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Misofonía: cuando ciertos sonidos te sacan de quicio

Para las personas con misofonía, sonidos cotidianos como masticar y estornudar pueden desencadenar respuestas emocionales.


mujer tapándose los oídos mientras otra come, ilustrando la misofonía
Liam Eisenberg

Puntos principales

Cualquiera que haya estado sentado al lado de alguien que mastica fuerte, sorbe, bosteza o estornuda sabe lo irritantes que pueden ser esos ruidos. Pero para el 5 al 20% estimado de personas con misofonía, sonidos como bostezar, masticar, respirar o el golpeteo repetido son mucho más que ruido.

¿Qué es la misofonía?

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La palabra "misofonía" se deriva de las palabras griegas para "odio" y "sonido". "Significa odio al sonido, pero en realidad es una condición caracterizada por fuertes reacciones emocionales negativas a sonidos específicos", explica Jon Douglas, un audiólogo clínico y profesor asistente en la Universidad del Sur de Florida en Tampa. "[La respuesta es] claramente excesiva e irrazonable, y no está en proporción con la circunstancia".  

Aunque las emociones están involucradas, la misofonía no está incluida como un trastorno oficial en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR) de la Asociación Americana de Psiquiatría. En cambio, los investigadores la consideran neurofisiológica, lo que significa que involucra partes del sistema nervioso que regulan la emoción y el comportamiento.

El trastorno típicamente comienza durante la infancia o la adolescencia. Pero la misofonía también es común en los adultos mayores, e incluso puede comenzar más tarde en la vida.

Para algunas personas, la misofonía no es más que un inconveniente menor. Pero para aquellos con un caso severo, puede ser extremadamente angustiante y debilitante, y tiene un efecto profundo en el funcionamiento diario, el trabajo y las relaciones.

Sonidos comunes que desencadenan la misofonía

Una variedad de sonidos, muchos de los cuales son emitidos por otras personas, pueden desencadenar esta reacción. Los desencadenantes más comunes de la misofonía son:

  • Sonidos como masticar, beber, chasquear los labios, tragar, sorber, crujir o eructar
  • Sonidos de la boca, garganta y nariz como sorber, sonarse la nariz, roncar, aclararse la garganta, toser, respirar o bostezar
  • Sonidos repetitivos que pueden involucrar un objeto, como hacer clic con un bolígrafo, escribir en un teclado o el golpeteo rítmico con el pie
  • Sonidos producidos por objetos, como el tic-tac de un reloj o el goteo de agua 

Ninguno de estos sonidos es inherentemente amenazante, pero al escucharlos se provoca una reacción incontrolable de lucha o huida en el sistema nervioso, tal como lo haría una situación peligrosa.  

La reacción emocional a los sonidos desencadenantes puede ser extrema e incluir:

  • Pensamientos negativos
  • Irritación
  • Enojo
  • Ansiedad
  • Temor
  • Asco
  • Ira

Además de la respuesta emocional, los sonidos pueden desencadenar síntomas físicos como:

Incluso ver a alguien masticar o golpear el pie en el suelo también puede provocar estos síntomas. Este fenómeno se llama misokinesia y cae bajo la misma sombrilla de trastornos que la misofonía.  

La respuesta de lucha o huida a la misofonía

Un sonido particular no necesita ser fuerte o inherentemente molesto para desencadenar una misofonía. El nivel o la calidad del sonido importa menos que su significado para la persona.  

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“La mayoría de las veces son sonidos de bajo nivel que nadie nota, como un grifo goteando o alguien respirando al lado tuyo”, explica Heidi Lack, una psicóloga clínica licenciada que ha vivido con misofonía desde la infancia. La misofonía difiere de la hiperacusia, un trastorno que hace que los sonidos a volumen normal parezcan incómodamente fuertes.

“Cuando estudiaba el posgrado, llegué a tener pensamientos violentos hacia la persona sentada detrás de mí [que estaba] jugando con un envoltorio durante un examen”, recuerda Lack. “Me di cuenta de que había algo realmente diferente en mí".

Cuando se enfrentan a un sonido desencadenante, algunas personas con misofonía salen corriendo de la habitación para escapar de él.

Melissa Gilbert, conocida por su papel de Laura Ingalls en Little House on the Prairie, le contó a People sobre sus luchas con la misofonía mientras filmaba en el set cuando era niña. Los ruidos de todos los días, dijo ella, la enfurecían.

"Si alguno de los niños mascaba chicle o comía o golpeaba sus uñas en la mesa, quería salir corriendo", le dijo a la revista People en el 2024". También dijo que su condición empeoró a medida que envejecía y llegaba a la menopausia.

¿Qué causa la misofonía?

Los investigadores no han podido responder definitivamente a esa pregunta, porque este trastorno no ha sido estudiado lo suficiente. Una teoría se centra en la forma en que el cerebro interpreta la información de los oídos y otros órganos sensoriales. Un estudio publicado en Frontiers in Neuroscience mostró que, mediante resonancia magnética funcional (fMRI), se observa un aumento de actividad en las áreas del cerebro relacionadas con el procesamiento de sonidos, emociones y conductas (en inglés) cuando las personas con misofonía se enfrentan a sus desencadenantes.   

En otra investigación, publicada en The Journal of Neuroscience, las exploraciones fMRI revelaron que puede no ser solo sobre el sonido. La misofonía podría estar relacionada con cómo nuestros cerebros responden a las acciones detrás de esos sonidos (en inglés). Los investigadores lo llaman "hyper mirroring" (hiperimitación), y cuando alguien hace un ruido, como masticar, la parte del cerebro que controla movimientos similares de la boca y la cara en alguien que tiene misofonía se vuelve inusualmente activa, casi como si estuviera tratando de "reflejar" la acción.

Este estudio podría ayudar a explicar por qué los sonidos desencadenantes provocan emociones y comportamientos tan fuertes, y podría llevar a nuevos tratamientos que se enfoquen en la representación cerebral del movimiento y no solo en los sonidos.

La genética también podría estar involucrada. La misofonía a menudo afecta a muchos miembros de la misma familia. Lack recuerda que su madre tenía reglas estrictas sobre masticar con la boca abierta o hacer ruidos al sorber. "Ahora me doy cuenta... ella tenía misofonía", dice. Lack dice que sus propios hijos también tienen la condición.

Un estudio publicado en Frontiers in Neuroscience buscaba confirmar factores genéticos que contribuyen a la misofonía (en inglés) y utilizó un estudio de asociación de genoma completo (GWAS) no publicado de 23andMe. Los resultados encontraron vínculos genéticos entre la misofonía y la audiología, psiquiatría y trastornos de personalidad, incluyendo:  

  • Tinnitus
  • Trastorno depresivo grave
  • Trastorno de estrés postraumático (TEPT)
  • Trastorno de ansiedad generalizada
  • Culpa/neuroticismo
  • Irritabilidad/sensibilidad

Los resultados no confirmaron una correlación genética con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el trastorno obsesivo-compulsivo o los trastornos psicóticos.

Cómo se diagnostica la misofonía

Puedes comenzar visitando a un audiólogo si sospechas que tú o un ser querido tiene misofonía. Si el audiólogo descarta la hiperacusia u otro trastorno auditivo, una visita a un psicólogo u otro proveedor de salud mental es el siguiente paso.

Utilizarán una variedad de herramientas de evaluación para identificar qué sonidos te molestan, cómo reaccionas cuando los escuchas y cómo la condición ha impactado tu vida.

Opciones de tratamiento para la misofonía

Se han estudiado muchos tratamientos para la misofonía, pero ninguno ha demostrado ser efectivo para todos. Un enfoque personalizado en equipo que involucre a un audiólogo, un proveedor de salud mental, un terapeuta ocupacional y otros especialistas puede ayudar, pero como no hay cura, el manejo se adapta a ti.

Tratar la misofonía a menudo implica una combinación de terapia psicológica y terapia de sonido, incluyendo la terapia cognitivo-conductual (TCC), la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y la terapia dialéctica y conductual (TDC), dice Lack.

La TCC te ayuda a replantear tus desencadenantes para que reacciones menos negativamente a ellos. En el primer ensayo controlado de TCC (en inglés) para evaluar su eficacia a corto y largo plazo, los síntomas de misofonía mejoraron en un 56% de las personas que completaron tres meses de TCC. Esas mejoras continuaron un año después de que terminó el tratamiento.

Las terapias psicológicas a menudo se combinan con la terapia de sonido. Un método es bloquear el sonido con tapones para los oídos o auriculares. Otro es enmascararlo con una máquina de sonido o música de fondo.

Los generadores de sonido a nivel de oído (ELSG) también pueden ser útiles para la misofonía. Puedes usar estos pequeños dispositivos, similares a audífonos, detrás de la oreja para crear un ruido de fondo constante de bajo nivel (como ruido blanco o sonidos de la naturaleza).

Cómo sobrellevar la misofonía

“No tenemos una cura para la misofonía, así que gran parte de nuestro manejo se basa en estrategias de afrontamiento”, dice Douglas. Un proveedor de salud mental o un terapeuta ocupacional puede enseñarte algunas de estas estrategias.

Estas son otras técnicas que puedes tratar: 

  • Aprende maneras de relajarte. Podrías usar la atención plena, la respiración profunda, la meditación, el yoga u otro método que funcione para calmar tu mente y cuerpo. Algunas personas encuentran consuelo al acostarse bajo una manta con peso o al sumergirse en un baño caliente.
  • Rodéate de aliados. Elige amigos que vean tus fortalezas, no el trastorno.
  • Habla con un terapeuta o grupo de apoyo. "Encontrarás a otras personas que tienen algún tipo de misofonía, así que no te sentirás tan extraño", dice Lack. Los grupos de apoyo para la misofonía están disponibles a través de organizaciones como la Misophonia Association y soQuiet.

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