Dejé de comprar en internet durante 30 días. Los resultados me sorprendieron

Cómo una desintoxicación de un mes puso a prueba mi fuerza de voluntad, desafió mis hábitos de gasto y me mostró formas de reducirlos.

Teléfono inteligente entre alambre de púas sobre fondo amarillo
Cut It Out Design Studio (Getty Images 2)

Puntos principales

  • Una prohibición de 30 días de comprar en internet le mostró a la autora qué tan dependiente se había vuelto de pedir de todo, desde comestibles hasta medicamentos para mascotas.
  • Muchos minoristas en internet rastrean los hábitos de gasto y el historial de búsqueda de los compradores, y usan esos datos para enviarle al consumidor anuncios de productos en los que ha mostrado interés.
  • Poner distancia entre tú y tu teléfono —por ejemplo, dejarlo en otra habitación por la noche— puede reducir la tentación de matar el tiempo comprando en internet.

Pensé que sería un experimento divertido. Ya había logrado pasar un mes a principios de este año pagando todo en efectivo. ¿Qué tan difícil podía ser pasar 30 días sin comprar en internet?

Pero dejar de comprar en internet durante todo junio —mientras planeaba un viaje de verano a Europa— resultó ser un reto mucho más duro. No me había dado cuenta de lo dependiente que me había vuelto de pedir por internet de todo, desde comestibles y ropa hasta artículos para el hogar y los medicamentos de mi perro.

El optimismo que sentía al inicio por apoyar a los negocios locales y optar por compras más conscientes en lugar de compras impulsivas se desvaneció rápidamente cuando, en la primera semana del experimento, encontré una garrapata en mi perro, Ziggy. En lugar de volver a pedir el preventivo tópico que había comprado el verano pasado en Chewy.com, tuve que ir hasta el consultorio de mi veterinario en un día sofocantemente caluroso para comprar el producto, y pagué casi $20 más de lo que habría pagado si Chewy me lo hubiera entregado en la puerta de mi casa.

Cada vez que tenía que resistir la tentación de pedir algo por internet —desde la bebida de sandía con pepino que es difícil de encontrar en los supermercados pero está fácilmente disponible en Amazon hasta las tabletas para el lavaplatos que mi familia acaba cada mes— sentía una mezcla de frustración, ansiedad e inquietud.

Carrie Rattle, una terapeuta financiera y coautora del libro de próxima publicación To Buy or Not to Buy: Why We Overshop and How to Stop, me ayudó a explicar ese torrente inesperado de emociones. “Igual que cuando intentas dejar de fumar, tu mente anhela ese pico de dopamina —la hormona del bienestar que obtiene de esa conducta— y tu cuerpo responde con una sensación de opresión en el estómago, tensión u otra molestia”, dice.

La descarga de dopamina no proviene de la compra en sí. “La parte cazadora de nuestro cerebro se activa cuando algo es nuevo, cuando hay incertidumbre sobre lo que viene después, cuando hay señales que predicen una posible recompensa”, dice Edward Spector, un psicólogo especializado en el uso compulsivo de la tecnología. “La dopamina es como una máquina tragamonedas antes de que ganes".

El atractivo de comprar por la noche

Una conducta que me propuse frenar fue mi tendencia a comprar por impulso entre las 9 y las 11 p.m. Normalmente puedo resistir la tentación de los anuncios en mis redes sociales durante el día, pero cuando me relajo por la noche, mi determinación se debilita y las promesas de los expertos en mercadeo de devolverle a mi piel su brillo juvenil, blanquear mis dientes manchados de café o hacer que mis cejas delgadas se vean más pobladas suenan demasiado buenas como para dejarlas pasar.

No soy la única. En una encuesta reciente de Eachnight (en inglés), una plataforma que ofrece recursos y apoyo para dormir mejor, el 68% de la generación X y el 58% de los boomers dijeron que habían hecho una compra en internet después de su hora habitual de dormir en los 12 meses anteriores. La cantidad promedio gastada en compras nocturnas entre todos los grupos de edad fue de $165.

Para evitar gastar de noche, mantuve algunos libros en mi mesita de noche y apagué todos los aparatos electrónicos antes de leer hasta quedarme dormida.​

"Te están acechando"

Cuando se trata de los algoritmos que operan entre bastidores, como titiriteros halando los hilos de nuestro bolso, Rattle no se anda con rodeos. “Te están acechando”, dice. “En la vida real, acechar a alguien va contra la ley. En internet, es perfectamente aceptable".

Muchos minoristas en internet usan análisis de datos para rastrear tus hábitos de gastos, incluido el monitoreo de tu historial de búsqueda. Como resultado, “recibes mensajes recordándote que tienes artículos en tu carrito. Te muestran anuncios constantemente”, dice Rattle. “Cuanto más miras productos o marcas similares, más te alimentan la tentación".

De hecho, mientras más seguido ves un producto, más familiar y atractivo se vuelve, y más probable es que lo compres. A esto es a lo que los especialistas en conducta llaman el “efecto de mera exposición”.

El efecto empeora porque “comprar en internet no tiene fricción”, señala Rattle. Muchas veces, “tu tarjeta de crédito ya está guardada. Haces clic y listo".

Yo viví esto mientras viajaba a Carolina del Sur a la mitad de mi experimento. El wifi gratis en el vuelo resultó ser tanto una bendición como una maldición. Por el lado bueno, adelanté trabajo. Pero también procrastiné leyendo un artículo en un boletín diario que recibo, con selecciones de los editores de básicos de guardarropa. Y, la verdad, ¿quién no necesita una camiseta blanca nueva, sobre todo cuando es una buena compra?

Después de ver una camiseta de $12, me encontré comparándola con una versión mucho más cara. En cuestión de segundos, ya estaba justificando mentalmente comprar la más barata. (“Aunque se deshaga después de unas cuantas lavadas, puedo comprar siete más por lo que cuesta la de $98").

Por suerte, las advertencias de Rattle sobre las compras sin fricción me sonaron en la cabeza como la campana del recreo de primaria, así que cerré la computadora portátil y me tomé una siesta en su lugar. ¡Victoria!

Cómo los minoristas explotan nuestro deseo de pertenecer

¿Qué lleva a los consumidores a hacer compras impulsivas de las que muchas veces se arrepienten? Para Paco de Leon, consultor de gestión empresarial con sede en Los Ángeles y autor de Finance for the People, la respuesta es menos económica que antropológica.

“Una de las cosas que nos ha permitido sobrevivir con el tiempo es nuestra capacidad de compararnos con las demás personas de un grupo”, dice. Las redes sociales magnifican ese impulso, agrega: “Vemos quién se va de vacaciones a Italia, quién compró una casa, qué tipo de muebles tiene, qué tipo de ropa usa".

¡Bingo! Desde que empecé a planear unas vacaciones de verano a Italia y Grecia, mi computadora se ha llenado de vestidos blancos vaporosos, bolsas de paja y pañuelos de seda. “Es fácil dejarnos arrastrar por esa emoción de ‘quiero pertenecer a este grupo, así que voy a gastar aquí’”, dice de Leon. “Es como si, al dejar de comprar este producto, no formas parte de ese grupo".

Eso explica por qué, en la tercera semana de mi experimento, mis defensas se debilitaron y compré no un artículo en internet, sino tres: un collar llamativo, una bolsa de paja y un par de pantalones cortos de lino. (No necesitaba los pantalones, pero me permitieron obtener el envío gratis).

El hecho de que no conociera el sitio web debió haber sido una señal de alerta, pero las fotos de los productos se veían profesionales. No fue hasta que empecé a rastrear el envío que me di cuenta de que el paquete venía de China. Cuando recibí la mercancía casi dos semanas después, me quedé con tres artículos de muy mala calidad que nunca habría comprado si primero los hubiera visto en persona.

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Tal vez ese fue mi castigo por bajar la guardia. No lo volvería a hacer, al menos hasta que se acabaran mis 30 días.

Estrategias para frenar el gasto en internet

Aquí van algunos de mis consejos favoritos recomendados por expertos para reducir las compras en internet.

Adopta la mentalidad de “tócalo antes de comprarlo”. Dejar los monitores y comprar en tiendas físicas puede ayudarte a estar más presente y consciente al tomar decisiones. Comprar en persona también te permite tocar los productos y evaluar su calidad de fabricación. (Ejemplo claro: los horribles pantalones cortos).

Haz una pausa. Antes de hacer una compra en internet, considera dejarla en tu carrito de 24 a 48 horas. “Esto elimina la montaña rusa emocional que experimentas cuando te la pasas viendo tus mensajes en internet”, dice de Leon, y te da la oportunidad de reflexionar sobre por qué la compra es importante o necesaria.

Usa una aplicación de productividad. Rattle dice que las aplicaciones que bloquean el acceso a ciertos sitios web o aplicaciones en tu teléfono, ya sea todo el día o en horarios específicos, pueden ayudar a reducir el gasto discrecional. Tres muy populares son Freedom, Opal y la muy bien llamada Cold Turkey.

Pon tu teléfono fuera de tu alcance. Poner distancia entre tú y tu teléfono puede hacer que sea menos tentador comprar en internet cuando solo estás matando el tiempo. “Cuando entres a tu casa, guárdalo en una caja bonita junto a la puerta, y en el trabajo mételo en un cajón del escritorio”, dice Rattle. Por la noche, sugiere, deja tu teléfono fuera del dormitorio. Si lo usas para despertarte en la mañana, “mejor compra un despertador”.

Me tomé muy en serio ese consejo. Lo primero que compré cuando terminó mi experimento no fue otro vestido blanco: fue un despertador.

Rattle me convenció de que reducir las compras en internet no se trata solo de ahorrar dinero, sino también de recuperar tiempo, atención y espacio mental.

Comprar un despertador es un pequeño paso en mi esfuerzo continuo por pasar menos tiempo comprando en mi teléfono y más tiempo usándolo para actividades creativas, como tomar fotos coloridas en las calles de la ciudad durante mis caminatas diarias o mejorar mi español descargando una aplicación de idiomas antes de mi excursión anual de invierno a México.

Estas actividades me ayudan a renovar mi energía, y hacen que me sienta mejor al recargar mi iPhone cuando la batería se está agotando. Ahora sé que lo estoy usando para algo bueno.

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