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Adultos mayores que viven solos en EE.UU. ¿Cómo lo logran?

Desde divorciados hasta viudos y solitarios por naturaleza, aquí hay 5 perfiles de personas que envejecen solas.


Ruben Lopez tocando una guitarra
Ruben Lopez Jr., de 70 años, de Meridian, Idaho, está construyendo una vida social tras su divorcio, tocando su bajo en la banda de una iglesia local.
Andy Anderson

Para una quinta parte de los adultos mayores en el país, vivir solos (en inglés) es la norma; algunos lo hacen por elección y otros por circunstancias. Pero algo es cierto: no siempre es fácil. Las historias a continuación son de personas que afrontan por su cuenta crisis de salud, duelo y episodios de soledad y aislamiento. También comparten historias de los amigos que les brindaron ayuda cuando la necesitaron, y de cómo descubrieron una fortaleza y determinación que no sabían que tenían. Estas son cinco historias de adultos mayores que forjan su propio camino en sus años dorados.

"No pensé que estaría solo a esta edad"

Ruben Lopez Jr., 70, Meridian, Idaho

Ruben Lopez Jr. se quedó atónito cuando su esposa le dijo que quería el divorcio hace tres años. "Uno de mis primeros pensamientos fue, espera un minuto; no se suponía que esto sucediera así", dice Ruben, jubilado del Servicio Postal de EE.UU. "No pensé que estaría solo a esta edad".

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Como muchos otros adultos mayores que se divorcian, Lopez cambió sus planes para la jubilación, las finanzas y la vida social. “Íbamos a viajar”, dice. “Esperaba hacer eso con una pareja. Tuve que reiniciar mi vida para decidir cómo quería vivir y qué quería hacer”.

En el 2023, Lopez se mudó del sur de California a Idaho, un lugar que había visitado a menudo y que amaba por su paisaje y esquí. Renovó su dieta, comenzó a caminar varias millas al día, perdió 30 libras y dejó dos medicamentos para la presión arterial. El estilo de vida saludable de Lopez facilita la exploración en zonas remotas. “He arreglado la parte trasera de mi SUV para poder poner mi saco de dormir, colchón y neveras allí”, dice. “Me gusta viajar a las montañas y acampar durante la noche”.

Es una nueva vida con un nuevo presupuesto. “No puedo hacer cosas extravagantes”, dice Lopez. “El plan era que estaríamos casados, contaríamos con nuestro Seguro Social y pensiones, más lo que ahorramos para la jubilación. Dividimos eso, pero tuve que saldar algunas deudas. Principalmente, vivo de una pensión y del Seguro Social”. El verano y otoño pasados, Lopez recorrió ventas de garaje, tiendas de segunda mano y ventas de tiendas de esquí en busca de ofertas en esquís, bastones y botas para poder ir a las pistas este invierno. “De joven esquiaba, y estoy emocionado de volver a hacerlo”, dice. “Pero a $100 por un boleto de telesilla por un día, no iré tan a menudo”.

¿Salir en citas? Tal vez en el futuro, dice él. Una experiencia temprana de citas terminó abruptamente, y distinguir a las mujeres reales de las estafadoras en las aplicaciones de citas es difícil, dice. Está construyendo una vida social tocando su bajo en la banda de adoración en una iglesia local. "La mayor parte de mi vida he tocado en la iglesia", dice Lopez. "Puedes conocer gente y desarrollar amistades porque la música es primordial".

"Todos necesitamos una red".

Carlene Davis, 59, Los Ángeles

Carlene Davis de pie en una entrada
"Envejecer sola te da la autonomía para centrarte en tus propias necesidades", dice Carlene Davis, de 59 años, de Los Ángeles, quien viaja y hace voluntariado en su tiempo libre.
Jessica Pons

En el 2012, Carlene Davis decidió que envejecer sola funciona mejor cuando las personas lo hacen en compañía.  Con una amiga, cofundó Sistahs Aging with Grace & Elegance (SAGE) con sede en California, enfocada en las mujeres negras (en inglés) a medida que envejecen.

"Cuidé de mis padres en mis 20 y 30", dice Davis, una consultora para organizaciones sin fines de lucro y vicepresidenta de Estrategia y Evaluación en el California Black Women’s Health Project. "Después de que fallecieron y se convirtieron en ancestros, comencé a pensar en mi propio camino hacia el envejecimiento. Soy hija única. No tengo hijos, ni esposo, ni hermanas ni hermanos. Si necesitara el tipo de cuidados que proporcioné a mis padres, no tengo la red de seguridad tradicional. Si algo pasara, no hay una mini-yo".

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Pero pensó que podía construir una red con su amiga y cofundadora, Kiara Pruitt. "Me di cuenta de que necesitaba ser intencional sobre cómo podría ser mi sistema de apoyo para el envejecimiento", dice Davis. "Eso llevó a conversaciones con mis amigos. Luego, a conversaciones comunitarias, y a la creación de SAGE". Su misión: unirse para tener vidas más saludables, activas, socialmente conectadas y financieramente seguras en la vejez. Las 2,000 socias de SAGE comparten experiencias de envejecimiento, participan de manera virtual y en persona, y se reúnen en eventos, incluyendo reuniones de verano con sesiones educativas que cubren todo, desde el envejecimiento en el hogar hasta el cuidado y las citas románticas.

Davis disfruta de su vida de soltera. Ha viajado extensamente por Europa, Australia, Sudamérica y África, donde ha realizado trabajo voluntario. Y ha lanzado otros proyectos comunitarios a través del California Black Women’s Health Project, incluyendo el Proyecto Sankofa Elders, dirigido a empoderar a los adultos mayores negros para abogar por soluciones comunitarias a las disparidades de salud.

“Envejecer sola te da la autonomía para centrarte en tus propias necesidades", dice Davis. Y es muy consciente de la importancia de crear una red de seguridad de amigos que sean como familia para ella. “No tendrás los beneficios de un cónyuge para reforzar tus ahorros ni un hijo adulto que contribuya a tu cuidado", señala. “Nuestro sistema de salud tiene estándares y políticas, pero no abogará por ti como lo haría un ser querido. Todos necesitamos una red".

"Hemos visto de todo... Eso es lo que nos hace tan fuertes como somos"

Vicki Ivey, 83, Cheyenne, Wyoming

Una nueva vida social comenzó para Vicki Ivey cuando entró en la biblioteca pública de Cheyenne en junio del 2014 para una reunión del Cheyenne Widows and Widowers Group. Su amor de la secundaria y esposo durante 54 años, Dale, había fallecido a principios de ese año. Una amiga que conoció en una reunión de apoyo en un centro para enfermos terminales le sugirió el grupo. Pronto, la pareja estaba en el centro de un grupo de mujeres intrépidas.

Vicki Ivey apoyada contra un árbol
Vicki Ivey, de 83 años, de Cheyenne, Wyoming, ha notado una resiliencia especial en las personas que envejecen solas, incluyéndose a sí misma. Ivey es parte del grupo de personas viudas, el Cheyenne Widows and Widowers Group, que se reúne semanalmente para socializar.
Matt Nager

“A los demás les gustaba estar con nosotras porque nos gustaba reír”, dice Ivey, una expeluquera y dueña de una tienda de regalos. “Tenía un Ford Explorer en el que cabían siete personas. Las llevé a Estes Park para el fin de semana. Fuimos a Fort Collins a comer fuera, y a Snowy Range para ver los hermosos árboles".

Ivey ha notado una resiliencia especial en las personas que envejecen solas, incluyéndose a sí misma. Lloran por los cónyuges perdidos y los matrimonios que duraron décadas. “Cuando estaba sola, extrañaba a Dale más que nada”, dice. “Me tomó tres años superar cuánto lo extrañaba". Al mismo tiempo, una vida de experiencia les da la fortaleza para seguir adelante. “Nuestra generación, hemos visto de todo”, dice Ivey. “Nosotros, los nacidos durante y justo después de la Segunda Guerra Mundial, hemos visto tiempos malos, hemos visto tiempos tristes y hemos visto tiempos buenos. Tenemos el espectro completo de lo que es la vida. Eso es lo que nos hace tan fuertes como somos".

Esa determinación ha ayudado a Ivey a superar los recientes tratamientos contra el cáncer de útero, meses de recuperación, una debilidad persistente en sus caderas y un problema de rodilla que hace que caminar sea difícil. Los tres hijos de Ivey viven a una o dos horas de distancia, en Colorado. Es una familia muy unida. Pero por ahora, ella se queda en Cheyenne. "Mis hijos estarían encantados si me mudara más cerca de ellos", dice Ivey. "Pero no quieren presionarme para que me mude. Saben que me estoy divirtiendo mucho con mis amigos aquí".

"La gente sabe que puede entrar y hablar"

Leon Christensen, 84 años, San Diego

A los 65 años, Leon Christensen se desplomó en el suelo de su apartamento. "Un minuto estaba bien; al siguiente, todo se apagó", dice Christensen, que ahora tiene 84 años. Fue un derrame cerebral hemorrágico: sangrado en el lado derecho del cerebro. Nunca se casó. El exproductor musical, programador de computadoras y experto en reparaciones siempre había vivido solo. "Nadie me encontró durante cuatro días", recuerda Christensen. Los vecinos finalmente lo encontraron y pidieron ayuda. "Me llevaron a la morgue del condado en el Hospital Mercy en San Diego", dice. "Por suerte, el encargado del turno de noche se dio cuenta de que no estaba muerto".

Leon Christensen, 84 años, San Diego
Leon Christensen, de 84 años, de San Diego, se describe a sí mismo como un solitario natural que disfruta de su propia compañía, pero también le gusta tener amigos cerca.
Philip Cheung

Recuperó la conciencia un mes después en el hospital y se recuperó lentamente durante el año y medio siguiente. Luego, vivió con un amigo antes de mudarse a una residencia administrada por la agencia de servicios sociales Serving Seniors San Diego. Allí, envejecer solo es la norma. “Casi todo el mundo está viviendo solo", dice él.

Christensen se describe a sí mismo como un solitario natural que disfruta de su propia compañía, pero también le gusta tener amigos cerca. Creció en una granja en Nebraska, luego se mudó a Omaha a los 16 años. Se mudó a San Diego porque "es un paraíso, tenemos playas hermosas". La familia está lejos. "La mayoría de mis parientes están en la costa este y no los he visto en más de 20 años", dice él. "Mis padres y mi hermano han fallecido".

El derrame cerebral lo dejó parcialmente sordo, legalmente ciego y mayormente paralizado. Usa una silla de ruedas motorizada, pero aún puede usar su mano izquierda. ("Soy zurdo natural", dice.) Un cuidador lo ayuda con las compras, el banco y otros mandados, y Serving Seniors San Diego le proporciona comidas todos los días. Hay bingo abajo, y sus vecinos lo visitan a menudo. "Cuando mi puerta está abierta, la gente sabe que puede entrar y hablar", dice Christensen. "Estoy disponible".

"Ahora soy la responsable"

Joy Frank-Collins, 50 años, Columbus, Ohio

Cuando a su esposo, Ethan, le diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda a finales del 2022, Joy Frank-Collins recuerda haber pensado, no puedo ser viuda. No sé cómo serlo. Ethan murió en septiembre del 2023 a los 49 años por una complicación rara después de un trasplante de médula ósea. “Ethan estaba decidido a ser el mejor paciente de cáncer que jamás nadie haya visto", dice ella. “Literalmente, nunca esperábamos que muriera”.

Joy Frank-Collins mirando papeles en una carpeta.
Joy Frank-Collins, de 50 años, de Columbus, Ohio, estaba "comenzando nuestro segundo acto" con su esposo, Ethan, cuando él falleció en el 2023. Dejó una carpeta con información y consejos que le dieron el valor para seguir adelante.
Maddie McGarvey

La pareja crio a dos hijos durante casi 24 años de matrimonio. “Ethan y yo estábamos comenzando nuestro segundo acto”, dice Frank-Collins. "Éramos algo así como padres con el nido vacío, con el menor en la universidad y nuestro hijo mayor comenzando en la facultad de derecho".

Le tomó más de un año comenzar a procesar su dolor. “Estás en modo cuidador, modo de lucha o huida. Todavía estoy saliendo de eso”, dice ella. Pero poco después de la muerte de su esposo, Frank-Collins tuvo que hacerse cargo de las finanzas y encontrar una manera de pagar las cuentas solo con su salario. Ethan, el principal sostén de la familia, se había encargado de todas las finanzas familiares. “Él estaba cuadrando la chequera hasta el día antes de que ingresara a la unidad de cuidados intensivos”, dice ella. “Realmente, no sabía cómo yo podría resolvería todo. Una de las cosas más difíciles de envejecer sola es que no hay división de responsabilidades en absoluto. Ahora soy la responsable".

Dentro de una carpeta de documentos de impuestos sobre la renta organizada por Ethan, ella encontró una lista de cuatro páginas con información sobre sus cuentas, además de consejos que él había dejado para su familia. Esos consejos le dieron a Frank-Collins el valor para seguir adelante, incluyendo pedir un aumento en el trabajo. Lo consiguió.

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