Skip to content

Es el momento de reevaluar tu cobertura de Medicare: Revisa esta guía sobre el período de inscripción abierta.

 

La noche en que murió John Lennon

Algunos famosos recuerdan a la leyenda de los Beatles 40 años después de su muerte.

Yoko Ono y John Lennon en Nueva York, noviembre 1980

ALLAN TANNENBAUM/GETTY IMAGES

John Lennon junto a Yoko Ono frente al Dakota en Nueva York unas semanas antes de su muerte.

In English | Imagina John Lennon a los 80. El Beatle inteligente, el gracioso, el chico de Liverpool que los jóvenes querían ser y que tenía a las madres preocupadas. Cuarenta años después de su muerte a los 40, marcamos la fecha y rendimos homenaje al genio musical que le dio una oportunidad a la paz.

Ilustración de Alice Cooper

ILUSTRACIONES POR JOE CIARDIELLO

Alice Cooper

Recuerdo estar pintando una casa cuando tenía 15 años y la radio siempre estaba encendida. Estábamos acostumbrados a los Four Seasons y los Beach Boys, y de repente escuchamos: “She loves you, yeah, yeah, yeah!” y “I wanna hold your ha-a-a-and”. Estas canciones de los Beatles eran diferentes a todo lo que habíamos escuchado antes. No bromeo cuando digo que cambió toda nuestra dirección en la vida. Mis tres mejores amigos y yo dijimos en ese instante, ¡necesitamos formar una banda! John, Paul, George y Ringo, —ellos básicamente comenzaron todas las bandas que escuchas hoy en día—.

John y yo nos hicimos grandes amigos más tarde, aunque éramos polos opuestos. Él era franco y amaba la política. A mí me encantaban el horror y la comedia y pensaba que la música debía ser un escape de los acontecimientos actuales. Pero nos divertimos tanto. Éramos como dos vampiros de medianoche en discotecas como Max's Kansas City en Nueva York y el Rainbow en Los Ángeles. Harry Nilsson también iba allí, y Micky Dolenz de los Monkees y Bernie Taupin, pero John era el más eléctrico, el más fascinante, el James Dean del rock. La única regla no escrita que teníamos te dice lo interesante que era John: ¡nunca hablamos de música!

El día que murió yo tenía la casa en la cima de Benedict Canyon en Los Ángeles. Mi vecino de al lado era Elton John. Tenía uno de esos primeros televisores de pantalla grande, y algunos chicos de mi banda estaban escribiendo una canción conmigo cuando salió la noticia. John Lennon está muerto. Lo juro, había como un vacío en la habitación. Todo el mundo se levantó y se fue sin decir una palabra. Honestamente, fue como si tus padres se estuvieran muriendo. Como si te dijeran, “Oye, tu mamá y tu papá acaban de morir en un accidente aéreo”. No podías digerirlo.

Al día siguiente, casi todos los músicos que conocía empezaron a portar un arma. Tenía una pequeña Walther PPK calibre 22 y todos tenían algún tipo de arma, por si acaso. No sabíamos si la muerte de John era parte de una conspiración o qué. Porque, Dios mío, si pudieron con John Lennon, el sumo sacerdote del rock 'n' roll, podrían con cualquiera de nosotros. Nuestra inocencia desapareció. La pérdida fue irremplazable. Ese fue el día en que la música murió.

Jane Pauley

Si buscas en YouTube, encontrarás el especial de NBC sobre John Lennon que presenté esa semana. La Jane profesional estaba tratando de mantener la calma, pero la chica dentro de mí estaba perdiendo los papeles. Recuerdo que en el Today Show, ala mañana después de la muerte de John, Tom Brokaw y yo cerramos con un montaje extendido bajo la canción “Imagine”. En cuanto terminamos, empecé a sollozar. Un fotógrafo de AP capturó el momento: yo con la cabeza entre las manos, Tom con cara de no saber qué hacer cuando una mujer llora.

Estaba en octavo grado cuando vi a los Beatles en el Indiana Fairgrounds Coliseum, aunque en realidad no pude verlos ni escucharlos. Estaba en la parte de atrás de las vigas y los gritos no paraban. El día que John murió, sentí que mi juventud había sido puesta en una caja y esa caja estaba cerrada. El vínculo generacional era así de profundo.

Esa noche de 1980 se siente tan lejana ahora. Pero la memoria es tan preciada. Mi esposo, Garry [Trudeau, el creador de “Doonesbury”], y yo acordamos recientemente que lo más cercano que tenemos a “nuestra canción” es “Woman” de John Lennon. No puedo pasar por el Dakota hasta el día de hoy sin pensar en ello.

Jann Wenner

Siempre pensé en los Beatles como una persona en cuatro partes, y John era el cerebro, el corazón político, la conciencia de una generación que quería paz y amor. Él le dio forma a casi todo para mí. Su foto apareció en la primera portada de la Rolling Stone y se convirtió en el espíritu guía no solo de la revista, sino de toda la era. Toda esa actitud de libertad, diversión, emoción y alegría; su cualidad sarcástica y su visión de cuán anticuada y absurda era gran parte de nuestra cultura, él encarnaba lo que estaba sucediendo en la sociedad.

En los años 70, John era una figura tan imponente que era casi como estar con un dios. Yo era un humilde editor de revista. Él era un Beatle. Cuando conversabas con él, tenías que dar lo mejor de ti y ser ingenioso. Era tan astuto, tan inteligente, tan divertido. Su energía podía dar miedo. Después de una noche con él, cuando me iba pensaba: Dios mío, ¿realmente sucedió eso?

Estábamos haciendo una sesión de fotos con John y Yoko toda la semana [previa a su muerte] para el lanzamiento de Double Fantasy. Annie Leibovitz estaba en su apartamento ese día cuando tomó esa imagen tan poderosa e icónica de John enrollado sobre Yoko. Creo que fue idea de John hacer eso, y fue muy representativo de su relación, de nacimiento, de vida, de muerte.

Hombre sosteniendo un cartel que dice, ¿Por qué?, en medio de la vigilia por la muerte de John Lennon, días despues de su asesinato. Nueva York, 1980.

ALLAN TANNENBAUM/GETTY IMAGES

Una semana después del asesinato de John Lennon, sus desconsolados fanáticos se reúnen en una vigilia en el Parque Central.

Me enteré de su muerte en las noticias. El sentimiento pasó de triste a horroroso a trágico. Lloré mucho. A la mañana siguiente, llegué tarde a las oficinas de Rolling Stone y cerré mi puerta. La gente sabía que me sentía triste, pero sabíamos que queríamos documentar el momento con una edición que rindiera homenaje a este gran hombre de nuestra época. Combinó todos los elementos de un superhombre para las personas de mi edad: humor, sabiduría, ambición, fuerza, talento. Y era un gran roquero.

Es difícil imaginarlo ahora. ¿Sería el mismo excéntrico y cascarrabias de siempre? Tal vez. ¿Creativo? ¿Más sabio? ¿Quién sabe? Todavía vive dentro de mi cabeza con sus letras. Hay tantas frases geniales, pero las que surgen, a medida que envejezco, son de “¡Help!”:

“When I was younger, so much younger than today / I never needed anybody's help in any way. / But now these days are gone, I'm not so self-assured. / Now I find I've changed my mind and opened up the doors.”

May Pang

Fui asistente personal de John y Yoko durante unos años a principios de la década de 1970, y tuvimos una relación sentimental cuando él y Yoko se separaron en 1973 durante un par de años. Pude mostrarle a John la vida cotidiana que no tuvo oportunidad de experimentar. ¿Quieres ver la ciudad? Salgamos a un restaurante indio. O a comernos una hamburguesa Whopper. O si no, oye, ¡subámonos a un autobús público! John estaba dispuesto a todo. ¿Te imaginas ver a un Beatle en un autobús por Lexington Avenue? Lo hicimos. Recorrimos desde el oeste de la calle 80 hasta el centro de la la ciudad. Fue un fin de semana y todo bastante tranquilo al principio, pero comenzamos a escuchar los susurros. “¿Ese es John Lennon?”. “¡Creo que sí!”. Más o menos por la calle 14, me miró y dijo: “Es la nariz. Es inconfundible”. Los susurros seguían haciéndose más fuertes y John finalmente dijo: “Bueno, es hora de bajar”.

El espíritu de vida de John dio forma a mi mundo. Imagino su voz ahora. Casi puedo oírlo mirando a su alrededor este año durante el coronavirus, con todas las diferentes facciones, con gente peleando por usar o no mascarillas o las tonterías que salen de Washington, y él diciendo: “¿Estás bromeando?¿Qué es esto?" Echo de menos eso. Me hizo cuestionar la autoridad. Creo que hizo que todos cuestionaran la autoridad.

Había salido con unos amigos el 8 de diciembre de 1980, y cuando regresé a mi apartamento, los teléfonos sonaban. La gente me estaba contando la noticia. La asistente ejecutiva de Ringo, Joan, se había enterado del tiroteo y me llamó desde Inglaterra. Tenía la esperanza de que John todavía estuviera vivo. Le dije: “Oye, se acabó”. Colgué y llamé a la asistente de David Bowie. Le dije: “Coco, será mejor que se lo digas a David”. Ella dijo: “David está en una cita. Pero tú no deberías estar sola. Ven para acá”. Llegué y al rato llegó David y los tres nos quedamos despiertos toda la noche, mirando las noticias, llorando y diciendo: “Es que no entiendo. ¿Cómo puede alguien haber hecho algo así?”.


Recibe contenido similar, suscríbete a nuestro Boletín


Roberta Flack

Yo era la vecina de al lado de John en el Dakota. Escuchaba su música a través de las paredes. Éramos amigos. Yoko y yo somos amigas de toda la vida, y Sean es como un ahijado para mí. Pero mucho antes de todo eso, John era sencillamente una inspiración.

Cuando era joven, mi ambición era ser concertista de piano clásico y tocar en el Carnegie Hall. Llegué allí, pero cantando música popular. En 1971, mi bis para ese concierto fue "Here, There and Everywhere" de los Beatles. Era tan joven y tan sensible y sentía los sentimientos de esas canciones tan profundamente. Grabé un álbum completo de música de los Beatles en el 2012. Su legado nos ha tocado a todos y llegará muy lejos en el futuro, inspirando a las personas a crear y amarse mutuamente con honestidad.

Si John estuviera aquí hoy, estaría escribiendo canciones sobre cómo hacer del mundo un lugar mejor, porque ese era su objetivo. Colaboraría y fomentaría la expresión creativa. Sería un esposo apasionado y un padre amoroso, y él y yo seguiríamos siendo amigos entrañables.

James Taylor

Vivía entre la 73 y la 74 en Central Park West, y el edificio Dakota era el siguiente al mío. El día antes de que John fuera asesinado, me paré frente al Dakota y un tipo se me acercó de una manera maníaca y alarmante. Empezó a hablar a mil por hora. Eventualmente, pude deshacerme de él. Terminé la conversación lo antes posible y pasé por delante de mi portero al refugio de mi edificio. Y, de hecho, ese hombre era Mark David Chapman, el tipo que mató a John.

La noche siguiente, estaba hablando por teléfono, sentado en una ventana que daba a la parte de atrás del Dakota, cuando escuché cinco disparos. Los disparos reverberaron por todo ese patio. Disparos fuertes, como de un arma de gran calibre, como una .38. Pensé: "Eso es un tiroteo de la policía". Le dije a mi amigo por teléfono: "Crees que las cosas están locas en Los Ángeles, acabo de escuchar a la policía dispararle a alguien en la calle".

Nos despedimos y colgamos. Veinte minutos después me llamó y dijo: “Eso no fue un tiroteo de la policía, James. Ese fue John Lennon ".

Alexis Denny Kaufmann

Fui la primera mujer contratada como productora en Monday Night Football y, a los 19 años, también era la más joven. Teníamos unas fichas con información que entregábamos a los presentadores, por ejemplo, si un jugador parecía lesionado o un VIP estaba en las gradas. Esa noche en Miami, los Dolphins jugaban contra Nueva Inglaterra —una gran rivalidad— y yo estaba en la cabina cuando el productor me dio la noticia a través de mis auriculares. Alguien le disparó a John Lennon. John Lennon está muerto.

Fue de la nada. Estás en un partido de fútbol. No estás pensando en los Beatles. No sabía qué significaba todo eso. ¿Los apartamentos Dakota? ¿Y un pacifista como John Lennon? ¡Qué insensatez! Pero lo anoté y esperé el segundo exacto para entregar la tarjeta. Frank Gifford era quien relataba la jugada por jugada, pero en los grandes momentos, siempre acudías a Howard Cosell, porque Howard tenía la voz. Howard tenía la gravedad. Howard siempre nos decía que los deportes no eran de vida o muerte. Es solo un juego. Pero esto fue diferente. En aquellos días, con solo tres cadenas de televisión, más de la mitad del país nos estaba viendo. Howard sería el mensajero.

"Recuerden que esto es solo un partido de fútbol, ​​no importa quién gane o pierda", dijo. "Una tragedia indescriptible que nos confirmó ABC News en la ciudad de Nueva York ..."

Fue como cuando Walter Cronkite nos contaba de JFK. En un instante, todos en todas partes lo supieron. Comunicación comunitaria. Si recibiste la noticia de Howard esa noche, probablemente aún recuerdes dónde estabas.

Jamie Lee Curtis

Tuve el desafortunado legado de ser la anfitriona de Saturday Night Live esa semana. John murió el lunes por la noche y a la mañana siguiente, entrando en 30 Rock para prepararme para el espectáculo del sábado, las oficinas estaban en silencio. Normalmente es ruidoso con gente tocando música y riendo. El único sonido que recuerdo eran sollozos a puerta cerrada. Hablamos de cancelar y probablemente deberíamos haberlo hecho. El programa no tenía energía.

Se podría decir que era más fanática de Paul. Luego probablemente George, luego Ringo, luego John. No solía romper las reglas. Y solo tenía 21 años. Apenas tenía experiencia de vida. Yo era una chica de Los Ángeles y Nueva York me asustaba. Como estaba sobreprotegida, no conocía a nadie que hubiera muerto y aún no estaba en contacto con la mortalidad. Todos a mi alrededor estaban devastados, pero no podía sentirlo por completo. A veces tienes la experiencia, pero pierdes el significado.

Ahora tengo 62 años y lo entiendo completamente. John fue el héroe de una generación. Él era un esposo, padre de un niñito. A todos nos faltó algo cuando lo perdimos, y mientras pienso en ello, me vienen las lágrimas.

Bob Gruen (amigo y fotógrafo)

Oh, recuerdo los buenos tiempos. John era un tipo fantástico para conversar. Siempre aprendía algo de él. Siempre nos reíamos. A John le gustaba la comida, así que siempre comíamos bien. Lo que echo de menos es la versión adulta de la persona sumamente perceptiva y carismática que sería hoy. Pero no puedes pensar en el podría, debería, habría. Tuvimos a John durante 40 años, y ese fue el tiempo que tuvimos para transmitir los buenos mensajes.

John Lennon, Nueva York, agosto 29, 1974.

Bob Gruen

John Lennon

John estaba tan orgulloso de vivir en Nueva York. La gente lo reconocía, pero aún así podía salir, tomar taxis, visitar amigos. Un día estábamos haciendo una sesión y le di una camiseta que decía New York City. La imagen se volvió icónica, creo, porque muestra cuán disponible y abierto estaba. Así es como recuerdo a John. Especialmente al final, estaba en un buen momento. Había hecho muchísima introspección. Asumió una gran responsabilidad por su familia y su salud.

Yo había tomado una serie de fotos en el estudio con John y Yoko ese último fin de semana. Salí del estudio el sábado por la mañana temprano. El sol estaba saliendo. Ese lunes estaba en el cuarto oscuro con la esperanza de poder mostrarle las fotos antes de la hora de entrega de las 2 a.m. en el Village Voice. Mi portero tocó el timbre y me preguntó si estaba escuchando la radio. Después mi amigo Toby llamó desde California. Pensé mil cosas cuando escuché la noticia. Su finalidad de esto fue devastadora. Soy alguien a quien le gusta arreglar las cosas, pero esto era algo que nadie podía arreglar.


Ahorra un 25% el primer año cuando te unes a AARP con opción de renovación automática. Obtén acceso al momento a descuentos, programas, servicios y toda la información que necesitas para mejorar tu calidad de vida.


Elliot Mintz (portavoz y amigo)

Hicimos una entrevista telefónica. Así nos conocimos. Fue la noche después de que John cumplió 31 años y el tema de nuestra conversación fue la vejez. Se imaginó a sí mismo al final de su vida viviendo en una isla frente a la costa de Irlanda o Cornualles con Yoko, ojeando juntos su álbum de recuerdos. ¿Estaría haciendo música a esta edad? No lo sé. ¿Estaría escribiendo artículos de opinión? Tal vez. ¿Estaría en las calles con un megáfono? Tal vez. John era un camaleón. Ojalá estuviera todavía aquí para mostrárnoslo.

El 8 de diciembre de 1980, estaba en mi casa en Laurel Canyon en Los Ángeles cuando recibí una llamada telefónica de mi madre. Había un tono de preocupación en su voz y de alguna manera sentí que algo más estaba pasando, así que hice una reservación en el último vuelo. No supe la noticia hasta que subí al avión. Aterricé sin un plan y paré un taxi hasta el número 1 de la calle 72 oeste. Las barricadas policiales todavía son imborrables en mi cerebro. Crucé la entrada manchada de sangre y subí las escaleras. Respiré hondo. Llamé a la puerta. “Yoko, soy Elliot”. No hubo respuesta. “Me voy a sentar en el suelo. Abre la puerta cuando quieras que entre”. Finalmente, lo hizo. Pasé las siguientes tres semanas con ella.

Consideraba a John y Yoko mis mejores amigos. Habíamos hablado durante cientos de horas, compartimos cumpleaños y vacaciones juntos. Los había llegado a conocer como hermano y hermana. Pero esos primeros días fueron una niebla. Recuerdo que alguien me entregó el teléfono y era Ringo. Nos encontramos a una cuadra de distancia, lo llevé por la entrada trasera y lo subía al dormitorio. Él y su esposa fueron los primeros invitados externos. Ringo miró a Yoko y le dijo, "Sé exactamente cómo te sientes". Y ella respondió: "No, no es así, y me alegro de que estés aquí". El día que John murió se perdió algo que trasciende tanto su muerte como su visión. Para nuestra generación, fue la pérdida de la inocencia y la esperanza.

Seguiremos hablando de John dentro de 100 años. Él seguirá siendo una presencia constante, y será referenciado en innumerables cosas que tienen que ver con la música, la cultura popular y la historia. Lo que estará ausente es la sensibilidad. La forma en que John te hacía sentir. A lo que recurro no es necesariamente el intelecto o incluso el genio musical, sino el ingenio. Pasamos la mayor parte de nuestros nueve años juntos riendo, no reflexionando. Cuando estudiaba en la universidad en los años 60, tuve que entrevistar a una celebridad y no sé cómo Jayne Mansfield dijo que sí. ¡Jayne Mansfield! Fue muy amable, pero en cierto momento interrumpió la entrevista para acudir a “una cita”. Esto fue en 1964 en Los Ángeles. Resulta que iba a encontrarse con John y a los chicos, que eran grandes admiradores. John amaba a Jayne, y más tarde bromeaba con él diciéndole que la conocí primero. Sin parpadear, me contestó: “Sí, pero ella te dejó por mí”.

Patrick Duffy

Para mí, esa época fue la confluencia de los altos más altos con los bajos más bajos. Dallas era el programa de televisión número uno en ese momento, y todos preguntaban: “¿Quién le disparó a J.R.?” Pero la conmoción por el asesinato de John Lennon fue inmediata y le quitó la arrogancia a nuestra celebridad. Estábamos filmando en ese momento en Los Ángeles, y todos nos dimos cuenta de que, no importa lo bien que vayan las cosas, también pueden ocurrir tragedias terribles.

No disminuye tu respeto por honrar a alguien el decir que te recuperas y continúas. Perdí a mi esposa hace tres años. La pérdida nunca mejora, pero aprendes a caminar por la vida con ese pozo enorme adentro. Esto también es cierto cuando fallecen personas monumentales como John Lennon.

Todos los años hay esa reunión en Central Park, y el duelo anual ahora es en realidad una celebración. No piensas en cómo murió John. Piensas en la maravilla de quién era.

Recuerdo ese momento trascendental como estudiante universitario en el sur de Illinois. Un grupo de compañeros de la facultad y yo estábamos en un restaurante, y en el otro extremo de la habitación había un televisor en blanco y negro con gente gritando. Eran los Beatles en Ed Sullivan, y me quedé allí, atónito. Todos estos años después, diría que más de la mitad de las canciones que puedo tararear y cantar de memoria son canciones de los Beatles. Y ahora, en un momento de tanta incertidumbre e inquietud en todo el mundo, la perspectiva de John sigue en mí. Recuerdo que dijo que para que haya paz mundial, tiene que haber paz en todo el mundo. Eso significa que cada país tiene que estar en paz. Cada pueblo en cada ciudad, cada persona en cada casa. Entonces, ¡la paz realmente comienza contigo y conmigo! Dale una oportunidad a la paz y tal vez todos podamos unirnos. Esas fueron las palabras de John, y ahora nos pertenecen a todos.