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Diez formas de mejorar el Seguro Social

¿Podrían estas propuestas hacer más útil, justo y duradero el programa?

In English | En apenas 21 años, el Seguro Social estará en condiciones de pagar solamente las tres cuartas partes de los beneficios prometidos, un pronóstico que garantiza el debate sobre el futuro —y el significado— del Seguro Social en la vida estadounidense. Pero el déficit proyectado no es el único problema que enfrentan el programa y las personas que dependen de él. Los cambios en el estilo de vida, la demografía y la economía están creando inseguridad para muchos adultos mayores estadounidenses.

Vea también: Cómo maximizar su cheque del Seguro Social.

Plancha para imprimir las tarjetas del Seguro Social.

Foto por: Bruce Peterson

Hay muchas formas de resolver el déficit del Seguro Social. Cada una tiene sus pros y sus contras.

Los especialistas han presentado una serie de de propuestas, y la aplicación combinada de algunas de ellas podrían sostener el Seguro Social a largo plazo, y tornarlo más útil y justo. Las siguientes diez alternativas están siendo debatidas en Washington:

1. Incrementar el tope para las cargas sociales

Usted paga el impuesto sobre la nómina —o cargas sociales, que son retenciones que el fisco hace sobre su sueldo para destinar al financiamiento del Seguro Social— sobre sus ganancias hasta un tope establecido ($110.100 en el 2012). Si es como la mayoría de los trabajadores, entonces sus ingresos no alcanzarán ese tope. El aumentar el tope a $215.400 —de modo de cubrir el 90 % de los sueldos del país— reduciría el déficit del Seguro Social en alrededor de un 36 %. Eliminarlo por completo prácticamente terminaría con el déficit de un plumazo. Quienes están de acuerdo con esta idea sostienen que aumentar el tope sería justo, y que el importe no sería pesado. El principal argumento en contra del incremento es que quienes más ganan ya obtienen un menor rendimiento sobre sus aportes que los trabajadores de ingresos bajos, porque los beneficios son progresivos por diseño. Además, incrementar la base imponible equivaldría a un gran aumento de impuestos para los que ganan más.

2. Aumentar el impuesto sobre la nómina (cargas sociales)

Los últimos años, tanto los asalariados como sus empleadores han aportado al Seguro Social un impuesto del 6,2 % sobre las remuneraciones, hasta el tope de ingresos vigente. (El Congreso redujo temporalmente la tasa a pagar por el empleado a 4,2 % en los años 2011 y 2012, como una manera de impulsar la economía.)

Llevar el impuesto al 6,45 % para empleados y empleadores compensaría el 22 % del déficit y podría hacerse en forma gradual. Los críticos expresan preocupación por el impacto económico y dicen que los empleadores podrían responder reduciendo otros costos laborales, como los puestos de trabajo.

Otras maneras de aumentar la recaudación incluyen incrementar el impuesto a las ganancias sobre los beneficios. Gravar el dinero que ingresa en los “planes de reducción salarial”, que le permite destinar dinero “antes de impuestos” al cuidado de la salud, transporte y otros usos, podría reducir el déficit en un 10 %. Pero una acción semejante afectaría a personas que podrían depender de esas cuentas.

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3. Considerar los patrones de trabajo típicos de la mujer

Las mujeres que trabajan —solteras o casadas— tienden a recibir beneficios más bajos, porque les pagan menos a lo largo de su carrera, y porque son más propensas que los hombres a tomar licencias o pedir permiso en sus empleos para dedicarse a la prestación de cuidados o a la crianza de sus hijos. Una propuesta les reconocería al menos parte del tiempo dedicado a esas actividades. Asimismo, una mujer soltera recibirá un beneficio mucho menor (dependiendo de sus antecedentes salariales) que una esposa no asalariada, porque no tiene un cónyuge que gane más y que le permita acceder a un beneficio más alto. Las medidas para abordar estos problemas serían neutras desde el punto de vista del género, para que también puedan serles útiles a los hombres. No obstante, el costo de una propuesta así debería ser compensado, o podría profundizar el déficit.

4. Ajustar los beneficios

Los recortes de beneficios no son para alegrarse, pero permitirían ahorrar dinero. Podrían ser estructurados de tal manera que no perjudiquen ni a los jubilados, ni a los que están próximos a jubilarse ni a las personas de ingresos bajos. Todos los cambios deberían implementarse en forma gradual luego de un extenso período preliminar, para así poder otorgarles años para ajustar sus planes financieros a los trabajadores más jóvenes.

Aun así, reducir los beneficios de las personas de ingresos bajos podría afectar su estándar de vida en la jubilación. Por su parte, reducir los beneficios de los que más ganan podría socavar el amplio apoyo popular que tiene el Seguro Social, como un programa al que todos aportan y del que todos se benefician.

5. Fijar un beneficio mínimo

Las personas que registraron ingresos bajos durante su vida laboral —tal vez uno de cada cinco asalariados— podrían terminar recibiendo beneficios que siguen estando por debajo de la línea de pobreza. Podría fijarse un beneficio mínimo en el 125 % de la línea de pobreza, indexado según los aumentos salariales para mantenerlo en valores adecuados a lo largo del tiempo.

6. Modificar la fórmula del COLA (ajuste por aumento del costo de vida)

Los beneficios del Seguro Social generalmente aumentan para mantenerse a la par con el costo de la vida. Actualmente, este ajuste por aumento del costo de la vida, conocido como COLA, está basado en el CPI-W (Índice de precios al consumidor para trabajadores en áreas urbanas y oficinistas).

Una propuesta sugiere usar una medida diferente, el índice encadenado de precios al consumidor, que asume que el consumidor altera sus patrones de compra si un precio sube demasiado. Por ejemplo, si aumenta el precio de la carne, la gente podría volcarse al pollo. El índice encadenado de precios al consumidor aumenta, cada año, alrededor de 0,3 puntos porcentuales más lentamente que el CPI-W, lo que significa que los beneficios también aumentarían más lentamente. Aproximadamente  un 6 % menos en el transcurso de 20 años. La adopción de un índice encadenado de precios al consumidor permitiría reducir el déficit alrededor de un 23 %.

Otra propuesta sustituiría una fórmula conocida como CPI-E. Esta tiene especialmente en cuenta el tipo de gasto más común entre los mayores de 62 años, como la atención médica, que sigue aumentando más rápidamente que otros gastos. Esto podría incrementar los beneficios, haciendo lo propio con el déficit, que aumentaría alrededor del 16 %.

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7. Aumentar la edad plena de jubilación

La edad a la que uno podrá recibir los beneficios del Seguro Social completos está aumentando gradualmente a 67 años, para las personas nacidas a partir de 1960. Aumentarla aun más permitiría ahorrar dinero y sería un incentivo para que la gente continúe trabajando.

Una edad plena de jubilación de 68 años podría reducir el déficit alrededor de un 18 %. Llevarla a 70 años cubriría el 44 % del déficit. Los incrementos podrían hacerse gradualmente, y quienes respaldan la propuesta dicen que es sensata para estos tiempos en los que la expectativa de vida es mayor. A modo de ejemplo, se prevé que un hombre sano de 65 años viva hasta más allá de los 82. Pero la expectativa de vida no aumenta para todos los sectores por igual: los trabajadores de ingresos más bajos y menos instruidos no registran los mismos aumentos en este parámetro como sus contrapartes más pudientes y con mayor nivel educativo. Además, subir la edad plena de jubilación podría resultar problemático para los trabajadores con problemas de salud o con empleos físicamente exigentes. Una propuesta relacionada —comenzar a indexar la longevidad— vincularía los beneficios a una mayor expectativa de vida.

8. Ayudar a las personas de edad avanzada

Los estadounidenses están viviendo más tiempo y, a menudo, las personas de edad avanzada son los más pobres. Puede que les queden algunos pocos ahorros; generalmente ya no trabajan y es probable que la inflación se coma cualquier pensión que puedan tener. Una bonificación por longevidad es una alternativa. Por ejemplo, un aumento del 5 % en el beneficio para aquellos que tengan más de una determinada edad, digamos 85 años, podría ayudarlos.

9. Establecer cuentas privadas

Los defensores del libre mercado han presionado mucho tiempo para hacer del Seguro Social un programa más privado, en el que parte de sus cargas sociales vayan a una cuenta personal que aumentaría y caería con los mercados financieros. Aquellos que respaldan la medida creen que el rendimiento del mercado de valores podría compensar los recortes de beneficios. Los activos en su cuenta personal le pertenecerían, y podría pasárselos a sus herederos. Las cuentas personales podrían introducirse en forma gradual y convertirse en una opción para los trabajadores jóvenes, en tanto los jubilados y próximos a jubilarse podrían permanecer en el sistema actual. A los detractores de la propuesta les preocupa el hecho de que estarían reemplazando un beneficio garantizado y protegido contra la inflación destinado a los trabajadores y, potencialmente, sus familiares, con más protecciones limitadas. Las cuentas privadas solo entregan el importe existente en la cuenta. Además, desviar dinero a cuentas privadas significa que se podría necesitar financiamiento adicional para poder pagar los beneficios prometidos actualmente vigentes.

10. Cubrir a más trabajadores

No todos los trabajadores participan del Seguro Social. El grupo más numeroso que no tiene cobertura comprende a alrededor del 25 % de los empleados de gobiernos estatales y municipales, que dependen de sistemas de pensiones estatales. Incorporar al personal recientemente contratado al Seguro Social aumentaría la recaudación lo suficiente como para reducir en un 8 % el déficit a largo plazo (aunque con el tiempo, cuando estas personas comiencen a cobrar beneficios, los costos aumentarían). Puede que los gobiernos estatales y municipales se opongan a esta medida, porque desviaría fondos de los planes de pensiones públicas que ya están con déficits de financiamiento.

Jonathan Peterson escribió Social Security for Dummies © 2012 by AARP/John Wiley & Sons Inc. Es director ejecutivo de comunicaciones en AARP y fue corresponsal del Los Angeles Times.

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