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Mambomanía: El polifacético universo musical de Pérez Prado

Damaso Perez Prado

Foto: GAB Archive/Redferns/Getty Images

El cubano fue un gran innovador musical que revolucionó a México.

Una de las cosas que más me llamaron la atención cuando empecé a escribir sobre la música afrocaribeña, fue la cantidad de malentendidos y simplificaciones que rodean a este género. Por ejemplo, mucho se habla sobre las pelucas verdes de Celia Cruz, pero poco sobre su genio musical y habilidad para mantenerse vigente a través de décadas y modas. 

Siento que Pérez Prado también fue víctima de múltiples clichés culturales y lugares comunes.  El “cara de foca” era un personaje ruiseño que tocaba tonadas alegres. Pero no era un payaso, no era Carlitos Chaplín.

Era un músico cubano de conservatorio, dueño de una tremenda técnica y sapiencia para escribir sofisticados arreglos musicales. Basta con ver este video de la década del 50 para entender que Pérez Prado pertenece al panteón de los virtuosos, en compañía de Tito Puente, Cachao y tantos otros gigantes tropicales.

Los instrumentales de tres minutos lo hicieron famoso y desencadenaron la furia del mambo. Pero Prado albergaba conceptos más ambiciosos que Cherry Pink and Apple Blossom White.

En los años 50, grabó Voodoo Suite, algo así como un poema sinfónico de lamentos africanos y texturas de jazz. En 1967, lanzó el LP Concierto para bongó, con una portada notoriamente psicodélica que vemos aquí. Un lado completo del disco estaba dedicado a la ambiciosa composición del título, de 17 minutos de duración. Vale la pena escucharla.

A Prado lo hemos visto tantas veces dirigiendo su orquesta en las películas mexicanas en blanco y negro, que sorprende escuchar su fuerte acento cubano en esta entrevista televisiva. El maestro siguió trabajando hasta el final de su vida, en 1989, y su hijo tomó las riendas de su orquesta desde entonces.

La influencia de Pérez Prado en la cultura mexicana ha sido inmensa. En 1998, el grupo de rock Maldita Vecindad lanzó su quinto y último disco, que incluye el delicioso tema El cocodrilo, homenaje a los taxis que circulaban por el DF en los años 50. Los sampleos utilizados por la banda en esta canción son los animados gritos de Prado en un tema anclado en la interminable nostalgia por el dulce mambo.

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