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Lo que no sabes sobre la infección por C. difficile podría matarte

Esta infección gastrointestinal debilitante, recurrente y a menudo mortal inducida por antibióticos es cada vez más común pero poco conocida.

Representación digital de bacterias microscópicas conocidas como c. diff o clostridioides difficile

JENNIFER OOSTHUIZEN/GETTY IMAGES

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En abril del 2010, Peggy Lillis, que entonces tenía 56 años, se sometió a un tratamiento de conducto, y el dentista le recetó el antibiótico clindamicina por un supuesto absceso. Poco tiempo después, enfermó de lo que creía que era un virus estomacal. La enfermedad progresó hasta que debieron llevarla al hospital de urgencia. Resultó que tenía una infección por C. difficile, una infección bacteriana del intestino grueso inducida por antibióticos que provoca diarrea difícil de tratar y colitis, que es una inflamación del colon. Lillis fue hospitalizada, le diagnosticaron septicemia y murió al día siguiente. 

“Mi madre era muy fuerte y estaba llena de vida, pero llegó esta superbacteria y se la llevó en tan solo seis días”, relata Christian John Lillis, cofundador, junto con su hermano Liam, de la Peggy Lillis Foundation, una organización sin fines de lucro que se creó para informar al público y a los profesionales de la salud sobre la infección por C. difficile y abogar por mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento.


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El sitio web de la fundación creada en nombre de Peggy Lillis está lleno de relatos personales acerca de los sobrevivientes de la infección por C. difficile y de quienes no sobrevivieron. La colección incluye a mujeres y hombres de diferentes razas, de edades que abarcan desde los 5 meses hasta más de 90 años, y con períodos de enfermedad que varían desde unas pocas semanas hasta más de una década o “en curso”. Los relatos aportan detalles sobre el contagio de C. difficile en un centro de atención médica (infección comúnmente denominada “adquirida en el hospital” o “adquirida en un centro de cuidados a largo plazo”) o por el uso de antibióticos (infección que se denomina “adquirida en la comunidad”). Los antibióticos ciprofloxacina, clindamicina y varias cefalosporinas son algunos de los que suelen mencionarse en las tragedias personales.  

El remedio te puede enfermar más

Peggy Lillis junto a sus dos hijos.

CORTESÍA DE LA FUNDACIÓN PEGGY LILLIS

Peggy Lillis se graduó en 2005 de Brooklyn College. En la foto junto a sus hijos Liam (izquierda) y Christian.

Si bien los antibióticos curan y salvan vidas, a veces pueden causar daños al eliminar las bacterias intestinales beneficiosas que permiten que el sistema gastrointestinal funcione como debería. Una vez que esto ocurre, la bacteria C. difficile, que suele estar presente en el organismo en forma de esporas inactivas, crece y se apodera de él.

Un informe especial que publicaron en junio del 2022 los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) señala que los altos niveles de prescripción de antibióticos exponen a los pacientes al riesgo de contraer infecciones resistentes a los antibióticos —incluida la C. difficile— que son difíciles de tratar. La Dra. Rochelle P. Walensky, directora de los CDC, escribe que “más de tres millones de personas en Estados Unidos adquieren cada año una infección resistente a los antimicrobianos o infecciones por Clostridioides difficile (que suelen vincularse al consumo de antimicrobianos)”.

Los CDC clasifican la infección por C. difficile como una “amenaza urgente”. Según el informe de los CDC “Antibiotic Resistance Threats in the United States” (en inglés) del 2019, en el 2017 “casi 223,900 personas en EE.UU. necesitaron atención hospitalaria por una infección por C. difficile y murieron al menos 12,800”. Más del 80% de las muertes vinculadas a la bacteria C. difficile se produjeron entre personas de 65 años o más, y uno de cada once pacientes mayores fallecieron durante los treinta días siguientes al diagnóstico.

Dado que la bacteria C. difficile es contagiosa, se propaga fácilmente en centros de atención médica —como hospitales u hogares de ancianos— con frecuencia debido a la falta de higiene y a la susceptibilidad de los pacientes inmunodeprimidos. Sin embargo, como señaló la revista médica The Lancet (en inglés) en mayo del 2022, si bien los casos de infección por C. difficile contraídos en hospitales disminuyeron en Estados Unidos entre el 2011 y el 2017, los casos contraídos en la comunidad vienen aumentando entre los niños y los adultos menores de 65 años.

En muchos casos, la simple indicación de un médico de utilizar un probiótico mientras se toman los antibióticos podría significar un cambio. Se necesitan mejores tratamientos, y según los científicos que participaron en la Cumbre Nacional de Defensores contra la C. difficile que organizó la Peggy Lillis Foundation en mayo del 2022, se están creando varias soluciones prometedoras. 

Diarrea incapacitante y, muy frecuentemente, la muerte

Maryann Webb, ejecutiva de asuntos normativos de Nueva Jersey, padeció la infección por C. difficile durante tres años, cuando tenía poco más de 50 años.

“Entiendo lo que se siente morir. Podía sentir literalmente que me moría”, afirmó Webb en la Cumbre Nacional de Defensores contra la C. difficile. Webb narró el modo en que llegó a depender totalmente de los cuidados que le brindaban su marido y su hija adolescente: “Cuando tienes una infección por C. difficile no eres capaz de defenderte de inmediato”. Habló sobre el efecto físicamente debilitante de la infección continua y de la incapacidad de orientarse en el laberinto plagado de obstáculos para recibir atención médica.

Webb permaneció recluida en casa debido a sus reiterados episodios de infección por C. difficile, se aisló tanto como fue posible para no contagiar a los demás, y gastó casi $100,000 en servicios médicos que pagó de su bolsillo. Con el tiempo necesitó que le reemplazaran todos los dientes por implantes debido a la prolongada desnutrición causada por la diarrea y a los frecuentes vómitos provocados por el trastorno gastrointestinal. Al estar tan pendiente y debilitada por la lucha contra la C. difficile, no acudió a sus citas médicas ni se sometió a las mamografías. Un diagnóstico temprano de cáncer la llevó a someterse a una doble mastectomía. “La infección por C. difficile tiene muchas repercusiones”, agregó Webb.

Los sobrevivientes de la infección por C. difficile que asistieron a la Cumbre Nacional de Defensores contra la C. difficile compartieron, en un tono contundente, el profundo efecto que puede tener una infección por C. difficile. En primer lugar, se produce la diarrea incesante, que tiene un aspecto y una consistencia muy particulares e inusuales y un olor dulzón muy desagradable. En poco tiempo se produce la deshidratación y la incapacidad de comer o beber. Todo ello produce confusión y lagunas mentales, con lo que una persona por lo demás saludable se convierte rápidamente en un ser temeroso de estar demasiado lejos de un baño y postrado en la cama debido al agotamiento.

Las personas que han tenido episodios reiterados de infección por C. difficile y se han recuperado se aterran ante el más mínimo cambio en las deposiciones o en la salud. ¿Reaparece la infección? ¿Tomar un antibiótico necesario —por ejemplo, para la faringitis estreptocócica— volverá a causar la infección por C. difficile? El estrés postraumático y la necesidad de asesoramiento en salud mental prevalecen entre los sobrevivientes de esta infección. “Ahora sigo la regla de los tres días”, explica Webb, quien se negó a tomar antibióticos cuando se sometió a la mastectomía y la posterior reconstrucción. “Si pienso que vuelve la infección por C. difficile, espero tres días antes de entrar en pánico”.

Diagnóstico, tratamiento y un ‘trasplante’

La bacteria C. difficile es escurridiza.

Algunas personas que son portadoras de gérmenes infecciosos de C. difficile pueden no enfermar nunca. En términos médicos, se las describe como “colonizadas”. Estas personas no necesitan tratamiento, pero pueden transmitir la infección. Además, dado que muchas personas no reciben un resultado positivo en la prueba de detección de C. difficile aunque la tengan, los expertos afirman que a veces basta con un diagnóstico basado en los síntomas y en un examen médico, y no en los resultados del análisis.

El reto de recibir un diagnóstico preciso a veces resulta fácil comparado con el reto de encontrar un tratamiento eficaz. Dado que varios tratamientos contra la infección por C. difficile son experimentales o nuevos, las compañías de seguro de salud con frecuencia no cubren el costo, o solo lo cubren durante una hospitalización o después de que no hayan surtido efecto otros métodos como la vancomicina, un medicamento específico para el tracto gastrointestinal. Uno de esos tratamientos, la fidaxomicina (de nombre comercial Dificid), es un fármaco que puede tener un precio de $4,000 por la dosis recomendada de 20 comprimidos durante 10 días, aunque a veces hay descuentos. El fármaco Zinplava, un anticuerpo monoclonal que se utiliza en combinación con la medicación para atenuar la reincidencia de la infección por C. difficile, también cuesta miles de dólares, aunque a veces también hay descuentos.

Cuando otros tratamientos no dan resultado, a veces los médicos recurren al trasplante de microbiota fecal, que es exactamente lo que parece. El procedimiento, que aún es experimental, consiste en la administración de microbios fecales sanos de un donante debidamente seleccionado a un paciente mediante una colonoscopía. El objetivo es volver a colonizar las bacterias beneficiosas del intestino. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aconseja que este trasplante se realice únicamente como último recurso después de que otros tratamientos no hayan dado resultado. Si bien el tratamiento suele ser eficaz, no existen normas uniformes para la materia fecal, cuyos “componentes” varían en función del contenido de la muestra.

Maryann Webb considera que el trasplante de microbiota fecal —que se llevó a cabo como último recurso tras muchas batallas con la compañía de seguros— le salvó la vida y la libró por fin de la bacteria C. difficile.


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Nuevos tratamientos, reformas propuestas

Entre los tratamientos que se están elaborando se encuentran los destinados a tipificar microbios fecales producidos en laboratorio para los trasplantes, y luego recibir la aprobación de la FDA. Como se detalla en el artículo de The Lancet de mayo, las empresas Rebiotix, Finch Therapeutics y Seres Therapeutics están trabajando cada una en productos de grado farmacéutico que se administrarán por medio de un enema o en forma de píldora. Destiny Pharma está experimentando con el uso de bacterias en cultivo en vez de productos fecales para combatir esta infección. La empresa biofarmacéutica Crestone está intentando obtener un antibiótico más eficaz para el tratamiento de la infección por C. difficile.

Sin embargo, demostrar que los tratamientos son eficaces y conseguir su aprobación es solo una parte de la batalla. En última instancia, la disponibilidad de estos tratamientos dependerá de los costos y los márgenes de ganancias, como también de la aprobación de la cobertura por parte de las compañías de seguro de salud.

Los profesionales de salud pública, los sobrevivientes de la infección por C. difficile y los seres queridos de quienes no sobrevivieron sostienen que convertir esta infección en una enfermedad de declaración obligatoria podría contribuir a crear conciencia entre los médicos y el público sobre los síntomas, el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de la enfermedad. Los defensores también proponen que se controle y se lleve un registro de la prescripción de antibióticos. Los expertos afirman que un seguimiento adecuado, sumado a la creación de nuevos tratamientos y métodos de prevención, es esencial para salvar miles de vidas.

“La resistencia antimicrobiana es uno de los principales retos de salud pública de nuestra época. Debido al uso generalizado e inadecuado de los antibióticos, las infecciones son cada vez más resistentes a los tratamientos que tenemos disponibles”, explicó durante la Cumbre Nacional de Defensores contra la C. difficile Emily Wheeler, directora de políticas sobre enfermedades infecciosas de la Biotechnology Innovation Organization. “En este momento no se están elaborando suficientes productos para tratar las amenazas de enfermedades infecciosas que existen actualmente, por no mencionar las que puedan surgir en el futuro”.

Ilustración de una cápsula con microbios adentro

ROGER HARRIS/GETTY IMAGES

4 formas de prevenir las infecciones por C. difficile

La toma de conciencia es un primer paso para protegerse contra la infección por C. difficile. Otras formas en que los proveedores de atención médica y las personas pueden reducir el riesgo incluyen las siguientes:

1. Una buena higiene

Lavarse bien las manos y mantener limpios los espacios compartidos (especialmente los baños) protege contra un sinfín de infecciones. La infección por C. difficile se propaga rápidamente en los centros de atención médica, tanto entre el personal como entre los pacientes inmunodeprimidos, en parte debido a la falta de higiene.

2. Administración de antibióticos

Para los pacientes, esto significa no insistir en recibir una receta para cada enfermedad. (Recuerda que los antibióticos solo son eficaces contra las infecciones bacterianas y no las víricas). Entre los profesionales de atención médica, puede significar limitar la tradición de medicar a los pacientes con antibióticos antes de ciertos procedimientos. Debra Goff, profesora de Prácticas y Ciencias Farmacéuticas de Ohio State University, es asesora científica de la Peggy Lillis Foundation y está trabajando para actualizar las guías sobre el uso de antibióticos en el sector odontológico.

3. Atención a las alergias

A las personas que son —o creen ser— alérgicas a la penicilina y a otros antibióticos similares de bajo espectro se les suele recetar en cambio un antibiótico de amplio espectro. “Estos antibióticos, que pueden atacar muchos tipos de bacterias, suelen tener más efectos secundarios, como un mayor riesgo de contraer infecciones como la de C. difficile”, señala Kenneth Lawrence, farmacéutico y director ejecutivo de Seres Therapeutics. Agrega que algunas personas que sospechan o les han dicho de forma informal que son alérgicas a la penicilina, en realidad no lo son. En estos casos, Lawrence recomienda que el paciente consulte directamente con el médico o el farmacéutico para evaluar la probabilidad de que lo sea.

4. Alimentación sana y un probiótico diario

Se sabe que las bananas, el arroz, el puré de manzana, las tostadas y el yogur con un alto contenido de cultivos vivos son alimentos saludables para el intestino. Las bebidas y los alimentos fermentados —como el kimchi, el chucrut, el tempeh, la kombucha y el kéfir— se consideran buenos para prevenir la infección por C. difficile. La deficiencia de vitamina D, que es común en la población de EE.UU. y sobre todo en los adultos mayores, es un factor de riesgo de esta infección, por lo que un suplemento o una dieta que incluya alimentos ricos en vitamina D son buenas medidas. Además, consumir un probiótico de alta calidad cuando se toman antibióticos —e incluso cuando no se toman— puede ayudar a mantener las bacterias beneficiosas del intestino en condiciones óptimas y evitar la infección por C. difficile. La eficacia de un probiótico depende en gran medida de su calidad. Según Gail Cresci, especialista en microbios intestinales de Cleveland Clinic, una sugerencia inicial es buscar uno que tenga al menos 1,000 millones de unidades que formen colonias y que contenga lactobacilos, bifidobacterias o Saccharomyces boulardii.