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8 momentos memorables del funeral de Estado de la reina Isabel

Tradición, fastuosidad y pequeños momentos familiares marcaron el histórico evento.

La familia real y otros asistentes frente al ataúd de la reina Isabel II durante el funeral de estado de la reina Isabel II.

DOMINIC LIPINSKI - WPA POOL/GETTY IMAGES

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Durante los 70 años de su reinado, la reina a menudo usó colores festivos y brillantes, para sobresalir entre los líderes masculinos en trajes sombríos. Pero también para lograr un objetivo principal. “Tengo que ser vista”, dijo en una ocasión, “para que la gente crea en mí”.

La reina Isabel II, que murió a los 96 años el 8 de septiembre, en realidad no fue vista durante su majestuoso funeral en la Abadía de Westminster hoy —su ataúd cerrado fue cubierto con el estandarte y las insignias reales—, pero el mundo nunca había creído en ella y en la historia y en la gran y extensa tradición de Gran Bretaña como lo hizo en ese momento.


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Mientras las multitudes llenaban las calles de Londres y estaban presentes en todas las residencias reales, cientos de líderes y dignatarios mundiales, entre ellos el presidente Joe Biden, el presidente francés Emmanuel Macron y el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier, se unieron a la familia real, a héroes de guerra y a los plebeyos dentro de la abadía para llorar la muerte de la monarca que más tiempo reinó y una de las figuras más queridas del país, una mujer que era considerada por sus súbditos una figura tanto intocable como maternal.

Como Gaynor Madgwick, que en 1966 sobrevivió a una avalancha que enterró su pueblo galés, le dijo al New York Times la semana pasada: “Ella cuidaba de nosotros, nos protegía, tenía compasión, tenía empatía. La reina nunca nos ha decepcionado”.

Su majestad no quería un funeral “largo y aburrido”, dijo unos días antes el exarzobispo de York John Sentamu, quien prometió que la familia real, los invitados y los espectadores en todo el mundo se “elevarían a la gloria” en un servicio de lectura de oraciones con las “voces angelicales” del coro de la abadía y las capillas reales.

El deseo de la reina se cumplió: el funeral duró poco más de una hora, y junto con los eventos que lo precedieron y la procesión que la llevó al Castillo de Windsor para el entierro en las tumbas de la capilla de San Jorge, ofreció una serie de momentos memorables que combinaron el duelo y la gala, y lo pomposo con lo conmovedoramente humano.

Las campanas tradicionales

Mientras sonaban 96 campanas, una por cada año de la vida de la reina, 142 marineros, de barcos y estaciones de la Royal Navy en todo el Reino Unido, escoltaban el ataúd de la reina a la abadía en el carruaje estatal de armas de la Marina Real, una tradición que comenzó con el funeral de la reina Victoria en 1901.

Una carta descansa sobre un arreglo floral en la parte superior del ataúd de la reina Isabel II.

FRANK AUGSTEIN - WPA POOL/GETTY IMAGES

Una nota escrita a mano

Sobre el ataúd se colocaron los máximos símbolos de la monarquía: La Corona Imperial del Estado, hecha para su padre, el rey Jorge VI, en 1937; el Cetro del Soberano; el Orbe del Soberano; y una corona de flores de los terrenos reales con una nota del rey Carlos III escrita a mano: “En amorosa y devota memoria. Carlos R”, o “Rex”, que en latín significa “rey”.

Una familia en duelo

Aunque este fue el funeral real más grandioso en la historia moderna, también fue una ceremonia muy personal, y la realeza hizo el luto como cualquier otra familia. Carlos, de 73 años, puede ser el nuevo rey, pero hoy también es un hombre que ha perdido a su madre. Se lo vio caminando detrás del cortejo limpiándose las lágrimas con una mano enguantada. Guillermo, el príncipe de Gales, también se limpió la cara con un pañuelo, mientras que Jorge (de 9 años), futuro heredero al trono, y su hermana, Carlota, se mostraron sombríos.


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El príncipe Jorge de Gales y la princesa Carlota de Gales durante el funeral de estado de la reina Isabel II

Karwai Tang/WireImage

Los bisnietos en asistencia sorpresa

Todos los ojos estaban puestos en el Príncipe Jorge, de 9 años, el heredero en espera, y su hermana, Carlota, de 7, mientras presentaban sus respetos a su amada Gan Gan. Jorge parecía sombrío pero triste, mientras que más tarde se vio a Carlota llorando, con su madre, Catalina, la princesa de Gales, consolándola. El príncipe Luis, su hermano menor de 4 años, no estuvo presente.

La música ocupa el centro del escenario

La música, que siempre ha sido una importante y emotiva parte de la pompa real, desempeñó un papel clave en la fanfarria de los eventos de hoy, desde coros hasta el canto de la congregación de “Love Divine, All Loves Excelling” (que también se cantó en la boda del príncipe y la princesa de Gales en el 2011) y las Trompetas Estatales de The Household Cavalry, que tocaban “The Last Post” desde los escalones de la capilla Lady Chapel.

Carlos, el nuevo rey

Después de guardar dos minutos de silencio en todo el Reino Unido, la atención pasó temporalmente de la reina a la progresión y al cambio de monarca. Siguiendo la tradición, los asistentes cantaron “God Save the King”.

Tocan la gaita en el funeral de estado de la reina Isabel II.

GARETH CATTERMOLE/GETTY IMAGES

El gaitero de la reina

Operación Puente de Londres, el nombre en código del plan funerario, se había planeado desde la década de 1960, e incorporó numerosas referencias a la mancomunidad y a los cuatro países constituyentes del Reino Unido, entre ellos Escocia. Gaitas y tambores escoceses acompañaron el ataúd de la reina en su viaje a la abadía, y la ceremonia se cerró con un momento aún más conmovedor: mientras la congregación se ponía de pie, el gaitero de la reina, Paul Burns, del Regimiento Real de Escocia, quien tocaba debajo de su ventana durante 15 minutos cada mañana para despertarla, interpretó el lamento tradicional “Sleep, Dearie, Sleep”. La música gradualmente disminuía como si la llevara a casa. 

Simbolismo y pompa

Mientras la procesión militar, dirigida por miembros de la Gendarmería Real de Canadá, se abría camino en el último tramo del viaje de la reina desde Balmoral hasta Windsor, y las banderas británicas colgaban en The Mall, las cámaras de televisión con frecuencia se enfocaban en la Corona Imperial. El tocado enjoyado, que incluye la gema más antigua de la colección real: un zafiro que se dice que una vez usó en un anillo el rey de Inglaterra del siglo XI, San Eduardo el Confesor, es un símbolo supremo del poder británico, la continuidad y historia. Y una belleza impresionante.

Eso, sobre todo, se puso de relieve hoy, en recuerdo de una mujer que no solo parecía ser la reina de Gran Bretaña, sino de todo el mundo.    


Alanna Nash es una escritora colaboradora que cubre temas de celebridades y entretenimiento. Ha escrito diez libros, entre ellos varios sobre Elvis Presley y Dolly Parton. Recibió un premio Media Achievement Award de la Country Music Association y el premio Charlie Lamb Award for Excellence in Country Music Journalism.