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¿Son efectivas las medicinas para tratar las primeras etapas del Alzheimer?

¿O son mayores los riesgos que los beneficios?

In English | P. El médico de mi tía abuela le sugirió que comenzara a tomar donepezil  (un inhibidor de la colinesterasa disponible en el mercado bajo el nombre comercial Aricept) para tratar su Alzheimer incipiente .

Retrato de dos mujeres sonrientes ilustran la historia de tomar drogas pueden ayudar contra la enfermedad de Alzheimer

Thomas Barwick/Getty Images

Con frecuencia, los familiares tienen que decidir si un ser querido que padece de Alzheimer puede beneficiarse a partir de una medicación.

Cuando investigué sobre el fármaco, me sorprendió enterarme de que, por lo general, solo brinda un breve período (menos de seis meses) de mejora de las funciones cognitivas.

También leí que produce muchos efectos secundarios, aunque la mayoría de las veces no son severos. Si esto es así, ¿por qué debería mi tía abuela —o cualquier otra persona— tomar este tipo de fármaco?

R. Por lo general, los inhibidores de la colinesterasa, como el donepezil, son recetados a personas que padecen la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia.

Estos productos han sido diseñados para actuar inhibiendo una enzima del cuerpo que destruye la acetilcolina (un neurotransmisor que es importante para la lucidez, la memoria, el pensamiento y el juicio) y, de este modo, aumenta la cantidad de células cerebrales disponibles. En teoría, esto hace que la pérdida de memoria de los pacientes sea más lenta, y los ayuda a realizar las actividades cotidianas con más facilidad.

Digo “en teoría”, porque desde que la tacrina (Cognex), el primer inhibidor de la colinesterasa, comenzó a utilizarse en 1993, los estudios que se han hecho de estos fármacos han hallado que no logran mejorar significativamente los síntomas en los pacientes. Por ejemplo, los más recientes análisis de los ensayos clínicos del donepezil (en inglés), publicados en el 2006 por Cochrane Collaboration (en inglés), una red sin fines de lucro de investigadores médicos que revisa estudios farmacológicos, concluyeron que “los efectos del tratamiento son menores y no siempre se advierte una diferencia en la práctica”.

Además, la incidencia de los efectos secundarios adversos provocados por esta clase de fármacos es muy alta, y cuanto mayor sea la persona, más graves podrían ser los problemas. Por ejemplo, un estudio publicado en los Archives of Internal Medicine en el 2009 informó que estos medicamentos pueden causar bradicardia sintomática (ritmo cardíaco bajo), lo que lleva a la implantación permanente de un marcapasos, y al síncope (desmayo o pérdida de la conciencia). Resulta especialmente preocupante que el síncope inducido por fármacos pueda causar lesiones relacionadas con caídas, como fracturas de cadera.

Debido a que la acetilcolina se encuentra en todo el cuerpo y no sólo en el cerebro, bloquear su efecto puede interferir con toda clase de procesos y movimientos corporales involuntarios. Eso puede significar episodios de diarrea, incontinencia urinaria, confusión, deshidratación, depresión, trastornos gástricos (desde calambres hasta hemorragias gastrointestinales), alucinaciones, dolores de cabeza, y la lista sigue y sigue.

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Además, al ser confundidos con nuevas enfermedades, estos efectos secundarios pueden disparar lo que llamamos una “cascada” de medicamentos, lo que puede llevar a la administración de más medicamentos.

Un estudio publicado en los Archives of Internal Medicine en el 2005 advirtió que el uso del donepezil y otros inhibidores de la colinesterasa “está asociado con un mayor riesgo de recibir algún fármaco anticolinérgico para controlar la incontinencia urinaria”. Dado que estos productos pueden provocar discapacidad cognitiva y delirio, se considera inadecuada su utilización en pacientes con demencia.

Es importante recordar que el donezepil y otros inhibidores de la colinesterasa no pueden revertir la enfermedad de Alzheimer o hacer más lenta la destrucción subyacente de las células nerviosas. Y, debido a que el cerebro afectado por Alzheimer genera menos acetilcolina a medida que la enfermedad avanza, todas las medicaciones en esta clase terminan perdiendo la efectividad que supuestamente tienen.

Por estos motivos, considero que valdría la pena que discutiera estas cuestiones con el médico de su tía abuela y con cualquier miembro de su familia que pudiera estar involucrado con el cuidado médico de ella. En mi experiencia, las familias muchas veces ven estos fármacos como una manera de ayudar a un ser querido, pero, por lo general, no tienen idea de lo que le podría ocasionar al paciente.

“Ask the Pharmacist” (Consulte al farmacéutico) es escrito por Armon B. Neel Jr., PharmD, CGP, en colaboración con el periodista Bill Hogan. Ambos son coautores de Are Your Prescriptions Killing You? (¿Lo están matando sus medicamentos?), que será publicado el año próximo por Atria Books.

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