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10 mitos que persisten sobre el Seguro Social

El programa va a quebrar, la edad de jubilación es a los 65 años y otras ideas erróneas comunes.

Capitolio de Estados Unidos y encima una imagen semi transparente de una tarjeta del Seguro Social.

ISTOCK / GETTY IMAGES

In English | El Seguro Social es un sistema enorme y complejo que realiza pagos por más de $90,000 millones al mes a más de 64 millones de jubilados, personas con discapacidades y sus familiares. Es tremendamente popular y cuenta con el apoyo de más del 90% de los adultos del país de toda orientación política, según una encuesta de AARP reciente. Y es esencial para la salud financiera de los adultos mayores: 4 de cada 5 encuestados indicaron que esperaban contar con el Seguro Social en la vejez.

Dada la importancia del Seguro Social, las inquietudes sobre su estado actual y futuro son comprensibles y muy extendidas. Algunas de esas inquietudes, así como los muchos cambios que ha experimentado el programa en sus 85 años, han dado lugar a ideas equivocadas sobre cómo se financia y cómo funciona. A continuación esclarecemos 10 de los mitos más persistentes sobre el Seguro Social.

Mito 1: el Seguro Social va a quebrar

La realidad: mientras que los trabajadores y los empleadores continúen pagando impuestos sobre la nómina, el Seguro Social no se quedará sin dinero. Es un sistema de reparto: los ingresos que se recaudan de los impuestos FICA (Ley de Contribución Federal al Seguro Social) y SECA (Ley de Contribuciones de Trabajo por Cuenta Propia) cubren la mayor parte de los beneficios distribuidos.

Es cierto que el Seguro Social enfrenta desafíos de financiación. Durante décadas recaudó más de lo que desembolsaba y acumuló un excedente de $2.9 billones al final del 2019. Pero el sistema está empezando a pagar más de lo que recauda, principalmente porque la población de jubilados está creciendo más deprisa que la población activa, y los jubilados también viven más tiempo. Si no se modifica la manera en que se financia el Seguro Social, se proyecta que el excedente se agotará en el 2035.

Incluso entonces, el Seguro Social no estará en bancarrota. Seguirá recaudando ingresos de los impuestos y pagando beneficios. Pero solo tendrá fondos suficientes para pagar el 79% de los beneficios programados, según las estimaciones más recientes. Para evitar este desenlace, el Congreso tendría que tomar medidas para apuntalar las finanzas del Seguro Social como ya hizo en 1983, la última vez que el programa casi agotó sus reservas. Estos pasos incluyeron aumentar la edad plena de jubilación (ver el mito 2), incrementar la tasa del impuesto sobre la nómina e introducir un impuesto sobre los beneficios (ver el mito 8).


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Mito 2: la edad de jubilación para el Seguro Social es 65 años

La realidad: la edad plena de jubilación —la edad a la que un trabajador reúne los requisitos para solicitar el 100% de los beneficios que se determinan a partir de los ingresos que ha acumulado durante toda su vida— es actualmente de 66 años. Aquellos que nacieron en 1954 alcanzan esa importante fecha este año. Durante los próximos cinco años, la edad plena de jubilación aumentará en incrementos de dos meses hasta llegar a los 67 años para quienes nacieron de 1960 en adelante.

El umbral de 65 años fue una realidad del Seguro Social por mucho tiempo, y luego se convirtió en un mito. Cuando se creó el Seguro Social en 1935, se fijó la edad de elegibilidad de 65 años. Durante las décadas posteriores se redujo la edad mínima de jubilación a los 62 años, que era cuando las personas podían solicitar un beneficio reducido, pero se mantuvo la edad de 65 como la edad plena de jubilación.

Eso cambió con la reestructuración de 1983, cuando se elevó la edad de jubilación para reducir los costos del Seguro Social. El aumento se está implementando gradualmente; el 2002 fue el último año en el que las personas que cumplían 65 años pudieron solicitar el beneficio completo.

Mito 3: el aumento anual por ajuste por costo de vida (COLA) está garantizado

La realidad: desde 1975, la ley del Seguro Social ha estipulado que los beneficios se ajusten anualmente para mantener el ritmo de la inflación. Pero no existe un requisito que establezca que este ajuste por costo de vida (COLA) constituya un aumento anual.

El COLA está vinculado a un índice federal de precios de bienes y servicios de consumo conocido como CPI-W. Los beneficios se ajustan anualmente basados en cambios en el CPI-W desde el tercer trimestre de un año hasta el tercer trimestre del siguiente año. En el 2019, el índice mostró un aumento del 1.6% en los precios, por lo que los beneficios del 2020 aumentaron en esa misma proporción.

Pero si el índice no muestra un aumento en los precios que se pueda medir estadísticamente —es decir, si esencialmente no hay inflación—, entonces no se produce un ajuste de los beneficios. Esto ha sucedido tres veces desde que se adoptó la fórmula actual: en el 2010, el 2011 y el 2016. Tanto si se produce o no un aumento en los beneficios, este proceso es automático; no requiere la participación del presidente ni del Congreso. Estos tendrían que actuar especialmente para cambiar el COLA.

Mito 4: los miembros del Congreso no contribuyen al Seguro Social

La realidad: una queja común sobre el Seguro Social es que los miembros del Congreso no se molestan en remediar los problemas del programa porque no están cubiertos por él. Pero, de hecho, sí lo están. Los miembros del Congreso empezaron a recibir cobertura del Seguro Social en 1984, junto con el resto de la fuerza laboral federal, como parte de las extensas reformas al programa aprobadas el año anterior.

Con anterioridad, los senadores y representantes no contribuían al Seguro Social y en su lugar estaban cubiertos por un plan de pensión llamado Sistema de Jubilación del Servicio Civil (CSRS). Se permitió que aquellas personas que ocupaban cargos oficiales al 1.º de enero de 1984 conservaran su participación en el SCRS, pero solamente si lo hacían en combinación con la participación en el Seguro Social. (Por si tienes curiosidad, aún quedan dos senadores y cinco miembros de la Cámara de aquellos días).

Las personas que ocupan cargos electos desde esa fecha están cubiertas por el Seguro Social y por un programa de pensión que reemplazó al CSRS. De cualquier manera, los miembros del Congreso aportan al Seguro Social igual que la mayoría de los trabajadores del país.

Mito 5: el Gobierno usa fondos del Seguro Social para pagar otros programas

La realidad: los dos fondos fiduciarios que cubren los beneficios del Seguro Social —uno para jubilados y sus sobrevivientes y otro para personas con discapacidades— nunca han formado parte del fondo general del Gobierno federal. El Seguro Social es un programa independiente y autofinanciado. No obstante, el Gobierno federal sí toma prestado del Seguro Social.

Así es cómo lo hace: los ingresos fiscales del Seguro Social, por ley, se invierten en valores especiales del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Como sucede con todos los bonos del Tesoro, el Gobierno federal puede gastar las ganancias en una variedad de programas. Pero como es el caso con todos los tenedores de bonos, el Tesoro tiene que devolver el dinero con intereses. El Seguro Social liquida los valores para pagar los beneficios.

La existencia de este préstamo alimenta la idea de que el Gobierno está vaciando, e incluso robando, los fondos del Seguro Social y dejando en su lugar un montón de pagarés. Pero el Gobierno siempre ha saldado toda su deuda, y el interés aumenta los fondos del Seguro Social; tan solo en el 2019, los intereses ascendieron a más de $80,000 millones.

Mito 6: los inmigrantes indocumentados agotan los fondos del Seguro Social

La realidad: algunos han imputado los problemas de la salud financiera del Seguro Social a los inmigrantes indocumentados y sostienen que estos agotan los recursos del sistema. Es una queja común, pero es falsa. Las personas no ciudadanas que viven y trabajan legalmente en Estados Unidos pueden tener derecho a recibir beneficios del Seguro Social bajo los mismos términos que las personas nacidas aquí o naturalizadas, pero las personas indocumentadas no tienen derecho a solicitar beneficios.

Existe evidencia de que los trabajadores indocumentados en realidad mejoran las finanzas del Seguro Social. Algunos obtienen números de Seguro Social con información falsa, y se retienen impuestos sobre la nómina de sus salarios a pesar de que no tienen derecho a cobrar los beneficios. Un informe preparado por actuarios del Seguro Social dice que los inmigrantes indocumentados hicieron una aportación neta de alrededor de $12,000 millones al programa en el 2010, y sus ganancias seguramente continuarán “beneficiando la situación financiera” del Seguro Social.

Mito 7: el Seguro Social es como una cuenta de ahorro para la jubilación

La realidad: el Gobierno no acumula tus contribuciones al impuesto sobre la nómina en una cuenta personal para ti para luego pagarte esa cantidad con intereses cuando te jubiles. Tu beneficio se basa en cuánto dinero has ganado durante tu vida laboral, no en cuánto has aportado al sistema. Como se mencionó anteriormente, esas contribuciones financian los beneficios de los jubilados actuales (y de sus sobrevivientes y de las personas con discapacidades). Cuando te jubiles, tus beneficios serán financiados por las personas que continúen trabajando, y así sucesivamente.

No se trata exactamente de ahorrar para la jubilación —hay otras formas de lograr ese objetivo—; es más parecido a un beneficio que has ganado que el Gobierno promete pagarte para que dispongas al menos de algunos ingresos en tu edad avanzada. Debemos hacer énfasis en “algunos”: contrario a otra creencia equivocada muy extendida, el Seguro Social no está destinado a reemplazar la totalidad de tus ingresos laborales. En promedio, proporciona alrededor del 40% de los ingresos previos a la jubilación de un beneficiario. La fórmula para calcular los beneficios se pondera de manera que estos reemplacen un porcentaje más alto de las ganancias de los trabajadores con menos ingresos y un porcentaje más bajo de los ingresos de las personas con ingresos más altos.


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Mito 8: no pagas impuestos sobre tus beneficios del Seguro Social

La realidad: esto fue cierto hasta 1984. La reestructuración del Seguro Social aprobada por el Congreso y firmada por el presidente Ronald Reagan un año antes, incluyó una disposición que estableció que una porción de los beneficios del Seguro Social estuviera sujeta a impuestos, dependiendo de tu nivel de ingresos.

Pagarás impuestos federales sobre hasta el 50% de tus beneficios si tus ingresos son de $25,000 a $34,000 para personas que presenten una declaración individual, y de $32,000 a $44,000 para parejas que presenten una declaración conjunta. Por encima de esos umbrales, hasta un 85% de los beneficios están sujetos a impuestos. Si tus ingresos están por debajo de estas cifras, no tendrás que pagar impuestos al IRS por tus beneficios. (En términos generales, el Seguro Social cuenta como ingresos el dinero que recibes en compensación por tu trabajo, tus pensiones e inversiones, los intereses no imponibles, y la mitad de tu beneficio del Seguro Social).

También es posible que debas impuestos estatales sobre tus ingresos del Seguro Social si vives en Colorado, Connecticut, Dakota del Norte, Kansas, Minnesota, Misuri, Montana, Nebraska, Nuevo México, Rhode Island, Vermont, Utah o Virginia Occidental. Sus reglas en relación con el pago de impuestos sobre los beneficios varían mucho; comunícate con la agencia tributaria de tu estado (en inglés) para obtener más información.

Mito 9: los beneficios que recibe un excónyuge se deducen de la cantidad que tú recibes

La realidad: si estás divorciado, tu excónyuge puede tener derecho a recibir beneficios del Seguro Social basados en tu historial de ingresos (y viceversa). Como ocurre con los beneficios de un cónyuge actual, estos pueden ser de hasta el 50% de la cantidad del beneficio que tengas derecho a recibir al alcanzar la edad plena de jubilación.

Pero esos beneficios de un excónyuge (o cónyuge) no reducen tu beneficio del Seguro Social. Son pagos distintos y no afectan de ninguna manera lo que tú recibes cada mes, aunque un cónyuge actual y un excónyuge (o varios excónyuges) cobren los beneficios. Tú recibes el beneficio al que tienes derecho que se basa en tu historial de ingresos y en la edad a la que solicites los beneficios del Seguro Social.

Mito 10: si continúas trabajando pierdes tus beneficios de forma permanente

La realidad: el Seguro Social sí tiene una regla conocida como “límite de ingresos” o “prueba de ganancias” que puede reducir temporalmente los beneficios de las personas que siguen trabajando. Pero no se aplica a todos los beneficiarios que trabajan y no es permanente.

Esta regla solo afecta a aquellas personas que solicitan beneficios antes de alcanzar la edad plena de jubilación y que continúan trabajando. En ese caso, el Seguro Social retiene una porción de los beneficios si los ingresos del trabajo exceden dicho límite, el cual cambia cada año y es distinto dependiendo de cuánto tiempo falta para que llegues a la edad plena de jubilación.

En el 2020, tu beneficio se reducirá $1 por cada $2 en ingresos por encima de $18,240 si no vas a alcanzar la edad plena de jubilación hasta el 2021 o después. Si alcanzarás la edad plena de jubilación en el 2020, la fórmula es $1 menos en beneficios por cada $3 en ingresos por encima de $48,600. En la fecha en que alcanzas la edad plena de jubilación, la prueba de ganancias desaparece y deja de haber una reducción en el beneficio, sin importar tus ingresos. El Seguro Social también aumenta progresivamente la cantidad de tu beneficio, por lo que con el tiempo recuperarás el dinero retenido.

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