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¿Es esta 'la generación yo'? ¡Quizás no!

A pesar de los estereotipos, los baby boomers criaron jóvenes tolerantes y generosos.

In English | A menudo se critica a los jóvenes de hoy, diciendo que no están a la altura de los jóvenes de ayer. De algún modo, los jóvenes adultos de hoy han adquirido la reputación de ser una generación excepcionalmente egoísta. Una y otra vez, los han caracterizado de mimados, consentidos y elogiados de manera excesiva desde el día en que nacieron, de modo que al llegar a la adolescencia esperan que el mundo se rinda a sus pies sin mayor esfuerzo de su parte.

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Un joven limpia basura en los alrededores; los jóvenes son más enfáticos e idealistas de lo que las generaciones mayores temen.

Foto por Cultura/Getty Images

Suena deprimente, pero ¿es cierto? En realidad, la evidencia indica todo lo contrario a esta imagen negativa de los adultos jóvenes de hoy en día. Considere lo siguiente:

  • El porcentaje de estudiantes de secundaria y universitarios que se ofrecen de voluntarios nunca ha sido tan alto. Según un sondeo de universitarios de primer año llevado a cabo por el Higher Education Research Institute (Instituto de Investigaciones de Educación Superior) en toda la nación, más del 80 % de esos universitarios realizó trabajo voluntario en el último año. Jóvenes de veintitantos años—los llamados “adultos emergentes”— se están inscribiendo en números récord en organizaciones como Peace Corps, Americorps y Teach for America.
  • Los universitarios de hoy tienen mayor probabilidad que antes de participar en organizaciones políticas organizadas, aun si se les compara con la generación que llegó a la mayoría de edad durante la agitación política de los años 60, según el Higher Education Research Institute. No suelen acudir a las urnas, lo que ha sido cierto durante décadas, pero muchos se mantienen activos en organizaciones dedicadas a asuntos como la protección del ambiente, el alivio de la pobreza y la ayuda a refugiados internacionales.
  • Los adultos jóvenes de hoy son más tolerantes y menos excluyentes que ninguna generación anterior. Su aceptación de la diversidad cruza fronteras de género, orientación sexual, grupo étnico y religión. Según el General Society Survey (Encuesta General de la Sociedad) que realiza todos los años la Universidad de Chicago, piensan casi unánimemente que las mujeres deben disfrutar de igual oportunidades que los hombres y rechazan los estereotipos de género como “los hombres son mejores políticos que las mujeres”. La encuesta de universitarios de primer año del Higher Education Research Institute muestra que dos tercios de ellos creen que el matrimonio entre personas del mismo sexo debe ser legal, una proporción muy superior a la que arrojan los sondeos de grupos de mayor edad. Para ellos, las amistades y las relaciones románticas interétnicas ya no son algo nuevo. La misma encuesta halló que el 70 % de los encuestados había socializado con una persona de otro grupo étnico ese año.

En cuanto a religión, aun los jóvenes muy religiosos poseen una actitud de aceptación hacia personas que tienen creencias diferentes, según el National Survey on Youth and Religion (Encuesta Nacional sobre la Juventud y la Religión).

Si uno combina todos estos descubrimientos, obtiene una imagen de esta generación de adultos emergentes muy diferente al retrato a que estamos acostumbrados: que no constituyen una generación de vagos egoístas sino una generación generosa y de gran corazón.

Esto pudiera ser exactamente lo que necesita el mundo para afrontar los desafíos que le aguardan. Los peores problemas del presente y del futuro son problemas principalmente globales, no simplemente locales. Los colapsos financieros, el terrorismo y el cambio climático son desafíos que cruzan fronteras y ninguna parte del mundo está a salvo de sus consecuencias. Con su empatía por las personas que son distintas a ellos, y con la experiencia directa que muchos tendrán de viajar o trabajar con seres humanos en otras partes del mundo, estos jóvenes estarán bien preparados para encontrar soluciones globales a problemas globales.

Aun su criticada pasión por las nuevas tecnologías fomenta esta visión generosa e interconectada del mundo. Los adultos jóvenes de hoy han crecido jugando juegos electrónicos y conversando en chats o tertulias digitales con “amigos” que nunca verán, que pudieran vivir en cualquier lado, y esta consciencia global los prepara para contactos y conexiones internacionales más adelante. Las nuevas tecnologías les han dado la sensación de ser ciudadanos del mundo, parte de una gran familia global, y han alimentado su empatía y generosidad hacia personas en todas partes del mundo.

Así que la próxima vez que oiga a alguien denigrar a esta generación, recuérdeles el otro lado de la historia. A pesar de las críticas, bien podría ser una de las generaciones más altruista.

Jeffrey Jensen Arnett es profesor investigador de psicología en Clark University y autor de Emerging Adulthood: The Winding Road from the Late Teens Through the Twenties (La adultez emergente: el camino tortuoso de la adolescencia a los treinta años). Elizabeth Fishel ha publicado numerosos escritos sobre temas familiares y es la autora de cuatro libros, entre ellos Sisters (Hermanas) y Reunion (Reencuentro).

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