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Verónica Robles difunde la cultura mexicana con su mariachi femenil

Después de superar grandes retos personales y profesionales, vive el sueño de liderar un mariachi de mujeres y promover la cultura mexicana.

Desde sus inicios en la cuna del mariachi en la Ciudad de México hasta su vida actual como gestora cultural en Boston, Verónica Robles ha sentido un gran amor y respeto por la música más emblemática mexicana: la ranchera.

Su experiencia como la única mujer en un mariachi, junto con su devoción a la ranchera, le dieron la idea de formar un mariachi exclusivamente de mujeres, el Mariachi Verónica Robles, el primer mariachi femenil de Nueva Inglaterra. Pero ese sueño por poco no se hizo realidad, puesto que tuvo que enfrentar dos pruebas difíciles: la muerte de su hija y un diagnóstico de cáncer. Cuando se recuperó, continuó con el mariachi mixto que había fundado un tiempo atrás con su esposo, y resolvió armar la banda femenil. La acogida fue mucho mayor de lo que esperaba.


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“Cuando comenzamos el mariachi femenil, se nos doblaron las contrataciones. Muchas niñas ahora quieren ser mariachis”, dice Robles con entusiasmo. “Hemos abierto esa puerta para que otras personas tengan interés en aprender la música de mariachi. Por medio de mi trayectoria artística me he dado cuenta de que, para cambiar a las personas, hay que conquistarles el corazón”.

Las presentaciones de la banda van en paralelo con su trabajo como gestora cultural a través de su fundación, Verónica Robles Cultural Center, dedicada a promover la diversidad y la cultura no solo mexicana sino latinoamericana en general.

AARP tuvo la oportunidad de conversar con Robles sobre su proyecto cultural, su amor por la música, su visión decididamente feminista y sus planes para el futuro. Aquí, una versión condensada de la entrevista.

¿Cómo y cuándo empezaste a cantar mariachi?

Yo comencé a cantar música mexicana tradicional aprendiéndola de mi abuelita mientras ella cocinaba. Después empecé a cantar en [la Plaza] Garibaldi cuando tenía 14 años, con los mariachis del restaurante donde trabajaba mi abuela. A mi mamá le gustaba mucho cantar también; ellas dos son los pilares que me mantuvieron firme en esta carrera. Comencé un 12 de diciembre oficialmente, así es que digo que la Virgen de la Guadalupe fue mi madrina de la música de mariachi. Y a partir de ahí no paré. La música mexicana es sin filtro, o sea tú tienes que proyectar la voz y tienes que sentir la música, sentir la pasión, la rabia, el amor, la algarabía que trae la música mexicana y entonces creo que todo eso soy yo.

Cuéntanos cómo fue tu experiencia de ser la única mujer en el grupo.

La instrumentación de los mariachis son los violines, las trompetas, las guitarras, el guitarrón, las vihuelas y la voz. O sea, la voz es un instrumento. Fui tomando [liderazgo] en cuanto a contrataciones, coordinación, movilización del equipo, porque me encanta todo eso, me sale natural. Había hombres que no les gustaba mucho, y empecé a sentirme agredida, con comentarios fuera de [lugar]: “Es que las mujeres no sirven para esto”, “Tenía que ser mujer porque está manejando mal”, “Es que tú eres muy suave para tratar a la gente, porque eres mujer”. Yo no los tomaba en cuenta porque estaba feliz, disfrutando. Tampoco pensé que me iba a dedicar a eso toda la vida.

¿Cómo te diste cuenta de que el mariachi no era solo cosa de hombres?

Las mujeres también han hecho música mariachi desde la revolución mexicana, pero está muy poco documentado. Cuando empecé a darme cuenta de que había mujeres que ya habían tomado la iniciativa en California, dije, “Acá en Nueva Inglaterra necesitamos un mariachi de mujeres”. Necesitaba sentirme cómoda, con mujeres que sintieran el mismo amor por tocar música, por compartir su talento. Tenía muchísimas ganas de probar que este género no es solo de hombres, sino que también es de mujeres y se puede decir: “¡Sí señora!”.

¿Cuáles fueron tus mayores retos personales?

En el 2008 perdí a mi única hija y me costó mucho trabajo ese proceso. Mi perspectiva de la vida cambió. A los dos años me dio cáncer. Estuve muy mal, a punto de morir, porque había perdido las esperanzas. Mi hija fue el motor para yo ser mariachi. Ella era mi fan número uno y me admiraba mucho. En el transcurso de las quimioterapias tuve una sensación de que yo estaba hablando con ella y ella me estaba hablando a mí. Y me dijo: “Mamá”, no en esas palabras, pero así lo sentí yo, “tienes que luchar porque yo soy tú y tú eres yo, yo estoy en ti. Tienes que abrir las alas y terminar de crecer, tienes mucho que dar”. Así que empecé a luchar y logramos vencer el cáncer. Fue cuando dije: “Verónica, ¿qué quieres hacer?” Y el mariachi femenil fue uno de los dos proyectos que decidí hacer. Gracias a Dios eso me ha mantenido todos los días inspirada, con ganas de salir adelante.

¿También tuviste que superar estereotipos?

Me costó que entendieran que mi estilo de mariachi también era digno de estar en escenarios importantes. La gente tenía la idea de que era solo para restaurantes, o para serenatas, lo cual sí, eso también es. Pero también tenemos música muy elaborada en donde es digno sentarse y escucharla y apreciarla. Para mí era importante que esa experiencia la tuvieran todo tipo de audiencias, incluyendo las que les gustaba ir a un teatro a disfrutar de una buena música. Hemos elevado la calidad de la percepción que tenían del mariachi y hemos tenido la atención de organizaciones e instituciones de arte importantes

¿Cuáles eran los requisitos cuando buscabas mujeres para tu banda?

La primera parte era que tendrían que ser músicos profesionales o que hayan estudiado música. Ese era el primer requisito. El segundo requisito era que podrían ser de cualquier parte del mundo, [pero] que estuvieran dispuestas a celebrar y aprender la cultura mexicana. Y el tercero era que tuvieran disponibilidad en su vida porque es un trabajo muy demandante.

¿Qué quisieras que la gente supiera sobre tu trabajo con la banda y el centro cultural?

Una de las metas que tenemos es incluir un programa que sea una escuela de mariachis para seguir enseñando a niñas y mujeres de todos los campos. Me gustaría que la gente entienda que ser músico mariachi, que tener una banda femenil de mariachi, es una profesión. Y que también podamos seguir creando un cambio y empoderando a las mujeres a través de la música.