Centro de recursos
Puntos principales
- Siete de cada diez cuidadores familiares forman parte de la fuerza laboral, destacando las demandas duales que muchos enfrentan al equilibrar el empleo con las responsabilidades del cuidado no remunerado.
- Los cuidadores que trabajan deben revisar proactivamente los beneficios laborales, incluidos los programas federales y estatales, para entender sus opciones antes de que ocurra una crisis.
- Antes de hablar con tu supervisor, ten en claro tus necesidades como cuidador e identifica posibles soluciones. Si no recibes apoyo de tu jefe, considera hablar con el departamento de recursos humanos o con niveles más altos de autoridad para explorar otras opciones.
Cuando Zack Demopoulos estaba lidiando con un exigente trabajo de alto nivel en recursos humanos en la gigante farmacéutica Pfizer y las crecientes necesidades de salud de su papá, no le contó de inmediato a nadie en el trabajo lo que estaba pasando en su vida personal. Eventualmente, el estrés de ser cuidador comenzó a notarse. El desgaste emocional y los viajes frecuentes para ver a sus padres y ayudar a su papá en Carolina del Norte empezaron a afectar su horario de trabajo. Su jefe empezó a hacer preguntas sobre sus ausencias.
Cuando Demopoulos, de 64 años, finalmente explicó que estaba ayudando a cuidar a su papá, la reacción no fue la que esperaba. En lugar de empatía, recuerda haber recibido una respuesta brusca de su jefe: "¿Por qué no puede encargarse tu esposa en su lugar?".
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El comentario lo dejó atónito. Para alguien que trabaja en recursos humanos, un área que a menudo defiende políticas laborales para apoyar a los empleados, fue un recordatorio contundente de que la realidad de ser cuidador a menudo choca con las expectativas no dichas en el trabajo.
“Decírselo a mi jefe fue una experiencia terrible, y me llevó a mantener mi papel de cuidador en secreto”, dice Demopoulos, quien vive en Randolph, Nueva Jersey. Muchos empleados luchan con la misma decisión: si revelar sus responsabilidades de cuidador traerá comprensión o consecuencias no deseadas en el trabajo.
Desde que dejó el mundo corporativo, Demopoulos ha emprendido proyectos empresariales, coescribió Working Caregivers: The Invisible Employees y lanzó un pódcast (en inglés) con el mismo nombre. Aunque su papá murió en el 2011, todavía viaja a Carolina del Norte para apoyar a su mamá de 96 años, Anna, quien vive en un hogar de ancianos.
Los cuidadores que trabajan luchan por equilibrar sus vidas
Las presiones en el lugar de trabajo están aumentando en medio de una población de cuidadores en rápida expansión: se estima que 63 millones de personas en Estados Unidos ahora brindan cuidados, casi un aumento del 50% desde el 2015. Aproximadamente siete de cada 10 cuidadores familiares en el país tienen empleos, según el último informe de AARP y la National Alliance for Caregiving titulado Caregiving in the US 2025 (en inglés). Muchos cuidadores ajustan sus horarios, llegan tarde, salen temprano o se toman tiempo tiempo libre para atender las necesidades de un ser querido. También enfrentan niveles más altos de estrés, tensiones financieras y aislamiento que los cuidadores que no están empleados. Los trabajadores por hora, que constituyen una gran parte de los cuidadores empleados, son especialmente vulnerables, ya que a menudo carecen de acceso a horarios flexibles o beneficios de apoyo en el lugar de trabajo.
“Los cuidadores que trabajan temen que en el momento en que hablen, se les vea como menos confiables o menos comprometidos, incluso si están trabajando más duro que nunca”, dice Liz O’Donnell, autora de Working Daughter: A Guide to Caring for Your Aging Parents While Making a Living. “Muchos cuidadores entran en modo ‘yo puedo con esto’. Se dicen a sí mismos que pueden manejar la crisis médica de sus padres, criar a sus hijos y aún rendir en el trabajo como si nada hubiera cambiado”.
El cuidado en el trabajo no es igual para todos. Hay tres situaciones principales que les ocurren a los empleados: aquellos que le cuentan a su empleador y sale mal, aquellos que les cuentan y sale bien, y aquellos que no le cuentan a nadie.
“Cada situación de un cuidador es diferente, y ser abierto a veces puede hacer la vida mucho más fácil, pero no siempre es sencillo ni la respuesta que esperas”, dice Demopoulos.
O’Donnell, quien ha trabajado en mercadeo y comunicaciones por más de 30 años, comenzó su camino como cuidadora cuando se enteró el mismo día de que su mamá fue diagnosticada con cáncer de ovario y su papá con demencia.
Al principio, trató de manejar todo en silencio, convenciéndose de que podía con el cuidado, la crianza y una carga de trabajo completa sin dejar que nada se le escapara. Cuando finalmente le contó a su jefe lo que estaba pasando, la respuesta fue de apoyo. Su gerente hizo una pregunta simple: “¿Qué necesitas?"
Pero O’Donnell dice que esa pregunta reveló un desafío más profundo. Ya abrumada por el choque emocional y el caos logístico de ser cuidadora, no sabía cómo responder. Lo que realmente quería, recuerda, era que la situación desapareciera por completo, algo que ninguna adaptación en el trabajo podía proporcionar.
Pronto se dio cuenta de que pedir un horario de trabajo flexible tenía que ser una prioridad, además de tener colegas que pudieran respaldarla en los días en que no pudiera liderar reuniones con clientes o llamadas de equipo.
Claude Silver, directora de bienestar emocional en VaynerX, una empresa de comunicaciones, dice que los empleados que buscan arreglos de trabajo flexibles deben comenzar construyendo conexiones genuinas con sus gerentes y hablar temprano en lugar de esperar hasta estar abrumados.
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