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Nunca es demasiado tarde para encontrar su trabajo soñado

Mayor autonomía conduce a mayor satisfacción.

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Amy Reingold, de 56 años, y Marilyn “Maz” Rauber, de 59, trazaron el argumento de Capital Girls, una saga de novelas para adultos jóvenes.

 

In English | ¿Cuándo fue la última vez en que sintió tal pasión por su trabajo que no sentía en absoluto que estuviera trabajando? ¿O que sintiera interés por todo lo nuevo que aprendía sobre su trabajo? ¿O que de veras no viera la hora de levantarse y dirigirse a la oficina, porque sus jefes y colegas resultaban tan entretenidos?

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Si ha pasado algún tiempo, no está solo. La mayoría de los trabajadores estadounidenses (casi el 53 %) afirma estar insatisfecho con su empleo, y solo el 15,4 % se pronuncia “muy satisfecho” en el trabajo, según un nuevo informe de The Conference Board, un grupo empresarial e investigación que ha estado evaluando, mediante encuestas, la felicidad de los trabajadores desde 1987. Los trabajadores mayores han tenido la caída más baja con respecto a la satisfacción en el empleo en los últimos 25 años: En 1987, más del 70 % de los trabajadores de 65 años o más y cerca del 60 % de los de 55 a 64 años se sentían bien respecto de sus trabajos; para el 2011, el nivel de satisfacción de ambos grupos se había desplomado al 46 %.

Esta es la buena noticia: puede volver a enamorarse de su trabajo, aun cuando haya tenido el mismo empleo por décadas. Si conversa con suficientes trabajadores felices, verá que envejecer no necesariamente equivale a infelicidad. El secreto, revelan, radica en sentir que uno tiene el control: encontrar un trabajo que le permita una mayor participación en las decisiones que se tomen, con mayor flexibilidad para programar las actividades cotidianas y más oportunidades para perseguir las pasiones profesionales y desarrollar nuevas capacidades. Una mayor autonomía suele conducir a una mayor satisfacción.

Muchos caminos conducen a esta realización. Puede cambiar de trabajo, cambiar de rubro y empezar de nuevo, o puede descubrir maneras de lograr que los viejos lugares de trabajo se sientan como nuevos. Como demuestran los trabajadores “muy satisfechos” que conocerá en este artículo, nunca es demasiado tarde para tornar su trabajo en fuente de alegría además de fuente de ingresos.

Este es un típico día de trabajo para Amy Reingold, de 56 años, y Marilyn “Maz” Rauber, de 59. Se sientan codo a codo en un largo escritorio de madera del luminoso departamento que Rauber tiene en un piso 14 de Silver Spring, Maryland, y conciben el argumento para Capital Girls, la saga de novelas para adultos jóvenes publicada por St. Martin's Griffin. Rauber escribe las escenas en su computadora portátil; luego las imprimen, las cortan en tiras, las reordenan y las vuelven a pegar, y listo: ha nacido un manuscrito de 70.000 palabras. Su primer libro salió a la venta en agosto, bajo el seudónimo de Ella Monroe. El segundo libro llegó en noviembre, y el tercero estará en las librerías en abril.

“Ha sido liberador, tanto en lo personal como en lo creativo”, comenta Rauber, que trabajó más de dos décadas como reportera en un periódico. “Dejamos nuestros egos en la puerta, y las horas vuelan”.

Para Reingold, exchef profesional y ama de casa, escribir un libro era un sueño de su infancia por mucho tiempo postergado. “Me daba miedo hacerlo por mi cuenta”, dice. “Encontraba excusas, como el tener que criar a mis dos hijas, pero hace tres años partieron para la universidad, y se acabaron las excusas”.

Para conseguir esta metamorfosis en sus carreras, las socias desarrollaron muchas capacidades laborales nuevas, desde aprender a investigar en línea hasta navegar el peculiar mundo de la publicación editorial. Para dominar el lenguaje de los jóvenes adultos, leyeron Seventeen, estudiaron la jerga de los jóvenes en UrbanDictionary.com y les pidieron a sus hijos que revisaran su trabajo. “Necesitábamos responder preguntas del tipo ‘¿Cuánto conversan sobre sexo?’ y ‘¿Qué clase de lenguaje utilizan para describir a un chico guapo?’”,  explica Reingold.

Una vez editado el primer libro el verano pasado, tuvieron que aprender a comercializarlo a través de las redes sociales y generar un sitio web. “Estábamos intimidadas”, admite Rauber. “Pero tuve que decir: ‘OK, puedo hacerlo. No puedo evitarlo. Si puedo escribir un libro, puedo aprender a usar Twitter’”.

A menudo se les aconseja a los trabajadores mayores que no dejen de actualizar sus capacidades laborales para poder seguirles el ritmo a los colegas más jóvenes; pero se pone menos atención en ver cómo el aprender mejora su humor además de sus perspectivas de ascenso. “Es esencial continuar dominando capacidades y encontrar nuevos desafíos para poder conservar el ánimo respecto del trabajo”, afirma Beverly Jones, especialista en orientación profesional de la consultora Clearways Consulting, de Washington, D. C., que asesora a clientes de 50 a 69 años. “Cuando uno está aprendiendo, tiene una mentalidad diferente. Todo adquiere mayor intensidad. Es un estado de crecimiento. Resulta energizante”.

Otro punto a favor es que al ponerse a prueba para sumar capacidades y esforzarse, tiene más probabilidades de aprovechar oportunidades y no estar abiertamente temeroso de emprender una nueva dirección en su trabajo, agrega Jones. “Observe las cualidades que hacen a un gran líder. Siempre está incorporando conocimientos, practicando nuevas capacidades y compartiendo esta información con los demás”.

El ferviente deseo de intentar cosas nuevas es lo que llevó a Don Harnois a una montaña de Nueva Inglaterra (en inglés) para ser instructor de esquí. Harnois, hoy de 70 años, pasó el grueso de su carrera en la industria eléctrica, en diversos trabajos, desde ingeniería de diseño hasta comercialización. Esquía desde los 6 años, pero hasta que se jubiló, a los 62, este residente de Peabody, Massachussets, encaraba las pistas apenas una vez por año.

Eso cambió una vez que Harnois obtuvo su certificado a través de la Professional Ski Instructors of America. “Lo que hago ahora se centra más en lo que quiero hacer por mí, mientras que, antes, mi trabajo se relacionaba con lo que quería hacer para proveer a mi familia”, afirma. “Hago este trabajo porque amo este deporte, me relaciono bien con la gente, sé cómo enseñar, y el hecho de que a uno le paguen por hacer lo que ama resulta casi increíble”.

Su último cargo en el área de esquí del valle de Nashoba obliga a Harnois a estar al aire libre y le permite interactuar con personas de todo el mundo. El mayor incentivo, sin embargo, es transmitir sus capacidades. “Pasa por la emoción de ver progresar a la gente”, explica. “Mi trabajo tal vez no me mantenga joven, pero sin duda me hace sentir joven”.

Dedíquese a su pasión

Diane Crump tenía 4 años cuando montó un pony en Milford, Connecticut. Para cuando terminó esa primera vuelta, se aferró al cuello del pony. “No puedo bajarme, papá. Por favor, una vuelta más”, rogó.

Su padre asintió, y Crump no ha dejado de montar desde entonces. En 1969, se convirtió en pionera de las carreras de caballos: la primera mujer jockey en montar en una carrera de apuestas ‘parimutuel’ (apuestas de tipo profesional) en Estados Unidos. Al año siguiente, fue la primera mujer en correr el Derby de Kentucky. Pero Crump terminó desgastándose físicamente hacia el final de su carrera como jockey e instructora, y en 1999 decidió dejar de montar. “Amé aquellos días en que montaba”, afirma Crump, de 64 años. “A todos los caballos que monté les entregué mi corazón, y ellos me entregaron el suyo, pero comprendí que debía seguir adelante”.

Pero no abandonó su pasión por completo. Con la ayuda de su madre Jean (que por entonces rondaba los 70 años) en el diseño, Crump lanzó un sitio web donde ofrecía sus servicios de consultoría a potenciales compradores de caballos. Su tarea: inspeccionar los animales ella misma para juzgar su atractivo para diversos clientes; luego, subir a su sitio fotos y videos, y demás información relevante para la compra. Los clientes concertaban citas para que ella les mostrara caballos, y gradualmente fueron generándose las ventas.

Hacer de una pasión de la infancia una carrera duradera puede lograrse aplicando su experiencia en una nueva dirección, como hizo Crump, o comprendiendo mejor lo que subyace a las cosas que a uno le gusta hacer. “Su pasión es un indicio”, afirma Nicholas Lore, de 68 años, fundador del Rockport Institute, firma especialista en orientación vocacional. “Para encontrar un trabajo que uno ame, debe convertirse en un detective especializado en carreras que busca indicios que le permitan relacionar las preferencias de una persona con el mercado laboral”.

Es sencillo identificar los indicios: son aquellas actividades que despiertan el interés de la persona, aquello que le importa en su vida, las cosas que le salen fácil y bien. Lore, por ejemplo, es un apasionado de la navegación. “Pero no me gustaría ser capitán de un barco fletado”, aclara. Lo que descubrió es que le gusta la constante resolución de problemas, eso que uno hace cuando navega, o dedicarse a la orientación laboral. “Es preciso que uno elabore una lista de indicios”. Esos indicios deberían revelar los elementos del trabajo de sus sueños, a partir del cual florecerán ideas sobre su carrera.

Alejandro Benes, de 57 años, inversor del restaurante, se encuentra en la cocina de su restaurante Wood Ranch & Grill en The Grove, Los Ángeles.

Foto: Chris Crisman

Alejandro Benes, de 57 años, inversor gastronómico, en su cocina del Wood Ranch BBQ & Grill, en The Grove, Los Ángeles.

Eso hizo Alejandro Benes y, a los 57 años, este experiodista de origen cubano trabaja en la industria gastronómica. Está más feliz que nunca, en parte debido a que ha redescubierto algo que alguna vez alimentó su viejo trabajo: su omnívoro apetito de nuevos sabores y experiencias. Desde el 2006, Benes es socio de Wood Ranch BBQ & Grill, un grupo de restaurantes con base en California del que uno de sus primos es cofundador.

Está lejos de las trincheras de la difusión de noticias, donde alguna vez Benes se desempeñó como jefe de despacho de ABC para América Latina. Pero sigue aplicando sus destrezas de comunicación: internamente, con los más de 1.000 empleados de la compañía, y externamente, con los más de 40.000 clientes que los restaurantes atienden cada semana. La gran diferencia: ahora puede satisfacer el aprecio de toda su vida por el buen comer y beber. Como jefe del desarrollo culinario de la compañía, Benes es el gurú de la cocina de prueba de Wood Ranch. Toma cursos de educación culinaria y come con regularidad en los establecimientos de la competencia. “Viajo con la esperanza de encontrar inspiración en un plato excelente”, comenta. “Es un infierno, pero alguien tiene que hacerlo”.

Trascienda el día a día

En ocasiones, por supuesto, un trabajo es solo eso, un trabajo. La satisfacción proviene de los accesorios, como ser mentor o voluntario en proyectos que estén fuera del ámbito de sus responsabilidades habituales. Observe más ampliamente su organización y fíjese cómo puede involucrarse, sugiere Betsy Werley, de 57 años, directora ejecutiva de The Transition Network, el grupo sin fines de lucro dedicado a la generación de contactos con base en la ciudad de Nueva York, dedicado a mujeres mayores de 50 años. “Participe de un programa de tutelaje, trascienda sus deberes cotidianos y encuentre maneras de pasar a ser parte de algo más grande”.

Werley siguió esta ruta siete años atrás, cuando saltó de su trabajo corporativo en JPMorgan Chase al mundo sin fines de lucro. Antes de unirse a The Transition Network, formó parte de Financial Women's Association, un grupo sin fines de lucro para mujeres en la industria de los servicios financieros. “Mientras buscaba un cambio de carrera, me di cuenta de que había trabajado mucho en ayudar a mujeres y muchachas con su desarrollo. Hoy es mi trabajo a tiempo completo”, afirma.

Herb Johnson, de 60 años, ha pasado su vida profesional en la industria de los neumáticos y lleva 35 años en Michelin, donde fue director de la división automovilismo deportivo de la marca. Ahora es director de relaciones con la comunidad, y el responsable de hacer de su empleador de tantos años un mejor ciudadano corporativo.

“Estoy en la fase de retribución en mi carrera”, comenta Johnson, que ha reinventado su trabajo sin cambiar de empleador. Una crisis de salud que sufrió varios años atrás, cuando le diagnosticaron diabetes tipo 2, lo llevó a observar más de cerca su vida profesional. “Me di cuenta de que hay un propósito más grande para que yo esté acá”.

La carrera laboral de Johnson está a un mundo de distancia del lugar donde se hallaba hace unos años, cuando pasaba la mayor parte de su tiempo deambulando por los autódromos internacionales, consultando a ingenieros y conductores, y hablando con la prensa sobre los neumáticos Michelin. Durante la permanencia de Johnson como jefe del programa de carreras de la compañía, autos dotados con neumáticos Michelin alcanzaron el primer puesto en las 24 horas de Le Mans, Francia, entre otras numerosas victorias, y él estuvo involucrado en los detalles de los compuestos y los diseños de las bandas de los neumáticos de carrera.

Ahora, el ritmo ha bajado y es más probable encontrar a Johnson dando una mano para construir nuevos hogares en Habitat for Humanity. O tal vez esté reunido con administradores de escuelas primarias cerca de su hogar, en Greenville, Carolina del Sur, por un programa dirigido por él, el programa de tutelaje voluntario Michelin Challenge Education, que recluta a los empleados y jubilados de la compañía para que sean tutores en matemáticas, ciencias y lectura en las escuelas públicas próximas a 14 establecimientos de Michelin en todo el país.

El cambio de foco no significó pasar a hacer un trabajo más sencillo. “Trabajar con el ego de un piloto de autos de carrera es un tanto diferente de trabajar con una organización sin fines de lucro”, señala. “El problema más grande radica en encontrar los recursos para hacer una diferencia. En las carreras, se trataba de vender neumáticos. Ahora se trata de vender esperanza para el futuro de nuestros niños”, explica Johnson.

¿Lo más satisfactorio de esta nueva función? “Levantarme cada mañana y saber que tengo la oportunidad de ayudar a alguien que es menos afortunado que yo”.

Kerry Hannon es autora del nuevo libro de AARP Great Jobs For Everyone 50+: Finding Work That Keeps You Happy and Healthy…and Pays the Bills (Excelentes empleos para todas las personas de 50 años o más: Cómo encontrar trabajo que lo mantenga contento y saludable... y capaz pagar las cuentas).

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