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Extracto: The Wedding Heard ‘Round the World: America’s First Gay Marriage

La historia de amor que desencadenó uno de los mayores desafíos en derechos civiles.

Michael McConnell, de 73 años, y Jack Baker, de 73, en su casa de Minneapolis, Minnesota

ANGELA JIMENEZ

Michael McConnell (izquierda) y Jack Baker tenían 73 años cuando la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que el matrimonio entre personas del mismo sexo era legal.

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El 13 de diciembre, el presidente Joseph Biden promulgó la Ley de Respeto al Matrimonio, acaparando noticias y provocando de nuevo un intenso debate sobre la igualdad matrimonial. La nueva ley deroga la Ley de Defensa del Matrimonio de 1996 y establece a nivel federal el reconocimiento de los matrimonios entre parejas del mismo sexo o de diferentes razas. Mientras que algunos ven la nueva ley como un paso adelante en la lucha por los derechos civiles, otros argumentan que hacen falta más protecciones, ya que no obliga a los gobiernos estatales a emitir licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo si en el futuro la Corte Suprema revocara su decisión en Obergefell v. Hodges. En ese caso, la ley solo obligaría a los estados a reconocer matrimonios entre personas del mismo sexo si dichos matrimonios se oficializan en otros estados donde sí se reconocen legalmente matrimonios de parejas del mismo sexo.

Probablemente ningún otro asunto relacionado con los derechos civiles ha provocado más debate en la historia reciente que el del matrimonio entre personas del mismo sexo. El caso se presentó por primera vez ante la Corte Suprema de EE.UU. en 1972, que en ese entonces lo desestimó rápidamente “por no ser un asunto federal sustancial”, lo que estableció el precedente contra la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo durante décadas.

La historia de ese primer intento de legalizar el matrimonio entre parejas del mismo sexo en el país se documenta en The Wedding Heard 'Round the World: America’s First Gay Marriage (La boda que hizo eco alrededor del mundo: el primer matrimonio gay de Estados Unidos). Publicado originalmente en el 2016 —justo después de que la igualdad matrimonial se convirtiera en ley federal—, cuenta la extraordinaria historia de Michael McConnell y Jack Baker, la primera pareja del mismo sexo que solicitó una licencia de matrimonio en 1970. Al negársele la licencia, la pareja de Minneapolis presentó una demanda y luchó hasta llegar a la Corte Suprema de Estados Unidos. Como escribe conmovedoramente McConnell en el extracto del capítulo “Married Life” (La vida de casados) que se presenta aquí: “En retrospectiva, esta ‘indecisión histórica’, como la bauticé, es una verdadera vergüenza. El tribunal supremo de la nación renunció a la oportunidad invaluable de abogar por los derechos humanos. Tantas horas de esfuerzo, tanto dinero gastado y tantas lágrimas se derramaron en los años transcurridos para consagrar la igualdad en el matrimonio. Todo eso se podría haber evitado si la corte hubiera demostrado más valentía en 1972”.


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Pasarían 43 años más antes de que la igualdad matrimonial se convirtiera en ley federal. El 26 de junio del 2015, en Obergefell v. Hodges, la Corte Suprema de EE.UU. dictaminó que las parejas homosexuales tienen un derecho fundamental a contraer matrimonio. (Jim Obergefell, el demandante en el caso, compartió recientemente su historia coon AARP). En su decisión, los jueces reconocieron la larga lucha enfrentada por McConnell y Baker que había precedido a esta histórica decisión cuando afirmaron: “Baker v. Nelson debe dejarse sin efecto y por la presente así se ordena”.

Fue un momento que McConnell y Baker, que en ese entonces tenían 73 años y vivían una vida tranquila de jubilados, disfrutaron. Como escribe McConnell en el epílogo de la reedición del 2020 del libro: “Después de 43 años, el sistema legal de nuestro país se había puesto al día con la idea simple y lógica que propusimos cuando éramos una pareja joven”.

Prólogo

Jack termina de cenar primero y coloca la servilleta doblada encima de nuestra mesa redonda de roble. ¿Cuántas veces lo he visto hacer lo mismo? Este hombre —mi esposo de más de cuarenta años— no ha cambiado mucho del joven que conocí de estudiante universitario en Norman, Oklahoma, en los años 60.

Sé que uno se ve a sí mismo en el centro de su propio escenario y que cada pareja siente que está creando su propio universo. Pero en nuestro caso, nuestro matrimonio verdaderamente desencadenó temblores que arrasaron la sólida superficie de nuestra cultura. Después de anunciarse nuestra unión, recibimos miles de cartas de todo el país, de Canadá y México, de Chile, Argentina, Noruega, Israel e India. Las cartas aclamaban nuestro matrimonio como un modelo de acción y un motivo de inspiración para soñar.

Por supuesto, no era así como nosotros nos veíamos. Éramos jóvenes y estábamos enamorados. Proclamábamos quiénes éramos, prometiendo amarnos y respetarnos, y mantener nuestro compromiso de sernos fiel en la salud y en la enfermedad. Pero entendíamos claramente que estábamos impulsando un cambio social al provocar la ruptura de un sistema anticuado. Luego dimos un paso atrás, con los brazos entrelazados, y esperamos mientras el sistema averiado intentaba ponerse en marcha de nuevo.

Mi esposo es Jack Baker. Se convirtió en el favorito de los medios nacionales en 1970, el año en que fue elegido como el primer presidente abiertamente homosexual del alumnado universitario. Mi nombre es Michael McConnell. El nuestro fue el primer matrimonio gay del mundo.

Portada del libro The Wedding Heard Round the World America’s First Gay Marriage

PORTADA DEL LIBRO UNIVERSITY OF MINNESOTA PRESS. FOTOS POR PAUL HAGEN

Extracto del capítulo “Married Life” (La vida de casados)

Mientras tanto, aún aguardábamos la decisión de la Corte Suprema de EE.UU. sobre el caso Baker v. Nelson, que trataba sobre nuestra licencia de matrimonio en el condado de Hennepin. En ese caso judicial, Jack había peticionado a la Corte Suprema de Minnesota que reconociera el derecho inherente de las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio. La manera en que planteó la cuestión jurídica fue crítica. La estructuró intencionalmente para que incluyera la interpretación de la constitución federal por parte de un estado. Él sabía que la Corte Suprema de EE.UU. estaba obligada a revisar cualquier caso judicial interpuesto con este tipo de cuestión. Además, este tipo de caso podría pasar por alto los tribunales inferiores y se plantearía directamente ante la Corte Suprema. (Posteriormente el Congreso abolió esta opción). Los abogados del condado de Hennepin insistían en que no era necesario que la Corte Suprema decidiera nuestra petición porque todas las cuestiones habían quedado resueltas cuando el condado de Blue Earth nos concedió la licencia de matrimonio.

En el otoño de 1972, Jack comenzaba su último semestre de la carrera de abogacía y planeaba graduarse en diciembre. En octubre finalmente recibimos la respuesta de la Corte Suprema: otra que no quedó en nada. Los jueces desestimaron nuestro caso “por carecer de una cuestión federal sustantiva”. Esa es la jerga jurídica. Jack dijo que significaba que la corte no estaba preparada para contestar la cuestión jurídica que nuestro caso planteaba. En otras palabras, la corte no rechazó nuestra petición, sino que optó por no ver nuestro caso y, por consiguiente, la decisión de Minnesota seguiría en pie. Como los contratos matrimoniales tradicionalmente están regidos por los estados, la Corte Suprema de EE.UU. intervendría en este ámbito únicamente si viera una desigualdad evidente en las acciones de un estado.

Pero el significado de las palabras “por carecer de una cuestión federal sustantiva” fue lo suficientemente vago como para causar un debate entre los académicos jurídicos que duró más de cuatro décadas. En una columna publicada en The New York Times (“Wedding Bells”, en la sección Opinionator, el 20 de marzo del 2013), Linda Greenhouse escribió que la sentencia de la corte era “una manera formularia” de decir que “este caso tiene tan poca sustancia que no tenemos que molestarnos con él”. También escribió que desde entonces nuestro caso se había citado como precedente en los tribunales que veían casos de matrimonio gay. (Tal vez eso explique por qué la Corte Suprema de EE.UU. creyó necesario declarar que “Baker v. Nelson debe dejarse sin efecto y por la presente así se ordena” cuando finalmente dictó su sentencia sobre el matrimonio gay en el 2015).

En retrospectiva, esta “indecisión histórica”, como la bauticé, es una verdadera vergüenza. El tribunal supremo de la nación renunció a la oportunidad invaluable de abogar por los derechos humanos. Tantas horas de esfuerzo, tanto dinero gastado y tantas lágrimas se derramaron en los años transcurridos para consagrar la igualdad en el matrimonio. Todo eso se podría haber evitado si la corte hubiera demostrado más valentía en 1972.

Sin embargo, a ninguno de los dos nos sorprendió la sentencia. Siempre soñamos a lo grande, Jack y yo. Pero también siempre hemos sido realistas.

“Simplemente seguiremos insistiendo”, dijo Jack. “Es todo lo que podemos hacer. Mantener el asunto en la mira del público. En los titulares periodísticos”.

“¿Qué quieres decir?”, dije. “Pensé que la Corte Suprema era el final del camino. No podemos ir más lejos”.

“La Corte Suprema es la autopista, pero hay otras maneras de llegar adonde queremos ir. Tomaremos las carreteras secundarias, como solicitar beneficios conyugales al VA. El IRS es otra rama del Gobierno. Tendrán que tomar una decisión sobre nuestro matrimonio cuando solicitemos una declaración de impuestos conjunta”.

No pude evitar protestar. “Todo eso va a llevar años”.

Él se encogió de hombros. “Oye, vamos a pasar el resto de la vida juntos. ¿No es cierto?”.

Extraído de The Wedding Heard ‘Round the World: America’s First Gay Marriage (La boda que hizo eco alrededor del mundo: el primer matrimonio gay de Estados Unidos) por Michael McConnell con Jack Baker, tal como se lo relató a Gail Langer Karwoski, y reimpreso con permiso. Publicado por University of Minnesota Press. Copyright 2016, 2020 de Gail Karwoski. Todos los derechos reservados.


Carlos J. Queirós es un redactor, colaborador e investigador para el sitio web en español de AARP. Graduado del Iowa Writers’ Workshop, anteriormente tuvo puestos de redacción en AARP, Sanford J Greenburger Associates, The Paris Review y Scholastic.