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Los adultos menores de 65 años deberían ser evaluados para detectar la ansiedad

Es posible que en el futuro los médicos evalúen a sus pacientes a fin de detectar este problema de salud mental.

Una doctora escucha con compasión a una de sus pacientes

KUPICOO / GETTY IMAGES

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Si eres menor de 65 años, tu próxima visita al médico podría incluir un nuevo chequeo: una evaluación para detectar la ansiedad.  

Por primera vez, un panel de expertos médicos recomienda (en inglés) que los médicos de atención primaria realicen una evaluación anual a los adultos menores de 65 años, aun cuando estos no presenten síntomas, a fin de detectar esta enfermedad mental cada vez más frecuente.

Eso podría contribuir a la detección temprana de un trastorno de ansiedad, para que las personas puedan recibir la atención adecuada. Así lo señaló Lori Pbert, integrante del Grupo de Trabajo sobre Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF), en un comunicado sobre el proyecto de recomendación del grupo, publicado el 20 de septiembre. El público tendrá hasta el 17 de octubre para aportar sus comentarios sobre las pautas propuestas, antes de que se emitan en su versión definitiva.


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"Esto, creo yo, es algo sumamente necesario que debió hacerse hace mucho tiempo", afirma el Dr. Robert Hudak, psiquiatra del Western Psychiatric Hospital de University of Pittsburgh Medical Center.

Los trastornos de ansiedad constituyen el problema de salud mental más frecuente en Estados Unidos. Más del 15% de los adultos (en inglés) informaron haber presentado síntomas de ansiedad en el 2019, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Y, según datos divulgados anteriormente por el Gobierno federal, aproximadamente el 20% de los adultos en el país tienen algún trastorno de ansiedad. Además, el problema se ha agravado a causa de la pandemia, por lo que el número de casos se ha disparado muy por encima de estas cifras, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, según lo que indican las investigaciones (en inglés).

“De verdad creo que la pandemia de COVID-19 puso de relieve el impacto que el estrés y la ansiedad del día a día pueden provocar en las personas”, afirma Lauren Gerlach, psiquiatra geriátrica y profesora adjunta del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de University of Michigan.

En un informe de los CDC se reveló que, entre agosto del 2020 y febrero del 2021, la proporción de adultos que recientemente habían presentado síntomas de un trastorno de ansiedad o depresión aumentó del 36.4 al 41.5%.

Estas cifras han disminuido en alguna medida desde los momentos más difíciles de la pandemia, según la Dra. Gail Saltz, profesora clínica adjunta de Psiquiatría en el New York-Presbyterian Hospital y la Facultad de Medicina Weill Cornell, y psicoanalista del New York Psychoanalytic Institute en la ciudad de Nueva York. Aun así, persisten muchos factores estresantes que pueden incidir en el nivel de ansiedad, entre ellos las dificultades económicas o la muerte de un ser querido por la COVID-19.

A pesar de su prevalencia, la ansiedad muchas veces pasa desapercibida en los consultorios de atención primaria, según el USPSTF, y son pocos los proveedores que evalúan a sus pacientes para detectarla. Pero si se buscan los signos en pacientes que no presentan síntomas obvios, se podría “aumentar notablemente las probabilidades de que los pacientes reciban un tratamiento oportuno, lo cual podría evitarles años de sufrimiento”, según el USPSTF.  

Si los trastornos de ansiedad no se tratan, pueden derivar en otros problemas de salud. Por ejemplo, las personas pueden tener dificultades para realizar sus actividades normales en la casa, en el trabajo o en sus relaciones personales, señala Saltz. “Y si se permite que eso continúe durante mucho tiempo, se verá muy afectada su capacidad de seguir participando plenamente en la familia, con los amigos, en el trabajo, en la superación profesional, todo eso”, dice Saltz.

La ansiedad sin tratar puede resultar también en un caso de depresión clínica, y sus efectos pueden hacerse sentir de muchas maneras, desde la presión arterial hasta úlceras pépticas y dolor crónico. Además, puede causar que en el cuerpo circulen altos niveles de cortisol, una hormona relacionada con el estrés. “Y sabemos que la circulación de altos niveles crónicos de cortisol tiene efectos perjudiciales en el cuerpo y el cerebro”, dice Saltz. (La sobreexposición al cortisol puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y problemas de memoria y concentración, según Mayo Clinic).

“[La ansiedad] afecta a tantas personas —y son tan graves las consecuencias de no detectar y tratarla— que esta medida podría tener un impacto en la salud pública”, señala Saltz acerca de las pautas propuestas en torno a esta evaluación. 

¿Y qué pasa con las personas mayores de 65 años?

Las recomendaciones, en su versión preliminar, excluyen a una proporción importante de la población: los adultos mayores de 65 años. Y aunque los niños y los adultos más jóvenes han presentado cada vez más casos de ansiedad en años recientes, los adultos mayores no son invulnerables a este problema.

De hecho, en una reciente encuesta realizada por AARP (en inglés) se determinó que un 61% de los participantes mayores de 50 años experimentaron ansiedad en alguna medida durante el último año; un 45% dijeron que les molestaba la ansiedad. Además, en un informe del 2021 (en inglés) de la National Poll on Healthy Aging de University of Michigan, una encuesta nacional sobre el envejecimiento saludable, se reveló que un 28% de los adultos de entre 50 y 80 años vieron agravado su nivel de ansiedad o preocupación durante la pandemia.

Incluso años antes de la llegada de la COVID-19, casi 1 de cada 10 adultos mayores de 60 años había padecido un trastorno de ansiedad durante el año anterior, según datos del Gobierno federal.

“Veo a muchos adultos mayores que luchan con trastornos de ansiedad y altos niveles de estrés y que se beneficiarían de un tratamiento. Por eso opino que es importante evaluar a esta población para detectar la ansiedad”, dice Gerlach.

Por ahora, los expertos aconsejan seguir a la espera de más noticias. Es posible que en el futuro próximo se emitan recomendaciones de evaluación para este grupo de edad. El USPSTF decidió esperar, por el momento, antes de formular recomendaciones para las personas mayores de 65 años porque “simplemente no hay pruebas suficientes” que demuestren que los beneficios de evaluar a los adultos mayores superen las posibles desventajas, según Hudak.

Existe un riesgo de que a los adultos mayores se les receten medicamentos que resulten más dañinos que beneficiosos. Por ejemplo, las benzodiacepinas (como Xanax) son un grupo de fármacos frecuentemente recetados para tratar la ansiedad. Sin embargo, en los adultos mayores estos medicamentos pueden provocar efectos secundarios, entre ellos deficiencias cognitivas y un mayor riesgo de caídas, según los Institutos Nacionales de la Salud. 

Otro motivo de preocupación es que algunos síntomas de ansiedad —como interrupciones del sueño o dolor— son más frecuentes entre los adultos mayores, y es posible que la herramienta de detección termine por identificar a personas que presenten estos síntomas por otros motivos que no sean la ansiedad y, así, derivarlas hacia un tratamiento equivocado, explica Saltz.

El Dr. Gbenga Ogedegbe, integrante del USPSTF, afirma: “Ante la falta de pruebas, los profesionales de salud deben emplear su criterio, a partir de las circunstancias particulares de cada paciente, al tomar la decisión de practicar la evaluación o no”.

Entretanto, el grupo de trabajo recomienda que todos los adultos —incluidos los mayores de 65 años— sean evaluados con regularidad a fin de detectar la depresión, la cual también va en aumento desde inicios de la pandemia. Por otra parte, el grupo señala que se necesitan más pruebas antes de que se pueda emitir una recomendación general de evaluar a los adultos para detectar un riesgo de suicidio. Casi 46,000 personas en Estados Unidos se suicidaron en el 2020.

Cómo reconocer los signos de ansiedad

Desde luego, no tienes que esperar hasta tu chequeo anual para hablar con el médico acerca de la ansiedad, sobre todo si empiezas a notar síntomas. Por ejemplo, puede ser que tengas una sensación general de preocupación, pánico o aceleración mental, dice Gerlach. La irritabilidad y la incapacidad para concentrarte también pueden ser señales de alerta, según Saltz.

A menudo la ansiedad también provoca síntomas físicos, señala Hudak, como palpitaciones o dificultad para respirar. Algunas personas presentan malestar estomacal, hormigueo en las manos y los dedos, y problemas para dormir. “Así que, sin duda, la aparición de síntomas físicos sin explicación es, al menos, una posible señal de alerta con respecto a la ansiedad”, dice Hudak. “Además, puede haber un cambio en las actividades normales. Si ves que no estás saliendo y que no puedes hacer las cosas que normalmente te gustaría hacer, eso también puede ser un signo de ansiedad”.

Algo importante: todo el mundo siente ansiedad de vez en cuando. Puede suceder tanto en momentos especialmente estresantes de la vida como en circunstancias comunes y corrientes. “Si no tuvieras ansiedad, no te preocuparías por mirar de un lado a otro antes de cruzar la calle”, señala Hudak. Por eso puede ser difícil reconocer un trastorno de ansiedad. “Cuando la situación se vuelve anormal, es difícil que se te prenda el foco para que digas: ‘¡Ajá! Esta ansiedad es excesiva’”.

Un signo revelador es que te sientas “muy mal”, incluso deprimido, dice Hudak.


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La escasez de proveedores podría ser un factor limitante 

Existe una gran variedad de opciones para tratar los trastornos de ansiedad, según Gerlach. Por ejemplo, se puede acudir a un terapeuta o un especialista de salud mental que te pueda enseñar herramientas y técnicas para controlar la ansiedad. Además, se pueden recetar medicamentos.

Sin embargo, a algunos pacientes les podría resultar difícil obtener ayuda de inmediato. Los expertos señalan que una posible desventaja de la nueva recomendación es que podría implicar una carga adicional para un sistema que ya está saturado. (Más de 150 millones de personas en Estados Unidos viven en zonas donde escasean los profesionales de salud mental). Incluso aquellas con acceso a proveedores pueden encontrarse en largas listas de espera.

“En la actualidad no tenemos suficientes profesionales de salud mental en este país. Y si quieres evaluar a las personas y duplicar el número de pacientes —y hay muchas personas que verdaderamente necesitan tratamiento—, ¿adónde van a acudir? Es un gran problema”, dice Hudak.

Los médicos de atención primaria, de los que también existe escasez, pueden iniciar en muchos casos un tratamiento de la ansiedad, dice Gerlach. Sin embargo, para las personas con síntomas más graves, podría ser mejor derivarlas a un profesional de salud conductual o un psiquiatra.

“Ciertamente es preocupante: si se detecta este problema en muchas personas, queremos estar seguros de contar con recursos suficientes para tratar a los pacientes y brindarles la ayuda que necesitan”, dice Gerlach.

Signos y síntomas frecuentes de ansiedad

  • Nerviosismo o inquietud
  • Sensación de peligro, pánico o perdición inminentes
  • Irritabilidad
  • Dolores de cabeza o musculares, o dolores sin explicación
  • Aumento de la frecuencia cardíaca
  • Respiración acelerada
  • Sudoración
  • Temblores
  • Debilidad o cansancio
  • Problemas para concentrarse o pensar
  • Problemas para dormir
  • Problemas gastrointestinales
  • Dificultades para controlar el nivel de preocupación
  • Impulso de evitar cosas que provoquen ansiedad

Fuentes: Mayo Clinic, Instituto Nacional de la Salud Mental