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Nervios por el Seguro Social: por qué se tambalea la confianza en este pilar fundamental de la jubilación

La desinformación y el estancamiento político impulsan las preocupaciones mientras se acerca un faltante de fondos.


El jubilado de Arizona Steven Porter.
El jubilado de Arizona Steven Porter dice que un recorte en los pagos del Seguro Social cambiaría "dramáticamente" el nivel de vida de él y su esposa.
Cassidy Araiza

Puntos principales

  • El Seguro Social es abrumadoramente popular, pero las encuestas muestran que la confianza en su futuro sigue siendo tercamente baja.
  • Aunque el sistema no corre peligro de “quedarse sin fondos”, el Congreso debe reforzar sus finanzas para el 2034 para evitar recortes generalizados en los pagos.
  • Las personas más jóvenes siguen siendo especialmente escépticas sobre el futuro del Seguro Social, y citan la política, la inflación y la desconfianza en el Gobierno.

El Seguro Social es un programa inmensamente popular que se ha vuelto fundamental para la seguridad de jubilación de las personas en el país. En sus más de 90 años, nunca ha dejado de hacer un pago.

Aun así, la confianza en el Seguro Social ha bajado, y cada vez más personas están preocupadas por su futuro y se preguntan si está a punto de “quedarse sin fondos”.

Tomemos el caso de Steven Porter, que a los 75 años está disfrutando una jubilación cómoda, aunque austera, pero le preocupa pasar sus 80 y 90 años con unos ahorros que se van reduciendo y un pago del Seguro Social disminuido.

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Ahora mismo, dice Porter, él y su esposa dependen del Seguro Social para cubrir los gastos básicos. Sus ahorros para la jubilación les dan suficiente dinero para gastos extra como para viajar e ir a algún concierto de vez en cuando.

Pero el residente de Arizona sabe que se proyecta que el excedente en los dos fondos fiduciarios del Seguro Social, que actualmente permite al programa financiar por completo los pagos mensuales, se agotará en ocho años. Si el Congreso no actúa antes de eso para reforzar el financiamiento del Seguro Social, jubilados como Porter recibirían alrededor del 80% de su pago mensual.

“Eso cambiaría dramáticamente mi nivel de vida”, dice Porter, quien se jubiló a los 72 años después de una carrera variada que incluyó trabajos en soldadura, periodismo televisivo y diseño web. “Pero mi verdadera preocupación es que pienso en mis hijos y mis nietos”.

De hecho, las dos hijas adultas de Porter, ambas en sus 40, expresan poca fe en que el Seguro Social vaya a ser una parte viable de sus ingresos de jubilación.

“Creo que la mayoría de la gente de mi generación simplemente ha aceptado que el Seguro Social no es algo financieramente sostenible para nosotros”, dice Katy Porter, supervisora de enfermería de una unidad de trauma de un hospital de Cleveland.

Su hermana, Ali Tischler, dice que mira los impuestos sobre la nómina que financian el Seguro Social y que le descuentan de sus cheques, y piensa: “No voy a recuperar eso”.

AARP y otros grupos de defensa están presionando al Congreso para fortalecer el programa mucho antes del 2034, el año en que la Junta de Síndicos del Seguro Social proyecta que los fondos fiduciarios se quedarán cortos. Los legisladores tendrán que aumentar los ingresos adicionales (por ejemplo, mediante impuestos sobre la nómina más altos), reducir el gasto en pagos (por ejemplo, aumentando la edad de jubilación) o crear un paquete que combine ambos enfoques.

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Has trabajado duro y has aportado al Seguro Social con cada cheque de nómina. Esto es lo que puedes hacer para ayudar a mantener la solidez del programa:

La mayoría de los defensores espera que el Congreso tome medidas para evitar un faltante, sabiendo que de lo contrario enfrentarían la furia de los adultos mayores, que son quienes tienen la mayor propensión a votar.

“Puedes decir muchas cosas poco halagadoras sobre el Congreso, pero los legisladores tienen un instinto muy afinado para sus propias reelecciones”, dice Bill Sweeney, vicepresidente sénior de asuntos gubernamentales de AARP. “Dejar que el Seguro Social se quede sin dinero o permitir que se recorten los beneficios de forma generalizada sería el fin de sus carreras”.

“No puedo imaginar un mundo en el que eso realmente llegue a pasar”, coincide Stephen Nuñez, sociólogo económico del Roosevelt Institute, un centro de estudios sin fines de lucro con sede en la ciudad de Nueva York. “Casi con toda seguridad va a haber financiamiento puente, seguido de algún conjunto de reformas destinadas a encaminar al Seguro Social en la dirección correcta”.

Negar lo obvio

Puede que los defensores tengan confianza, pero los votantes parecen no tener tanta. Entrevistas y encuestas sugieren que las preocupaciones actuales están impulsadas por una mezcla de desconfianza en el Gobierno, ansiedad económica latente y décadas de retórica de algunos políticos y organizaciones de políticas públicas que etiquetan al Seguro Social como “insostenible”.

En una encuesta de AARP realizada a mediados del 2025 antes del 90.º aniversario, del programa, solo el 36% de los encuestados dijeron sentirse muy o algo confiados sobre su futuro, una caída de 7 puntos con respecto a la encuesta de AARP del 2020 sobre el tema.

El 31% de quienes dijeron que no confiaban en el futuro del Seguro Social citaron como su principal preocupación la falta de confianza en que el Gobierno cumpla sus promesas, y el 27% dijeron creer que “el dinero se está acabando”.

En una encuesta de Gallup (en inglés) realizada más o menos al mismo tiempo, el 41% de los adultos de EE.UU. dijeron que dudaban que el Seguro Social fuera a estar disponible en los próximos 10 años. Esa suposición es particularmente marcada entre las personas más jóvenes, muestran ambas encuestas.

¿Qué hay detrás de estas preocupaciones? Sweeney señala que la confianza en el Seguro Social aumenta cuando los adultos llegan a los 50, ya que los trabajadores más jóvenes, antes escépticos, se acercan a solicitar sus beneficios. Un análisis de AARP del 2025 encontró que quienes están cerca de la jubilación o ya están jubilados muestran “los niveles más altos de confianza, probablemente como reflejo de su experiencia directa con el programa”.

Mike Lynch, director general de perspectivas aplicadas en Hartford Funds, dice que ve la brecha generacional cuando da presentaciones sobre jubilación y menciona el futuro del Seguro Social, algo que él llama “el elefante en la habitación”.

Las respuestas de los asistentes normalmente van desde la duda hasta el miedo total, dependiendo de su edad, dice Lynch. Los participantes mayores de 55 años tienen un poco más de confianza, aunque a menudo expresan preocupación y confusión sobre las finanzas del Seguro Social y cómo les va a funcionar a ellos.

Pero “la gente más joven es escéptica”, agrega. “[Ellos] dicen: ‘No creo que vaya a seguir existiendo'”.

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Los trabajadores mayores temen pagos más bajos

La realidad es que el Seguro Social va a seguir funcionando y haciendo pagos mensuales mientras siga cobrando impuestos sobre la nómina de casi todos los trabajadores en EE.UU., aunque, como señala Porter, enfrenta una falta de fondos que podría reducir esos pagos.

Cheryl Blackwell, una residente de Nueva Jersey de 67 años que planea solicitar el Seguro Social este año, dice que no cree que el Seguro Social vaya a desaparecer durante su vida, pero le preocupa recibir menos del beneficio completo para el que resulta elegible, según sus ingresos de toda la vida.

Cheryl Blackwell, de 67 años, del centro de Nueva Jersey, dice que no cree que el Seguro Social vaya a desaparecer durante su vida, pero le preocupa recibir menos del beneficio completo para el que resulta elegible.
Bryan Anselm

“A eso sí le tengo miedo”, dice Blackwell, quien pasó años como administradora en el sector sin fines de lucro. “Hemos trabajado durísimo” para sostener el Seguro Social, agrega, con la promesa de que rendiría frutos en la jubilación.

Desde que se jubiló, ha tomado trabajos estacionales de medio tiempo con la junta electoral local y la Oficina del Censo de EE.UU. para tener una capa extra de protección financiera. Y les ruega a sus sobrinas adolescentes que empiecen a ahorrar desde ahora, por si el Seguro Social no sigue existiendo, o paga mucho menos, cuando se jubilen.

Jaimee Listokin, una residente de Florida de 52 años, está firmemente en el grupo de los escépticos cuando se trata de si el Seguro Social va a estar ahí para ella cuando llegue a la edad de jubilación.

“Definitivamente no”, dice.

Jaimee Listokin, una residente de Florida de 52 años, trabaja en varios empleos informales para salir adelante. Dice que no tiene nada de fe en que los líderes políticos vayan a resolver la solvencia futura del Seguro Social.
Jayme Kaye Gershen

Listokin es actriz, pero trabaja en varios empleos informales para salir adelante, incluyendo entrenadora personal, embajadora de marca y representante de seguros. “Lo que deseo para mí es que algún día pueda jubilarme, pero es muy poco probable”, dice. “Todo está tan caro”.

Ve lo apretados que están económicamente sus padres, incluso con su Seguro Social y sus ahorros para la jubilación, “así que imagínate cómo sería para mí”. Se mudó con ellos hace como cinco años para ayudarles pagando alquiler.

¿Confiar en el Congreso?

Steven Porter señala que, en medio de un aumento en la polarización política, el Congreso en los últimos años ha fallado de manera rutinaria incluso en su tarea más básica de aprobar las leyes anuales de gasto, lo que ha provocado cierres repetidos del Gobierno.

“Nadie quiere hablar con nadie”, dice. “Es mi partido, mi partido, mi partido”. Eso lo tiene “muy preocupado no solo por el Seguro Social sino por la economía en general”.

La polarización política y el estancamiento en el Congreso tienen a Porter, de 75 años, preocupado por la capacidad de los legisladores para abordar los problemas financieros del Seguro Social. “Nadie quiere hablar con nadie”, dice.
Cassidy Araiza

Sus hijos son todavía más pesimistas.

“La verdad, ya no me hago ilusiones por nada”, dice Katy Porter, que tiene 41 años. “A lo mejor solo estoy desilusionada”.

Tischler, quien supervisa un laboratorio del sueño en Amherst, Ohio, comparte el temor de que su generación reciba mucho menos de lo justo.

“Hay mucha desconfianza con el Gobierno ahorita”, dice Tischler, de 42 años, una madre soltera que está tratando de guardar dinero en su 401(k) y en una cuenta de ahorros para la universidad de su hija adolescente. “La verdad, no confío en que lo resolverían de la mejor manera, especialmente para la clase media”.

Incluso si los legisladores logran estabilizar las finanzas del Seguro Social, agrega ella, el costo de vida ha subido de forma tan drástica que para cuando llegue su jubilación, no cree que los pagos le vayan a hacer una diferencia económica. “No estoy contando con eso”, dice.

El Seguro Social es una de las pocas formas de ingresos de jubilación con protección contra la inflación incorporada, gracias a los ajustes anuales por costo de vida (COLA) vinculados a un indicador federal clave de los precios al consumidor. Aun así, muchos de los que ya están jubilados están batallando para llegar a fin de mes en medio del aumento de los costos. Según una encuesta de AARP de diciembre del 2025 (en inglés), el 7% de los jubilados habían decidido en los seis meses anteriores volver a trabajar, y casi la mitad señaló el costo de vida como la motivación principal.

Ya hemos pasado por esto antes

Nuñez atribuye los temores de que el Seguro Social “quiebre” a la confusión sobre un programa complejo y al “lenguaje descuidado” que circula en el ecosistema actual de las redes sociales. Algunos responsables de políticas públicas que buscan reformar o debilitar el Seguro Social “se han apoyado en ese mensaje”, dice.

Sweeney lo dice de manera más directa. Hay “algunas personas muy poderosas y muy ricas que durante décadas han tratado de hacer que el Congreso elimine el Seguro Social”, dice. “Su arma más efectiva ha sido sembrar el miedo de que no vas a recibir el dinero que te has ganado”.

Por ejemplo, en el 2005, cuando promovía un plan para desviar los ingresos del impuesto sobre la nómina que financian el Seguro Social hacia cuentas privadas de jubilación, el presidente George W. Bush advirtió repetidamente que el programa “iba rumbo a la quiebra”.

La propuesta de Bush fue sumamente impopular y se vino abajo en medio de una fuerte oposición de AARP y otros defensores. Pero ese tipo de retórica, repetida con frecuencia a lo largo de los años, ha alimentado la confusión pública y la percepción equivocada de que el Seguro Social estaba destinado al basurero, dice Eric Kingson, profesor emérito de la Universidad de Syracuse que ha estudiado y defendido el programa durante décadas.

“Realmente ha sido desde la década de 1980… que se puso en marcha un esfuerzo muy coordinado para socavar la confianza en el Seguro Social”, dice.

Esa percepción sigue vigente. Cuando se les preguntó qué pasaría si los fondos fiduciarios se quedaran cortos, el 36% de los encuestados en la encuesta de AARP del 2025 dijeron que los pagos se detendrían. Solo el 34% respondieron correctamente que los pagos continuarían, pero a un nivel más bajo.

Incluso después de que se les dijo que los pagos de hecho continuarían, casi la mitad de los encuestados calculó que se recortarían por lo menos a la mitad. (Las proyecciones anuales de los fideicomisarios han estimado consistentemente la reducción en alrededor del 20%).

“El Seguro Social nunca va a quebrar, como algunos han afirmado”, dijo Nancy LeaMond, directora de Activismo y Compromiso de AARP, en un video reciente (en inglés) sobre cómo se financia el sistema. “Mientras haya trabajadores y empleadores aportando al sistema, el Seguro Social siempre va a estar aquí”.

Como dice LeaMond, hay soluciones legislativas disponibles. “Esto de hecho ya ha pasado antes”, señala Nuñez.

En 1983, la última vez que los fondos fiduciarios estuvieron cerca de agotarse, el Congreso reformó la estructura financiera del Seguro Social. Esa legislación, aprobada con apoyo bipartidista, aumentó gradualmente la edad plena de jubilación del Seguro Social (de 65 a 67), aceleró un aumento planificado en la tasa del impuesto sobre la nómina y aplicó impuestos federales a algunos ingresos del Seguro Social, entre otras medidas. Eso extendió la solvencia del Seguro Social por cinco décadas.

Si el Congreso estuviera abordando el tema ahorita con el mismo sentido de urgencia, eso podría ayudar a reforzar la confianza en el Seguro Social, dice Karthik Manickam, investigador asociado del Schwartz Center for Economic Policy Analysis, un centro de estudios afiliado a la New School for Social Research en Nueva York.

La relativa falta de debate público de fondo sobre un problema tan cercano en el futuro refuerza la idea de que el colapso del Seguro Social es “un hecho consumado”, dice Manickam. Pero no tiene por qué ser así, agrega: “Hay políticas muy reales, muy posibles y muy aplicables que el Congreso puede adoptar para garantizar… que el Seguro Social tenga suficiente financiamiento”.

Sweeney señala que el acuerdo de 1983 se apoyó en gran medida en reducir beneficios para enderezar las finanzas del Seguro Social, un resultado que AARP trabajará para revertir esta vez.

“La pregunta nunca fue si [el Congreso] va a actuar. Sino cómo lo hará”, dice. “AARP va a luchar en cada paso del camino para asegurarse de que fortalezcan el Seguro Social sin recortar el dinero que las personas se han ganado con décadas de trabajo duro”.

Los puntos principales fueron creados con la asistencia de IA generativa. Un editor de AARP revisó y refinó el contenido para asegurar su precisión y claridad.

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