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Cómo manejar los momentos de prueba como cuidador
Cree en tu capacidad para enfrentar cualquier desafío de cuidados que se te presente.
En un caluroso día de junio del 2010, empaqué la última caja con las pertenencias de mi madre y mi padrastro y luego les pedí que me disculparan por una hora. Manejé hasta una tienda de sándwiches a unas pocas millas de su condominio en el sur de Florida, principalmente para despejar mi mente y pensar. Mientras estaba allí, parado frente un gran sándwich de pavo, mirando por la ventana de la tienda al tráfico en movimiento, me hablaba a mí mismo:
"Tu madre es frágil. Tu padrastro tiene demencia de Alzheimer avanzada. Tú y tu esposa los están mudando a un apartamento a una milla de tu casa en Pensilvania para que los dos puedan cuidar de ellos. Esto probablemente durará años y cambiará sus vidas. ¿Estás listo para esto?".
Catorce años después, recuerdo esto, lo que considero un momento de prueba, como el comienzo del viaje de siete años como cuidador que fue más difícil de lo que esperaba y cambió nuestras vidas mucho más de lo que podría haber imaginado. Fue el primero de muchos momentos de prueba durante el cuidado que aún está vivo en mi mente. Otro fue la primera vez que tuve que calmar a mi padrastro, quien estaba muy agitado y caminaba furioso por el apartamento haciendo gestos amenazantes. Otro más, mucho después, fue estar de vigilia al lado de la cama de mi madre mientras ella respiraba con dificultad en las últimas horas de su vida. Enfrentar lo que eran nuevos desafíos para mí era como tratar de calmar mis nervios mientras miraba hacia abajo desde un trampolín muy alto. Estos momentos fueron pruebas personales cuando necesité calmarme, encontrar valor y dar el salto.
Para algunos cuidadores, enfrentar estos tipos de desafíos les resulta más fácil, casi como una cuestión de rutina. Para aquellos como yo, sin embargo, ser cuidador es una serie de pequeños momentos en los que necesitamos buscar algo dentro de nosotros mismos que no estamos seguros de que existe para hacer lo que es necesario.
¿Cómo pueden los cuidadores manejar mejor sus propios momentos de prueba? Depende menos de los talentos y habilidades innatas que tengan o de los métodos de afrontamiento en los que normalmente confían que de las actitudes y creencias que aportan al cuidado como cuidador. A continuación, algunas ideas para esas actitudes y creencias que pueden ser útiles:
Adopta una mentalidad de crecimiento
La psicóloga de la Universidad de Stanford, Carol Dweck, ha escrito extensamente sobre personas que creen que si se concentran, trabajan duro y se abren a nuevos aprendizajes, pueden mejorar a sí mismos. Ella dijo que tienen una "mentalidad de crecimiento", que es en esencia la creencia de que pueden crecer para enfrentar nuevos desafíos, incluso aquellos que inicialmente parecen demasiado difíciles para ellos. Este concepto puede aplicarse fácilmente al cuidado familiar.
Pocos cuidadores saben de antemano todo lo que hay que saber sobre los cuidados antes de asumir el papel. La mayoría de ellos aprenden mientras lo hacen o hablando con amigos que han sido cuidadores o leyendo sitios web y libros sobre el cuidado. Confían en que al principio se las arreglarán de alguna manera, pero poco a poco se volverán más hábiles y seguros, creciendo personalmente y, a veces, espiritualmente en el proceso. Enfrentar momentos de prueba con una mentalidad de crecimiento significa que creen que, a pesar de cualquier duda sobre sí mismos, finalmente superarán el desafío para marcar una diferencia significativa en la vida de la persona a la que cuidan.
Ten cuidado con los miedos autodestructivos
Dweck contrasta la "mentalidad de crecimiento" con lo que ella llama una "mentalidad fija", la creencia de que poco se puede hacer para mejorar nuestras habilidades. Esta idea está estrechamente asociada con lo que a menudo se llama miedo al fracaso. Cuando se enfrentan a los desafíos de ser cuidador, algunos cuidadores automáticamente temen fracasar. En lugar de confiar en que recopilarán la información que necesitan sobre lo que no saben, se preocupan por cometer un error perjudicial, como confundir medicamentos o causar una caída, por ignorancia, incompetencia o negligencia. Sin embargo, el miedo al fracaso no hace que estos cuidadores sean más concienzudos y eficaces; los vuelve más ansiosos, vacilantes y propensos a cometer errores. Entonces, los momentos de prueba parecen más grandes, la distancia desde el trampolín hasta la piscina parece inmensa.
Encontrando inspiración
Incluso los cuidadores propensos a temores de fracaso pueden avanzar hacia una mentalidad de crecimiento buscando inspiración para contrarrestar sus dudas personales. Eso podría venir en forma de escuchar o leer historias sobre otros cuidadores que pasan de ser novatos asustados a expertos pulidos en satisfacer las necesidades de sus parientes. Aún mejor es reflexionar sobre sus propias experiencias pasadas para encontrar ejemplos de cómo dominaron habilidades de las que no estaban seguros, como dirigir un negocio, tocar un instrumento musical o montar a caballo. Al creer en sí mismos, incluso los cuidadores nuevos enfrentan esos momentos de prueba con la seguridad de que tienen la capacidad para esforzarse más. Luego se dedican a demostrar a sí mismos y a los demás cuán resilientes y capaces pueden ser.
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