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El estrés y sus efectos en el organismo de los mayores de 50 años

Mientras más años tengamos, más dañino puede ser para nuestra salud el estrés crónico. Pero es posible que los adultos mayores desarrollemos un superpoder que mantenga a raya esos efectos perjudiciales.


spinner image Una mujer preocupada y con estrés
SHUTTERSTOCK; GETTY IMAGES; HERO IMAGES; STOCKSY/AARP

A los 6 años, sentimos estrés el primer día que vamos al kindergarten. A los 12 años, nos estresamos en un partido de eliminatorias de fútbol. Y así seguimos en la juventud, la mediana edad y el resto de la vida. Lo que nos causa estrés podría cambiar con el paso de los años. Pero el fenómeno del momento estresante, ese estallido repentino de reacciones fisiológicas y emocionales fuertes que todos hemos sentido en carne propia, se mantiene casi igual.

La diferencia es la manera en la que nos afecta.

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Con la edad, nuestro organismo reacciona al estrés con mayor intensidad, los efectos del estrés para la salud pueden volverse más perjudiciales y, después de que nos estresamos, nuestro organismo se demora más en recuperarse. Y si bien, como adultos mayores, es posible que sintamos con menos frecuencia estrés agudo —aquellos episodios individuales de tensión, enfrentamiento o miedo que forman parte inevitable de la vida moderna—, somos más propensos a enfrentar retos constantes, tales como enfermedades, inseguridad económica y el cuidado de seres queridos que pueden provocar reacciones estresantes durante años, incluso décadas.

Pero también hay buenas noticias. Mientras que la edad erosiona nuestras defensas naturales contra el estrés, también nos brinda nuevas armas poderosas para contraatacar.

Por qué nos estresamos menos

Las encuestas demuestran constantemente que como adulto mayor, manejas mejor las situaciones estresantes que las personas más jóvenes. Un ejemplo concreto: la crisis de COVID-19. El 94% de las personas en el país que han muerto debido a esta enfermedad tenían 50 años o más. Los adultos mayores de 65 años conforman solo el 17% de la población del país, pero representan el 76% de las personas que murieron debido a la COVID-19.

Sin embargo, en una encuesta realizada por la Universidad de Míchigan en el 2021, en plena pandemia, el 65% de los adultos de entre 50 y 80 años calificaron su salud mental como “excelente” o “muy buena”. Y una encuesta realizada por AARP en el 2020 reveló que, si bien el 38% de las personas de 40 o más años dijeron que se sentían “sumamente estresadas”, los encuestados mayores mostraron más resistencia frente a la adversidad: el 33% de los de 50 años, el 18% de los de 60 años y solo el 13% de los de 70 años o más informaron que sentían niveles altos de estrés.

¿Por qué ocurre eso? En pocas palabras, mientras mayores seamos, mejor podremos apartarnos de situaciones que podrían ser estresantes, dice Susan Charles, profesora de Ciencias Psicológicas en la Universidad de California, Irvine.

“Por ejemplo, cuando traemos al laboratorio a personas mayores y a otras más jóvenes”, señala Charles, “y las ponemos en una situación incómoda, los adultos mayores son mucho más propensos a decir que no les resulta tan estresante. Los jóvenes reaccionan mucho más”.

En algunos estudios se ha demostrado que, en comparación con los adultos más jóvenes, las personas mayores tienen muchas más probabilidades de reconocer los estímulos emocionales positivos y de ignorar los negativos. En un estudio, se demostró que los adultos mayores tuvieron un 50% más de probabilidades de usar técnicas de afrontamiento proactivas, aprendidas durante su larga vida, para evitar que surjan situaciones estresantes, y que son más aptos para llegar a un compromiso frente a las exigencias de la vida.

Según Charles, estas habilidades provienen de tres cualidades más comunes entre los adultos mayores que entre las personas más jóvenes: experiencias vitales, autoconocimiento y la perspectiva que brinda el tiempo.

“Los adultos mayores son más propensos a decidir apartarse de los problemas de poca importancia, pues entienden que no vale la pena enojarse por pequeñeces. Por ejemplo, si un adulto mayor está hablando de política con alguien con quien no siempre está de acuerdo, es mucho más hábil para cambiar de tema que una persona menor”.

De la misma manera, las personas mayores son mucho más propensas a concentrar su energía en relaciones importantes con buenos amigos y familiares, y menos con conocidos casuales. Tienen menos conflictos estresantes en esas relaciones estrechas y, cuando surgen conflictos, tienden a considerarlos de forma menos negativa. Eso podría explicar en parte por qué los adultos mayores informaron que sentían menos estrés relacionado con la COVID-19 que las personas más jóvenes: sus redes de relaciones sociales eran más sólidas.

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Tienen menos conflictos estresantes en esas relaciones estrechas y, cuando surgen conflictos, tienden a considerarlos de forma menos negativa. Eso podría explicar en parte por qué los adultos mayores informaron que sentían menos estrés relacionado con la COVID-19 que las personas más jóvenes: sus redes de relaciones sociales eran más sólidas.

“Una vez que el corazón empieza a bombear, el cuerpo de un adulto mayor tarda más en relajarse y recuperarse”.

Susan Charles, profesora de Ciencias Psicológicas en la Universidad de California

Si el estrés no cede

Es cierto, los adultos mayores hemos desarrollado técnicas para sobrellevar momentos sumamente estresantes: estallidos de ira, peligros inminentes e incluso el inicio de una pandemia. Pero el estrés sigue siendo un enemigo agresivo de nuestra salud, debido en gran parte a tipos más crónicos de estrés y al repiqueteo constante de los problemas de salud, las presiones de cuidar a familiares enfermos y la mayor ansiedad relacionada con vivir con ingresos “fijos”, los que representan retos frecuentes para los adultos mayores.

Estos retos de alto nivel activan nuestro estrés, día tras día, semana tras semana, año tras año. Digamos que tienes problemas de finanzas; cada vez que recibes una factura por correo o estás en el supermercado, los temores instantáneos relativos al dinero pueden provocar la aparición de las sustancias químicas del estrés. Esto puede impactar al organismo, en particular el de un adulto mayor, que podría ser más vulnerable debido a otros problemas de salud, de formas menos detectables pero mucho más trascendentes, dice Charles.

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Respuesta N.º 1 al estrés: la inundación de hormonas

Cuando el hipotálamo del cerebro percibe el estrés, le indica a la glándula pituitaria y a las suprarrenales que liberen cortisol, la “hormona del estrés”, al torrente sanguíneo, para ayudar al organismo a responder a situaciones peligrosas. El cortisol hace varias tareas, entre otras aumentar los compuestos inflamatorios y los factores de coagulación en la sangre, en preparación para una posible lesión.

Entre los adultos mayores, ese aumento rápido de cortisol es más fuerte y demora más en regresar a los niveles normales. Algunos estudios demuestran que el cortisol afecta a los adultos mayores mucho más que a los más jóvenes, y les causa más inflamación. Esta hormona también impacta nuestra capacidad física porque debilita la transmisión de señales a los músculos; es posible que a los adultos mayores que estén estresados les resulte más difícil hacer algo como subir escaleras. Cuando el estrés se vuelve crónico, el cerebro, en el que abundan los receptores de cortisol, experimenta oleadas de cortisol frecuentes, que se vuelven tóxicas y aumentan el riesgo de tener demencia.

El cortisol también puede desequilibrar el sistema inmunitario. En un estudio, estar expuesto a estrés crónico durante un mes se asociaba con un riesgo más de un 150% mayor de contraer un resfriado. En otro estudio de adultos mayores con dificultades económicas, cada día transcurrido desde su último pago del Seguro Social (una fuente significativa de ingresos para casi dos tercios de las personas mayores) se asociaba con un aumento considerable de la inflamación, un sabido factor pronóstico de discapacidad y mortalidad.

Cómo luchar contra una inundación de cortisol: Hay muchas formas de disminuir la intensidad, pero una de ellas sobresale. Ciertos estudios indican que “el ejercicio puede reducir los niveles de cortisol de los adultos mayores y de las personas con trastorno depresivo grave”, según Cleveland Clinic. Resulta que esa sensación maravillosa después de hacer esfuerzo físico es lo más curativo que puedes hacer contra el estrés.

spinner image Una mujer mayor preocupada
SHUTTERSTOCK; GETTY IMAGES; HERO IMAGES; STOCKSY/AARP

Respuesta N.º 2 al estrés: el instinto de lucha o huída

La otra manera en la que el cerebro responde al estrés es que le indica al organismo que libere adrenalina. Eso aumenta la frecuencia cardíaca y cambia el flujo sanguíneo, lo que envía más oxígeno al corazón y a los músculos esqueléticos. El metabolismo celular se acelera para aumentar la producción de energía y la presión arterial sube mucho para distribuir esa energía donde haga falta. Otros vasos sanguíneos se contraen y aumentan más la presión arterial, al tiempo que mantienen el flujo de sangre y oxígeno hacia los órganos vitales. Esto se vuelve cada vez más peligroso a medida que envejecemos y que empiezan a volverse más comunes los problemas de salud, como la presión arterial alta.

“A menudo, con la edad, perdemos resiliencia física”, dice Charles. “Por eso, mientras más años tengas, más demorará la temperatura central de tu cuerpo en regresar a su nivel normal. O cuando veas un auto con las luces altas, tus ojos tardarán más en readaptarse”.

Lo mismo sucede cuando sientes estrés, señala Charles. “Una vez que el corazón empieza a bombear, el cuerpo de un adulto mayor tarda más en relajarse y recuperarse”. En un estudio, se hizo seguimiento de la presión arterial de los maestros durante el transcurso de un día escolar estresante. Tanto los maestros jóvenes como los de mayor edad tenían la presión elevada; sin embargo, al final del día, la presión arterial de los maestros más jóvenes había vuelto a ser normal, pero no la de los maestros mayores.

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Es algo que tiene sentido. A medida que envejecemos, los vasos sanguíneos se endurecen y a menudo padecemos ateroesclerosis, que impide el flujo de la sangre. Eso explica por qué, entre los adultos mayores, la respuesta al estrés tiene más probabilidades de causar un derrame cerebral o un ataque al corazón: mientras más anomalías tenga el sistema vascular, más peligroso será un aumento súbito de la presión arterial.

Cómo desactivar la respuesta de lucha o huida: Los adultos mayores tenemos algunas ventajas para calmar el sistema nervioso simpático, porque la sabiduría adquirida nos puede ayudar a notar patrones estresantes y a practicar la aceptación. “Reformular” una amenaza percibida la disminuye. En un estudio, adultos mayores que participaron en una capacitación en atención plena de ocho semanas disminuyeron su riesgo de depresión en más de un 50%.

Toma las riendas

Lo que causa estrés no siempre es el factor estresante de por sí, sino la sensación de que no podemos hacer nada al respecto. Quizás por eso, se ha demostrado una y otra vez que el ejercicio físico es una de las formas más eficaces de enfrentar el estrés: es activo, es proactivo y te da una sensación de dominio y control.

También es muy eficaz para contrarrestar los riesgos del estrés para la salud. Por ejemplo, en un estudio, se descubrió que los adultos mayores en mala situación financiera tuvieron, respectivamente, niveles un 15% y un 20% mayores de distintos indicadores de inflamación. Pero en un resumen de 11 estudios separados con más de 1,200 participantes, los investigadores concluyeron que el ejercicio físico podría disminuir muchos de estos mismos indicadores de inflamación.

Parte del poder de la actividad física es que, como el estrés, impacta muchos sistemas corporales al mismo tiempo, dice la Dra. Linda P. Fried, decana de la Facultad de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia en Nueva York.

“La actividad física te fortalece los músculos; además, reduce la inflamación y mejora la regulación de tu presión arterial. Tiene efectos específicos en todo el organismo”. El ejercicio puede compensar el estrés del aislamiento social, cuyo impacto para la salud es comparable con el del tabaquismo y la obesidad. Lo mismo sucede con el voluntariado: los adultos mayores que tienen un propósito claro en la vida reducen su riesgo de soledad en un 35% y disminuyen el riesgo de derrame cerebral y depresión.

David Ferenden, de 76 años, ha estado cuidando a su esposa, Dawn, de 74 años, que tiene la enfermedad de Alzheimer en fase 3, durante tres años. Ese cuidado implica una vigilancia constante y, a medida que progresa la enfermedad, la carga del estrés ha ido aumentando.

“A veces, es un campo de batalla”, dice Ferenden, que describe la vida cotidiana como “muy imprevisible”. Para sobrellevar el estrés, ha estado trabajando como voluntario en un banco de alimentos local. Cuando no hace eso, juega al tiro de herradura con sus amigos o anda en su bicicleta eléctrica.

Con el tiempo, ha aprendido a afrontar los contratiempos a medida que surgen. Sabe que algunos días serán difíciles, pero “en vez de intentar arreglarlos, algo que no puedo hacer, solo digo ‘bueno, mi amor, tendremos un mal día’. Y nos reímos de eso”.

Para Ferenden —y para todos nosotros—, la vida siempre será estresante. Pero hay maneras de afrontarla.

“Me parece que no todos los adultos mayores se dan cuenta de las fortalezas que tienen”, dice Charles, “y de que, de ciertas formas, están mejor preparados que las personas más jóvenes”.

Por supuesto, muchos de nosotros sí nos damos cuenta de eso. Porque hemos vivido más tiempo que la mayoría. Pero el momento de vivir es ahora. Ahora, ahora, ahora mismo.

spinner image Un hombre sentado con sus ojos cerrados
Getty Images

Cómo se reduce el estrés

Maneras naturales de controlar los efectos del estrés.

“El estrés se define como la percepción de que una tarea pendiente es tan abrumadora que no eres capaz de hacerla”, dice Daniel Kirsch, presidente del Instituto Estadounidense del Estrés, una organización sin fines de lucro en Weatherford, Texas. Pero podemos evitar que esa percepción provoque un episodio de estrés propiamente dicho. Estos son algunos de los mejores consejos de Kirsch

  1. Pide ayuda. Si te sientes estresado por tus finanzas, por ejemplo, pídele a un profesional o a alguien de confianza que trabaje contigo para elaborar un presupuesto. “La planificación financiera no forma parte del proceso de controlar el estrés”, señala Kirsch. “Pero aceptar que debes planificar sí lo es”.
  2. Tómate descansos para controlar el estrés. “Para recargar la batería del teléfono, tienes que conectarlo”, dice Kirsch. “Para recargar tu cerebro, tienes que desconectarlo”. Busca oportunidades para dejar de realizar múltiples tareas al mismo tiempo. “Mientras desayunas, concéntrate solo en disfrutar el desayuno. No te pongas a planificar tu día”.
  3. Usa una técnica de manejo del estrés. Sonríe —interiormente— para indicarle a tu organismo que todo está bien. Luego, respira hondo. “Visualiza aire cálido que te pasa por la planta de los pies, sube por tu cuerpo y te llena los pulmones”. Después, exhala a medida que sigues esta secuencia en orden inverso.
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