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Puntos principales
- Los estudios a largo plazo relacionan las amistades fuertes con un envejecimiento más lento, mejor salud cerebral y una vida más larga.
- Los beneficios sociales se notan incluso en interacciones pequeñas o breves, incluido el contacto casual o virtual.
- Hacer amigos puede volverse más difícil con la edad, pero la investigación sugiere que sigue siendo posible en cualquier etapa.
La esposa de Lawrence Seiger murió cuando él tenía 62 años. Para entonces, sus cuatro hijos ya se habían ido de casa. Se jubiló de su trabajo vendiendo seguros de vida. Y se fue alejando de los amigos de su club de squash.
Esos fueron grandes cambios para él, dice Seiger, que vive cerca de Gary, Indiana. Hasta entonces, dice, “siempre tenía a otras personas a mi alrededor en mi vida”.
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Luego se volvió a casar. “Y mi esposa es tan divertida que vale por 20 amigos”. Ella misma tiene un ejército de amigos. “Somos amigos de sus amigos”, dice Seiger.
Compraron un condominio en Mackinaw City, Míchigan, donde se reúnen con vecinos para cenas y happy hours comunitarios. Y “cuando saco a pasear a los perros, siempre te encuentras con otras personas que pasean a sus perros”.
Ser sociable de estas maneras “te saca de ti mismo. Piensas en los demás y en su bienestar”, dice Seiger, que tiene 93 años. “Estoy seguro de que eso le ha añadido años a mi vida”.
Eso no es una exageración. Entre las muchas otras actividades que lo mantienen ocupado, Seiger está entre un grupo de “superenvejecientes” —personas de 80 años o más cuyos cerebros dan resultados en pruebas a niveles típicos de personas 20 o 30 años más jóvenes— que están siendo estudiados por científicos de la Universidad Northwestern.
Lo que estos investigadores informan, después de 25 años de estudio (en inglés), que tienen en común esos superenvejecientes no es la dieta, ni el ejercicio, ni dormir lo suficiente. Es tener amigos.
“Siempre que la gente me habla del superenvejecimiento, me pregunta: ‘OK, ¿cuál es la receta?’ ”, dice Sandra Weintraub, neuropsicóloga clínica en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern y coautora del informe más reciente del proyecto, publicado el verano pasado. La respuesta: “La única observación que podía generalizarse era lo sociables que eran los participantes”.
Las amistades, en otras palabras, te hacen bien. Y una gran cantidad de nuevos estudios sobre la relación entre socializar y el bienestar están llegando a la misma conclusión.
Otro estudio, publicado en octubre del 2025 por científicos de las universidades Cornell, Stony Brook y Harvard, concluye que los efectos del envejecimiento son más lentos (en inglés) en personas que han tenido conexiones familiares, comunitarias, religiosas y emocionales durante toda la vida.
En promedio, este estudio encontró que las personas que han tenido este tipo de conexiones sociales fuertes viven cuatro años más, hasta una mediana de 84 años, frente a 80 años para quienes no las tienen.
“En efecto, sus células van marcando el tiempo más lentamente de lo que sugeriría su edad cronológica”, dice Anthony Ong, profesor de Psicología en Cornell y uno de los coautores del estudio. Tienen menos problemas de salud y menos dificultad con actividades como caminar o subir escaleras, encontraron Ong y sus colegas, así como niveles más bajos de una proteína vinculada con la enfermedad cardíaca y el deterioro cognitivo.
Por otro lado, el descubrimiento de que las conexiones sociales importan, desde la infancia, no necesariamente significa que las personas queden atadas a su destino desde el nacimiento, dice él.
“De verdad hay mucho espacio para invertir en conexiones a cualquier edad”, dice Ong.
Estos nuevos resultados siguen a estudios anteriores que encontraron que incluso las interacciones sociales momentáneas con amigos reducen la fatiga y el estrés (en inglés) entre los adultos mayores; que la actividad social frecuente reduce el deterioro cognitivo (en inglés) en un promedio del 70% y ralentiza la discapacidad física; y que las amistades más adelante en la vida pueden reducir el riesgo de una persona de padecer demencia, (en inglés) depresión y deterioro físico.
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