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La lucha contra la discriminación por edad en los tribunales

Pelearon contra empresas como Google y Ruby Tuesday, pero la justicia fue elusiva y parcial.

Jack Gross, en Des Moines, Iowa, 2019.

Foto de Jack Gross, por Stephen Voss

In English | El nombre de Jack Gross ha pasado a ser sinónimo de la dificultad de luchar contra la discriminación por edad en el trabajo.

En el 2004, Gross, que en ese momento era un ejecutivo de seguros de 55 años, entabló una demanda por discriminación por edad contra su empleador, FBL Financial Group, cuando lo descendieron de su cargo como director de gestión de reclamaciones. El caso de Gross finalmente se apeló en la Corte Suprema. La histórica decisión del 2009 no solo se dictó en su contra sino que estableció un precedente legal, lo cual dificultó en gran medida poder entablar una demanda y ganar en virtud de la Age Discrimination in Employment Act (ADEA, Ley federal contra la Discriminación por Edad en el Empleo), de 1967.

Antes del proceso judicial de Gross, los trabajadores debían demostrar únicamente que la edad fue un factor motivante en una acción que perjudicaba su empleo. Después del caso de Gross, los empleados han tenido que demostrar que la edad fue el factor decisivo.

Los abogados dicen que eso es mucho más difícil de probar en un tribunal, y que ha disuadido a muchos trabajadores mayores de entablar demandas por discriminación contra sus empleadores.

Diez años después de la decisión de la Corte Suprema, Gross, que ahora tiene 71 años, ha tenido mucho tiempo para pensar. A pesar del impacto persistente de su caso, todavía considera que hizo lo correcto. “Muchas personas están siendo perjudicadas por el efecto que tuvo mi caso”, señala. “Lo lamento profundamente. Pero si tuviera que volver a hacerlo, estoy bastante seguro de que hoy tomaría la misma decisión”.

Los problemas comenzaron para Gross cuando a él y a varios otros trabajadores mayores de FBL Financial Group (en inglés) los descendieron de sus cargos. Gross no perdió su trabajo, pero el cambio de puesto significó que su carrera quedaría en suspenso, y la disminución de los aumentos salariales significaría que su paquete de jubilación tendría menos valor.

“Sentía que cruzaba las líneas enemigas siempre que entraba a la oficina”.

— Jack Gross

Después de que Gross entabló su demanda por discriminación por edad, la cosa se puso difícil. Pasó los próximos siete años trabajando en la empresa mientras su caso recorría los tribunales, pero sin una descripción del cargo y poco que hacer, ya que la empresa lo apartó de sus previas responsabilidades laborales.

“Sentía que cruzaba las líneas enemigas siempre que entraba a la oficina”, recuerda.

Durante décadas antes del pleito, Gross solía almorzar con un grupo de colegas. Ahora comía solo. “No quería que nadie tuviera problemas por ser amigo mío”, señala.

El estrés comenzó a perjudicar su salud, y Gross señala que los síntomas de ansiedad lo llevaron al hospital varias veces. Desde que dejó la empresa, Gross ha aprendido a enfrentar la pérdida. Además, continúa intercediendo en nombre de la ley propuesta Protecting Older Workers Against Discrimination Act (POWADA), una legislación federal que disminuiría la carga probatoria para ganar los casos de discriminación por edad: básicamente la revocación de la decisión de 5-4 de la Corte Suprema que lleva su nombre. El proyecto se presentó en el 2009, y Gross dice que espera que algún día se convierta en ley.

Gross señala que “A esta altura no tengo nada que ganar desde el punto de vista económico. Pero a muchas personas se les niega justicia por mi caso. Me gustaría que eso cambiara”.

Floyd Cardwell, 62, sentado en una silla de oficina sosteniendo en sus manos un letrero con su edad.

Foto de Floyd Cardwell, por Robyn Twomey

Floyd Cardwell

El caso: Ruby Tuesday

A los 59 años, Floyd Cardwell no se sentía un hombre mayor. Y sin duda no estaba listo para jubilarse. Pero eso cambió después de una entrevista para el cargo de gerente general en un restaurante Ruby Tuesday de Boca Ratón, Florida.

Como Cardwell tenía veinte años de experiencia en el trabajo y la administración de restaurantes, pensó que era el candidato ideal para el cargo, que según él pagaría alrededor de $45,000. Pensó que la entrevista telefónica antes de la entrevista en persona había salido muy bien. Tan bien, de hecho, que un reclutador le pidió que llenara una autorización de investigación de antecedentes que incluía su fecha de nacimiento a fin de agilizar el proceso de contratación.

Sin embargo, cuando llegó a la entrevista el gerente parecía haber perdido interés, y Cardwell sintió que estaba tratando de deshacerse de él lo antes posible. Más adelante, la empresa le envió a Cardwell un mensaje electrónico para comunicarle que no lo contratarían para el trabajo y explicarle que intentaba “maximizar la permanencia y minimizar las renuncias prematuras”.

Para Cardwell, eso significaba que Ruby Tuesday no quería contratarlo porque pensaba que probablemente dejaría de trabajar pronto por su edad. Cardwell estaba enojado, y decidió pelear. En el 2017, Ruby Tuesday pagó $45,000 para resolver la demanda que entabló la Equal Employment Opportunity Commission (EEOC, Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo) de Estados Unidos en nombre de Cardwell.

Ahora Cardwell tiene 65 años y está satisfecho con el acuerdo, pero dice que ha enfrentado la discriminación por edad en muchas otras ocasiones, antes y después de la entrevista en Ruby Tuesday. Está jubilado, pero no por elección propia. “Prácticamente me di por vencido”, dice. “Realmente hubiera preferido seguir trabajando muchos años más”.

“Realmente hubiera preferido seguir trabajando muchos años más”.

— Floyd Cardwell

Según Cardwell, lo que distingue su caso contra Ruby Tuesday no es que la empresa pueda haber estado buscando empleados más jóvenes, sino que envió un correo electrónico para explicar por qué no lo contrataron. Cardwell considera que sin ese mensaje no habría ganado el acuerdo. Piensa que la discriminación por edad en el empleo es algo que la mayoría de los trabajadores mayores conocen, pero que viven con ella sin pelearla porque es difícil de probar.

El acuerdo al que llegó con Ruby Tuesday fue muy bueno, dice Cardwell, pero las cosas no cambiaron demasiado. Seguía siendo un hombre mayor que necesitaba un trabajo. Al no conseguirlo, tuvo que retrasar sus planes para jubilarse.

“Es un sentimiento muy amargo”, dice Cardwell. “Te hunde en lo más profundo. Las facturas siguen llegando. Quieres hacer tu parte y colaborar con tu familia, pero no puedes hacerlo. Encuentras obstáculos en cada camino”.

Julianne Taaffe, 59, y Kathryn Moon, 64, sentadas en sillas de oficina sosteniendo letreros con sus edades.

Foto de Julianne Taaffe (izquierda) y Kathryn Moon, por Stephen Voss

Kathryn Moon y Julianne Taaffe

El caso: Ohio State University

Desde afuera, el proceso judicial de dos instructoras que ganaron un pleito por discriminación por edad contra Ohio State University parece una gran historia de triunfo para los trabajadores mayores. Pero Kathryn Moon, de 68 años, y Julianne Taaffe, de 64, no están seguras de que el impacto de su demanda impulse los cambios que procuraron.

En el 2014, Moon y Taaffe eran instructoras veteranas de inglés como segundo idioma (ESL) en la universidad, y tuvieron que jubilarse antes de tiempo debido a la presión de los administradores, que para ellas estaban intentando deshacerse de los trabajadores mayores.

Con la ayuda de los abogados de AARP Foundation y un bufete de abogados de Ohio, las mujeres decidieron entablar una demanda. En el pleito federal por discriminación por edad, Moon y Taaffe alegaron que Ohio State les hacía la vida imposible a los trabajadores mayores con la intención de deshacerse de ellos. No los elegían para encargarse de los mejores trabajos que se destinaban a empleados más jóvenes, según ellas. A los trabajadores mayores se los llamaba “cargas” e “incompetentes”, y un jefe le envió un correo electrónico a un colega —que se terminó enviando a los miembros del plantel— en el que comparaba la administración de los empleados mayores con “el pastoreo de hipopótamos”.

Según Moon, “Se refirieron explícitamente a nuestra edad y al deseo de deshacerse de nosotras. Querían lograr una nueva imagen”.

En el 2018, la universidad resolvió el pleito de las instructoras después de que la EEOC determinó que había motivo fundado como para creer que la universidad había violado la ley ADEA. Ambas mujeres recibieron pagos y beneficios retroactivos de Ohio State, y las dos están nuevamente enseñando en la universidad.

Moon y Taaffe dicen que los años que pasaron peleando contra la universidad les causaron perjuicios económicos y emocionales. Taaffe y su esposo consideraron vender su vivienda y postergar la atención dental. Ella bajó 23 libras a causa del estrés. Moon comenzó a tener problemas de espalda y postergó el mantenimiento de su hogar. Pero además del estrés económico, ambas mujeres dicen que perdieron parte de su identidad cuando debieron dejar su trabajo antes de lo que habían previsto.

“Estamos aquí sentadas cada día y vemos que no ha cambiado nada”.

— Kathryn Moon y Julianne Taaffe

Las mujeres están felices de tener un empleo, pero regresar a Ohio State no ha sido fácil. Además, no están convencidas de que lo que les sucedió a ellas no les sucederá a otras personas en la universidad.

Según Moon, “Fue bueno volver a tener trabajo. Pero la lucha está lejos de haber terminado”.

Como parte del acuerdo, Ohio State aceptó disponer normas y capacitación de personal para ayudar a evitar la discriminación por edad. Sin embargo, las mujeres consideran que la universidad está demorando las cosas, por lo que su victoria personal es menos satisfactoria. “Estamos aquí sentadas cada día y vemos que no ha cambiado nada, y que la universidad no está dispuesta a hacer el trabajo que se debe hacer para asegurar que esto no vuelva a suceder”, señala Taaffe.

Como parte del acuerdo, Ohio State aceptó analizar sus normas de prevención e investigación de la discriminación en el plazo de un año. A Moon y a Taaffe les preocupa que eso no suceda. En julio, las mujeres demandaron a la universidad para tener acceso a los registros de dicho análisis. Un representante de la universidad indicó que “Ohio State está comprometida a tener una comunidad diversa, ofrecer igualdad de oportunidades y eliminar la discriminación”. Mientras se analizan las normas de la universidad para prevenir e investigar la discriminación, en agosto entró en vigencia una norma provisional. El representante también dijo que la universidad ha puesto en práctica un “proceso de reevaluación” para las denuncias de discriminación por motivos de edad en la facultad donde trabajan las mujeres.

Brian Reid, 54, sentado en una silla de oficina con una pancarta con su edad en la mano.

Foto de Brian Reid, por Robyn Twomey

Brian Reid

El caso: Google

En julio, Google acordó pagar $11 millones para resolver una demanda federal en la que se alegó que Google discriminó a cientos de solicitantes de empleo mayores de 40 años. Si ese acuerdo pareció una victoria para los trabajadores mayores, para Brian Reid, un especialista en informática que peleó una batalla similar contra este gigante de la tecnología hace más de diez años, pareció un déjà vu, y se hizo más evidente que poco ha cambiado en Silicon Valley.

En el 2012, Google llegó a un acuerdo en un caso de discriminación por edad que entabló Reid, a quien la empresa contrató en el 2002 a los 52 años y despidió dos años después. En la demanda de Reid se alegó que fue despedido por su edad, incluso después de recibir una evaluación de desempeño satisfactoria. De acuerdo con la demanda, sus supervisores y compañeros de trabajo con frecuencia hacían comentarios peyorativos sobre su edad y le decían que sus ideas eran “obsoletas” y “demasiado anticuadas como para darles importancia”. (Se negó a comentar sobre su caso contra Google).

Ahora Reid tiene 70 años y continúa trabajando en el ámbito de la tecnología. Dice que la discriminación por edad continúa siendo un problema importante en la industria tecnológica, donde las empresas dinámicas valoran lo nuevo y moderno a costa del conocimiento profundo y la experiencia que aportan los trabajadores mayores. Considera que a veces esa postura lleva a las empresas de tecnología a tomar malas decisiones que tal vez no tomarían si participaran más trabajadores experimentados.

Según Reid, “Por naturaleza, los ingenieros no leen historia. Todo lo que sucedió antes de su primer año de universidad es insignificante para ellos”.

Reid también considera que el valor que se les asigna a los trabajadores jóvenes se debe a que las empresas de informática se manejan con una competitividad insistente y agresiva. Los gerentes entienden que la discriminación por edad es contra la ley, afirma Reid, pero no les preocupa demasiado.

“Me dijeron que mis ideas eran demasiado anticuadas como para darles importancia”.

— Brian Reid

Explica que “Se guían por la lógica de ‘lo vamos a hacer de cualquier manera, porque si no lo hacemos, llegaremos en segundo lugar’”.

Raid señala que comenzó a sentir la discriminación por edad poco después de cumplir los 50 años, antes de que Google lo contratara. Cada vez más, cuando sus colegas más jóvenes le hacían preguntas, comenzaban por dar explicaciones condescendientes de vocabulario técnico. Lo comparó con la “machoexplicación”, el término que las mujeres usan para describir las explicaciones que dan los hombres con un tono condescendiente y pedante.

Reid cuenta que “Lo que yo escuchaba era ‘jovenexplicación’. Por ejemplo, me decían ‘Deja que yo te lo explique, ya que soy dueño de mi propia patineta’”.

Siete años después del acuerdo con Google, Reid considera que su caso ha tenido un impacto principalmente en los tribunales, ya que se cita con frecuencia en otras demandas por discriminación. Sin embargo, duda de que haya tenido mucho impacto en la cultura de Silicon Valley y en la discriminación por edad.

“Considero que es una parte invariable del siglo XXI y la industria informática. Es como el delito en el subterráneo”, señala.

Walter Mikulan, 58, sentado en una silla de oficina sosteniendo en sus manos un letrero con su edad.

Foto de Walter Mikulan, por Stephen Voss

Walter Mikulan

El caso: cárcel del condado de Allegheny

A los 64 años, Walter Mikulan se acerca a la edad a la que imaginó que consideraría jubilarse. Como sucedieron las cosas, eso llegó mucho antes de lo que planeaba.

En el 2017, el condado de Allegheny, Pensilvania, le pagó un acuerdo de $1.15 millones a Mikulan, exagente penitenciario del condado de Allegheny, quien entabló una demanda por discriminación por edad cuando lo despidieron en el 2013 a los 58 años.

Mikulan, que vive en las afueras de Pittsburgh, se negó a comentar sobre los detalles de su caso y mencionó un acuerdo de confidencialidad que firmó como parte del acuerdo de conciliación con el condado.

Sin embargo, Mikulan, quien trabajó casi treinta años en la cárcel, dice que el proceso de litigar la demanda y perder su trabajo mucho antes de poder recibir beneficios del Seguro Social y Medicare le cambiaron la vida. Si no hubiera recibido el acuerdo, también habría sido una catástrofe económica.

Poco tiempo después de ser despedido, a su esposa le diagnosticaron cáncer de ovario y tuvieron que pagar su propio seguro médico. Mikulan había estado ganando cerca de $40 por hora en la cárcel. Para que les alcanzara el dinero, tuvo que obtener un empleo de agente de seguridad en una escuela secundaria por $10 por hora.

Mikulan cuenta que “Te pasas la vida trabajando, y luego un día enfrentas la bancarrota. Gracias a Dios que mi esposa y yo somos ahorrativos y teníamos un poco de dinero al que recurrir. Es una experiencia aterradora”.

Mikulan dice que fue el primero de sus amigos en vivir el fin de su carrera antes de la edad habitual de jubilación y no poder encontrar un trabajo comparable para reemplazar sus ingresos. Pero no fue el último. Con el tiempo, muchos de sus amigos vivieron la misma experiencia, y Mikulan los guiaba. “En general, la edad en la que te sacan por la fuerza es cuando te acercas a los 60 años”, señala.

“En general, la edad en la que te sacan por la fuerza es cuando te acercas a los 60 años”.

— Walter Mikulan

De acuerdo con su demanda contra el condado de Allegheny, el director de la cárcel fue quien obligó a Mikulan a dejar su trabajo. Para muchos de los amigos de Mikulan, probar la discriminación por edad fue mucho más difícil. Dice que con frecuencia los empleadores son astutos, y la discriminación por edad es casi imposible de probar.

Dos años después del acuerdo, Mikulan no ha regresado a trabajar a pesar de haber solicitado varios cargos de alto nivel en correccionales. Le preocupa que la demanda pueda haber empañado su nombre. O tal vez, teme, sea su edad. Todavía pasa tiempo pensando sobre su antiguo trabajo y la demanda.

Dice que “En cierta forma fue gratificante. Puedo decir eso porque ganamos. Si hubiéramos perdido, no sé lo que habríamos hecho”.

Informe especial: Discriminación por edad en EE.UU.

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