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Explorando el álbum familiar de Linda Ronstadt

En un nuevo libro, la popular cantante comparte sus recuerdos de las tierras que se extienden a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.

Montaje de fotos familiares de Linda Ronstadt.

Cortesía de LINDA RONSTADT y BILL STEEN

De izquierda a derecha en el sentido de las agujas del reloj: Lalo Guerrero, un amigo de la familia; el grupo de mariachi Los Cenzontles; Linda Ronstadt en su caballo de raza appaloosa, Mischief; la familia de Ronstadt (Linda a la derecha); Ronstadt en el escenario alrededor de 1970; Los padres de Ronstadt en 1937.

In English

La artista multiplataforma Linda Ronstadt es autora de un nuevo libro, Feels Like Home: A Song for the Sonoran Borderlands. El libro, coescrito con el periodista Lawrence Downes, se centra en el paisaje emocional y físico de la infancia de Ronstadt en el suroeste de Estados Unidos, así como en su herencia mexicana y las conexiones entre los dos países. Lo que sigue es una historia, así como recetas adaptadas del libro:

La región del río Sonora es uno de los rincones más hermosos de México: un paisaje donde la luz del sol deja su huella, esculpido por el viento y suavizado por el exuberante verdor de la vegetación perenne. Este tramo de desierto es lo que me ata al mundo. Creo en la memoria genética, ese sentimiento de pertenecer a un lugar que perdura en la sangre y se pasa a través de las generaciones. Dondequiera que he vivido, dondequiera que viajo, mi alma siempre bate sus alas hacia el horizonte, hacia el sur de la frontera, de regreso a mi tierra y a mis raíces en Sonora. Me siento gravitar en esa dirección como si respondiera al llamado de los padres de mi padre y sus padres y abuelos, de toda una cadena de antepasados, la mayoría de quienes nunca conocí.


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Soy hija de ese mundo, aunque crecí en la comodidad de la clase media en el Tucson del siglo XX, lejos de cualquier necesidad de autosuficiencia en el desierto. No tuve que arrear ovejas y ganado ni hacer cercas de mezquite o de cuerda de fibras de cacto para el ganado. Y, sin embargo, si bien no soy uno de los Ronstadt mexicanos del siglo XIX, tengo esto en común con ellos: amo a Sonora y me siento arraigada a ella cuando estoy allí. Mi sentido de conexión con mis antepasados se ve además reforzado por mis propios vívidos recuerdos sensoriales de las cosas que también ellos conocían y amaban en Sonora, en particular las que tienen que ver con la música y la comida. Esas dos necesidades humanas básicas se satisfacían juntas de manera maravillosa con la pachanga, el pícnic familiar que duraba todo el día y que fue uno de los mayores placeres de crecer en esa parte del mundo.

Una vista de las montañas Huachuca.

Cortesía de LINDA RONSTADT y BILL STEEN

Una vista de las montañas Huachuca.

Es increíble que un lugar tan calcinado por el sol y el calor sea capaz de invocar la vida en tal variedad y abundancia. El desierto de Sonora es feroz e imponente, pero también es extremada y sorprendentemente fértil. La autosuficiencia y la sostenibilidad quizás sean difíciles de lograr en cualquier lugar, pero representan un enorme desafío en un lugar donde el agua es tan escasa. No obstante, a pesar de que la lluvia es poco frecuente, en ciertos momentos del año irrumpe con una fuerza intensa. Aprendimos de niños a estar alertas a los aguaceros, incluso los lejanos, debido a las inundaciones repentinas. Cualquier arroyo, lecho o canal de riego podía estar seco un minuto y convertirse en un instante en un torrente mortal de agua, brozas y rocas. Así es el desierto, un momento te da muy poco y otro demasiado, y puede representar la muerte para cualquiera que no preste atención.

Linda Ronstadt actúa en el escenario de Milwaukee, Wisconsin en 1983.

PAUL NATKIN/GETTY IMAGES

Linda Ronstadt actúa en el escenario de Milwaukee, Wisconsin en 1983.

Para su libro, Ronstadt hizo una lista de canciones que representan la frontera para ella. Haz clic aquí para escuchar la lista de reproducción en Spotify. (Un CD está disponible en el sello Putumayo - en inglés)

Nací en Tucson en 1946 y viví allí hasta los 18 años. Nuestra familia estaba compuesta de mi madre, mi padre y sus cuatro hijos, de los que solo quedamos mi hermano mayor, Peter, y yo. También hay un sinnúmero de tías, tíos, primos, sobrinos y parientes más lejanos en Arizona y en la región de Sonora en México. He dicho que nuestro árbol genealógico se asemeja más a un hormiguero que se extiende por dos países. Cuando tengo oportunidad, regreso aún a Tucson a ver a la familia y los amigos, y para las fiestas. Una gran reunión familiar o fiesta puede hacer que los Ronstadt se vuelquen de todas direcciones de la ciudad. No hay dos de nosotros que seamos exactamente iguales, pero cuando nos reunimos la mayoría estamos listos para cantar y tocar música, cocinar y comer.

Sin embargo, cuando regreso a mi ciudad natal, después de unos días, estoy hambrienta de algo más. Anhelo ver cielos más amplios y luz de sol empañada de polvo, el palo verde que florece en los arroyos y las columnas gigantes de los cactus, el saguaro y el pitayo dulce que ennoblecen las colinas. Siento ansias de emprender ese viaje de cinco horas rumbo sureste por la carretera que lleva a la aldea donde nació el padre de mi padre. Cuando esto sucede, llamo a algunos amigos, y tal vez a algunos de mis primos o sobrinos, y juntos nos ponemos en marcha. Viajamos rumbo al este y sur, cruzamos la frontera en Naco, tomamos la carretera hasta Cananea y luego seguimos el río hasta Banámichi.

El padre de Ronstadt (segundo desde la derecha) con sus padres y hermanos.

Cortesía de LINDA RONSTADT y BILL STEEN

El padre de Ronstadt (segundo desde la derecha) con sus padres y hermanos.

Nos registramos en el hotel, y en algún momento en que reine la calma salgo y camino por la calle vacía para relajarme en una banca de la Plaza Miguel Hidalgo y pensar en mis antepasados. Sentada aquí, hace un calor infernal. El sol vespertino del desierto baña de golpe el pecho y la cara. El resplandor lo blanquea todo. Es, sin embargo, una pequeña plaza encantadora a cualquier hora del día. Los cipreses y sicómoros esbeltos le dan un aspecto formal, semejante a un cementerio italiano, aunque no dan sombra siquiera pasable. 

No obstante, si me siento en el banco el tiempo suficiente, puedo ver la torre del campanario, pintada de un blanco deslumbrante, teñirse de rojo al resplandor del ocaso y tornarse dorada. El sol se pondrá tras ella, más allá del río, y los grillos comenzarán a zumbar; saldrá la luna, y luego las estrellas.


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Albóndigas de la familia Ronstadt.

Cortesía de LINDA RONSTADT y BILL STEEN

Albóndigas de la Familia Ronstadt

La bisabuela de Linda Ronstadt, Margarita.

PAUL NATKIN/GETTY IMAGES

La bisabuela de Linda Ronstadt, Margarita.

Mi bisabuela Margarita le enseñó a mi padre a cocinar. Ella le preparaba este plato casi todos los días a mi abuelo cuando regresaba de la ferretería para disfrutar de un almuerzo caliente. Me encantaba comer este plato durante la cena en casa de mis abuelos. Mi abuela ponía una mesa elegante, y estas delicadas albóndigas fragantes, gracias a la menta y el cilantro, a menudo se servían como sopa. 

Rinde alrededor de 65 albóndigas, u 8 porciones.

3 libras de carne de res molida, preferentemente bistec de falda o redondo

6 tomates medianos, preferentemente perita

½ taza de menta fresca, finamente picada

½ taza de cilantro, picado

1 diente de ajo pequeño, picado

1 cebollín mediano, picado

2 cucharadas de orégano

Sal y pimienta al gusto

¾ taza de aceite de oliva o manteca derretida

6 tazas de agua hirviendo

Gajos de lima para servir

• Coloca la carne molida en un tazón grande.

• Asa los tomates hasta que la piel se pueda quitar fácilmente. Pela los tomates y retira las semillas. Bate en una licuadora. Debería haber alrededor de 1½ tazas.

• Agrega la menta, el cilantro, el ajo, el cebollín, el orégano, la sal y la pimienta a la carne.

 • Mezcla bien. Añade los tomates y amasa la mezcla.

• Agrega el aceite o la manteca derretida y amasa para incorporar a la mezcla de carne. Prueba la mezcla formando una bola del tamaño de una nuez. No debería desbaratarse.

• Ahora forma bolas del tamaño de una nuez, y luego coloca unas cuantas a la vez en el agua hirviendo. Cocina entre 5 y 8 minutos.

 • Sirve las albóndigas en el líquido en el que se cocieron, con gajos de lima para acompañar.

Nutrientes por porción: 450 calorías, 36 gramos de proteína, 3 gramos de carbohidratos, 1 gramo de fibra, 32 gramos de grasa, 115 miligramos de colesterol, 200 miligramos de sodio.

Caldo de queso de Sonora.

Cortesía de LINDA RONSTADT y BILL STEEN

Caldo de queso de Sonora

Esta sopa encarna lo que me encanta de la cocina de Sonora: es deliciosamente simple. Puedes encontrar el queso fresco en tu tienda local de productos latinos.

Rinde unas 10 porciones

3 cucharadas de aceite vegetal

3 papas medianas peladas y cortadas en cubos

1 cebolla blanca mediana, cortada en cubos

1 tomate mediano, cortado en cubos

5 chiles verdes de Anaheim (también llamados chiles de Nuevo México o chiles de California), asados, pelados y cortados en tiras

1 cucharadita de sal (o al gusto)

6 tazas de caldo de pollo (preferiblemente casero)

1 taza de leche

8 onzas de queso fresco, cortado en cubitos

Sal y pimienta al gusto

Tortillas de harina, para servir

Chiles chiltepín, para decorar

• En una olla de hierro fundido grande o una olla sopera de fondo pesado, calienta el aceite a fuego medio. Agrega las papas y la cebolla y cocina, revolviendo, hasta que la cebolla esté blanda, aproximadamente 4 minutos. Agrega el tomate, los chiles de Anaheim y la sal; cocina durante otros 5 minutos.

• Agrega el caldo y cocina a fuego lento hasta que las papas estén blandas, luego reduce el fuego a bajo. Agrega lentamente la leche.

• Para servir, coloca unos cuantos cubos de queso fresco en cada tazón y vierte la sopa sobre ellos, o echa todo el queso en la olla y revuélvelo a fuego lento. Agrega sal y pimienta. Sirve la sopa caliente con tortillas de harina calentadas. Adorna con chiles chiltepín.

Nutrientes por porción: 180 calorías, 6 g de proteína, 14 g de carbohidratos, 2 g de fibra, 11 g de grasa, 20 mg de colesterol, 1,050 mg de sodio


Linda Ronstadt es una artista discográfica multiplatino y la autora de la autobiografía Simple Dreams: A Musical Memoir. Esta historia está adaptada de Feels Like Home: A Song for the Sonoran Borderlands, de Linda Ronstadt y Lawrence Downes, derechos de autor 2022 Linda Ronstadt y Lawrence Downes; se publicará el 4 de octubre por Heyday.