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El envejecimiento de la población sin hogar: una tendencia alarmante

La cantidad de personas mayores de 65 años que no tiene dónde vivir podría triplicarse para el 2030.

spinner image Persona durmiendo en la calle
Getty Images

Sin un lugar al que pudiera llamar 'hogar', Jason Rozelle, de 57 años, comenzó a dormir en su Nissan Infinity el verano pasado. En la afluente ciudad de Olathe, en Kansas, Rozelle no tenía un techo.

Estacionaba en una gasolinera en la noche y buscaba trabajo en el día con su computadora portátil en la biblioteca. Había hecho solicitudes para “al menos 100” empleos, pero sin suerte. Con cupones para alimentos, Rozelle compraba sándwiches de pollo en Walmart o calentaba fideos ramen en el microondas de la gasolinera. Una iglesia le daba de a $20 para gasolina y a veces le daba comida.

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Rozelle es un buen ejemplo de algo que —según advierten los expertos— es un fenómeno alarmante, y es que va en aumento la cantidad de personas mayores que no tiene un techo permanente en Estados Unidos.

spinner image Persona sostiene una casa hecha de cartón
Getty Images

La falta de vivienda entre los adultos mayores

Infórmate más sobre la crisis de las personas sin vivienda y cómo ayudar:

“En estos momentos, hay un aumento drástico” en la cantidad de personas mayores que no tienen vivienda, dice Jeff Olivet, director ejecutivo del Consejo Interagencial para Personas sin Vivienda de EE.UU. (USICH). “Los adultos mayores de 55 años probablemente sean el grupo de personas sin hogar que más aumenta... y para muchos de ellos, es algo que les sucede por primera vez”.

Los motivos son complejos. A medida que envejece la población, son más las personas que corren el riesgo de vivir en la pobreza, más las que sobrevivirán a un cónyuge y más las que subsistirán con ingresos limitados, al tiempo que el costo de la vivienda se dispara en muchas comunidades. La mayoría de la asistencia y las protecciones de vivienda relacionadas con la pandemia han caducado.

Además, muchas personas con ingresos estancados están en edad de jubilarse o trabajan a tiempo parcial, en trabajos por hora o en puestos con poca posibilidad de aumentos salariales, dice Olivet.

El número creciente de personas sin un lugar para vivir, de todas las edades, es tan significativo que el 19 de diciembre el presidente Biden lanzó un plan estratégico federal para reducir la falta de vivienda en un 25% para el 2025. El plan, creado por el Consejo Interagencial de Estados Unidos sobre Personas sin Hogar (USICH), abordará la falta de vivienda asequible, ayudará a las personas en crisis y evitará que las personas pierdan su hogar en primer lugar. Y presta especial atención a las personas más afectadas: las personas de color, los veteranos, las personas con discapacidades y los adultos mayores.

“Ha habido una tendencia cada vez mayor en los últimos años en la que vemos a muchos más adultos mayores sin hogar, dice Richard Cho, asesor sénior de vivienda y servicios en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos (HUD). Entre el 2009 y el 2017, la cantidad de personas sin hogar de entre 51 y 61 años creció del 14% de la población sin vivienda de todo el país a casi el 18%, dice Cho. El porcentaje de personas de 62 años o más que no tienen un techo casi se duplicó. Y un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pensilvania en el 2019, que analizó las poblaciones en los albergues de las ciudades de Nueva York, Los Ángeles y Boston, predijo que para el 2030 la cantidad de personas de 65 años o más que no tendrán vivienda casi se triplicará con relación al 2017.

Los rostros detrás de la tendencia incluyen a las personas con falta crónica de vivienda que conforman la mitad más joven de la generación de los baby boomers, quienes por mucho tiempo han sido el grupo dominante entre los adultos sin hogar. Su edad promedio en 1990 era de 30 años; hoy, es de 62. Otros rostros pertenecen a personas que se quedaron sin casa o apartamento por primera vez, dice Alan Banks, de Friendship Place, un proveedor de servicios a personas sin hogar en Washington. Estas personas, dice, con frecuencia experimentan una “destrucción total de su vida”.

Sin un lugar donde vivir

La economía explica, en parte, por qué las personas caen en una situación desesperada.

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A comienzos de este año, los precios de las viviendas y los alquileres se dispararon (en inglés) y el país experimentó la inflación más alta en 40 años. Eso se suma a una larga escasez de viviendas asequibles en el país, una crisis que tiene un impacto negativo desproporcionado en los adultos mayores, según Rodney Harrell, vicepresidente de Familia, Hogar y Comunidad en AARP. “Simplemente, no tenemos suficientes opciones de vivienda, en particular para las personas con ingresos más bajos”, dice.

La pandemia también afectó la situación: la mayoría de las moratorias de desalojo que se establecieron para proteger a quienes se habían quedado sin trabajo por la COVID-19 han concluido o están a punto de hacerlo, dice Cho, del HUD. Mientras tanto, él y otros opinan que la red de seguridad para los adultos mayores se está desintegrando.

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Por ejemplo, en Hartford, Connecticut, la pandemia causó la afluencia de personas provenientes de Nueva York y Boston, dice Kara Capone, directora ejecutiva de la organización Community Housing Advocates, de Hartford. Al mismo tiempo, las corporaciones compraron edificios de apartamentos viejos y los convirtieron en propiedades de lujo, reemplazando así a los propietarios directos que alquilaban sus viviendas a precios razonables.

En este contexto, el comedor de beneficencia de Community Housing Advocates ha visto últimamente un aumento en los pedidos de comidas y alimentos, y la mayoría de quienes hacen cola para recibirlos son personas mayores, dice Capone. Ella llama a este escenario “el canario en la mina de carbón”, un indicador temprano de riesgo, porque quienes no tienen seguridad alimentaria corren peligro de perder su casa o su apartamento. El resultado, dice, es que ha visto “aumentos drásticos en la cantidad de personas mayores que están sin vivienda”.

El envejecimiento de las personas sin hogar

Casi una de cada cinco personas que no tiene una vivienda permanente en Estados Unidos tiene 55 años o más, según indican los datos más recientes del HUD. En el 2020, el HUD identificó 580,466 personas sin hogar en todo el país, y el 18% —aproximadamente la población de Boulder, Colorado— tenía 55 años o más. Al aumento en el número de adultos mayores se le ha llamado el envejecimiento de las personas sin hogar en Estados Unidos.

Del total que contabilizó el HUD, algunas personas estaban en refugios, mientras que otras vivían en la calle. Pero los críticos dicen que las estimaciones del HUD no capturan la magnitud total de la falta de vivienda porque no incluyen a todos, como los casos de familias que viven juntas en situación de emergencia o quienes se alojan temporalmente con amigos.

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Doreen Nelson contrajo COVID-19 en un refugio.
Jared Soares

Doreen Nelson, de 64 años, ha hecho todo eso desde que la desalojaron de su vivienda en New Rochelle, Nueva York, hace años. Nelson y su nieta, a quien ha criado desde que nació, han entrado y salido de refugios y se han alojado con parientes y amigos. La última Navidad, Nelson contrajo COVID-19 en un refugio, por lo que ella y su nieta se mudaron a un hotel para completar la cuarentena. Allí fue donde su nieta también se contagió.

Nelson ha vivido “años miserables de estar sin techo y desplazada”, dice. “En cierta medida, estás quebrada”.​

Cristiana devota que mira largas tandas de la serie Property Brothers en HGTV, Nelson siguió orando. En agosto, ella y su nieta de 11 años se mudaron a un apartamento de dos dormitorios cerca de Washington gracias a un vale de $2,200 mensuales del programa federal Housing Choice.

¿Pagar la renta o los medicamentos?

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Las autoridades encargadas de la vivienda a menudo señalan las muchas y variadas razones por las que algunos adultos mayores carecen de un hogar permanente. Por ejemplo, en San Francisco, un centro financiero y tecnológico, la renta mensual promedio de un apartamento de un dormitorio era de $3,428, según Rent.com. Durante años la ciudad ha luchado con la falta de vivienda, que en todo el país afecta desproporcionalmente a las personas de color.

Shireen McSpadden, directora ejecutiva del Departamento de Personas sin Hogar y Vivienda de Apoyo de San Francisco, dice que las autoridades locales están “viendo una cantidad en aumento de personas que se quedan sin hogar por primera vez después de los 50 años”, y los adultos mayores de 60 años son el “segmento de mayor crecimiento” entre las personas sin techo en California.​

La magnitud del problema es tan grande que San Francisco está planeando un refugio para adultos mayores y personas con discapacidades. En el lugar no habrá camas literas, que conllevan el riesgo de caídas, y es posible que haya duchas adaptadas para sillas de ruedas, dice.

McSpadden, al igual que otros activistas, predica la prevención y dice que ayudar a las personas a costear los medicamentos, por ejemplo, o hacerles llegar el servicio de comidas Meals on Wheels puede evitar la pérdida de la vivienda para aquellos que deben decidir si pagarán la renta o los medicamentos.​

Pero el problema va más allá del aspecto financiero. Hay estudios que indican que las personas mayores sin hogar tienen problemas para llevar a cabo las actividades diarias, “más dificultad para caminar y más problemas de visión y audición, y sufren más caídas y son más frágiles que la población general”, dice McSpadden, y agrega que “son mucho más propensas a sufrir deterioro cognitivo en comparación con las personas sin hogar más jóvenes”.

La falta de techo repercute duramente en el organismo, dice la Dra. Margot Kushel, una profesora en la Universidad de California en San Francisco (UCSF) que ha dirigido estudios longitudinales sobre adultos mayores sin vivienda. Su refrán es “los 50 son los nuevos 75”, en lo que respecta a las personas que no tienen un lugar permanente donde vivir.

Ya sea que una persona sin techo duerma en un edificio abandonado, en un banco de la plaza o en una carpa, tiende a estar expuesta a los elementos meteorológicos, a comer mal, a dormir en forma irregular y a mantenerse lejos de médicos y dentistas. Además, dice Kushel, quien también dirige la iniciativa Benioff Homelessness and Housing Initiative de la UCSF, sus circunstancias generan ansiedad y depresión, lo que lleva a algunas personas a automedicarse con alcohol y drogas.​

Un mercado laboral ‘precario’

Rozelle, en Kansas, dice que dormir en el auto ha perjudicado su salud. Diabético e hipertenso, en agosto terminó en un hospital cuatro días cuando su presión arterial se disparó.

Rozelle también reconoce que hubo muchos reveses antes de que comenzara a vivir en su Nissan. Se divorció, dejó su apartamento porque no podía pagar la renta, y en la última primavera se quedó sin trabajo.

El exempleado de Recursos Humanos había estado limpiando aulas en las escuelas para poder pagar los gastos. A las personas mayores de 50 años es a quienes les ha resultado más difícil volver a ingresar al mercado laboral después de la Gran Recesión y el inicio de la pandemia, dice Dennis P. Culhane, profesor de Política Social en la Universidad de Pensilvania y experto en la falta de vivienda. “Es una edad precaria para el mercado laboral”, señala.

Además, si alguien pierde a uno de sus padres o a su cónyuge, personas que contribuían a cubrir los costos de vivienda, esa muerte puede hacer que los sobrevivientes se vean forzados a empacar, dice Culhane.

Cuando el matrimonio de Rozelle colapsó, él dormía en el auto en la entrada al garaje de su exesposa. Después, estuvo con un hermano en Misuri y, hasta que se le acabó el dinero, en hoteles económicos. Algo que lo entristece particularmente es no tener un lugar donde su hijo lo visite y esté cómodo.

“Es muy triste”, dice, no tener un “lugar donde recostar la cabeza”.

Alta demanda de viviendas económicas

De costa a costa, los expertos están tratando de abordar un problema persistente, la falta de vivienda para las personas de bajos ingresos o de ingresos fijos. No hay una sola solución para aliviar la carencia de vivienda que se adapte a todos, dice Rodney Harrell, vicepresidente de Familia, Hogar y Comunidad en AARP.

De costa a costa, los expertos están tratando de abordar un problema persistente, la falta de vivienda para las personas de bajos ingresos o de ingresos fijos. No hay una sola solución para aliviar la carencia de vivienda que se adapte a todos, dice Rodney Harrell, vicepresidente de Familia, Hogar y Comunidad en AARP.

Por cierto, es necesario contar con más viviendas asequibles y más vales de vivienda, dice. Las listas de espera para las viviendas subsidiadas pueden ser extensas, y en algunas áreas los propietarios no están obligados a aceptar inquilinos con vales.

​Harrell apoya una estrategia de varios frentes para abordar el problema, incluidas la vivienda compartida (cuando el dueño de casa acepta un inquilino), la covivienda (como un grupo de hogares privados con espacios comunes o un edificio con dormitorios separados y cocina y sala de estar compartidas) y las unidades de vivienda accesorias que se agregan en el fondo de una casa. ​​

Conocidas como ADU o suites para suegros, estas pequeñas casas o apartamentos por lo general se construyen en el terreno de una residencia unifamiliar. Harrell dice que las ADU están ganando popularidad en áreas donde el costo de la vivienda es elevado, si bien las leyes de zonificación y otras barreras podrían impedir su construcción. ​​

Algo que preocupa a Jeff Olivet, quien dirige el Consejo Interagencial para Personas sin Vivienda de EE.UU., es cuando el público responde a las personas sin hogar con “enojo” e “insultos” en vez de buscar “soluciones compasivas y consideradas”.​

Para ser parte de la solución, Olivet ofrece cuatro sugerencias:

1. Infórmate sobre las realidades de la carencia de vivienda.

2. Participa activamente ante todos los niveles del Gobierno para lograr “recursos adecuados para abordar este problema”.

3. Haz donaciones a organizaciones locales eficaces que “encuentran soluciones alternativas a la falta de vivienda”.

4. Arremángate la camisa y colabora como voluntario con estos grupos.

Nota del editor: este artículo publicado originalmente el 16 de diciembre de 2022, ha sido actualizado con nueva información.

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