Mi mamá necesita ayuda con el cuidado, pero no quiere aceptar ninguna. Me está estresando muchísimo

Consejos de expertos para reducir el conflicto y fomentar decisiones más seguras.

Ilustración de una hija lanzando piezas que faltan en el cuerpo incompleto de su madre para hacerla completa
Vidhya Nagarajan

Puntos principales

  • Generar confianza y respetar la perspectiva de un padre o madre que envejece puede ser más efectivo que insistirles una y otra vez en que acepten ayuda.
  • Busca oportunidades naturales para hablar sobre los desafíos; esto puede ayudar a los adultos mayores a considerar cambios sin sentirse presionados.
  • Ofrecer opciones y apoyo puede ayudar a preservar la independencia y la dignidad a medida que surgen nuevas limitaciones.

Los editores les pidieron a los participantes en el Grupo de conversación para cuidadores familiares, de AARP (en inglés), y a otros cuidadores que enviaran preguntas urgentes que les gustaría que el terapeuta familiar y psicólogo clínico Barry Jacobs abordara en esta columna (en inglés). Jacobs abordó este tema tan polémico.

Pregunta: Mi madre no acepta ayuda de cuidado, aunque la necesita muchísimo, incluso para el observador más casual. No me deja acompañarla a sus citas médicas (estoy empezando a sospechar que está ocultando un posible diagnóstico de demencia temprana), se niega a cualquier conversación sobre planear lo que viene después a medida que envejece, y no me deja hacer ni la más pequeña actualización en su casa para que sea más segura y cómoda para envejecer en ella. Esto les está causando mucho estrés a mis hermanos y a mí, porque tenemos que quedarnos de brazos cruzados viendo cómo las cosas empeoran. ¿Qué podemos hacer?

—C.W., Chicago, IL

(Esta carta fue editada por longitud y claridad).

Jacobs: Lo que describes es la pesadilla de todo hijo adulto: tu mamá está decayendo poco a poco. Puede que ya no tenga las capacidades de pensamiento para darse cuenta. Tus esfuerzos por protegerla son rechazados una y otra vez. Si la presionas, puede aferrarse más a su postura o alejarse de ti y de tus hermanos. Si te haces a un lado y le permites hacer lo que quiera, puedes sentirte irresponsable y culpable si tiene una caída grave, sufre un accidente de automóvil o es engañada por un estafador.

Lo que describes también puede ser la pesadilla de todo padre que envejece: sus hijos dudan de ella. Puede que no la entiendan lo suficiente como para apreciar lo que todavía puede hacer. Sus esfuerzos por protegerla se sienten continuamente agobiantes. Si ella trata de mantenerlos a raya, puede que ellos presionen más para tomar control de su vida. Si se hace a un lado y les permite hacer lo que quieran, puede sentir que ha perdido su independencia y, con ella, su dignidad y autoestima.

Estos dos puntos de vista difícilmente se pueden reconciliar. Puede que tú tengas razón, puede que tu madre tenga razón o puede que la verdad esté en algún punto intermedio. Haría falta una evaluación integral de su funcionamiento físico, sensorial y cognitivo general por parte de un geriatra, un fisioterapeuta o un terapeuta ocupacional para darles a ustedes y a ella una valoración más objetiva, pero es dudoso que tu madre siquiera considere someterse a eso.

Para los fines de esta columna, supongamos que tú y esos observadores casuales tienen el 100% de razón y que tu mamá está en total denegación de que necesita ayuda. Entonces hay tres posibles caminos a seguir:

  1. Podrías seguir tratando de convencerla de que aceptar algo de ayuda es esencial para su bienestar. Por desgracia, parece que no va a ceder ni un poco por miedo a que tú te tomes demasiado. Si su necesidad de mantener el control la ha llevado a rechazar todas tus sugerencias razonables hasta ahora, entonces es poco probable que de repente vaya a empezar a darte la razón.
  2. Podrías hacer lo que hacen muchos hijos adultos en tu situación: adoptar una postura de “espera vigilante”, en la que te haces a un lado y esperas que ocurra algo malo, como una caída o un accidente de automóvil, que deje en evidencia para todos —tu madre incluida— que ya no es tan capaz como antes. Entonces tú y tus hermanos tendrían una oportunidad para intervenir rápidamente e implementar los cambios a los que tu madre se ha estado resistiendo. El problema aquí, obviamente, es que “algo malo” podría ser muy malo, incluso catastrófico. No quieres ver que ella ni nadie más salga lastimado.
  3. Este camino es el más difícil: podrías generar una mayor confianza con ella y ayudarla a llegar a la conclusión de que sería más prudente tomar algunas precauciones. Esto solo funcionará si tu mamá tiene la capacidad cognitiva para tomar sus propias decisiones razonables.

Como tu madre ya está a la defensiva, el tercer camino va a requerir muchísima compasión, paciencia y diplomacia creativa de tu parte, y aun así puede que no sea suficiente para asegurarle que eres una aliada en quien puede confiar. Aun así, en mi opinión, esta es tu opción más prometedora para salir del estancamiento actual. Aquí tienes algunas ideas para convertirte en su compañera y ayudarla a envejecer en su hogar:

Acepta a tu madre tal y como es

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Esto es lo que puedes hacer para ayudar:

Básicamente, esto se reduce a mostrar respeto por su perspectiva en lugar de tratar de convencerla de la tuya. Halágala por cualquier señal de las fortalezas que todavía conserva —como una comida bien hecha o una apariencia bien arreglada— en lugar de confrontarla con sus deficiencias cada vez mayores. Fomenta su independencia, no su dependencia de ti ni de otros. En otras palabras, haz todo lo que puedas para demostrarle que entiendes y apoyas el estilo de vida y el sentido de identidad que ella está intentando preservar con tanto esfuerzo.

¿Eso significa que estás respaldando lo que puede parecer sus falsas ilusiones? No, igual puedes creer firmemente que necesita mucha ayuda. Sin embargo, repetírselo en cada oportunidad no es una forma efectiva de conectar con ella. Al contrario, hace que parezcas insistente y lleva a una mayor distancia emocional entre ustedes dos.

¿Este enfoque te parece condescendiente, deshonesto o dañino? Piénsalo como una táctica para fortalecer tu relación con ella. La esperanza, entonces, es que sea más probable que comparta contigo los detalles de su vida diaria y que, con el tiempo, te permita más margen para expresar cualquier preocupación que tengas.

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Busca oportunidades para hablar sobre los desafíos

Preservar un estilo de vida y una identidad requiere mantenimiento. Eso es especialmente cierto para los adultos mayores que van en descenso, perdiendo poco a poco fuerza, equilibrio y rapidez de pensamiento. Busca maneras de hablar con ella sobre ese esfuerzo de preservación y sobre los desafíos que normalmente enfrenta.

Por ejemplo, si tu madre menciona que le duele la rodilla cuando sube escaleras, no te lances sobre eso como una oportunidad para decirle que se mude de su casa. En cambio, expresa empatía por cómo se siente y pregúntate en voz alta junto con ella qué podría aliviarle el dolor. ¿Debería tomar ibuprofeno, usar una venda Ace o ponerse hielo en la rodilla? ¿Debería sacar una cita con su médico? ¿No sería genial si tuviera algún tipo de aparato que pudiera llevarla de un piso a otro, como una silla elevadora?

No le estás diciendo qué hacer; estás pensando con ella en posibles soluciones para ayudarla a vivir como quiere: sin dolor en su casa. Eso no es ser crítica ni tratar de tomar el control; es ser un apoyo. Mientras tanto, tu madre estará evaluando si hacer cambios, incluso temporales, para poder sentirse mejor. Algunos de esos cambios pueden implicar aceptar ayuda, como consejo médico o modificaciones en el hogar. Considera eso un avance para alguien que por lo demás se ha resistido a la ayuda.

Aquí va otro ejemplo: digamos que una de tus familiares tiene un derrame cerebral, lo que la obliga a mudarse de su casa. Aunque esto no es un desafío directo para tu madre, sí le presenta un escenario hipotético para reflexionar. Dile a tu mamá que esperas que nunca le pase algo así, pero también pregúntale qué cree que haría si eso ocurriera. ¿Aceptaría mudarse o pelearía por quedarse? ¿Contrataría asistentes para que estuvieran con ella? ¿O tal vez permitiría que uno o más de sus hijos vivieran con ella? De nuevo, estás planteando preguntas para ayudarla a considerar hacer los cambios necesarios. Ese es el primer paso para volverse más adaptable.

La dura realidad y las opciones disponibles

Lo que he descrito es un proceso lento. Tú o sus médicos (preferiblemente sus médicos —deja que ellos hagan de malos—) quizá necesiten ayudarla a enfrentar la dura realidad de perder parte de su independencia. Esto debe hacerse con toda la empatía y sensibilidad posibles para ayudar a tu madre a procesar el duelo por estas pérdidas en lugar de convertir ese duelo en enojo hacia ti.

También es buena idea ofrecerle tantas opciones como sea posible sobre lo que va a pasar. Por ejemplo, deja que escoja a los asistentes de cuidado personal que quizá tenga que tolerar. Si ya no puede conducir, deja que decida qué transporte alternativo (voluntarios de la iglesia, servicios de viajes compartidos) tendrá que aprender a usar. Sé la hija comprensiva que sigue tratando de ayudarla a preservar la persona autosuficiente que ha sido, incluso mientras la alcanza un cambio no deseado y temido.

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