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Margaret Atwood reflexiona sobre las alegrías y los peligros de la creatividad en la vida adulta

La autora de 'The Handmaid's Tale', de 81 años, habla sobre la fama y lo que le genera esperanza.

Margaret Atwood es una poeta, novelista, crítico literario, ensayista, docente, activista ambiental e inventora canadiense.

DEREK SHAPTON/GUARDIAN/EYEVINE/REDUX

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Según la última vez que conté, ha publicado diecisiete novelas, dieciséis libros de poesía, diez libros de no ficción, ocho colecciones de cuentos de ficción, ocho libros infantiles y tres novelas gráficas, entre otras obras. ¿Cuál es su secreto?

No creo que tenga ningún secreto, salvo que supongo que se podría decir que no me desamino fácilmente.

¿Esa actitud de determinación se remonta a su niñez?

Probablemente sí. Creo que tiene que ver, en parte, con que crecí en el bosque sin electricidad ni agua corriente, en tiempos de guerra, lo que quiere decir que no teníamos mucho. Siempre había que buscar soluciones alternativas. Si no se podía hacer de una manera, había alguna otra forma de hacerlo. Aprendías mucho sobre palancas y poleas y pequeños pedazos de cable flexible que jamás desecharías porque podrían ser útiles después.


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¿Y ha aplicado eso al arte de escribir?

Sí, pequeños pedazos de cable que pueden doblarse guardados en una gaveta. Tarde o temprano, se usarán para otra cosa.

Su observación de los detalles es extraordinaria. ¿Anota las cosas en un diario o simplemente lo lleva todo en la cabeza?

Tengo una memoria que es como el ático de la abuela: lleno de cosas, pero jamás sabes que podrás encontrar allí. Si estoy trabajando en un proyecto como The Handmaid's Tale, guardo cosas que son pertinentes a ese proyecto. Pero la verdad es que simplemente recuerdo muchas cosas.

¿Tiene algún ritual especial que lleve a cabo cuando necesite crear?

Me encantaría decir que es así, pero, lamentablemente, no sería cierto. Algunas personas tienen bolígrafos especiales o solo pueden escribir en una habitación revestida de corcho, como Proust. Pero ¿qué sucede si pierdes ese bolígrafo especial o no estás en esa habitación revestida de corcho? Las cosas no te van a salir bien, ¿cierto?

¿Cuál cree que es la idea más errónea sobre la creatividad?

Creo que una de ellas es que solo los genios la tienen. Pero, en realidad, todos la tenemos porque es una capacidad humana. Solo que las personas usan su creatividad de distintas maneras. Algunas escriben. Otras tejen. Algunas personas crean música. Pero todo tiene que ver con la capacidad humana de inventar y de ver las cosas desde puntos de vista diferentes.


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Me encanta un poema que incluye en su nueva colección de poemas, Dearly, que apunta de manera divertida a la noción de adquirir sabiduría al envejecer. ¿Qué sabiduría puede compartir?

Bueno, no sé si las personas que tienen sabiduría consideran que la tienen. Probablemente solo crean que tienen experiencias de vida.

¿Hay aspectos de su arte de escribir que se hagan más fáciles a medida que envejece?

Me temo que no. Es la misma página en blanco, sin nada en ella. Todos tenemos esa página, y todos tenemos ese momento en que debemos comenzar.

¿Y qué se hace más difícil?

Aún no podría decirte. No tengo edad suficiente.

La escritora Margaret Atwood.

DEREK SHAPTON/GUARDIAN/EYEVINE/REDUX

"Todos tenemos creatividad. Es una capacidad humana".

 

— Margaret Atwood

¿Cómo la ha impactado la fama?

Soy canadiense, y nosotros tenemos una percepción dudosa de la fama. Creemos que es ligeramente de mal gusto. Si fuera estadounidense, sería otra historia. A los estadounidenses les encanta la fama. Aquí, simplemente le suavizo el tono porque se consideraría un poco de mal gusto comportarse como un famoso. Lo más famosa que he llegado a ser en forma visible fue cuando quien es ahora el jefe administrativo de nuestra provincia dijo: “¿Margaret Atwood? ¿Quién es? No la reconocería si me cruzara con ella en la calle”. Era en referencia a las bibliotecas. Habían cerrado muchas de ellas en la ciudad, y eso causó un gran alboroto. Así que le di la debida importancia. Pasaba por la calle y la gente me decía: “Te reconozco, Margaret”.

¿Es difícil a veces ser un ícono de la cultura?

No me considero un ícono de la cultura, porque sé lo que les pasa a los íconos. Realmente no conviene ser un ícono, porque una vez que lo eres, pasas a ser de madera y ya no haces nada más.

¿Se siente más libre ahora?

Como persona mayor, uno es realmente mucho más libre; es por eso que hay tantos hombres y mujeres fastidiosos por ahí. Se sienten más libres de decir lo que piensan sin meterse en problemas muy graves, excepto quizá con su club de bridge.

¿Cuál quiere que sea su legado?

No estoy interesada en dejar un legado, porque no puedes controlarlo. Si sigues las carreras de los escritores póstumos, verás que pueden tomar caminos diferentes. Puedes llegar a ser muy popular y famoso en vida y, 50 años después, se han olvidado de ti por completo. O puede que seas un poco desconocido en vida y muy famoso después. O ninguno de los dos casos. Lo que les digo a los jóvenes es que hay cuatro tipos de libros: libros buenos con los que se gana dinero, libros buenos con los que no se gana dinero, libros malos con los que se gana dinero y libros malos con los que no se gana dinero. De esos cuatro, puedes vivir con tres de ellos.

¿Qué es lo que le da esperanza ahora?

Los jóvenes me dan esperanza porque se están interesando en el futuro del planeta. También me da esperanza Estados Unidos, en un momento en que algunos estadounidenses no están esperanzados, porque creo que aún no lo han perdido todo.  Estados Unidos es un país muy diverso y nada fácil de controlar, por lo que sería muy difícil que todos se alinearan e hicieran una especie de extraño saludo, aunque ha tenido un trasfondo fascista desde la década de 1930 aproximadamente. Confío en la irritabilidad y la falta de sumisión de los estadounidenses para evitar que las cosas no lleguen a ninguno de los dos extremos.

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