agua que analizar cada mes conforme a una nueva ley estatal, árboles que podar, alcantarillas que limpiar y un techo que un inspector señaló para reemplazarlo en un plazo de tres años.
Aun así, mantiene las cosas en perspectiva. Después de todo, es la excamionera que acaba de dirigir una campaña de financiamiento de un año mientras aún estaba agotada por el tratamiento de radiación. Está orgullosa de quién es.
“Hice un compromiso”, dice, con la voz quebrándose solo por un momento. “Di mi palabra y pensaba cumplirla pasara lo que pasara". Luego se queda quieta. “Lo que me ha asombrado”, dice, “es lo que hicimos. Somos un montón de viejos. Y lo logramos”.
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