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Cómo lograr que el Seguro Social siga siendo robusto y estable

La verdad sobre su estado actual y las opciones para mejorar su estabilidad en el futuro.

Billete de 100 dólares encima de un bono del tesoro, una tarjeta del Seguro Social y la bandera de Estados Unidos

ISTOCK/GETTY IMAGES

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Nota del editor: Puede que la población de Estados Unidos no esté de acuerdo en muchas cosas, pero el 96% de nosotros coincidimos en la importancia del Seguro Social. Y con razón: el programa, ahora de 86 años, se ha convertido en el fundamento de nuestras finanzas en la jubilación. Esto plantea la pregunta: ¿Por qué no son más seguras sus finanzas? Para contestar eso, AARP habló con docenas de expertos sobre el Seguro Social y su viabilidad futura. A continuación, lo que aprendimos.

Durante décadas, los asesores financieros han descrito el sistema jubilatorio de Estados Unidos como “un banco de tres patas”: una ecuación para tener estabilidad económica en la etapa avanzada de la vida que está compuesta por una pensión sustancial del trabajo, generosos ahorros personales y un pago mensual del Seguro Social.

Buena suerte con eso. Las pensiones que garantizan ingresos de por vida son una raza en extinción en Estados Unidos, y son muy pocas las personas que han acumulado ahorros suficientes para tener un ingreso mensual sustancial durante todos los años de su jubilación. Según información del National Institute on Retirement Security, menos del 7% de las personas jubiladas tienen actualmente un ingreso regular de las tres “patas del banco”.

De esas fuentes de ingresos, el Seguro Social es el único que ha demostrado ser robusto y constante. No solo es la mayor fuente de ingresos para la mayoría de los jubilados, sino que nunca dejó de hacer un pago mensual desde que emitió su primer cheque a nombre de Ida May Fuller en 1940. Y ese tal vez sea el motivo por el cual a tantas personas les preocupa su salud. En una encuesta realizada por AARP en el 2020, el 57% de los participantes indicaron que no confían en el futuro del programa.

“Quienes tienden a desconfiar del Gobierno parecen tener menos fe en que el Seguro Social estará allí para ellos en su forma actual”, dice Michael Baughman, un planificador financiero en Tryon, Carolina del Norte. “Y cuando trabajamos con clientes más jóvenes, vemos incluso menos confianza en el Seguro Social”.

Si bien la preocupación por el programa no es nueva y las personas más jóvenes típicamente tienen más dudas que los adultos mayores, los escépticos tienen razón. Las finanzas del Seguro Social están, sin lugar a duda, reduciéndose, y la solución de ese problema está principalmente en manos del Congreso de Estados Unidos. Si no se toma ninguna medida, el punto de crisis —es decir, cuando el programa no tenga suficiente dinero para cumplir totalmente con los beneficios prometidos— ocurrirá en algo más de diez años.

Si bien hay muchas razones para sospechar que el Congreso se tomará su tiempo, es probable que se acumule la presión para que actúe antes de que llegue ese momento. Pero eso podría suceder extremadamente cerca del final del plazo. “Toda reforma que es factible desde el punto de vista político requiere de cosas que ambos partidos odian”, dice Reid Ribble, un excongresista republicano del 8.º Distrito de Wisconsin. “Los republicanos nunca han querido aumentar los ingresos, y abordar el problema solo del lado de los beneficios no es políticamente viable”.


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Popular y en problemas

El Seguro Social es uno de los programas más exitosos que jamás se haya creado en este país para combatir la pobreza. Sin los beneficios del Seguro Social, otros 21.7 millones de personas se encontrarían por debajo del umbral de pobreza, según el Center on Budget and Policy Priorities.

El Seguro Social hace más que enviar un cheque a los beneficiarios jubilados cada mes. También provee ingresos regulares a los cónyuges sobrevivientes y a sus hijos. El Seguro por Incapacidad del Seguro Social (SSDI) ayuda a pagar las facturas mensuales de trabajadores incapacitados calificados y de sus familias. Y si bien la mayoría de las personas a las que el Seguro Social ayuda a evitar la pobreza son adultos mayores, 6.9 millones tienen menos de 65 años y 1.2 millones son niños.

No sorprende, entonces, que el Seguro Social cuente con amplio apoyo. “Es sumamente claro que las personas de todas las generaciones en el país valoran la estabilidad económica que el Seguro Social ha ofrecido durante 86 años; aún más ahora que enfrentamos los retos económicos y de salud de una pandemia global”, afirma Nancy LeaMond, vicepresidenta ejecutiva y directora de Activismo Legislativo y Compromiso de AARP. ​

Pero hay nubes en el horizonte. Si no se modifican las leyes, los fondos fiduciarios del Seguro Social —las cuentas financieras de las que el programa retira fondos cuando los pagos anuales a los beneficiarios exceden la recaudación anual de impuestos— se agotarán en aproximadamente 12 años. En ese momento, el programa contará solamente con la recaudación periódica de impuestos para pagar los beneficios, y los cálculos indican que eso cubriría solo el 78% de los beneficios prometidos.

A ojos del Congreso, falta mucho para el 2034. Pero cuanto más pronto actúen los legisladores, más rápido y fácil será reforzar las reservas de los fondos fiduciarios, por una simple razón matemática: los cambios más pequeños que se realicen ahora en los ingresos o en los beneficios se acumularán con el tiempo, lo cual es una forma mucho más eficiente que pagar una reparación grande a último momento para asegurar la disponibilidad de fondos.

Cómo llegamos hasta aquí

Una de las razones por las que las personas se irritan cuando escuchan hablar de reducir los pagos del Seguro Social es que la mayoría de nosotros hemos contribuido al programa desde nuestro primer empleo. Y no se trata de una cantidad insignificante: en cada uno de tus cheques de pago, el 12.4% de tus ingresos brutos se dirigió al Seguro Social en forma del impuesto sobre la nómina llamado OASDI (Old-Age, Survivors, and Disability Insurance), destinado a cubrir pagos a personas de edad avanzada, sobrevivientes y del seguro por incapacidad. Si trabajas para un empleador, el impuesto se divide en partes iguales: tú pagas el 6.2% de tu ingreso y tu empleador paga el otro 6.2%. Quienes trabajan por cuenta propia pagan la totalidad del impuesto. La cantidad de salario que está sujeta al impuesto sobre la nómina tiene un límite y se indexa anualmente; en el 2022, un trabajador paga este impuesto sobre salarios de hasta $147,000. En el caso de un trabajador independiente que llega a esa cifra o la supera, la cuenta anual del impuesto OASDI es de alrededor de $18,200.

Después de que la Administración del Seguro Social (SSA) realiza los pagos a los beneficiarios, todo dinero sobrante recaudado con el impuesto ingresa a los fondos fiduciarios, que ahora cuentan con $2.91 billones, para ser utilizado cuando los impuestos que ingresan al sistema no son suficientes para cubrir los pagos regulares de beneficios.

Eso es lo que está sucediendo ahora. Para compensar el déficit de ingresos, la Administración del Seguro Social comenzará a retirar dinero de los fondos fiduciarios este año. Según cálculos recientes, a menos que se realicen modificaciones considerables, los fondos se agotarán en el 2034. Eso es 24 años antes de lo que la SSA había estimado la última vez que evaluó el sistema, en 1983.

Mano sostiene una foto antigua de un niño que celebra su cumpleaños al lado de otras fotos en blanco y negro, y una tarjeta del Seguro Social.

E+, IStock / Getty Images

¿Cómo llegamos a esta situación? Tal como se viene prediciendo desde hace tiempo, los datos demográficos explican mucho: dentro de diez años, toda la generación de los baby boomers —alrededor de 70 millones de personas nacidas entre 1946 y 1964— habrá alcanzado la edad de jubilación. Por consiguiente, la cantidad de personas que recibirán beneficios del Seguro Social en el 2034 será más del doble de los beneficiarios que había en 1985. ​

Pero lo que no se sabía con tanta precisión era cuánto tiempo más iban a vivir las personas de esa generación. “Entre 1940 y el 2019, la expectativa de vida a los 65 años aumentó aproximadamente seis años y medio”, dice Amy Kemp, presidenta del Comité del Seguro Social de la Academia Estadounidense de Actuarios.

El resultado: muchos trabajadores recibirán beneficios durante más tiempo. Y, en promedio, las personas con ingresos más altos —que generalmente son las que reciben mayores beneficios— tienden a vivir más.

Al mismo tiempo, ha habido una disminución continua en el índice de natalidad del país; eso significa que hay menos trabajadores jóvenes para respaldar los beneficios que se les prometieron a los trabajadores mayores. En 1955, el respaldo de cada beneficiario del Seguro Social provenía de más de ocho trabajadores. Ahora, hay 2.7 trabajadores por beneficiario.

Además, la disparidad de ingresos en el país, cada vez mayor, ha tenido un efecto negativo en la cantidad de impuestos sobre la nómina que ingresan a los fondos fiduciarios, puesto que los salarios por encima del límite del impuesto sobre la nómina han crecido mucho más rápido que los salarios por debajo de ese límite. ​

Reservas de los fondos fiduciarios​​

Una generación trabajadora de baby boomers ayudó a que los fondos fiduciarios de OASDI superaran los $2.9 billones. Pero con la jubilación de esa generación y menos trabajadores contribuyendo al sistema, la proyección es que los fondos se agotarán en el 2034.

Todo esto no significa que el programa del Seguro Social se terminará en el 2034. “Las personas podrían pensar erróneamente que todos los beneficios se cancelarán en ese momento”, dice Kemp. “En realidad, una vez que se agoten las reservas, los beneficios seguirán siendo pagaderos, si bien los impuestos sobre la nómina que seguirán ingresando al sistema cubrirán solo alrededor del 78% de esos beneficios”. E incluso si no se toma ninguna medida, la proyección es que el Seguro Social podrá pagar aproximadamente el 75% de los beneficios prometidos durante lo que queda del siglo.

Cada año, los administradores que supervisan los fondos fiduciarios del Seguro Social publican un informe que actualiza las proyecciones relativas a las finanzas del programa. Este informe público normalmente genera un aluvión de noticias premonitorias, y el informe del 2021, que hace referencia a factores como la pandemia y la confusa economía, no fue la excepción. ​

No sorprende que existan dudas generalizadas sobre el futuro del programa, especialmente entre los milénicos: solo el 3% de las personas de entre 30 y 49 años tienen mucha confianza en el futuro del programa, según una encuesta realizada por AARP en el 2020. Los adultos nacidos después de 1981 “son más propensos a presumir que no existirán beneficios futuros, mientras que las familias que están a 5 o 10 años de solicitar beneficios del Seguro Social suponen que los beneficios se reducirán o se basarán en una comprobación de medios económicos”, observa Cody Garrett, un planificador financiero de Pearland, Texas. ​

Decisiones difíciles

Entonces, ¿qué debe suceder para que el Seguro Social esté protegido a largo plazo? Algunas variables —como la economía, los salarios, la expectativa de vida y los índices de natalidad— están fuera del control directo de la SSA o del Congreso. Pero si las proyecciones son más o menos acertadas, en teoría las opciones son relativamente simples: el Congreso deberá aumentar los impuestos, modificar los beneficios o hacer ambas cosas. Esas opciones se reducen a alguna variación de un puñado de estrategias principales evaluadas por los legisladores. Aquí hay algunas, comenzando con las formas de introducir más dinero al sistema.

  1. Ajustar el límite. Este año, una persona que gana $1 millón con su trabajo pagará la misma cantidad de impuestos OASDI que alguien que tiene un salario de $147,000. Si se eliminara el límite de salario imponible, los fondos fiduciarios seguirían siendo solventes hasta el año 2060, según el Seguro Social. Otras alternativas menos drásticas: aumentar el límite (en vez de eliminarlo), o mantenerlo, pero volver a aplicar el impuesto una vez que se alcanza un nuevo umbral de ingresos.
  2. Aumentar las tasas del impuesto sobre la nómina. Como dijimos, la tasa actual es del 12.4%. Hay quienes proponen un aumento gradual —digamos, 2% para llegar al 14.4%— como una forma de incorporar dólares adicionales a los fondos fiduciarios. Pero algunos expertos advierten que esos incrementos tendrían un impacto mayor en quienes ganan salarios más bajos o trabajan en forma independiente.
  3. Ampliar la base. No todos los empleados estatales y locales están cubiertos por el Seguro Social. Algunos solo tienen la cobertura de pensiones públicas. Incorporar a todos los empleados estatales y locales nuevos al sistema del Seguro Social crearía un gran influjo nuevo de fondos, si bien significaría que más adelante habría que distribuir pagos a más beneficiarios. Pero esta solución tampoco es simple, puesto que la medida podría crear problemas para los planes de pensión que se administran en nombre de los Gobiernos locales. ​
  4. Ampliar la definición de ingreso. Ciertos tipos de ingresos —como el valor del seguro de salud patrocinado por el empleador, por ejemplo— no están sujetos a los impuestos sobre la nómina del Seguro Social. Si se eliminaran gradualmente esas exclusiones y se cobrara el impuesto de nómina sobre los ingresos adicionales, sería posible mantener los fondos fiduciarios en buen estado cuatro años más. Un objetivo mucho más amplio, y por ende más complicado en el aspecto político, sería establecer un impuesto del Seguro Social sobre los ingresos anuales derivados de inversiones, no solo sobre los ingresos laborales. La otra cara de la moneda es implementar cambios que reduzcan los pagos de ciertos beneficiarios del Seguro Social. Estas son algunas de las estrategias que han circulado.
  5. Introducir mayor progresividad. Normalmente conocido como “comprobación de medios económicos”, este enfoque se basa en ajustar los pagos del Seguro Social según el salario, la riqueza o los ingresos del beneficiario. La idea es proteger a quienes se encuentran por debajo de cierto nivel anual de ingresos o salarios a fin de que reciban los beneficios completos; quienes están en mejor situación financiera sacrificarían parcial o totalmente sus pagos del Seguro Social. ​
  6. Recortar los beneficios de los beneficiarios nuevos. Otro enfoque sería pagarles a los nuevos jubilados algo menos de lo prometido por mes. Al recortar los pagos de los nuevos jubilados un 3%, la vida de los fondos fiduciarios se extendería 10 años, según un estudio del 2005 de la Administración del Seguro Social. Si tu pago mensual debía ser de $2,000, esa reducción lo llevaría a $1,940.
  7. Reducir el ajuste por costo de vida (COLA). Generalmente, cada año la SSA ajusta los pagos a los beneficiarios para ayudarlos a proteger su poder adquisitivo de la inflación. El parámetro que se aplica es el índice CPI-W (Índice de Precios al Consumidor para Trabajadores Asalariados en Zonas Urbanas y Trabajadores Administrativos), el cual toma en cuenta los aumentos generales de precios, desde manzanas hasta gasolina y alquileres. Han circulado propuestas para utilizar un parámetro de inflación diferente, o directamente reducir el COLA. Pero este enfoque es sumamente impopular. Durante mucho tiempo, los aumentos anuales del Seguro Social han estado por debajo de la tasa general de inflación, y una reducción del COLA anual probablemente tenga poco efecto en la salud financiera del programa a largo plazo. Pero el impacto sobre los beneficiarios se acumularía con el tiempo, lo cual reduciría los beneficios un poco más cada año. ​
  8. Modificar el cálculo de los beneficios. Ajustar las fórmulas complejas que se utilizan para determinar los pagos del Seguro Social podría reducir levemente los beneficios, con lo que se podría ayudar a extender la vida de los fondos fiduciarios. A modo ilustrativo: la SSA usa los 35 años de salario más alto para determinar el beneficio jubilatorio. Si se utilizaran más años —38 o 40, por ejemplo—, se reduciría el promedio de ganancias anuales del beneficiario y, por consiguiente, su beneficio mensual.
  9. Aumentar la edad de jubilación. Actualmente, los beneficios del Seguro Social pueden comenzar a cobrarse a los 62 años con pagos reducidos. Si una persona que en el 2022 cumple 62 años espera hasta cumplir 67 (la edad plena de jubilación), tendrá derecho a recibir el beneficio completo. El aumento gradual de ambos límites de edad —o solo del más alto— aliviaría algo de la presión que sufren los fondos fiduciarios. Pero también perjudicaría a los jubilados que no pueden esperar más tiempo para recibir los pagos del Seguro Social. “Hay muchos trabajos en los que la capacidad física simplemente se desgasta”, dice el excongresista Ribble, de Wisconsin.
Protesta contra la privatización del Seguro Social en el 2005 con una persona vestida como una tarjeta de la administración

TRIBUNE NEWS SERVICE / GETTY IMAGES

Manifestantes protestaron contra la privatización del Seguro Social en Capital Hill en Washington D.C., el martes, 26 de abril del 2005.

Y también hay ideas más radicales

Algunos han sugerido eliminar totalmente el programa y convertirlo a cuentas individuales similares a los planes de jubilación 401(k), en los que el trabajador contribuye algo o todo de sus impuestos actuales sobre la nómina a una cuenta de jubilación, que él mismo administra, con inversiones en acciones, bonos y otros valores. Los riesgos y las recompensas de las decisiones de inversión corren por cuenta del trabajador.

El presidente George W. Bush propuso un plan así en el 2005, pero fue ampliamente rechazado por la población del país. Los expertos también señalan que un programa de ese tipo haría que los fondos fiduciarios se agotaran más rápidamente, lo cual representaría un mayor riesgo para los beneficios actuales.

Hacer las cosas bien

Periódicamente, los legisladores del Congreso proponen proyectos para modificar el Seguro Social, desde pequeños ajustes hasta reformas sustanciales. De hecho, en lo que va de la sesión legislativa 2021-2022, docenas de miembros del Congreso han presentado proyectos de ley relacionados con el Seguro Social. Hasta la fecha, ninguno ha avanzado a la fase de votación completa. ​

Esta falta de acción no es sorprendente, ya que existen grandes desacuerdos sobre el Seguro Social en el Congreso. La legislación de 1983 negociada entre el presidente de la Cámara de Representantes Tip O’Neill y el presidente Ronald Reagan, que ha mantenido la solvencia del programa en las últimas cuatro décadas, se aprobó con un margen muy estrecho (si bien luego ganó amplio apoyo bipartidista). “El fondo fiduciario de OASI llegó efectivamente al punto en que, técnicamente, se habría agotado en 1982”, dice Stephen Goss, actuario principal del Seguro Social. Afortunadamente, unas maniobras técnicas permitieron que se efectuaran los pagos completos hasta que se promulgó la ley de Enmiendas al Seguro Social de 1983. ​

La ley aumentó gradualmente la edad plena de jubilación de los beneficiarios hasta los 67 años, estableció impuestos sobre los pagos del Seguro Social de algunos beneficiarios y aumentó el impuesto; sería muy difícil obtener consenso para esas medidas en el Congreso actual. ​

¿Sobre una sola pata?

Las personas en Estados Unidos dependen del Seguro Social. Durante mucho tiempo se ha dicho que el Seguro Social se creó para brindar el 40% del ingreso jubilatorio. Pero hoy, los beneficios del Seguro Social representan el 90% o más de los ingresos del 12% de los hombres y del 15% de las mujeres. Incluso una reducción modesta de los beneficios tendría consecuencias considerables para esas personas. Y para el 37% de los hombres y el 42% de las mujeres, los beneficios del Seguro Social representan el 50% o más de sus ingresos. ​

Actualmente, el programa tiene 65 millones de beneficiarios; eso significa que las personas que dependen en gran medida del programa suman decenas de millones. Y ya en este momento los pagos que reciben no son altos. El beneficio jubilatorio promedio del Seguro Social en el 2021 fue de $1,555 al mes, o $18,660 al año. ¿El alquiler promedio de un apartamento de un dormitorio en Estados Unidos? Alrededor de $1,680 al mes, según Apartmentguide.com. ​

“Cuando investigué el tema, probablemente la persona más afectada por el Seguro Social fue una viuda que vivió hasta agotar los ahorros familiares y ahora, a edad avanzada, vive estrictamente del Seguro Social”, dice Ribble. “Está tratando de vivir con un cheque mensual de 700 u 800 dólares”. A pesar de que quienes dependen completamente del Seguro Social están en dificultades y los fondos fiduciarios enfrentan una merma, ninguno de estos dos problemas ocupa un puesto lo suficientemente alto en la lista de prioridades del Congreso como para garantizar la toma de medidas... todavía. De todos modos, si la historia sirve de guía, hay motivo para tener esperanza de que el Congreso hallará una solución. Como indica Goss, del Seguro Social: “Nunca hemos llegado al punto en que se agotaron las reservas y tuvimos que reducir los beneficios”.

AARP y el Seguro Social

Durante más de 60 años, AARP ha luchado para proteger los beneficios del Seguro Social que los trabajadores se han ganado merecidamente, responder preguntas sobre el programa y asegurar que continúe teniendo solidez financiera para las generaciones venideras. Así se ven estos esfuerzos hoy.

Defensa de derechos en Washington y más allá:

En el 2022, AARP continuará exhortando a los miembros del Congreso a que refuercen las finanzas a largo plazo del Seguro Social y cumplan las promesas hechas a todos los beneficiarios, actuales y futuros. Hemos luchado con determinación contra recortes arbitrarios al ajuste por costo de vida (COLA) y contra leyes como la Ley Trust, que apunta al Seguro Social como un medio para aliviar los déficits presupuestarios. Y luchamos arduamente para asegurar que los beneficiarios del Seguro Social pudieran recibir los pagos de estímulo económico sin tener que presentar una declaración separada. ​

Mejora del servicio: AARP planea seguir señalando a la Administración del Seguro Social (SSA) los problemas de atención al cliente y sus soluciones, y continuar trabajando activamente para que el Congreso apruebe la financiación necesaria, de modo que la SSA pueda brindar beneficios y servicios en forma apropiada y rápida a su creciente base de clientes. ​

Impuestos estatales: Actualmente, doce estados aplican impuestos sobre los beneficios del Seguro Social. En el 2022, AARP trabajará a nivel estatal para eliminar esta carga tributaria para más jubilados y sus familias. ​

Ayuda para responder tus preguntas:

El Centro de recursos sobre el Seguro Social, de AARP, puede ayudarte a encontrar respuestas a preguntas simples y complejas sobre el Seguro Social. Y la calculadora de beneficios del Seguro Social, de AARP, puede ayudarte a descubrir cómo maximizar tus beneficios.

Seminarios en línea:

AARP ofrece seminarios interactivos gratuitos (en inglés) para ayudar a las personas mayores de 50 años a tomar decisiones informadas sobre el Seguro Social. Los interesados también pueden acceder a seminarios anteriores relacionados con la planificación financiera y el Seguro Social, y obtener ayuda de expertos en jubilación.

Una fuente valiosa

La edición actualizada de la publicación de AARP Social Security for Dummies (en inglés) es la única guía que necesitas para navegar el complejo mundo de los beneficios del Seguro Social. Encuentra más información en aarp.org/dummies.

John Waggoner escribe para AARP sobre temas financieros, desde presupuestos e impuestos hasta el Seguro Social y la planificación de la jubilación. Anteriormente fue periodista para Kiplinger's Personal Finance y USA Today, y ha escrito libros sobre inversión y la crisis financiera del 2008. La columna sobre inversión de Waggoner para USA Today se publicó en docenas de periódicos durante 25 años.