Cómo encontrar maneras más saludables de sobrellevar el cuidado familiar

Reconoce cuándo los hábitos para aliviar el estrés dejan de ayudar y encuentra nuevas maneras de sobrellevarlo.

Ilustración de una cara de una mujer sumida en un espiral con iconos de vino, copas, donas y tarjetas de crédito.
Chris Gash

 Puntos principales

  • El estrés del cuidador puede llevar a hábitos para sobrellevar la situación que brindan alivio inmediato, pero que poco a poco se vuelven excesivos, crean nuevos problemas y aumentan la carga del cuidador.
  • Reconocer cómo los hábitos para sobrellevar la situación afectan el bienestar puede ayudar a los cuidadores a identificar estrategias que brindan apoyo y alivio duraderos.
  • Identifica las señales de advertencia, como el secretismo, la pérdida de control, el aumento en la frecuencia o la interferencia con la vida diaria, que indican que un hábito para sobrellevar la situación podría ser dañino.

El estrés y el agotamiento del cuidador pueden manifestarse de maneras inesperadas. A veces, pueden llevar a estrategias saludables para sobrellevar la situación, como hacer ejercicio, pasar tiempo con amigos o salir al aire libre. Pero para muchos cuidadores, la presión de brindar cuidados puede alimentar hábitos que empiezan poco a poco y gradualmente se vuelven excesivos: una copa extra de vino por la noche, recurrir a un postre favorito o a comida reconfortante, trabajar más horas para escapar de las exigencias del cuidado o recurrir cada vez más a las compras, los cigarrillos, la marihuana o algún otro hábito en búsqueda de alivio.

Lo que empieza como un gusto ocasional puede convertirse silenciosamente en un patrón, agregando otra capa de preocupación a una vida que ya es estresante. Ese riesgo es especialmente significativo dado que casi dos tercios de los cuidadores reportan estrés emocional moderado o alto, según un informe (en inglés) conjunto de AARP y la National Alliance for Caregiving.

“Brindar cuidados es el epítome del estrés. Los cuidadores a menudo se dan cuenta de que no están sobrellevando bien la situación, pero tal vez no sienten que tienen la energía para descubrir mecanismos productivos para sobrellevarla y, en cambio, recurren a beber o comer en exceso porque eso satisface su tensión inmediata”, dice la psicóloga Deborah Derrickson Kossmann, autora de Lost Found Kept (en inglés) .

Para el exgobernador de Wisconsin Marty Schreiber, las exigencias de brindar cuidados poco a poco lo llevaron a depender de dos o tres martinis cada noche, mientras su esposa, Elaine, perdía su independencia debido a la enfermedad de Alzheimer. Schreiber, de 87 años, autor de las aclamadas memorias My Two Elaines (en inglés) , que narra la historia de amor de la pareja desde la escuela secundaria hasta la mansión del gobernador y, finalmente, hasta la comunidad de cuidados de la memoria en Milwaukee donde Elaine murió en el 2022, recurrió al alcohol para escapar de la tensión emocional de brindar cuidados a diario.  

A menudo bebía solo después de que Elaine se acostaba, y describía la insensibilidad emocional como una manera de olvidarse temporalmente de la realidad de su enfermedad. Pero el alivio tuvo un costo. El alcohol alteraba su sueño, haciéndolo sentir peor y más irritable a la mañana siguiente, y menos capaz de sobrellevar los desafíos de brindar cuidados. Eso alimentaba el deseo de beber otra vez, creando lo que él describió como un círculo vicioso de alcohol, mal sueño, culpa y frustración. “Con mi forma de beber, estaba perjudicando mi capacidad de ser útil para la persona que amaba”, admite Schreiber.

Sus cuatro hijos finalmente organizaron una intervención y le advirtieron que, si no cambiaba, podría morir antes que su mamá. La conversación fue una llamada de atención. Comenzó sesiones de terapia que lo ayudaron a dejar de beber, y siguió trabajando con un consejero profesional durante varios años. La experiencia lo ayudó a entender que pedir ayuda no era una señal de rendirse, sino un acto de valentía. También llegó a darse cuenta de cuánto dependía Elaine de él: “Los cuidadores son el salvavidas de nuestro ser querido, y tenemos que mantener fuerte ese salvavidas”.

Marty Schreiber, autor de My Two Elaine, junto a su esposa
Marty Schreiber, autor de My Two Elaines, afirma: "Los cuidadores son el salvavidas de nuestros seres queridos, y debemos mantener fuerte ese vínculo vital".
Cortesía de Marty Schreiber

 Rodéate de apoyo

Susanne White comenzó su experiencia como cuidadora estando sobria, pero cuidar a su madre, Claire, quien tenía la enfermedad de Alzheimer, puso a prueba la sobriedad de White de maneras que no había anticipado. White, fundadora de Caregiver Warrior y autora de Self-Care for Caregivers (en inglés) , entendía que, como persona en recuperación con tendencia a automedicarse, brindar cuidados podía ponerla en una posición particularmente vulnerable. El agotamiento, el desgaste emocional, el estrés, el duelo y el deseo de arreglar las cosas para un ser querido creaban la tentación de buscar alivio inmediato. Reconoce que estuvo cerca de recaer durante su experiencia como cuidadora y que, a veces, luchó contra el impulso de usar alcohol u otros comportamientos para adormecer las emociones difíciles.

White aprendió que la clave para mantenerse sobria era reconocer las señales de advertencia antes de que se volvieran abrumadoras. Regularmente se hacía cuatro preguntas: si tenía hambre, estaba enojada, se sentía sola o estaba cansada. Usaba esas evaluaciones para determinar lo que realmente necesitaba. Si estaba agotada, tomaba un descanso; si se sentía sola, contactaba a una amiga; si estaba abrumada, bajaba el ritmo, respiraba y hablaba con alguien en vez de tratar de anestesiar sus sentimientos. “La autoconciencia fue lo que me salvó”, dice.

Igualmente importante fue crear una red de apoyo. White se rodeó deliberadamente de personas que entendían el cuidado y podían apoyarla sin tratar de arreglarla. Buscó grupos de apoyo para cuidadores, se conectó con otros cuidadores a través de la Alzheimer’s Association e incluso entabló conversaciones con desconocidos mientras esperaba en las filas de la farmacia.

También encontró un refugio inesperado al montar a caballo. Mientras cuidaba a sus padres en el sur de Nueva Jersey, reservaba 90 minutos cada domingo para montar en un establo cercano. Las mujeres con quienes montaba también eran cuidadoras, y descubrió que el tiempo que pasaban riendo, llorando y simplemente estando juntas le daba un respiro muy necesario. Las llamaba las “vaqueras cuidadoras”.

 Los hábitos al brindar cuidados pueden cambiar según las circunstancias

Para algunos cuidadores, los mecanismos para sobrellevar la situación terminan cuando también termina su papel de cuidador. Ese fue el caso de Denise Brown, de 63 años, quien se obsesionó con los chocolates rellenos de mantequilla de maní de Trader Joe's mientras cuidaba a sus padres, Roger y Sally Loeffler. Su madre tenía la enfermedad de Parkinson y murió en el 2022, mientras que su padre luchó contra el cáncer de vejiga y de piel, y falleció al año siguiente.

Como muchos cuidadores, Brown, fundadora y directora ejecutiva de Caregiving Years Training Academy (en inglés), se encontró buscando maneras de manejar su estrés constante. Su recurso habitual para sobrellevar la situación eran los chocolates rellenos de mantequilla de maní, de los cuales a veces tenía tres o cuatro paquetes en casa, y esto hizo que aumentara más de 30 libras durante varios años.

Pero Brown no se castigó por eso. “Creo que los cuidadores tienden a juzgarse duramente”, dice. En cambio, evaluó su comportamiento con compasión, reconociendo que brindar cuidados era exigente y que estaba haciendo lo mejor que podía para sobrellevar la situación y sobrevivir.

Cuando el trabajo se convierte en una vía de escape

Para Natalie Elliott Handy, el trabajo se convirtió en su manera de lidiar con las exigencias emocionales de cuidar a su esposo, Jason, después de que le diagnosticaron cáncer de cabeza y cuello en el 2022. En ese momento, Handy también estaba asumiendo el cargo de directora ejecutiva de Intercept Health, una gran organización de salud conductual.

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Esto es lo que puedes hacer para ayudar:

Handy dice que al principio respondió a la enfermedad de Jason redoblando sus esfuerzos en lo que mejor sabía hacer: trabajar. Siguió trabajando de 60 a 70 horas a la semana, a menudo los siete días de la semana, mientras coordinaba el tratamiento contra el cáncer de Jason. Cuando él recibía tratamientos de radiación a las 7 a.m., ella programaba su trabajo alrededor de sus citas. Cuando él recibía infusiones en la ciudad de Nueva York, ella trabajaba desde su apartamento cercano.

Handy dice que también reconoció un patrón en sí misma que había existido mucho antes de que Jason se enfermara: su obsesión con el perfeccionismo. El problema se hizo más evidente después de que Jason terminó el tratamiento y la pareja regresó a casa en Virginia. Por primera vez en meses, Handy no estaba corriendo constantemente entre citas médicas, reuniones de trabajo y responsabilidades como cuidadora. En lugar de sentirse aliviada, se sentía enojada, desconectada e incapaz de concentrarse. Le costaba trabajo saber qué hacer consigo misma.

“Había estado en una especie de euforia”, dice. “Estaba en un estado constante de actividad y, de repente, todo quedó mortalmente silencioso”. Fue entonces cuando Handy comenzó a reconocerse como cuidadora y a entender cuánto le había quitado la experiencia.

Con el tiempo, Handy reevaluó sus prioridades. Dejó Intercept Health y comenzó a enfocar más de su energía en la defensa de los cuidadores, incluido el lanzamiento de un pódcast y, más tarde, la cofundación de CareForward (en inglés), que conecta a quienes necesitan ayuda con miembros de la comunidad que donan tiempo, talento o recursos. Todavía trabaja muchas horas y está profundamente comprometida con su carrera, pero dice que el trabajo ya no es su prioridad. “El cáncer de Jason me curó”, dice. “Reorganicé las prioridades de mi vida”.

 Señales de que los hábitos para afrontar la situación pueden ser dañinos

La autoconciencia es clave para reconocer cómo los hábitos para afrontar la situación afectan la vida de un cuidador, dice Kossmann. Un comportamiento para afrontar la situación no necesariamente se vuelve problemático solo porque alguien lo haga con frecuencia. Ella explica: “La pregunta más importante es qué propósito cumple el comportamiento y qué sucede cuando la persona intenta alejarse de él”.

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Kossmann recomienda estar atento a estas señales de advertencia:

 Secretismo. Si un cuidador comienza a ocultar cuánto bebe, come, compra o practica otro comportamiento para afrontar la situación, podría valer la pena examinarlo más de cerca. Sentirse avergonzado o apenado por el comportamiento puede ser otra señal de alerta, dice Kossmann.

 Interferencia con la vida diaria. Otra pista es cuando el comportamiento para afrontar la situación comienza a interferir con la salud o las rutinas; por ejemplo, al alterar el sueño, afectar la salud física, dañar las relaciones o dificultar el cumplimiento de las responsabilidades.

 Pérdida de control. Una estrategia para afrontar la situación puede volverse problemática cuando a una persona le resulta cada vez más difícil reducirla, detenerla o elegir una respuesta diferente, incluso cuando reconoce que el comportamiento está causando problemas. Por ejemplo, alguien podría decirse que tomará una bebida para relajarse, pero terminar habitualmente tomando varias, o planear trabajar una hora después de cenar y descubrir que sigue trabajando hasta altas horas de la noche.

 Frecuencia e intensidad. Tomar una bebida adicional después de un día especialmente difícil o recurrir ocasionalmente a la comida reconfortante no necesariamente significa que una estrategia para afrontar la situación se haya vuelto problemática. Pero si alguien toma varias bebidas todas las noches, se da atracones regularmente, trabaja de forma compulsiva o se aleja cada vez más de sus amistades y actividades, el comportamiento podría indicar que el cuidador está abrumado y necesita más apoyo.

En última instancia, dice Kossmann, los cuidadores no tienen que esperar hasta que un comportamiento se convierta en una adicción o cause una crisis importante antes de abordarlo. “El objetivo no es eliminar todos los hábitos para afrontar la situación”, dice. “Es reconocer cuándo un hábito deja de ayudarte a afrontar la situación y comienza a convertirse en otro problema que tienes que manejar”.

 Estrategias para afrontar la situación que pueden ayudar

El cuidado puede llevar a las personas hacia hábitos que ofrecen alivio inmediato, pero hacen poco por reducir el estrés a largo plazo. Los expertos dicen que el objetivo no es juzgar esas respuestas, sino tomar más conciencia de ellas y reemplazarlas gradualmente por actividades que restauren la energía, reduzcan el estrés y apoyen el bienestar general.

“Vive a través de tus sentidos, ya sea escuchando música, disfrutando un aroma favorito o sintiendo el césped bajo tus pies”, dice Cheryl Field, autora de Prepared! A Healthcare Guide for Aging Adults (en inglés).

Field y Kossmann recomiendan varias estrategias, entre ellas:

  • Pide apoyo. Comunícate con familiares, amistades o profesionales antes de que el estrés se vuelva abrumador.
  • Elige actividades que te restauren. Busca maneras de manejar el estrés que te dejen sintiéndote más tranquilo, renovado o centrado, en lugar de simplemente proporcionarte una vía de escape temporal.
  • Muévete. Camina, estírate, baila, haz jardinería o encuentra otra forma de actividad física que ayude a liberar la tensión y cambiar tu enfoque.
  • Activa tus sentidos. Escucha música, pasa tiempo al aire libre o encuentra otras pequeñas maneras de reconectarte con tu entorno.
  • Mantente conectado. Habla con amistades o familiares, únete a un grupo de apoyo para cuidadores o simplemente pasa tiempo con alguien que te ayude a sentirte comprendido.
  • Toma descansos significativos. Aléjate de las responsabilidades de cuidado cuando sea posible, ya sea para disfrutar unos minutos de tranquilidad, una actividad favorita o un período más largo de descanso.​
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