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7 cosas que todos deberíamos saber sobre la depresión

Quién corre riesgo, los síntomas comunes y cómo obtener ayuda para aliviar el dolor.

Hombre con su mano en la cabeza, entristecido

GETTY IMAGES

In English | Todos nos hemos sentido tristes o sin ánimo alguna vez en la vida. Sin embargo, cuando pasan las semanas y esos sentimientos perduran, puede tratarse de depresión. Más que una simple tristeza, la depresión puede robarle la alegría a la vida y hacernos sentir abrumados, y en algunos casos incapaces de funcionar.

La buena noticia es que la depresión es muy tratable. Antes de tomar medidas, aquí hay algunas cosas que debes saber sobre este trastorno común.

La depresión puede doler, literalmente

La tristeza es un síntoma que todos conocemos, pero los síntomas de la depresión no se limitan solo a la mente. “En las personas mayores, la depresión suele manifestarse con síntomas físicos con más frecuencia que en las personas más jóvenes. ‘Siento más dolor. Es que no me siento bien físicamente’”, señala el Dr. Bruce Sutor, psiquiatra de la Mayo Clinic, en Rochester, Minnesota. Los síntomas comunes incluyen dolores de cabeza, dolores articulares, fatiga, alteraciones del sueño, inapetencia y problemas gastrointestinales.


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Puede tener consecuencias graves si no se trata, lo cual sucede muy a menudo cuando los médicos se concentran en los dolores y molestias y no averiguan si hay problemas emocionales. La combinación de dolor físico y dolor mental puede ser debilitante. Por cierto, la Organización Mundial de la Salud informa que la depresión clínica es la causa principal de discapacidad en todo el mundo. Sutor señala que “Les decimos a nuestros colegas de atención primaria: ‘Si tienen pacientes con varios síntomas físicos y no pueden determinar la causa, consideren la depresión’”.

Las mujeres son particularmente propensas a tener depresión

Las mujeres tienen casi el doble de probabilidades de recibir un diagnóstico de depresión que los hombres, según la Mayo Clinic. Se sospecha que esto se debe a las fluctuaciones hormonales, en particular durante la menopausia. Otros consideran que las mujeres pueden ser más propensas al estrés crónico —por ejemplo, del tipo que puede causar el cuidado de un padre mayor— que puede tener un efecto profundo y provocar depresión.

Pero tal vez podría ser que la depresión simplemente se manifieste de otra manera en los hombres, que con frecuencia parecen enojados o irritables en vez de estar tristes, indica Brian P. Cole, profesor adjunto de Psicología en University of Kansas. Advierte que esta tendencia se puede remontar a la niñez, una época en la que a muchos hombres se les enseña que mostrarse vulnerables es inaceptable. “Es importante que normalicemos el hecho de que los hombres se deprimen y que es aceptable pedir ayuda a familiares, amigos y profesionales”, afirma Cole.

Los síntomas de la depresión pueden ser distintos en los adultos mayores

Algunos de nosotros tenemos una predisposición genética a tener depresión. Es decir, si tienes depresión, tus familiares directos (padres, hermanos consanguíneos, descendientes) tienen de dos a tres veces más probabilidades de tenerla también. Sin embargo, las situaciones de la vida que son estresantes y prolongadas, y las dificultades que conlleva el envejecimiento (como enfermedades crónicas o mayor incapacidad, aislamiento, la muerte de un cónyuge o la dificultad de adaptarse a la jubilación), también pueden aumentar el riesgo de tener depresión.

Lamentablemente, con frecuencia los adultos mayores no reciben tratamiento para este problema, en parte porque la depresión puede ser difícil de diagnosticar. Los síntomas a menudo son distintos que en los adultos más jóvenes, explica el Dr. Ipsit Vahia, director médico de programas ambulatorios de psiquiatría geriátrica en el McLean Hospital de Belmont, Massachusetts, y profesor adjunto de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard. En vez de tener los síntomas “clásicos” de tristeza, miedo o desesperanza, suelen tener síntomas como irritabilidad, falta de motivación o de energía, o una alteración de los patrones de sueño o apetito. “También observamos una tendencia a comenzar a aislarse”, indica el Dr. John F. Greden, fundador y director ejecutivo del Comprehensive Depression Center de University of Michigan. “Eso es lo que las familias notan primero”. Muchos adultos mayores, e incluso muchos médicos, no reconocen estos síntomas como depresión, en particular porque con frecuencia se superponen con síntomas de otros problemas de salud. La depresión y la demencia se confunden con mucha facilidad, explica Vahia.

La depresión puede afectar el corazón

“Durante los últimos casi veinte años, hemos sabido con bastante certeza que existe un vínculo entre la depresión y la enfermedad cardíaca, y cada vez hay más datos que lo confirman”, indica Robert Carney, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Washington University en St. Louis, Misuri. Por cierto, una investigación publicada en el sitio web de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) indica que los adultos que tienen trastornos o síntomas depresivos corren un 64% más de riesgo de tener una enfermedad coronaria que quienes no tienen depresión. Según Carney, “La depresión no representa el mismo riesgo que, digamos, el colesterol alto, pero está cerca”.

Existen varias explicaciones posibles. Entre ellas: las personas que tienen depresión y las que tienen enfermedad cardíaca parecen compartir ciertos indicadores de inflamación. Además, según Carney, “Las personas deprimidas suelen tener menos variabilidad en la frecuencia cardíaca. El corazón no responde tanto a los cambios en los niveles de actividad, y en general la frecuencia cardíaca suele ser mayor que en las personas que no están deprimidas. Estos son factores que pueden causar un episodio cardíaco”. Por último, están los aspectos conductuales del trastorno. Las personas deprimidas son más propensas a ser más sedentarias y fumadoras, y menos propensas a seguir las pautas alimentarias recomendadas, todo lo cual puede causar problemas cardíacos a la larga.

Sin embargo, un estudio que llevó a cabo Indiana University en el 2014 concluyó que el tratamiento temprano de la depresión —antes de que se manifieste la enfermedad cardiovascular— puede reducir el riesgo de sufrir ataques cardíacos (y derrames cerebrales) a casi la mitad.

La combinación de antidepresivos y terapia parece ser el tratamiento más eficaz

Según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud, el uso de antidepresivos en todas las edades aumentó un sorprendente 400% entre 1988 y el 2008. “Sin embargo, no siempre se justifica recetar medicamentos”, indica Sutor. “En los casos de depresión leve a moderada, hay datos que confirman que las personas pueden responder a ciertos tipos de psicoterapia, como la terapia cognitivo-conductual”. Conocida como CBT, enseña nuevas formas de pensar y comportarse, y ofrece ayuda para modificar los hábitos que pueden estar contribuyendo a la depresión.

“Para controlar el trastorno depresivo grave, la combinación de antidepresivos y psicoterapia parece tener más efecto que alguna de esas formas de tratamiento por separado”, indica Vahia. En un análisis de varios estudios sobre la eficacia de los antidepresivos que se llevó a cabo en el 2020, los NIH indicaron que cuando los pacientes recibieron tratamiento con antidepresivos, alrededor de 20 a 40 de cada 100 personas que tomaron placebo tuvieron una mejora en los síntomas en seis a ocho semanas. Entre los que recibieron tratamiento con antidepresivos, alrededor de 40 a 60 de cada 100 personas notaron una mejoría en el mismo plazo. La prescripción de antidepresivos no es una ciencia exacta. Al igual que en el tratamiento de la alta presión arterial, se necesita tiempo para determinar cuál es el medicamento adecuado. “Cerca del 35% de las personas responden al primer antidepresivo que se les receta”, explica la Dra. María A. Oquendo, jefa del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina Perelman de University of Pennsylvania y presidenta de la American Foundation for Suicide Prevention. “Para la tercera prueba de medicamento, la respuesta será de alrededor del 65%”.

Hay que tener un cuidado especial al recetar antidepresivos a los pacientes mayores. “Los cambios que sobrevienen con la edad pueden variar la forma en que se metabolizan los medicamentos”, dice el Dr. Jon Stevens, jefe de servicios ambulatorios de Menninger Clinic, en Houston, Texas. “También sucede que las personas mayores suelen tomar medicamentos por otros problemas de salud, por lo que hay un mayor riesgo de que se produzca una interacción entre los medicamentos”.

Ciertos comportamientos pueden levantar el ánimo, especialmente el ejercicio

“Para controlar la depresión se necesita más que simplemente decir ‘Toma esta píldora’”, explica Sutor. “También es necesario tener comportamientos saludables que puedan ayudar a que la depresión mejore”. Probablemente el tratamiento más simple y eficaz sea el ejercicio. “Nunca he visto a nadie mejorar de la depresión sentado en el sofá”, dice Stevens, quien advierte que existe una conexión comprobada entre el cuerpo y la mente. Un estudio que se publicó en Journal of Psychiatric Research en el 2016 concluyó que el ejercicio aeróbico moderado y frecuente tiene “un efecto antidepresivo considerable y significativo en las personas que tienen depresión”, incluso trastorno depresivo grave. Además, parece que puede tener beneficios incluso cuando el nivel de ejercicio es bajo, como dar una caminata ligera por el vecindario.

Otros cambios en el estilo de vida pueden levantarnos el ánimo. Existen datos que confirman que una alimentación saludable (sí, una dieta mediterránea, repleta de frutas, verduras y granos enteros) puede ayudar a aliviar los síntomas de la depresión. Un estudio de la Facultad de Medicina de Boston University comprobó que la atención plena —concentrarse en el presente con ejercicios de respiración o movimientos de yoga— no solo puede aliviar los síntomas durante cada sesión, sino también de forma acumulativa con el tiempo.

Tampoco debemos olvidar el poder de la interacción social. Un estudio publicado en The American Journal of Psychiatry analizó 106 factores variables que podrían afectar el riesgo de tener depresión y descubrió que “sin lugar a duda, el más prominente de estos factores fue la frecuencia con la que se confía en los demás”.

Puede haber (más) ayuda en camino

¿Creerías que... Botox? Este fármaco, que por lo general se inyecta para eliminar las arrugas, aliviar las migrañas y evitar la sudoración excesiva, se está probando actualmente en estudios clínicos por su capacidad para tratar la depresión. En el estudio, que se publicó en Scientific Reports en el 2020, los investigadores analizaron casi 40,000 informes del Adverse Effect Reporting System (Sistema de Notificación de Efectos Adversos) de la FDA, que contienen reportes de personas que tuvieron efectos adversos al tomar un medicamento. Lo que descubrieron fue que las personas que recibieron inyecciones de Botox en la frente, el cuello y las extremidades reportaron sentir depresión con mucha menos frecuencia que los pacientes que recibieron diferentes tratamientos por el mismo problema. Una de las hipótesis podría ser que el Botox puede llegar a las partes del sistema nervioso central que intervienen en el estado de ánimo y las emociones.

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