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Lecciones aprendidas de la Gran Recesión

Exempleados de una planta cerrada de Whirlpool comparten sus historias con quienes están buscando trabajo.

Ex empleados de Whirpool de izq. a der. Nick Pope, Tami Bottoms, Marsha Luttrell y Jean Mayberry frente a la fábrica en Evansville, Indiana, octubre 3, 2020.

Sam Owens

Los exempleados de Whirlpool (de izquierda a derecha) Kathy Duncan, Nick Pope, Tamra Bottoms, Marsha Luttrell y Jean Mayberry afuera de la fábrica de Whirlpool en Evansville, Indiana.

In English | Después de la llegada de la COVID-19 a EE.UU. a principios de este año, más de 40 millones de empleados perdieron su trabajo. Nunca antes se había despedido a tantas personas en el país en tan corto tiempo, y los trabajadores mayores fueron los más afectados. De marzo a junio, el 7% de todos los trabajadores de entre 55 y 70 años abandonaron la fuerza laboral, en comparación con el 4.8% de los trabajadores menores de 55 años. La tasa de desempleo se disparó al 15% en abril; la última vez que esta tasa alcanzó los dos dígitos fue hace una década, durante la Gran Recesión. Sabemos que la economía gradualmente se recuperó de esa crisis, pero ¿qué sucedió con las personas mayores que perdieron su trabajo en ese entonces? ¿Cómo les fue? ¿Y qué nos podrían enseñar sus historias sobre cómo se pueden recuperar quienes han perdido el empleo y tienen más de 50 años?

Para responder estas preguntas, analicé a fondo una reducción de personal a gran escala que había cubierto hace diez años para The New York Times. En el 2010, Whirlpool cerró una planta gigante de refrigeradores en Evansville, Indiana, y trasladó las operaciones a México. El traslado dejó a 1,100 personas sin trabajo y en una terrible incertidumbre. “Es devastador para nuestras familias y para todos los empleados de la planta”, me dijo un trabajador mayor en ese entonces. “Me pregunto dónde estaremos en dos o cuatro años”. Diez años después, descubrí que muchos de esos trabajadores mayores, a pesar de dolorosos contratiempos y dificultades, han logrado recuperarse. Las historias sobre cómo lo lograron dan esperanza sirven de inspiración e incluso ofrecen consejos prácticos a las personas mayores desempleadas que están teniendo dificultad para recuperarse.

'Un tiempo muy aterrador'

A Kathy Duncan, quien ahora tiene 62 años, le gustaba casi todo sobre su trabajo en la planta de Whirlpool, una fábrica del tamaño de treinta campos de fútbol americano. Se llevaba bien con su equipo de ochenta compañeros de trabajo, quienes ensamblaban máquinas de hielo. “Yo inyectaba el freón y el refrigerante”, recuerda Duncan. También le gustaba la paga —$18.53 por hora—, un buen salario para un trabajo manual en el sur de Indiana hace una década.


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Durante sus veintiún años en Whirlpool, Duncan vivió una vida de clase media y crio dos hijas y un hijo con su pareja, John. Como muchos de sus colegas, Duncan nunca sospechó que la planta cerraría hasta que asistió a una reunión general durante el verano del 2009. “No tenía ni la menor idea de que sucedería esto”, dice Duncan. “Fue un tiempo muy aterrador”. La planta —donde se habían construido aviones de combate P-47 para Republic Aviation durante la Segunda Guerra Mundial— cerró diez meses después. Fue una de los cientos de fábricas que cerraron durante la Gran Recensión, cuando el país perdió más de 2 millones de puestos de trabajo en la industria de manufactura.

Afortunadamente para Duncan y sus compañeros, un grupo de agencias gubernamentales y organizaciones sin fines de lucro crearon un ambicioso plan para ayudar a los trabajadores despedidos de la fábrica a encontrar nuevos empleos. Tres universidades cercanas y varias organizaciones sin fines de lucro entrevistaron a casi todos los 1,100 trabajadores de Whirlpool para preguntarles acerca de sus necesidades inmediatas (por ejemplo, si tenían suficiente dinero para alimentos y vivienda), evaluar sus habilidades y determinar cuál sería la mejor forma de capacitarlos para campos con oportunidades laborales. Se concentraron en orientarlos para que consiguieran uno de los puestos que los investigadores de desarrollo económico habían identificado como “los cincuenta trabajos de mayor demanda” en la economía del estado en ese momento. Estos incluían asistente médico; técnico en sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado; y puestos de gestión de centrales eléctricas, gestión de la cadena de subministro y gestión industrial. Whirlpool, por su parte, ofreció indemnización por despido, beneficios extendidos y ayuda con la capacitación y asistencia por desempleo a través de la colaboración del sindicato de la fábrica y de agencias gubernamentales. Debido a que los trabajadores habían perdido su empleo a consecuencia del traslado de las operaciones de refrigeración de Whirlpool a México, el programa federal de Asistencia para los Ajustes Comerciales pagó la mayor parte de la capacitación. Esos fondos no están disponibles para la mayoría de las personas que perdieron su trabajo debido a la pandemia, pero los expertos laborales señalan que hay otras vías de asistencia federal y estatal que pueden ayudar a pagar la capacitación en nuevos campos.

Una de las universidades que participó en el proyecto fue Ivy Tech Community College, la cual tiene 43 centros universitarios en Indiana. Según Kelly Cozart, vicerrectora de Asuntos Académicos de Ivy Tech, a muchos de los trabajadores mayores de Whirlpool que retomaron los estudios les fue mejor que a los trabajadores más jóvenes. “Los trabajadores que tenían más experiencia estaban más acostumbrados al cambio”, explica Cozart, quien señala que muchos de ellos ya habían sufrido despidos temporales. “A algunas personas les entusiasmaba la oportunidad de recibir una educación”.

¿Te despidieron? Hay ayuda disponible

1. Solicita ayuda al Gobierno federal

El Gobierno federal brinda apoyo a una red de casi 2,400 centros integrales de empleo que evalúan tus habilidades, te orientan sobre vacantes laborales y te informan acerca de oportunidades de capacitación (877-US2-JOBS; careeronestop.org).

2. Obtén asistencia personalizada
(enlaces en inglés)
AARP ofrece muchos servicios para las personas que buscan trabajo, entre ellos una lista de empleos en línea diseñada para trabajadores mayores, y la evaluación gratuita de currículos. Visita la página web sobre trabajo y empleo de AARP para obtener más información.

Kathy Duncan era una de estas personas. Segura de que Ivy Tech le abriría puertas, Duncan estudió ahí y obtuvo un título de asociado en Administración de Empresas. Con su diploma en mano, presentó solicitudes para puestos administrativos en el gigante farmacéutico AstraZeneca, en University of Southern Indiana y en docenas de otras empresas. “Era un poco abrumador solicitar trabajo a los 51, 52, 53 años, y me preguntaban por qué de pronto necesitaba cambiar de carrera”, dice Duncan. Todas esas empresas rechazaron su solicitud. Frustrada, recurrió a las habilidades que había utilizado en trabajos anteriores y aceptó un puesto de auxiliar de cuidados en el hogar. El salario: $15.53 por hora, $3 menos que en Whirlpool.

Por esas fechas, murió su padre. Duncan habla de él con mucho cariño. “Mi padre siempre me decía: ‘Cuando encuentres el trabajo adecuado, lo sabrás’”.

Cuando llevaba un año trabajando como auxiliar de cuidados en el hogar, un amigo de Whirlpool le dijo que había una vacante en Hope of Evansville, una organización sin fines de lucro que proporciona vivienda y asesoramiento crediticio a familias de ingresos bajos y medios. Duncan presentó una solicitud y la contrataron para contestar teléfonos, hacer entrevistas de admisión de nuevos clientes, generar facturas y realizar otras tareas administrativas. Dos años más tarde, el asesor de prevención de ejecuciones hipotecarias dejó la empresa. Duncan estudió para ese puesto, aprobó el examen de certificación estatal y el federal y consiguió el trabajo. En sus cuatro años en ese puesto —en el que gana $44,000 al año (aproximadamente $22 por hora)—, ha salvado a cientos de clientes de la ejecución hipotecaria, y menciona con orgullo que tiene una tasa de éxito del 98%. Desde que comenzó la pandemia y empezaron los despidos a gran escala, Duncan se ha visto inundada de casos de ejecución hipotecaria. “Salvé a tres familias de ejecuciones hipotecarias el viernes pasado”, me dice.

Aunque es desgarrador escuchar tantas historias de adversidad —algo que ella conoce muy bien—, dice que el puesto le da “una sensación de paz y tranquilidad”. Gracias a que aprovechó la oportunidad de regresar a la escuela y a que no se dio por vencida a pesar de algunas decepciones, Duncan ha podido establecerse en un campo completamente nuevo.

En estos momentos, no muchos trabajadores despedidos tienen acceso a asistencia tan coordinada para ayudarlos a capacitarse, en gran parte porque el cierre de una planta da lugar a un nivel de ayuda gubernamental diferente al de los despidos —que esperamos sean temporales— que estamos viendo por todas partes durante la crisis económica provocada por la COVID-19. Pero todas las personas desempleadas en EE.UU. deben saber que hay ayuda disponible. El Gobierno federal brinda apoyo a una red de casi 2,400 centros integrales de empleo, los cuales ofrecen muchos de los mismos tipos de servicios que se ofrecieron a los trabajadores de Whirlpool. AARP también brinda ayuda laboral a las personas mayores de 50 años que buscan trabajo (en inglés). Si estás considerando capacitarte, muchos expertos en empleo dicen que algunos de los campos laborales de mayor demanda son atención médica, facturación médica, programación de software y trabajo en almacenes; también hay muchas vacantes para conductores de camiones y empleados de guarderías infantiles. Debido a que los departamentos de trabajo de muchos estados están abrumados a causa de la COVID-19 y las altas tasas de desempleo, muchas agencias no han podido asistir a las personas desempleadas de una manera tan coordinada como se hizo en Indiana con los trabajadores de Whirlpool. Esto significa que las personas que actualmente se encuentran desempleadas deben valerse más por sí mismas y ser tenaces al buscar ayuda.

La importancia de las habilidades

Si te despidieron, regresar a la escuela no es la única opción. En años recientes, los expertos en reincorporación a la fuerza laboral han resaltado la importancia de evaluar las habilidades de los empleados. El motivo: las habilidades que muchos trabajadores han acumulado durante su vida a menudo se pueden transferir a otros trabajos y campos, señala Anthony Carnevale, director del Center on Education and the Workforce de Georgetown University. “Cuando alguien pierde su trabajo, es doloroso, pero eso no tiene que ser el final del camino. Con paciencia y persistencia, se abrirán puertas para los trabajadores que tengan talentos transferibles”.

Por eso es importante evaluar todas las habilidades de una persona. Los trabajadores despedidos de Whirlpool tuvieron el beneficio de contar con evaluaciones minuciosas. “Teníamos un sistema de software que tomaba en cuenta el conocimiento, las habilidades y las destrezas del ensamblador y arrojaba luz sobre las habilidades que el trabajador no necesariamente sabía que tenía”, recuerda Sara Worstell, directora ejecutiva del Grow Southwest Indiana Workforce Board. Actualmente, los trabajadores despedidos pueden acceder a este tipo de evaluaciones mediante la red de American Job Centers respaldada por el Gobierno; su sitio web, careeronestop.org, tiene una sección que explica paso a paso cómo evaluar las habilidades laborales.

Los trabajadores desempleados pueden aumentar rápidamente su empleabilidad con la obtención de nuevas credenciales, dice Roberta Reardon, comisionada de trabajo del estado de Nueva York. “Puedes tomar un curso de seis semanas o de un semestre y obtener una credencial reconocida a nivel nacional que aumente tu empleabilidad”, señala. Pero estos certificados no siempre son necesarios. Según Michael Lang, director de servicios de empleo del Departamento de Empleo y Desarrollo Económico de Minnesota, los empleadores son cada vez más flexibles en cuanto a aceptar la experiencia como substituto de un diploma o un certificado específico. “No es necesariamente cierto que solo buscan una persona que tenga la educación y la capacitación exactas que convencionalmente se esperan”, dice Lang. “Ahora están mucho más dispuestos a tomar en cuenta las habilidades de la experiencia previa”.

Ese fue el caso de Tyrone Garnett, quien ahora tiene 54 años. En Whirlpool, él era un empleado muy versátil que cubría muchos puestos mecánicos distintos. Cuando la planta cerró, “sentí que el mundo se me derrumbó”, explica. Buscó trabajo durante siete meses. Luego se enteró de que había vacantes en Accuride, un fabricante de llantas de autobuses, camiones y tractores con instalaciones en Henderson, Kentucky, aproximadamente a once millas de Evansville.

 

Tryone Garnett

Sam Owens

Tyrone Garnett revisa la calidad de la soldadura de las llantas de acero que se fabrican en la planta de producción de Accuride Corp. en Henderson, Kentucky.

“Me fue muy bien en la entrevista”, recuerda Garnett. “Se dieron cuenta de que soy un hombre que se mantiene en forma y que probablemente no faltaría mucho al trabajo”. Accuride valoró la versatilidad que había demostrado en Whirlpool, dice. Actualmente, supervisa siete robots soldadores y tiene que saber cómo repararlos si se atascan. Además, opera un montacargas, inspecciona las llantas de camiones y repara las que son defectuosas. “Gano más dinero ahora que cuando trabajaba en Whirlpool”, agrega. “Ha sido una bendición”.

Trabajos ‘salvavidas’

Marsha Luttrell, quien ahora tiene 57 años, había trabajado en Whirlpool durante 19 años cuando la planta cerró. Se metió de lleno en un curso de capacitación para empleos hospitalarios, pero “no podía aprender nada sobre el tema”. Por lo tanto, se cambió a clases para convertirse en operadora de maquinaria pesada, un trabajo de gran demanda en ese entonces que podía realizar en las minas de carbón cercanas. Pero después de obtener su certificado, rechazaron sus solicitudes una y otra vez.

“Solicité empleo en todas las minas de carbón que estaban a menos de cien millas”, dice. “Ninguna me respondió. Pero había algunos hombres de veintitantos años en mi clase. Ni siquiera terminaron la clase porque las minas de carbón los contrataron tan rápido”. ¿Cómo no iba a sospechar que la discriminaban por su edad y su sexo?

La discriminación sin duda era un problema para los adultos mayores que buscaban trabajo en el 2010, y sigue siéndolo. En un reciente estudio nacional, un grupo de investigadores enviaron más de 40,000 solicitudes haciéndose pasar por trabajadores jóvenes (de 29 a 31 años), de mediana edad (de 49 a 51 años) y mayores (de 64 a 66 años). Las solicitudes de las personas de sesenta y tantos años obtuvieron mucho menos respuestas que las de los trabajadores más jóvenes, reveló el estudio, y el nivel de discriminación contra las mujeres fue mucho mayor que contra los hombres.

En otra encuesta publicada en marzo del 2020, se pidió a un grupo de empleadores que dieran su opinión sobre los trabajadores mayores. Según uno de los autores de la encuesta, Alicia Munnell, directora del Center for Retirement Research de Boston College, los empleadores dijeron que los trabajadores mayores eran más costosos. Pero los estudios demuestran que la edad y la experiencia aumentan la productividad, lo cual compensa los costos laborales más altos. Y un estudio de una planta de ensamblaje de camiones de Mercedes-Benz en Alemania reveló que, en promedio, la productividad de los trabajadores aumentó a un ritmo constante desde los 25 hasta los 60 años. Teresa Ghilarducci, profesora de Economía en The New School en la ciudad de Nueva York y especializada en empleados mayores, me dice que los empleadores se están dando cuenta de que “los trabajadores mayores se esfuerzan por hacer bien su trabajo”.

Empleados de Whirlpool saliendo de la fábrica.

Evansville Courier and Press

Empleados salen de la planta de Whirlpool después de un cambio de turno en octubre del 2006. La empresa anunció que despediría a quinientos empleados en diciembre de ese año.

“Solicité empleo en todas las minas de carbón que estaban a menos de cien millas. Ninguna me respondió. Pero había algunos hombres de veintitantos años en mi clase. Ni siquiera terminaron la clase porque las minas de carbón los contrataron tan rápido”.

— Marsha Luttrell

Sin embargo, nada de eso ayudó a Luttrell a recibir una llamada de alguna de las minas de carbón. Terminó aceptando lo que Michael Bernick, exdirector del Departamento de Desarrollo Laboral de California, llama un trabajo salvavidas. “Acepta cualquier trabajo que consigas”, aconseja Bernick a los trabajadores despedidos. “Los ingresos inmediatos te ayudarán, y los empleadores siempre se interesan más en ti si estás trabajando”. El trabajo salvavidas de Luttrell fue un puesto de auxiliar de alimentación en un hospital local que pagaba $10 por hora, muy por debajo del salario de $17.35 por hora que ganaba en Whirlpool. Luego de cinco años en el hospital, aceptó un trabajo que pagaba $11.50 por hora en la fiambrería y panadería de una tienda Walmart. Debido a que ganaba tan poco, ella y su esposo se vieron obligados a declarase en quiebra.

“Llegué a casa del trabajo un día y me senté en el sofá y lloré”, recuerda. Fue entonces cuando la pareja decidió que era hora de que ella intentara nuevamente hacer uso de su capacitación en maquinaria pesada. Se enteraron de que había vacantes en la empresa de logística de la que su esposo se había jubilado, y Luttrell consiguió un trabajo ahí como operadora de montacargas. Le encanta su nuevo trabajo, aunque aún gana $1.35 por hora menos de lo que ganaba en Whirlpool hace diez años.

Otro trabajador de Whirlpool que aceptó un trabajo salvavidas es Michael “Billie” Strickland, quien ahora tiene 57 años. Strickland se capacitó en mantenimiento industrial, un campo muy especializado de reparación, mantenimiento y modificación de maquinarias de fábrica complejas. Cuando Whirlpool lo despidió, su familia atravesó por momentos muy difíciles: su esposa había quedado discapacitada debido a un problema grave en la espalda, y su hija mayor y los dos hijos de ella se habían mudado con la pareja. “Nos vimos en muchos aprietos y dificultades, pero sobrevivimos”, dice.

En una feria de trabajo de Ivy Tech, Strickland se enteró de que una fábrica en su ciudad, Pittsburgh Glass Works, tenía un numeroso equipo de mantenimiento industrial, así que presentó una solicitud. Sin embargo, en ese momento la fábrica no tenía vacantes en esa área. Por lo tanto, Strickland dio un gran paso atrás y aceptó un trabajo de producción en Pittsburgh Glass Works que pagaba $13 por hora, muy por debajo del salario de $18 por hora que ganaba en Whirlpool. Al cabo de seis meses, Strickland tuvo suerte: surgió una vacante de mantenimiento industrial. Se trasladó a ese departamento y su salario aumentó a $19 por hora. Luego de casi siete años en el puesto de mantenimiento industrial, su paga aumentó a $26 por hora (aproximadamente $54,000 al año), un 44% más que su salario en Whirlpool. Pero hace unos meses recibió malas noticias. A fines de mayo, Pittsburgh Glass Works anunció que cerraría la planta en Evansville a fines de diciembre y despediría a aproximadamente 360 trabajadores.

Debido a que en el pasado pudo recuperarse de un despido, Strickland se siente optimista. “Las cosas que he aprendido me ayudarán a venderme”, señala. “Tengo habilidades valiosas”.

Listos para un cambio

Después del cierre de la fábrica de Whirlpool, algunos trabajadores terminaron jubilándose inesperadamente. Para Nick Pope, esto no fue una desgracia. Después de trabajar como auditor de control de calidad en Whirlpool durante 44 años, al momento del cierre de la planta tenía 62 años, y no pudo encontrar otro trabajo que le gustara. Está felizmente jubilado; recibe casi $2,000 al mes de su pensión del sindicato, además de los beneficios del Seguro Social. “Estoy cómodo. Estamos bien”, dice, y señala que su esposa se jubiló recientemente de Bristol Myers Squibb. “Tenemos tres hijos y ocho nietos. Me mantienen ocupado”.

Jean Mayberry, por otro lado, tenía solo 52 años cuando la planta cerró y es más bien jubilada involuntaria. “Era demasiado joven para jubilarme y demasiado mayor para encontrar trabajo”, dice. Después de perder su trabajo en la línea de montaje —ayudaba a fabricar puertas de refrigerador—, estudió y recibió un título de asociado en Administración de Empresas y “presentó solicitudes en 75 lugares diferentes”, desde bancos hasta estaciones de televisión. Casi nunca recibía una respuesta. Por fin consiguió un puesto de nivel inicial en un banco en Evansville que pagaba solo $10 por hora, $8 por hora menos de lo que ganaba en Whirlpool. “Fue un recorte de salario drástico”, agrega. Renunció al cabo de un año, ya que se sentía aburrida en el trabajo y desalentada por el bajo salario. No se sentía optimista ante la posibilidad de encontrar otro empleo y, por lo tanto, Mayberry se jubiló; vive de los beneficios del Seguro Social y $1,500 mensuales de su pensión y la pensión de su exesposo. Le habría gustado trabajar durante más tiempo, pero tiene un consuelo: puede pasar mucho tiempo con sus siete nietos.

Tamra Bottoms, quien tenía 51 años cuando la despidieron de su puesto de coordinadora de producción, siguió otro camino. Realizó estudios en un campo de gran demanda: operaciones de centrales eléctricas. Cuando terminó su título de asociado, presentó solicitudes para docenas de trabajos, pero no consiguió nada. “O estaba sobrecualificada o me decían que necesitaban a alguien más cualificado”, dice.

Un día, Bottoms se enteró de que una cervecería artesanal estaba buscando a alguien para que gestionara sus operaciones. Presentó una solicitud y consiguió el puesto. Disfrutó “cada minuto” de los cinco años que trabajó ahí, señala. Pero no le gustaba el salario: $10 por hora, más las propinas que podía conseguir dando recorridos guiados por la cervecería, por ejemplo. El total estaba muy por debajo del salario de $17.33 por hora que ganaba en Whirlpool. “Me di cuenta de que para muchas personas, un título de asociado no es mucho mejor que un diploma de escuela secundaria”, explica. “No era suficiente. Sentía que tenía que llegar más lejos”.

Tomó varios cursos por internet mientras trabajaba en la cervecería. Debido a que quería un trabajo en el que pudiera ayudar a los demás, renunció para trabajar en el Easterseals Rehabilitation Center y luego para el Gobierno del estado de Indiana. En ese puesto, hasta hace poco, ayudaba a trabajadores de bajos ingresos a encontrar cuidado infantil para poder conservar su trabajo. “Las personas a quienes servía son las personas que están trabajando arduamente en estos momentos”, dice Bottoms. “Son trabajadores esenciales”. Cuando la despidieron de ese puesto en la primavera, aceptó un trabajo en el Departamento de Acceso y Logística de un hospital local.

Décadas atrás, Bottoms había rechazado una beca universitaria después de la escuela secundaria para poder comenzar a trabajar inmediatamente en Whirlpool debido al buen salario. Después del despido, tomó muy en serio sus estudios y obtuvo una licenciatura y dos maestrías: una en Gestión de Organizaciones sin Fines de Lucro y otra en Gestión Estratégica. Su consejo para quienes se enfrentan a un despido inesperado después de los 50 años es: “Cambias. Tienes que cambiar o no tendrás éxito. Tienes que ser un camaleón. Tienes que absorber tu alrededor y aprender a adaptarte”.

Steven Greenhouse escribe sobre temas laborales y es el autor de Beaten Down, Worked Up: The Past, Present, and Future of American Labor.

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