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5 cosas que debes saber antes de tomar algún suplemento

Desde revisar la etiqueta hasta hablar con tu médico o farmacéutico, aquí tienes consejos de expertos sobre los pasos que debes seguir antes de buscar suplementos.


La mano de una persona sostiene un frasco blanco de vitaminas y señala con el dedo la etiqueta de información nutricional.
Alamy Stock Photo

El pasillo de suplementos nunca ha estado tan lleno, ni tan confuso. Ya quedaron atrás los días en que las vitaminas masticables de Flintstones y las vitaminas diarias para adultos eran las únicas opciones. Hoy en día, hay hasta 100,000 productos de suplementos diferentes en el mercado, y casi 3 de cada 4 adultos de 60 años o más los toman.

Pero, a diferencia de los medicamentos recetados y de venta libre, los suplementos no requieren aprobación federal de seguridad ni eficacia antes de llegar a los estantes de las tiendas. Y como cualquier medicamento, pueden causar efectos secundarios e interactuar con otros.

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Con eso en mente, compartimos unos pasos sencillos para ayudarte a decidir si deberías tomar un suplemento y cómo elegir con cuidado.

1. Quizás no lo necesitas

Antes de comprar un suplemento, el paso más importante es determinar si tu cuerpo lo necesita.

El Dr. Pieter Cohen, internista y líder del Programa de Investigación de Suplementos de Cambridge Health Alliance, lo dice claramente: “A menos que tengas un problema de salud que requiera un suplemento, no necesitas tomar uno”. Sin embargo, la mayoría de sus pacientes nunca preguntan si lo necesitan.

“La gran mayoría de mis pacientes no me preguntan”, dice. “Como todos los demás, van a la tienda, ven algo que quieren y empiezan a tomarlo”.

Y es una idea equivocada bastante común pensar que envejecer, por sí solo, significa que necesitas más suplementos, dice Alice Lichtenstein, profesora de Ciencia y Políticas de Nutrición en la Facultad de Nutrición Friedman de la Universidad de Tufts. “Los requerimientos de nutrientes no necesariamente cambian a medida que envejecemos”, dice. Algunos sí, señala: ciertos adultos mayores pierden ácido estomacal y realmente necesitan suplementación con la vitamina B-12. Pero no es cierto para todos.

Una decisión saludable se basa en una medida objetiva, casi siempre un simple análisis de sangre, agrega Lichtenstein. “Eso es lo que te puede decir tu proveedor de cuidados de salud”, dice.

Alrededor del 75% de los adultos en Estados Unidos toman un suplemento dietético a diario, pero menos de la mitad se lo dicen a sus médicos, dice Emily Rose Britton, gerente sénior de USP, una organización independiente sin fines de lucro que establece estándares de calidad para los suplementos. “Que no te dé verguenza. No hay que tenerle miedo a ser juzgado. Se recomienda compartir tu uso de suplementos con tus proveedores de cuidados de salud”.

2. Los suplementos no sustituyen la comida

Si tu alimentación no es muy buena y piensas que un suplemento puede compensarlo, no tan rápido.

“No se deben ver los suplementos vitamínicos como un sustituto de mantener un patrón de alimentación saludable”, dice Lichtenstein. Ella señala que los alimentos integrales contienen compuestos, especialmente en las plantas, que la ciencia todavía no entiende por completo. Estos compuestos trabajan juntos de maneras que una pastilla de un solo ingrediente no puede duplicar.

“Se asume que si consumes alimentos, estás obteniendo los compuestos”, dice. “Si consumes un suplemento nutricional, no es así”, dice.

Chad Worz, farmacéutico geriatra certificado, está de acuerdo en que ningún suplemento puede compensar una mala alimentación constante. “No es una solución para todo”, dice.

Lichtenstein lo expresa de una manera memorable: “No deberíamos pensar en los suplementos dietéticos como un pase libre para descuidar nuestra alimentación".

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3. Más no significa mejor

Saber que necesitas un suplemento es solo parte de la ecuación. La cantidad que tomas importa igual de mucho.

“Si obtienes el 100% de toda la vitamina A que necesitas, te aseguro que el 200% no va a ser mejor para ti y, durante un período muy largo, podría perjudicarte”, dice Lichtenstein. Ella advierte que los suplementos pueden llevar los niveles a una zona de riesgo, especialmente cuando una dieta equilibrada ya cubre gran parte de la necesidad.

Worz explica por qué algunas vitaminas son más riesgosas que otras. “Las vitaminas A, D, E y K son vitaminas solubles en grasa y se acumulan [en el cuerpo]”, dice. “Esa es parte de la razón por la que esas vitaminas en particular pueden causar niveles altos o problemas potenciales: porque permanecen en tu cuerpo mucho más tiempo”.

Las vitaminas solubles en agua, como la C, dan un poco más de margen. “Tu orina podría ponerse naranja porque estás tomando demasiada vitamina C”, dice Worz. “Esa es la manera en que el cuerpo te dice: ‘Ya tengo suficiente’”.

La vitamina D es un ejemplo en el que más no necesariamente es mejor. Aproximadamente el 37% de los adultos mayores de 60 años en EE.UU. la toman, a menudo para la salud ósea, pero ensayos amplios no encontraron un beneficio claro para prevenir fracturas, y algunos regímenes de dosis más altas se relacionaron con más caídas o menor densidad ósea.

Una revisión práctica: mira el valor diario en la etiqueta de tu suplemento. Si dice 100% de una vitamina en particular, esa es la cantidad completa recomendada en un solo día. Si dice 200% o 300%, eso es una señal de alerta, no un beneficio extra.

Lichtenstein dice que empieces con tu proveedor de cuidados de salud. Esa persona puede decirte si estás dentro del rango normal y si el siguiente paso es un suplemento o unos cuantos cambios en tu dieta.

4. Lo que está en la etiqueta no siempre es lo que está en el frasco

No se exige ninguna prueba de la calidad, pureza o consistencia de un suplemento antes de que llegue a los estantes de las tiendas.

La investigación de Cohen confirma las consecuencias. “Estudio tras estudio, incluidos muchos de los nuestros, han demostrado que lo que está en la etiqueta no es lo que realmente está en los productos”, dice.

La solución: busca la marca USP Verified o la certificación de NSF en la etiqueta. En el caso específico de USP, Britton dice que el sello significa que “lo que está en la etiqueta es lo que está en el frasco” y que USP ha revisado todo el proceso de fabricación. Pero con hasta 100,000 productos de suplementos diferentes en el mercado, menos del 1% llevan la marca USP Verified.

Cohen recomienda visitar el sitio web de USP (usp.org) o el sitio web de NSF (nsf.org) para encontrar marcas certificadas del ingrediente específico que necesitas. También aconseja quedarte con suplementos de un solo ingrediente en vez de mezclas patentadas.

Si la evidencia es limitada o inexistente para un ingrediente, lo es aún más para una mezcla personalizada de varios de ellos. El consejo de Cohen es simple: “Solo compra suplementos que indiquen en el frasco el ingrediente que estás buscando”.

Y sé escéptico con lo que está impreso en el envase. Cohen advierte que los fabricantes pueden afirmar que un suplemento es bueno para tu hígado, fortalece el sistema inmunitario o ayuda con la memoria, “pero no tienen que tener ninguna evidencia de ensayos clínicos en humanos que respalde lo que están diciendo”.

Britton está de acuerdo: “Si la afirmación de un producto suena demasiado buena para ser verdad, probablemente no sea verdad”.

5. Tu médico o farmacéutico debería opinar 

“Solo porque puedes comprarlo sin receta no significa que sea inherentemente seguro”, dice Worz, “particularmente si tomas otros medicamentos y a medida que envejeces”.

Una razón: la función renal disminuye gradualmente con la edad, lo que significa que tu cuerpo elimina tanto los suplementos como los medicamentos más lentamente, y eso aumenta el riesgo cuando los dos chocan.

Cohen explica que los suplementos pueden cambiar la cantidad de medicamento que realmente llega a tu torrente sanguíneo, ya sea aumentando el efecto de un fármaco o bloqueando su absorción.

“Quizás el suplemento más engañoso sea la vitamina E”, dice Worz. “La gente piensa: Es vitamina E; es buena para mí. Pero en dosis más altas, puede tener un efecto anticoagulante importante”. Para alguien que toma anticoagulantes como Eliquis, Xarelto o warfarina, eso podría diluir peligrosamente la sangre.

La hierba de San Juan hace lo contrario. A menudo se toma para el estado de ánimo y la depresión, este suplemento acelera el metabolismo de los anticoagulantes y reduce su eficacia.

Un suplemento hace que un anticoagulante sea demasiado fuerte. Otro hace que sea demasiado débil. Eso no es algo que puedas adivinar por tu cuenta.

“Todo esto es un buen recordatorio de llevarle tus suplementos a tu médico y preguntar: ‘¿Es seguro para mí tomar esto?’”, dice Cohen. Tu farmacéutico también puede responder preguntas sobre las interacciones entre suplementos y medicamentos.

La idea es esta: diles a tu médico y a tu farmacéutico sobre cada suplemento que tomas. Lleva cada frasco, cada gomita, cada polvo a tu próxima cita con el médico o visita a la farmacia. “No he conocido a ningún farmacéutico que no quiera hablar con la gente sobre las preguntas que tienen, especialmente con respecto a los medicamentos”, dice Worz. “Van a sacar tiempo si tienes preguntas”.

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