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Chita Rivera: Espectacular

Ven y pasa un ratito con esta legendaria estrella del escenario y la pantalla grande.

In English | Nota del editor: Chita Rivera recibió un Premio Tony especial a la trayectoria en el teatro el 10 de junio del 2018.

Chita Rivera. Ella es una artista multifacética — cantante, bailarina y actriz — cuyos personajes, tanto en Broadway como en la pantalla grande, se han vuelto iconos culturales. ¿Quién puede olvidar a Anita entonando "I like to be in A-mé-ri-ca" en Amor sin barreras? ¿O a Nickie, cantando "¡Hey, big spender!", en Noches en la ciudad? ¿O a la glamorosa asesina en la cárcel en la película Chicago?

Chita Rivera, Esta leyenda de Broadway ahora en sus 70 años, ha recibido tributos a través de su carrera.

Foto: Omar Cruz

"Ella es la encarnación de la vida en movimiento" —Graciela Daniele, coreógrafa

Rivera ha triunfado en Nueva York y Londres, Río y Rotterdam, Tokio y Toronto, y muchas otras ciudades. Hoy, a los 78, acaba de regresar de una gira por Australia con Chita Rivera: My Broadway, un concierto de sus principales canciones. "¿Por qué no viajar, ver el resto del mundo y vivir la vida?", pregunta. "¡Es lindo! ¡Es fenomenal!". Suelta su característica risa profunda.

"A Chita le encanta estar en movimiento y viajar, reírse, bailar y cantar", dice la coreógrafa Graciela Daniele, una amiga y directora, en 2005, de Chita Rivera: The Dancer's Life. "Ella es la encarnación de la vida en movimiento".

Impulsada por ese movimiento, ha sido reconocida en los más altos niveles. En el 2002, Rivera fue la primera latina en recibir un premio Kennedy Center Honor. Siete años después, recibió del presidente Barack Obama, en la Casa Blanca, la Medalla Presidencial de la Libertad junto a la jueza Sandra Day O'Connor, el senador Edward Kennedy y el arzobispo Desmond Tutu. "Pensé: '¿Cómo es posible que esté sentada junto a toda esta gente al lado de la cual yo no soy nadie?'", dice. "Fue extraordinario".

"Estar sobre el escenario es la felicidad para ella", dice su hija, Lisa Mordente. "A la vez, adora estar en la cocina".

Durante 34 años, la casa de Rivera, ubicada en un terreno de cuatro acres en el norte del estado de Nueva York, ha sido el punto de reunión del clan familiar. Las comidas en días festivos a menudo incluían ricas sopas caseras, un budín de maíz que, según Lisa, es "para morirse", y ruidosas conversaciones. "Pues, somos latinos; tenemos opiniones", dice Rivera.

A principios de año, Rivera y su maltés blanco, Casper, se mudaron a una casa a solo seis minutos de la otra, pero con menos terreno y un apartamento donde viven Lisa y su perrito de raza mixta, Stimpy.

El papá de Lisa, Tony Mordente, y Rivera se casaron en 1957, cuando ambos actuaban en Amor sin barreras, donde él interpretaba al joven A-Rab. Mordente llegó a ser un consumado director y coreógrafo. Se separaron cuando Lisa tenía 6 años, y ella fue criada la mayor parte del tiempo por su madre.

"Todos los niños decían lo genial que era mi madre", dice Lisa. "Ella preparaba las coreografías para nuestros pequeños espectáculos en la secundaria. Un año representamos The Pajama Game y vinieron unos de los integrantes del elenco original, como Eddie Foy Jr. Ella era muy divertida. Siempre nos hacía reír, a mí y a mis amigas".

Pero Rivera creaba una clara separación entre sus roles de madre y estrella. "Durante el día, la rutina era la normal", recuerda Lisa. "Si estábamos de gira, yo tenía un maestro particular. Cenábamos a las 5 en punto, sentadas a la mesa, con manteles individuales y nada de televisión. Luego, a las 7:30 p.m., se anunciaba la 'media hora', lo que significaba que teníamos que ir al teatro porque el telón subía a las 8. Mi madre no mezclaba esos dos mundos, lo que agradezco. Es un ambiente muy loco".

El mundo del espectáculo está hecho a la medida de Rivera, quien cambió su verdadero nombre, Dolores Conchita Figueroa del Rivero, para que cupiera en la marquesina. Hoy tiene sentimientos encontrados respecto del cambio. "Cuando voy a hacerme las uñas y alguna de las simpáticas señoras asiáticas dice llamarse Janet o Betty, me paro y digo: '¡Ese no es tu nombre! ¡Tienes que usar tu nombre verdadero!'" Pero luego reflexiona: "Chita Rivero no suena tan bien como Chita Rivera".

Según su hermano mayor, Julio del Rivero, "Chita siempre tuvo esa cualidad especial de llamar la atención. No lo sabía, pero el reflector estaba siempre sobre ella, incluso cuando aparecía en la puerta".

Su padre, Pedro, quien murió de cáncer cuando ella tenía 7 años, era puertorriqueño y tocaba el saxofón. "Era un hombre elegante", dice Rivera. Su madre, Katherine Anderson del Rivero, era irlandesa. "Nuestra casa", dice Rivera, "siempre fue una casa alegre, incluso después de la muerte de papá".

Cuando Julio armaba un cine en el sótano para mostrarles películas de 16mm a los niños del vecindario, Chita aprovechaba la ocasión para improvisar rutinas de baile, a menudo derribando accesorios y cortinas. "Destruyó mi pequeño cine", bromea su hermano. "Así que mi madre la envió a una escuela de ballet en Nueva York".

En realidad, Rivera, que había tomado clases de baile junto a sus hermanas, obtuvo una beca para ir a la prestigiosa escuela de George Balanchine, la School of American Ballet en Manhattan, a los 14 años. "No sé si papá me hubiera dejado ir", dice. "Él era muy latino y la familia era muy unida". Pero dice que los tres años que estudió en la escuela fueron la base de toda su carrera en el baile.

Una audición para el maestro coreógrafo Jerome Robbins le significó obtener, en 1952, el rol de primera bailarina en una gira nacional de Call Me Madam, protagonizada por Ethel Merman. Así empezó la carrera de Rivera como bailarina.

Se convirtió en una auténtica estrella cuando representó a Anita, una explosión de canto, danza y emociones, en Amor sin barreras en 1957. En una carrera de 50 años — y contando — , sus coprotagonistas han ido desde Antonio Banderas (Nine), hasta su amiga, la difunta Gwen Verdon (Chicago), y Liza Minnelli, quien dice haberse inspirado en Rivera para dedicarse al teatro. Rivera ganó un premio Tony por su trabajo junto a Minnelli en The Rink.

Tras un accidente automovilístico en 1986 que la dejó con 16 tornillos en su pierna quebrada, creó una coreografía de cabaret que le exigía menos movimientos de pies. Siete años después ganó un premio Tony por su papel como la seductora Aurora, en El beso de la mujer araña.

"Chita es una estrella", dice el galardonado compositor John Kander, quien escribió, junto con Fred Ebb, la música para Chicago y The Rink, entre otros. "Pero proviene de ese mundo donde uno toma muchas clases y trabaja muy duro para mejorar su talento. Ella fija estándares muy altos de actuación y de trabajo en un espectáculo".

También tiene un estándar muy alto para las bromas. Lisa, también actriz, bailarina, coreógrafa y cantante, recuerda a su madre haciéndole caras entre bastidores y poniendo falsas arañas y roedores sobre el escenario, para poner a prueba el valor de los demás actores. "La audiencia nunca supo", dice Lisa. "Ella era una maestra".

Su dedicación al trabajo y a la diversión no la hace menos sensible para con los menos afortunados. Integra la junta directiva de la organización Broadway Cares/Equity Fights AIDS. También "ha ayudado a muchísima gente" de otras maneras, dice su amiga de años, la coreógrafa Dee Dee Wood. Cuando un bailarín que ellas sabían que estaba enfermo dejó de contestar el teléfono, "Chita fue hasta su casa y lo llevó al hospital, y lo ayudó a ponerse bien", dice. "Si Chita es tu amiga, es tu amiga".

Los movimientos de sus pies podrán no ser tan elaborados como antes, pero mantiene el optimismo y el espíritu de una verdadera leyenda. "Uno nunca sabe lo que te deparará el día siguiente", dice. "Tengo una mentalidad muy juvenil. No creo que uno sepa lo mucho que puede hacer hasta que lo intenta".

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